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Cataluña: las claves políticas

Actualizado: 16 jun 2020

En las elecciones municipales de este año en España se dio un bochornoso espectáculo de acuerdos entre partidos, muchos “antinatura” entre formaciones antagónicas, coaligándose con quién sea menester para alcanzar el poder.

Mural con la palabre freedom pintada
La palabra "libertad" es usada de forma instrumental

En esta segunda parte del especial sobre la semana convulsa sufrida por Cataluña y en especial Barcelona, a propósito de las manifestaciones violentas desatadas tras conocerse la sentencia de prisión hacia varios ex-mandatarios independentistas, analizamos las claves desde el aspecto político. De este modo, nuestros lectores no españoles conocerán más a fondo el problema y entenderán el origen del mismo, pudiendo tanto ellos como los que sí les resulte conocido, pero no hayan ahondado en el mismo, establecer un criterio basado en mayor información. En un artículo posterior, hablaremos de las diferentes plataformas cívicas que están detrás de las movilizaciones. No vamos a entrar en el debate de por qué hay cientos de miles de catalanes que desean independizarse de España, pues también hay millones de personas en esa región que no lo quieren o sencillamente les importa bien poco seguir siendo españoles o no. Para éstos últimos, lo que les interesa es vivir en paz (en realidad a la inmensa mayoría, incluidos los independentistas, quiénes en su mayor parte son gente de paz), dejando de lado la nacionalidad que sientan.


La sociedad catalana está claramente dividida, con un amplio sector que apoya la secesión de España y otro aún más amplio que no está a favor. Lo que sucede es que también existe hastío en el electorado y por ello la abstención en las diferentes elecciones arroja resultados que no reflejan con exactitud el sentir popular, pues muchos votantes, hartos de tanta instrumentalización del poder, sencillamente no acuden a las urnas.


Unos y otros esgrimen la palabra "libertad" para legitimar su postura, dando lugar a que acabe quedando desvirtuado el concepto. Para los separatistas radicales, la libertad de autodeterminación es sagrada, pero no la consensúan con los muchos catalanes que no desean la independencia. Esos extremistas imponen su criterio en un discurso más propio de tendencias autoritarias. Para los partidarios de la unión con España más exacerbados, los independentistas son unos extremistas, no comprendiendo que tampoco esa es la vía pues reduce la posibilidad de diálogo entre ambas partes.



La campaña electoral


El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), cuya filial catalana gobierna en más de cuarenta ayuntamientos con el apoyo de partidos independentistas, es también el que actualmente ejerce el Gobierno en funciones de España, hasta que se decida el definitivo en las elecciones próximas previstas para el diez de noviembre. No son pocos los críticos con esta formación ya que no entienden que por un lado reprochen a los partidos nacionalistas su cerrazón al diálogo (con lo que se evitaría en parte que los más radicales sigan provocando actos vandálicos) y por otro no duden en coaligarse con ellos, según los intereses políticos del momento. Por ejemplo, cuando el actual presidente en funciones, Pedro Sánchez, necesitó respaldo parlamentario para expulsar de la presidencia al anterior mandatario conservador, Mariano Rajoy, no dudó en pedirle ese apoyo a los partidos independentistas catalanes con representación en el Parlamento español.


Estamos en plena campaña electoral y no hay una clara tendencia. Con respecto a las elecciones infructuosas de abril pasado, vemos que las últimas encuestas (se han llevado a cabo cuatro para diferentes medios de comunicación), indican una clara victoria del PSOE, pero ligeramente por debajo de lo obtenido hace medio año.


La primera lectura es que la crisis catalana le pasa factura al Gobierno socialista, que fue el que convocó nuevas elecciones creyendo que mejorarían sus resultados ya que con respecto a la moción de censura de 2018, cuando desbancaron al Partido Popular (PP) del poder, solo tenían 85 escaños. En abril llegarían a 123, comprobando que el pueblo español les daba su respaldo aunque no mayoría parlamentaria, quedando muy alejados de la misma. Significa que la ciudadanía desea un pacto de Gobierno entre dos formaciones, al menos, para no dejar el poder solo en una que acabe haciendo lo que le venga en gana, como ha sucedido siempre en España, incumpliendo sus promesas electorales. Lo han hecho tanto el PSOE como el PP, los dos partidos que han gobernado alternativamente desde 1982. Los ciudadanos españoles han dicho basta al bipartidismo tradicional pero los partidos se resisten a entenderlo así, continúan queriendo gobernar en solitario, y debido a que no terminan de llegar a un acuerdo sólido, convocan de nuevo elecciones.


Decimos que es la crisis catalana la que pasa factura a los socialistas puesto que en un anterior sondeo, justo antes de la convulsa semana vivida por Barcelona, los socialistas aumentaban las expectativas de voto pudiendo conseguir un escaño más en el Parlamento; tras los altercados, lo que se prevé, de seguir la tendencia, es que pierdan al menos tres escaños.


La oposición política acusa al Ministerio del Interior de no haber apoyado a las Fuerzas de Seguridad frente a la violencia desatada en Barcelona. Se esgrime como razón principal que el Partido socialista no quería perder los ayuntamientos en Cataluña o un posible apoyo en el Parlamento nacional si lo necesitara en noviembre para formar Gobierno, en el caso de que fuera muy contundente su respuesta contra los manifestantes radicales independentistas.


En España, aparte de las dos grandes formaciones políticas (PSOE de izquierdas y PP por la derecha), han surgido en los últimos años partidos minoritarios pero con implantación en todo el territorio español que difieren en su enfoque del problema que se respira en Cataluña, sobre todo desde que se recrudeciera a partir de 2012. Analizaré a continuación, en el siguiente epígrafe, la evolución que han seguido los acontecimientos.



Evolución del actual proceso independentista catalán

Mapa de España y pelota con mecha ardiendo en Cataluña
De no solucionarse, el problema pudiera "explotar" o ¿acaso lo ha hecho ya?

El comienzo de la deriva hacia el radicalismo secesionista comenzó en 2012, aunque dos años antes, cuando la coalición Convergencia y Unión recupera el poder en Cataluña con un amplio respaldo electoral, ya se observaba que esa tendencia independentista era la apuesta por la que optaron desde entonces. Con ello, pretendieron aglutinar el voto de los separatistas que años atrás se había ido hacia Esquerra Republicana. Pero sucede algo inaudito que sin duda fue un error de cálculo del entonces presidente de la Generalitat catalana, Artus Mas.


El PP gobernaba con mayoría absoluta en España, luego no necesitaba apoyo ninguno de los nacionalistas catalanes, como sí se requirió en épocas pasadas. El Gobierno catalán intentó pactar un nuevo acuerdo fiscal con Madrid más ventajoso para Cataluña, lo que no aceptó el Gobierno central y es que en esta Comunidad Autónoma se aspiraba a tener un régimen tributario similar al de otras comunidades históricas españolas como País Vasco y Navarra, que cuentan con sus propias agencias de recaudación de impuestos. La Generalitat consideraba que Cataluña aportaba demasiado dinero de su riqueza propia a las arcas públicas españolas (en la recaudación de impuestos, cada Región española entrega un amplio porcentaje al Tesoro nacional, quedando el resto para mantenimiento de la Administración regional).


Con la negativa del PP, la Generalitat catalana, en plena crisis económica global, promueve una enorme manifestación popular con motivo de la Diada (Día Nacional de Cataluña), queriendo darle la imagen al Gobierno español de que el pueblo catalán estaba más unido que nunca en su pretensión de reivindicar su autodeterminación. Y sucede lo que nadie en ese momento entendió: el presidente catalán convoca nuevas elecciones cuando contaba con 62 diputados, siendo la mayoría absoluta en el Parlamento regional catalán de 68, creyendo que la manifestación de la Diada le daría esa mayoría. Los demás partidos en el Parlamento regional estaban muy divididos, con lo que incluso sin dicha mayoría, Artus Mas podía gobernar con relativa calma, pues no había riesgo de que se formara ninguna coalición en su contra aunque sí echar por tierra sus propuestas.


En las elecciones de 2012 Convergencia y Unión pierde 12 escaños en el Parlamento catalán. Creían poder recuperarse pero tres años después, en las elecciones municipales, el descalabro fue total en toda la Comunidad Autónoma. Así que en las elecciones regionales de 2015 deciden marchar juntos con otra formación naciendo Junts per Catalunya, con el objetivo de frenar el imparable ascenso de la otra gran apuesta independentista, Esquerra Republicana de Catalunya.


En el Parlamento español, en el que la fórmula Convergencia y Unión siempre había tenido una representación destacada (entre 1982 y el año 2000, oscilaba entre 12 y 18 escaños, de un total de 350), en cambio solo consiguen ocho diputados en 2015, ya que el electorado catalán repartió sus votos con Esquerra Republicana, que por primera vez en la democracia reciente española contaba con un diputado más en Madrid que la antigua Convergencia y Unión. Fue el momento en el que los dirigentes de esta coalición, que ya estaba rota de facto, se dieron cuenta de que las tornas habían cambiado definitivamente y de que podían perder la preponderancia en Cataluña. Se percatan de que las simpatías hacia la emancipación de España estaban creciendo y deciden radicalizar sus posturas, hasta ese momento relativamente moderadas, para conseguir recuperar el voto de los independentistas. Y comienza el conocido como "Proces" (proceso soberanista).


A las siglas PDCAT (Partido Demócrata Catalán), en el que había derivado Convergencia Democrática de Cataluña, ya separada definitivamente de sus antiguos socios de Unión Democrática, le añaden la "e" de europeo, pasando a denominarse PDeCAT. Dan a entender que se consideran una formación europeista pero no española, esperando conseguir visibilidad y apoyo en la Unión Europea, de cara a lo que se avecinaba y que ya estaban preparando: la proclamación de la República de Cataluña.


El pulso secesionista fue intensificándose, en especial a partir de 2015, cuando el Partido Popular sufre un revés electoral y si bien gana las elecciones generales, queda muy mermado y alejado de la mayoría absoluta en el Parlamento nacional. Aunque la representación catalana disminuyó en dos escaños, con respecto a los anteriores comicios de 2011, los impulsores del movimiento independentista consideran llegado el momento de la acción global por la emancipación de España, aprovechando la debilidad del Gobierno central.



El enfoque político de la crisis en Cataluña

La oposición política, sobre todo la conservadora, acusa al PSOE de haber dado lugar a la situación crítica actual, sacando réditos del desgaste que le supuso al PP aplicar el artículo 155 de la Constitución española en Cataluña, destituyendo al Gobierno regional catalán cuando finalmente dicha institución se decidió por dar el paso y organizar, de forma ilícita, el referéndum por la independencia. Se agrava la situación porque la inestabilidad política en España es un hecho, con cuatro elecciones generales desde 2015 (contando la que está prevista para el mes próximo), pues no termina de llegarse a ningún acuerdo de Gobierno.


Con la difícil semana de octubre vivida en Barcelona, algo nunca visto desde la reinstauración de la democracia en 1978, al menos no con tanta violencia continuada durante días y de tal calibre, los partidos minoritarios surgidos los últimos años, aprovechando el desgaste de los dos grandes partidos, ven como aumenta o disminuye su apoyo electoral según su actitud frente a los graves altercados. Saben que su enfoque de la cuestión es clave para entrar a formar parte de una futura coalición de Gobierno y sus líderes muestran mayor o menor contundencia en sus declaraciones, según la franja del electorado a la que aspiren aglutinar.


Para el partido “Ciudadanos” que surgió hace pocos años en Cataluña respaldando a los que en esa Comunidad se sienten españoles y quieren seguir estando unidos a España, como contraposición al independentismo, alcanzó su mejor resultado en las elecciones generales pasadas, convirtiéndose en la tercera fuerza parlamentaria a escala estatal. Piden para solucionar la crisis que se aplique el artículo 155 de la Constitución española en Cataluña, como ya hizo el Partido Popular en 2017. De hecho, Ciudadanos aspira a gobernar con el Partido Popular si consiguieran entre ambos suficiente respaldo electoral, pero los últimos sondeos, como veíamos en la gráfica de más arriba, no les dan más de 23 escaños de media, lo que le supondría una sangría de nada menos que 34 diputados que perderían en Madrid. Parece que a