• Marcos González

Radicalización del soberanismo catalán

Actualizado: jun 16

Las diferentes plataformas separatistas difieren en su enfoque, ¿por qué motivo?

¿Quiénes manejan realmente los hilos del Procés?

El grave problema de seguridad ciudadana generado en Cataluña tiene como eje sobre el que todas las miradas se posan a los conocidos como CDR, pero dicen promover la desobediencia civil pacífica. ¿Por qué la situación ha generado en tanta violencia?


Las asociaciones profesionales de la Guardia Civil y sindicatos policiales de los Cuerpos de Seguridad están a favor de seguir usando pelotas de goma por parte de los antidisturbios ya que son la defensa más efectiva y menos dañina contra las descontroladas masas de violentos “activistas”, a quiénes todos identifican, de forma genérica como los CDR. Pero hay otros colectivos independentistas que animan a las movilizaciones, como “Anonymous Catalunya” o “Picnic X la República”.


Para comunicar sus acciones de cortes de calles o por donde hay más agentes de Policía, con la idea de evitar o sortear a los agentes, usan servicios de mensajería instantánea, sobre todo Telegram, ya que ofrece una mayor privacidad.


El propio Carles Puigdemont ha declarado, públicamente, que apoya a la plataforma Tsunami Democràtic, la que más ha sonado estos días relacionada con los altercados, aunque el ex-presidente catalán dice no conocer quiénes hay detrás. Se creó en los primeros días de septiembre de 2019 y su canal de Telegram cuenta con más de 300.000 seguidores; las Fuerzas de Seguridad les investigan como posible organización terrorista, por si estuvieran detrás de la situación de terrorismo urbano desatado en Barcelona.


Existen otras plataformas, como Anonymous Catalunya, cuyo canal de Telegram supera los 105.000 miembros. Por su parte, los CDR tienen también decenas de miles de seguidores en sus cuentas, tanto de mensajería instantánea como redes sociales.


Desde Tsunami Democràtic, lo primero que hacen cuando planifican una acción es colgar un escueto mensaje en redes sociales anunciándola. Por ejemplo, en Twitter ya han comunicado la intención de acudir al encuentro de fútbol entre el Real Madrid y el F. C. Barcelona, aplazado para el 18 de diciembre, por motivos de seguridad. Tenía que haberse jugado en octubre, pero los violentos sucesos en Barcelona aconsejaron su aplazamiento, de hecho, la Liga española recomienda que se aplace hasta que las aguas se calmen, pero ambos clubes han acordado disputarlo y además en Barcelona. Se barajó cambiar el orden de los partidos en el calendario, celebrándose el primero en Madrid (en toda temporada, los diferentes equipos se enfrentan dos veces a lo largo de la misma), pero tampoco eso amilanó a Tsunami Democràtic, que dijo trasladar sus acciones a la capital de España si al final el partido se jugaba el en estadio del Real Madrid.


Un evento deportivo de primer orden como el que enfrentará a dos de los clubes de fútbol más importantes del Mundo, con una audiencia de cientos de millones de espectadores, sin duda será aprovechado por los independentistas radicales para dar mayor visibilidad a su movimiento. La idea, según lo que han colgado en Twitter, parece que es bloquear el acceso al estadio del Barcelona para que los jugadores no puedan siquiera bajarse de los autobuses y que no se pueda llevar a cabo el partido, con el lema: "Guanyar sense baixar de l'autocar. Ens veiem el 18 de desembre" (Ganar sin bajar del autocar. Nos vemos el 18 de diciembre).


El fútbol es el indiscutible deporte rey, con lo que la acción de impedir el partido pudiera despertar más animadversión popular que apoyos a su "causa"

Una vez han colgado en redes sociales su llamada a la acción o al menos la sugerencia, en la que no suelen entrar en detalles, transmiten las instrucciones para llevar a cabo la movilización a través de sus canales de mensajería instantánea, porque garantizan la privacidad de sus miembros. El que más usan, como decíamos, es Telegram. Así lo hicieron cuando organizaron el colapso del aeropuerto del Prat, en Barcelona, impidiendo el acceso de vehículos a sus terminales. Un hombre de 65 años de edad, enfermo cardíaco, murió al verse obligado a desplazarse a pie de una terminal a otra, distantes varios kilómetros, porque no encontró un taxi o minibus que le llevara.


¿Tiene Tsunami Democràtic alguna relación con los CDR? Parece que no son el mismo colectivo, independientemente de que haya personas que militen en ambas "asociaciones"; ni unos ni otros cuentan con portavoces identificados. Tsunami Democàtic se crearía con la idea de organizar a los descontrolados CDR, que navegan sin orden ni concierto. Para evitar el rastreo informático de los investigadores policiales, que buscan quiénes están detrás del desarrollo de la app de Tsunami Democràtic, sus miembros no recurren para su descarga a las aplicaciones tradicionales de Android y Apple sino a direcciones de Internet que solo los simpatizantes conocen, cuyo código de acceso se pasan entre ellos, cambiando la url periódicamente para que no pueda ser interceptada, usando el sistema de block chain de nódulos seguros no identificados. Un nódulo se dedica a notificar las acciones recomendadas y otro reparte los códigos de acceso que se reparten entre otros miles de nódulos perdiéndose el rastro con lo que resulta prácticamente imposible dar con los gestores de la app. Para saber si alguno de los miembros de la plataforma se halla en algún lugar que los dirigentes consideren interesante para llevar a cabo alguna acción, le piden que permita a su teléfono móvil que la app acceda a su ubicación y cámara. A través de la misma se comprueba si hay mayor o menor vigilancia policial y en base a ello se dicta a los demás miembros que se desplacen a tal o cual sitio.


Una hipótesis de trabajo para los investigadores policiales es que Tsunami Democràtic sea el nuevo proyecto oculto de Puigdemont desde el exilio, después de su fallido Consell per la República, pero la jugada puede salirle cara porque la Guardia Civil investiga a Tsunami Democràtic como posible organización terrorista, cancelando sus direcciones web, al menos aquellas que ha podido detectar ya que la app sigue el mismo sistema que plataformas de descargas ilegales, como la archiconocida Pirate Bay. Seguir su rastro resulta complicado ya que acaba perdiéndose en el Caribe. De hecho, son los servidores de Pirate Bay los que se ofrecen para otras dos webs vinculadas al movimiento independentista: defensaexili.org y governrepublica.org


¿Por qué lo llaman “Tsunami democràtic? Serían los diputados de la CUP los que primero emplearon el término. David Fernández, en la presentación de su libro sobre la Candidatura de Unidad Popular, de la que él mismo fue diputado, y que ha escrito junto a Julià De Jòdar, que también fue diputado de la misma formación independentista, definió el concepto Tsunami aplicado el movimiento secesionista catalán, como la desobediencia civil tal como una gran ola que avanza inexorable hacia su objetivo. Siguen las tesis de la activista canadiense Naomi Klein, que no solo aboga por políticas que protejan el Medio Ambiente sino que defiende el derecho de independencia de los territorios cuyas poblaciones deseen emanciparse de los Estados de los que forman parte, como Quebec, de donde es ella.


En una entrevista concedida al diario El País, poco después del anterior desafío soberanista de 2017 con el referéndum ilegal, tras reunirse con la alcaldesa de Barcelona, la activista canadiense declaró que defendía la autodeterminación, pareciéndole la aplicación del artículo 155 de la Constitución española por parte del Gobierno de entonces en España como desproporcionada e incendiaria (llegaría a calificarlo como un ataque a la democracia). Para Naomi Klein, fue el Gobierno español el que usó la violencia contra los pacíficos manifestantes enviando cargas policiales, añadiendo que eso en Quebec sería inimaginable.


A Klein se le olvida que el caso de Quebec no es extrapolable a Cataluña puesto que dicha Provincia, si bien aporta 84 de los 338 diputados del Parlamento canadiense (Cataluña solo 22 diputados de un total de 350 en el Parlamento español), prácticamente ha dado por abandonada su pretensión de emanciparse pues los independentistas solo son 32 diputados (menos del 10% del hemiciclo). En Quebec hubo un primer referéndum en 1980 que supuso un sonoro fracaso, como el realizado quince años después, por lo que los separatistas seguramente pensaron que un tercer fracaso era demasiado y han preferido mantener un bajo perfil. Sencillamente representan a parte de la población francófona en el Parlamento de un País cuyo idioma principal es el inglés.


Ni siquiera en Escocia, el otro ejemplo que usan los independentistas catalanes para inspirar el suyo, se han dado situaciones tan preocupantes ni graves como la de octubre de 2019 en Cataluña. Allí sí que sería impensable algo así puesto que su pretensión separatista no ha llegado nunca a tal nivel de cerrazón ni mucho menos de violencia desmedida. Además, en Escocia el referéndum se lleva a cabo dentro de la legalidad británica, respetando la Constitución y solicitando permiso para su puesta en marcha a Londres, no de forma unilateral como hizo el Gobierno catalán. Por lo tanto, tampoco es equiparable. En Escocia, en 2014, el 55% de los ciudadanos que acudieron a las urnas votaron a favor de mantenerse unidos a Gran Bretaña. Cierto es que Nicola Sturgeon, líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP) y primera ministra del Gobierno Autónomo de Escocia, ha solicitado para 2020 a Londres permiso para organizar un nuevo referéndum, pero motivado por el hecho de que el 65% de los escoceses no desean separarse de la Unión Europea, no porque haya cambiado el sentimiento hacia el Reino Unido.



Demasiados protagonistas para una misma trama

Hemos visto, en estos difíciles días vividos por Cataluña, como Torra recreaba en la televisión pública catalana su desencuentro con el presidente español, Pedro Sánchez, en lo que pretendía pareciera un sketch cómico. En dicha parodia, un funcionario de la Generalitat le comunica al presidente Torra que ha vuelto a llamar a Sánchez pero que éste no le coge el teléfono, a lo que Torra contesta que será porque estará haciendo algo que considera más importante que solucionar la crisis. Por lo tanto, Quim Torra usa medios públicos para difundir la imagen de una España no dialogante y autoritaria, no dudando en cargar, a la más mínima, contra los españoles y aquellos catalanes que se sienten españoles (más de la mitad de la población de Cataluña; otros muchos sencillamente pasan de la cuestión, con lo que los independentistas no son más del 45%, según los sondeos de la propia Generalitat).


Para el mandatario catalán, que debiera respetar la ideología de todos los catalanes a los que representa, independientemente de lo que votaran en las elecciones regionales, que debiese actuar como presidente de todos los habitantes de Cataluña, sean cuales sean sus ideas, en cambio, los que se sienten españoles son para él poco menos que traidores a su País y así lo ha manifestado en artículos y entrevistas.


La organización Òmnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana (ANC) son las dos asociaciones que están detrás de todo el movimiento secesionista catalán de los últimos años, aunque la primera existe desde la década de los 60 (estuvo ilegalizada en tiempos de la dictadura franquista). Sus respectivos presidentes, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, fueron encarcelados de modo preventivo, tras la intentona de 2017 de crear una República independiente en Cataluña, decidiendo el Tribunal Supremo español que permanezcan en prisión (seguramente saldrán dentro de pocos años) e inhabilitados para cargo público de por vida, al menos en España.


Las dos asociaciones cuentan con miles de afiliados y en redes sociales tienen capacidad para convocar manifestaciones con decenas de miles de personas. Pero, ¿por qué hay tantas plataformas y formaciones políticas distintas con el mismo objetivo (la independencia)? Da la impresión de que no hay unidad de criterio ni tampoco desean hacer todos las cosas del mismo modo. A diferencia de los Países en los que dicen inspirarse (Quebec en Canadá o Escocia e Irlanda del Norte, en Gran Bretaña), en los que solo hay un referente que aglutina el sentimiento separatista, en Cataluña existen numerosos partidos y apuestas diferentes con el mismo fin.


En las Ramblas de Barcelona, en pleno período de convulsión, la semana pasada, pregunté a varios buenos amigos catalanes sobre la situación y el por qué de tantas y tan diversas plataformas buscando lo mismo, en vez de unirse bajo un mismo paraguas. La respuesta me convenció: todos desean el poder. Si verdaderamente les uniera una misma pretensión, acudirían juntos a las elecciones y sus acciones populares estarían convocadas por una sola asociación, pero no es así.


No hay verdadera unión entre los independentistas ni tampoco simpatías e incluso sus ideologías son muy distintas

El Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT) es el heredero de la antigua Convergencia Democrática de Cataluña, de corte ligeramente conservador (centro-derecha) que gobernó Cataluña junto a otra formación política durante décadas, Unión Democrática de Cataluña y lo hicieron en sintonía con el Gobierno central español. Contaban con una representación parlamentaria destacada en Madrid que apoyaba al Gobierno de turno en los momentos en que lo necesitaba, a cambio de que se respetaran ciertos privilegios para con la Autonomía de Gobierno regional en Cataluña. Digamos que existía una relación interesada entre ambas posturas: tú me apoyas en Madrid y yo lo hago en Barcelona, funcionando la fórmula durante un cuarto de siglo.


A mediados de la década pasada, diversos casos de corrupción salpican a la todopoderosa coalición Convergencia y Unión (CyU), siendo desbancada del poder regional por una extraña unión de partidos de izquierdas que ganan las elecciones catalanas. Pero sobreviene la crisis económica global y el electorado catalán culpa al tripartido gobernante de no saber sacar a Cataluña de la crisis por lo que vuelve a confiar en CyU para ello; sin embargo, éstos últimos ya le han visto las orejas al lobo: saben que ya no son los únicos en las simpatías de los votantes nacionalistas catalanes, por lo que radicalizan su postura para aglutinar ese voto descontento y comienzan a reivindicar lo que hasta ese momento no había formado parte de su ideario: la independencia. Digamos que siempre fue más un sentimiento que una pretensión real a diferencia de Esquerra Republicana de Cataluña, cuyo programa político sí giró siempre en torno a la emancipación de España.


Tenemos también en la arena política a la CUP (Candidatura de Unidad Popular), de extrema izquierda, que no solamente desean independizarse de España, tampoco quieren saber nada de la Unión Europea. Con tal amalgama tan diversa de opciones, surge la Asamblea Nacional Catalana con la idea de intentar conseguir algún consenso pero es evidente que no lo han conseguido. Quedó demostrado con el abucheo de los manifestantes en Barcelona al portavoz de Esquerra Republicana de Cataluña al que calificaron de traidor, simplemente porque pidió moderación en las acciones populares de los más radicales, cuando la situación se descontroló.


En el momento en que una asociación supuestamente cultural se politiza, su naturaleza queda desvirtuada. Es lo que ha sucedido con Omnium Cultural, que teóricamente se creó para fomentar la lengua y cultura catalanas, y en cambio hoy en día se halla detrás de las movilizaciones populares, algunas de las cuales, como hemos podido comprobar, se han descontrolado, como sucedió cuando rodearon la Consejería de Economía, en Barcelona, impidiendo la salida de una comisión judicial. Sucedió en 2017: se ordenó la incautación de documentación que pudiera demostrar la financiación del referéndum ilegal a cargo de fondos públicos, pero al no poder salir la jueza encargada del caso por la puerta del edificio al quedar bloqueada por los manifestantes, convocados por la ANC y Omnium Cultural, tuvo que hacerlo por el tejado, protegida por la Guardia Civil, junto a los demás miembros de la comisión.


Jordi Cuixart, desde prisión, le envió un libro de su autoría al coordinador general de la coalición Euskal Herria - Bildu, el político independentista vasco Arnaldo Otegi. Hablamos de un individuo que nunca ha condenado el terrorismo de la organización ETA, a la que estuvo vinculado en el pasado, llegando a participar en secuestros, por lo que entraría en la cárcel, de hecho salió en 2016. Esa es la inspiración para el movimiento independentista catalán, o al menos el que promueve Omnium Cultural.


El libro de Cuixart tiene como título «Ho tornarem a fer» (Lo volveríamos a hacer) y habla de desobediencia civil no violenta, sin embargo, Cuixart ha pedido, desde la cárcel en la que se encuentra, que se ponga en libertad a los detenidos por los graves altercados de estos días pasados en Cataluña, de suma violencia. Si alguien entiende la incongruencia, que la explique.


Si lo que se promueve es la no violencia, plasmado en un manual ¿es lógico que le dediquen el libro a una persona que fue encarcelada por terrorismo?

No dudan en usar medios subvencionados con erario público de los territorios que gobiernan (en el caso de los los separatistas vascos varios Ayuntamientos) para difundir su mensaje de rechazo. Incluso, propusieron en el Parlamento regional vasco censurar a los partidos políticos españoles conservadores, impidiéndoles hacer campaña electoral en el País Vasco.


En 2012, el presidente Quim Torra publicó el artículo titulado La lengua y las bestias, en el que califica a los catalanes que hablan habitualmente la lengua castellana como "bestias que viven, mueren y se multiplican" (...) "Están aquí, entre nosotros" (...) "Se pasean impermeables a cualquier acontecimiento que represente el hecho catalán. Les crea urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano. Tienen nombres y apellidos, las bestias. Todos conocemos a algunas. Abundan, las bestias. Viven, mueren y se multiplican".


Como se comprenderá, si la idea es fomentar la no violencia, difícilmente puede conseguirse difundiendo odio. De hecho, en respuesta al llamamiento de Òmnium Cultural, llamando a la desobediencia civil, surgen los CDR (Comités de Defensa de la República catalana). Pero a Omnium Cultural se le ha ido todo de las manos: ni los CDR les hacen caso, ni Tsunami Democràtic responde a sus consignas ni nada sale como habían ideado.


En lo único en lo que se ponen de acuerdo es en no condenar la violencia desatada por los manifestantes radicales en Barcelona y otras ciudades catalanas, como si no se hubiera producido; todo lo contrario. En uno de sus comunicados, dicen que ya no hay marcha atrás y que continuarán con sus acciones hasta que el Estado español reconozca la independencia de Cataluña. En la difusión internacional que hacen de su doctrina, sobre todo a través de redes sociales, se les olvida siempre decir que hay millones de catalanes que no desean la independencia de España.


Josep Costa, vicepresidente del Parlamento regional catalán y diputado de Junts per Catalunya, dice inspirarse en lo que está sucediendo en Hong Kong, comparando esa próspera ciudad china con Cataluña, la Región más rica de España. Y es que resulta complicado explicar por qué, si Cataluña goza de tal prosperidad, desea independizarse de España, alegando Costa que también los ricos pueden desear la libertad. Con semejante argumento, a pocos convence, salvo a sus partidarios, claro está, que se han erigido en portadores de la "verdad absoluta", sin admitir otras líneas de pensamiento que no sean las suyas.


Hong Kong tampoco es comparable a Cataluña, porque la República Popular China sigue siendo una dictadura comunista, a diferencia de España que es una democracia plena y ejemplo de transición política admirado en todo el Mundo. Aún así, la plataforma catalanista Picnic X la República recomienda en su web los canales de Telegram de los activistas de Hong Kong para que los radicales sepan cómo llevar a cabo sus acciones de sabotaje.


Frente a Tsunami Democràtic se posicionan otros movimientos contrarios a la independencia de Cataluña como Societat Civil Catalana (SCC) que ya ha convocado una manifestación el 27 de octubre en Barcelona. Ahora bien, tal vez sea una irresponsabilidad puesto que conllevará protección policial por si fueran increpados o atacados por el movimiento contrario, lo que supone desviar efectivos policiales de los que se dispone para frenar los altercados violentos nocturnos. Pensamos, por lo tanto, que las manifestaciones de cualquier índole debieran aplazarse hasta que no se solucione la situación crítica de violencia desmedida que se vive en Cataluña estos días. Sin embargo, resulta difícil convencer a nadie con este argumento cuando los propios miembros del Gobierno catalán se ponen al frente de las llamadas “Marchas por la Libertad” que el viernes, 18 de octubre, llegaron a Barcelona para unirse a los miles de independentistas que ya había en la ciudad condal manifestándose.



Inactividad de la Generalitat

President Quim Torra, (Generalitat de Catalunya)

Las instituciones públicas catalanas (lo cierto es que tampoco las de la Administración central española) no han protegido a los comercios y oficinas que no quisieran hacer la huelga general impuesta por sindicatos catalanistas, que son los únicos que la secundan, no los sindicatos mayoritarios estatales. Ante el temor de que los "piquetes" les cerraran de forma violenta el negocio, como así sucedió en algún lugar, optaron por cerrar sus puertas para evitar males mayores, con las consiguientes pérdidas económicas que les reportó. Dicho paro laboral, que duró todo el fin de semana, sumirá aún más en la ruina económica que se vislumbra en las Provincias catalanas, en especial a Barcelona, pues los turistas no pudieron entrar en restaurantes ni tiendas que permanecían cerrados. Incluso, los estudiantes que deseaban asistir a clase se vieron obligados a cesar en su empeño, porque los independentistas obligaron a la rectora de la Universidad Autónoma de Barcelona a cerrar las instalaciones, situación, por cierto, que se ha alargado varios días después: en la Facultad de Derecho podían verse a cientos de estudiantes indignados por no poder asistir a clase porque decenas de encapuchados se lo impedían.


Con todo lo descrito, cuesta aceptar que se hable de "libertad" cuando son los que la esgrimen, principalmente los CDR, los que se la niegan a quiénes no comulgan con ellos: o estás conmigo o estás contra mí; si no aceptas mi ideología separatista, te impido que lleves una vida normal acudiendo a tus clases o a tu trabajo.


El mismo día 18, viernes, primer día de la huelga general impuesta, que no pactada, los CDR organizaron un acto al que llamaron Pícnic per la República, frente a la Basílica de la Sagrada Familia, cuyas obras de restauración también obligaron a que cesaran por esos días, pero ¿acaso no sería más democrático dejar que quién quiera asistir al trabajo lo haga libremente y quién desee secundar la huelga igualmente lo haga? En cambio, no permiten la posibilidad de dialogarlo antes; los CDR y sindicatos separatistas no están por la labor de ello.


Cuando se le preguntó al portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados, en Madrid, Gabriel Rufián, hijo de inmigrantes andaluces que acudieron a Cataluña a trabajar y labrarse un porvenir que no tenían en su tierra, sobre qué opina acerca de la desobediencia civil, responde que es lógico que se manifiesten por el descontento de una sentencia tan desproporcionada, desde su punto de vista, contra los políticos que intentaron crear la República de Cataluña. Pero no se ha atrevido a decir si ocupar edificios públicos o impedir el normal funcionamiento de las infraestructuras es lícito o no. Al final, él mismo sufrió el desplante de los desubicados CDR que le consideran un traidor por no ser más enérgico en su crítica hacia la Policía española y catalana.


Rufián ejerce de portavoz de Esquerra republicana de Cataluña en el Parlamento central español y desde ese palco y también en Barcelona, a donde se desplazó a tenor de los graves acontecimientos que se estaban viviendo, pidió clama, recomendando que las acciones populares de los radicales cesaran. No solo no lo consiguió, sino que ve peligrar el respaldo electoral a su partido en los próximos comicios de noviembre, por lo que de nuevo ha radicalizado su postura y ahora dice que debe continuarse con las acciones de desobediencia civil.


Los actos de sabotaje contra las vías de tren de alta velocidad continúan, destrozando la fibra óptica o colocando obstáculos que provocan retrasos de hasta hora y media, mientras el presidente Quim Torra insiste en que lo que promueve es “desobediencia civil” pacífica, pero el simple hecho de que anime a desobedecer a las Autoridades cuando él mismo es una de ellas, resulta cuanto menos contradictorio. Cobra de las arcas públicas un elevado salario mensual, superior incluso al del presidente del Gobierno español, lo que ha dado lugar a numerosas críticas de la oposición política que le considera deslegetimado para seguir ocupando su cargo. El propio Tribunal Constitucional español le advierte de que desista de su insistencia en animar a los manifestantes a seguir luchando por el derecho a la autodeterminación mediante la desobediencia civil.



Puigdemont: "no creo en los mártires"

De la anterior imagen, correspondiente al Gobierno catalán cuando se organizó el referéndum ilegal por la independencia, cinco de ellos están en la cárcel pero el que era su jefe no quiso unirse a su desconcierto y huyó de España. No afrontó las consecuencias de sus actos junto a sus compañeros en prisión, prefirió escapar de la Justicia española.


Carles Puigdemont, quién inició la situación incendiaria por la que pasa Cataluña actualmente, observa todo lo que acontece desde Bruselas, al ser acogido por Bélgica, un País supuestamente socio de España en la Unión Europea y que sin embargo no entrega a un prófugo. Todo lo contrario, pierden el tiempo pidiendo a España que traduzcan a alguno de los idiomas oficiales belgas la euroorden por la que se solicita la entrega inmediata.


Cierto es que en la red social Twitter ha colgado Puigdemont lo siguiente, refiriéndose a los alborotadores: "No estuvieron nunca entre nosotros. Derrotamos al Estado sin ninguna piedra, ningún fuego, ningún destrozo. No necesitamos la violencia para ganar, la necesita el Estado para derrotarnos. Serenidad, movilización y no violencia". Pero cuando en la cadena de televisión VRT, en Bélgica, en septiembre de 2018, uno de los invitados le preguntó qué hacía en ese País en vez de estar junto a sus camaradas en la cárcel, solidarizándose con ellos, teniendo en cuenta que era su jefe, Puigdemont respondió que él no cree en los mártires.


Finalmente, Puigdemont ha sido puesto en libertad sin fianza en Bélgica, al considerar la justicia de ese País que no hay motivos para entregarle, de momento, algo que debiera haberse decidido en Madrid, no en Bruselas. Una actitud impropia de un Estado miembro de la Unión Europea como lo es también España, una Unión que más parece desunión europea en pleno proceso de separación de Gran Bretaña. Cabe preguntarse si las euroórdenes sirven para algo cuando se establecieron para que los Países socios europeos colaboraran impidiendo que los delincuentes pudieran moverse libremente entre Países de la Unión.


En realidad, la Fiscalía de Bruselas le ha pedido a Puigdemont que notifique un domicilio fijo en el que se le requiera, si fuera necesario y obligado a comunicar su intención de abandonar Bélgica, si se lo propusiera. Claro que viendo la libertad de la que goza allí, dudamos que se marche, acudiendo frecuentemente a la embajada que el Gobierno catalán abrió en Bélgica (algo inaudito, pues se supone que las relaciones exteriores son competencia exclusiva del Estado, no de las Comunidades Autónomas; en esos menesteres gasta dinero público la Generalitat).


La Fiscalía belga deberá valorar si los delitos por los que pide España que se le entregue Puigdemont cuentan con equiparables en Bélgica ya que de no ser así no le entregarán y ya sabemos cuales son: sedición y malversación de fondos públicos. Al menos el segundo debiera existir también en ese País pero independientemente de ello, los abogados de Puigdemont podrían recurrir lo que se decidiera y así, entre recurso y recurso, pueden transcurrir varios meses.


No solo Bélgica rehúsa entregar a Puigdemont, recordemos que tampoco lo hizo Alemania por el delito de rebelión, porque consideraban los germanos que ese delito no existe en su País ante lo que no era factible la detención del político catalán.


Las declaraciones de Puigdemont llamando a la calma mientras por otro lado ánima a la movilización causan confusión incluso entre los manifestantes. A la salida del edificio de la Fiscalía de Bruselas los periodistas le han preguntado como ve la situación en Cataluña, respondiendo que no está al tanto de lo que sucede al no estar allí físicamente -como si fuera necesario-, pero bien que se mantiene activo en redes sociales, comentando lo que acontece. Se le ha preguntado también si condena los actos violentos de los CDR, eludiendo la respuesta una vez más.



A modo de conclusión: la situación se complica


Durante días, los acostumbrados carteles explicando las excelencias monumentales de la bella ciudad de Barcelona, considerada una de las veinte más atractivas del Mundo, por prácticamente todos los estándares que miden el encanto de las ciudades contemporáneas, fueron sustituidos por otro tipo de cartelería, la que anunciaba peligro inminente:

Los heridos se han contado por cientos en los enfrentamientos con la Policía, tanto por parte de los que participaron en las acciones populares como por agentes que contenían a los alborotadores y vecinos incluso, víctimas colaterales. El Sistema d'Emergències Mèdiques (SEM) se desbordó atendiendo a decenas de personas a diario.


En ocasiones, eran los bomberos los que atendían a los heridos hasta la llegada de las ambulancias, impedidas de acudir antes por las barricadas en las calles. Los periodistas también están siendo atacados: se les tira huevos, tomates, petardos y latas de bebida llenas, algunas de las cuales hirió levemente a algún reportero, quiénes van protegidos por cascos y portando brazaletes con la leyenda PRESS – PRENSA, sin identificar el medio para el que trabajan y de esa forma evitar ser objetivo de grupos independentistas que les acusan de manipulación informativa a favor del Estado español.


Muchos reporteros han sido agredidos por los radicales. ¿Qué temen de la prensa? ¿Acaso que muestren la verdad de lo que sucede en Cataluña?

Evidentemente, que informen de lo que realmente está sucediendo allí, de la verdad en definitiva, que es la que ellos han maquillado en pro de sus oscuros intereses, no es algo que interese a los extremistas. En zonas calientes a las que acuden los periodistas a informar de actividad terrorista con grave riesgo para su integridad física son objeto de los criminales para que no se sepa lo que sucede en esas regiones. Lo que hemos visto en Barcelona esta semana pasada es verdadero terrorismo urbano y ni esa maravillosa ciudad ni sus magníficas gentes, ni Cataluña en su conjunto se merecen dar esa imagen que no se corresponde con la de un País tan avanzado como España, ejemplo de libertades cívicas y uno de los Estados más descentralizados del Mundo, con su sistema regional de Comunidades Autónomas, cada una con su propio Gobierno.


De todos depende que sigamos viendo carteles explicando a los turistas las excelencias de Cataluña, que son muchas y variadas y no anunciando incidentes de seguridad ciudadana, pero octubre ha ofrecido una semana de verdadero infierno: cientos de barricadas quemadas, contenedores ardiendo, mobiliario destrozado por valor de 2,7 millones de euros, tiendas saqueadas, vehículos calcinados y calles enteras con los adoquines levantados. Incluso se lanzaron varios cohetes pirotécnicos contra un helicóptero de la Policía catalana, que de haber sido derribado hubiera provocado una tragedia humana sin precedentes en este tipo de eventos de violencia callejera en España. Si eso no es terrorismo, debiéramos redefinir el concepto.


Si deseas conocer más a fondo esta cuestión, no dejes de leer los otras dos partes del especial ARDE BARCELONA

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