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La Armada Invencible (I): el infierno irlandés

Irlanda fue el escenario de dos matanzas de soldados españoles a cargo de ingleses e irlandeses silenciadas durante siglos

Cuadro de Gartner de la Peña sobre el naufragio de la Armada Invencible
La Invencible, de José Gartner de la Peña (Museo del Prado)

Todos los años se homenajea en la localidad de Grange (Irlanda) a los marinos españoles que llegaron a sus playas en 1588 huyendo de los ingleses, tras el desastre de la “Armada Invencible”. Se trata del festival Remembering Armada que organiza la asociación Grange and Armada Development Association. Durante un fin de semana, en torno al 21 de septiembre, se degustan platos de cocina española y otros actos de hermandad con el pueblo español. Pero ¿qué es lo que rememoran?


Índice


El festival Remembering Armada

Mural sobre la Armada en fachada de una casa
Mural recordando a la Armada española en Grange (Irlanda)

Grange, una bonita localidad irlandesa de apenas 600 habitantes, cuya visita es del todo recomendable, organiza un evento festivo de hermandad con España pudiendo armirar espectaculares murales como el de arriba.


Los lugareños se visten con trajes de la época. Recrean el ambiente de finales del siglo XVI, con las banderas que identificaban a la Marina española de entonces, con la cruz de Borgoña (la otra enseña era roja, blanca y gualda, con un águila real y el Toisón de Oro).


Un buque de la Armada española suele participar en los actos conmemorativos. En 2023 ha sido el patrullero “Centinela”, el cual no es la primera vez que participa.

Tres navíos españoles encallaron en este bonito lugar del oeste de Irlanda: el Lavia, el Juliana y el Santa María de Visón, que formaban parte de la gran Armada española (28 barcos naufragaron en total).


Los descendientes de los irlandeses que contemplaron aquella dantesca escena sin poder hacer nada depositan hoy en día flores rojas y amarillas (los colores de la bandera de España) como humilde ofrenda. Colocan también un pequeño barco hecho de paja en el centro de una gran circunferencia formada por cruces.


En los tiempos actuales, un gaitero entona una música ceremoniosa delante de un desfile solemne en recuerdo de los náufragos españoles. El capitán de la corbeta española enviada a la zona para participar en los actos desfila junto al vicealmirante que dirige el Museo Naval de Madrid. Depositan una corona de flores en el monumento erigido en recuerdo de la Armada, donde ondean las banderas irlandesa y española.


Suele ir el embajador español en Irlanda y el agregado del Ministerio de Defensa de la legación diplomática de España en Dublín. Les acompañan altos representantes del Gobierno y del Servicio Naval irlandeses.


Solo en la playa en la que se homenajea a los españoles año tras año, en el Condado de Sligo, ejecutaron a 150 náufragos. Sin embargo, decenas de marinos españoles se escondieron al contemplar lo que les sucedía a los supervivientes del naufragio si caían en manos de los ingleses.


Fueron jornadas nefastas para los desafortunados marinos que tuvieron la desgracia de toparse con las tropas inglesas en tierra, a finales de septiembre de 1588.


La arena de la preciosa playa de Streedagh se tiñó del rojo de la sangre de los cientos de náufragos españoles (o de otras nacionalidades que luchaban por España), asesinados por los soldados ingleses, sin ofrecerles la más mínima misericordia. Muy pocos conservaron la vida para pedir rescate posterior por ellos (nobles de los que sabían que sus familias responderían).


La verdad de lo sucedido en Irlanda es muy distinta de cómo se contó durante siglos y es lo que pretendemos mostrar en este artículo.


La rebelde Irlanda

En aquellas fatídicas fechas, Irlanda era un reino unido al de Inglaterra al tener el mismo monarca. Tanto en el siglo XVI como en la actualidad, la mayor parte de la población irlandesa es católica, como lo era y es la española. La mayoría de los habitantes de la isla odiaban a los nobles ingleses (principalmente protestantes) que les habían confiscado tierras para instalar colonos procedentes de Inglaterra.


Sin duda, tanto entre los católicos como entre los protestantes (y cualquier otra religión) hubo y hay fanáticos que, amparándose en su fe, justifican sus crímenes alegando que Dios está de su lado. En el siglo XVI sucedía lo mismo, marcando el credo religioso la diferencia entre quienes mandadaban y quiénes eran sometidos.


Antes de los anglicanos, hubo autoridades católicas que sojuzgaron de forma terrible a los más débiles. Los anglicanos, cuando llegan al poder, se vengan de los católicos y cuando se produce el cambio de nuevo se hace al contrario. Así que hubo persecuciones por ambos bandos.


Los irlandeses católicos veían a los españoles como salvadores ya que su rey católico financiaba a los rebeldes contra Inglaterra desde hacía años. Sin embargo, fracasó el intento de liberación de la Isla con el objetivo de que ayudaran al ejército español en la conquista de Inglaterra.


Naufragio de la Armada española: no hubo piedad

Restos submarinos de un naufragio español en Irlanda
Fragmentos del navío español La Juliana (Ministerio de Arte y Patrimonio de Irlanda)

El historiador Geoffrey Parker se sumergió en montañas de documentos de archivos españoles y de los Países Bajos no analizados hasta el momento o no suficientemente contrastados. Contó con la ayuda de Colin Martin, especialista en arqueología submarina y en concreto en los naufragios españoles en Escocia e Irlanda.


En principio, el duque de Medina Sidonia que dirigía la Armada no tenía pensado arribar en Irlanda ya que sabían que los soldados ingleses les perseguían desde tierra, pero las tempestades empujaron a muchos barcos hacia la costa irlandesa.


Un correo salió de la nave capitana para llegar a España e informar del desastre: se había perdido más de una treintena de barcos y las bajas se contaban por miles.


Los desdichados marinos españoles que naufragaron en el litoral irlandés suplicaron por su vida. Esos gritos de ayuda pidiendo socorro al haber encallado, para no ahogarse, no despertaron ninguna sensibilidad en los soldados ingleses que perseguían la retirada de los barcos españoles desde la costa.


Algunos irlandeses ayudaron a los supervivientes de la Armada española (es como la llaman todavía hoy en Irlanda, no “invencible”). Les refugiaron en sus casas arriesgándose a ser ejecutados por los ingleses si eran descubiertos. De aquellos españoles que se quedaron a vivir en Irlanda hay descendientes que participan en los actos de homenaje a la Armada todos los años.


Al igual que en la playa de Streedagh, en otros siete lugares de Irlanda naufragaron más naves de la malograda Armada corriendo la misma suerte los marinos. Uno de esos sitios malditos es la conocida como “Colina de los Ahorcados”, ¿imagináis por qué?


Los supervivientes de los naufragios vagaban de un lado a otro sin alimento, sedientos y algunos heridos o enfermos. Quiénes fueron capturados por los ingleses quedarían desprovistos de las pocas pertenencias que llevaban consigo, incluso de sus ropas, pues se había difundido el rumor de que portaban oro. Cierto que algunos navíos llevaban cofres con dinero y joyas, para pagar los costes de la invasión, de hecho incautaron un cofre con 16.000 ducados en joyas y monedas.


Cientos de soldados de la Armada serían asesinados sin contemplaciones, incluso los que se refugiaban en alguna iglesia.


La orden que dieron en Londres era encontrar a los españoles y ejecutarles de inmediato, incluso previa tortura: no habría condena si se ensañaban con ellos. Tal era el odio que sentía la reina Isabel hacia quienes intentaron conquistar su País. No permitieron que se marcharan derrotados, había que masacrarles.


Se hubiera entendido que apresaran a los españoles y pidieran un rescate por ellos pero se decidió su ejecución sumaria y uno de los sitios escogidos para ello fue la Colina de las Horcas. La Escuadra de Levante (la Armada se dividía en escuadras) fue la más castigada en Irlanda con 2.700 bajas mortales y ocho de los diez barcos que la componían siniestrados.


Murieron 11.000 españoles (y de otras nacionalidades) de la Armada: en combate, ahogados o asesinados

El caso más vergonzoso para la historia militar británica con respecto a lo sucedido en Irlanda con los españoles fue el combate entre el grupo de 560 hombres soldados capitaneados por Alonso de Luzón y jinetes ingleses. Cuando éstos últimos comprobaron que los españoles no cedían y que lucharían hasta la muerte, les prometieron que no les matarían si entregaban las armas. En cuanto los españoles lo hicieron, obligándoles a desnudarse, fueron masacrados por los ingleses, tiroteados con arcabuces o acuchillados de modo salvaje.


Algunos sobrevivieron a la matanza, entre ellos Alonso de Luzón puesto que era más valioso si se pedía rescate por él como así se hizo (el rey español pagó 1.650 libras). Los que lograban llegar a Escocia obtuvieron la protección del rey Jacobo VI, neutral en la guerra entre Inglaterra y España, pero colaborando con su tía Isabel con respecto a la entrega de rebeldes irlandeses huidos a Escocia.


Las matanzas sistemáticas de españoles en Irlanda las documentaron no solo los supervivientes sino también quiénes las perpetraron en la correspondencia que se enviaron entre nobles ingleses informando del asunto.


Una misiva fechada el 11 de octubre de 1588 de Richard Bingham, gobernador de Connacht, informa a Francis Walshingham, ministro de la reina encargado de coordinar el servicio de espionaje, que habían asesinado a un millar de náufragos de la Armada española.


Bingham causaba pavor entre los irlandeses por ser un gobernador extremadamente cruel que no dudada en ahorcar a quién considerara un rebelde o colaborara con ellos.


La población irlandesa, que en su mayor parte odiaba a las autoridades inglesas, vivieron episodios de verdadero terror comprobando como sus señores ingleses (y también irlandeses colaboracionistas) llevaban a cabo matanzas despiadadas contra los españoles que naufragaron por toda la Isla. Desde entonces, los dos pueblos entablaron una amistad que ha durado siglos, unidos por las adversidades y el horror de cuanto aconteció en esas jornadas terribles.


Se dieron episodios de gran heroísmo y supervivencia como el del contingente de 600 soldados españoles capitaneados por Alonso Martínez de Leyva, quién consiguió mantener unida a su hueste cuando naufragaron. Tal fue su cohesión que nadie osó enfrentarse a ellos en Irlanda.


Estuvieron varios días de ese modo hasta que vieron una galeaza española maltrecha que encalló con sus 700 tripulantes. La repararon con la ayuda de aldeanos irlandeses y consiguieron marcharse.


En su travesía de regreso a Escocia iban recogiendo supervivientes de otras embarcaciones dañadas. Tal era el peso que soportaba la nave que su timón se partió.


Finalmente, no les dio tiempo a salvarse porque el mal tiempo y la falta de timón para guiarla impidió esquivar los acantilados contra los que se estrelló, sobreviviendo solo nueve personas.


La trágica epopeya de Francisco de Cuéllar

Portada del libro El Náufrago, de Fernando Martínez Laínez
Magnífica obra del periodista y escritor F. Martínez Laínez

Conocemos lo sucedido en 1588 en gran parte por el testimonio de Francisco de Cuéllar, capitán del galeón “San Pedro”: en apenas una hora, los tres navíos siniestrados en la playa de Streedagh se estrellaron muriendo ahogados cientos de tripulantes.


Aquí el fallo fue de España, evidentemente: enrolar a marinos y soldados que no sabían nadar en unas aguas turbulentas como las que bañan Inglaterra e Irlanda es de lo más imprudente, y así les fue. El propio Francisco de Cuellar tampoco sabía nadar, pero consiguió salvarse después de vivir una aterradora experiencia.


A Cuéllar se le condenó a muerte por abandonar la formación de la Armada excusándose diciendo que fue su piloto quién lo hizo ya que él descansaba después de la intensa noche esquivando los brulotes ingleses. No convenció al duque de Medina Sidonia que dirigía la flota. Sería conducido a “La Lavia” (del tipo nao mercante) para su ejecución pero ante la adversidad de la situación se retrasó su condena. Al encallar el barco pudo huir pero no dejó de lado a sus compañeros sino que socorrió a quiénes pudo y eso que él mismo estaba herido. Con esta acción demostró no ser un cobarde.


Siglos después, los arqueólogos pudieron demostrar que, en efecto, tal y como narró Francisco de Cuéllar, una terrible tempestad empujó a los barcos españoles hacia su destrucción. De hecho, en la década pasada se hallaron bajo el mar varios cañones y las anclas.


Cuéllar describió como los soldados ingleses eran ayudados por muchos irlandeses colaboracionistas a quiénes se les dijo que los españoles portaban oro y que podían quedárselo si ayudaban a encontrarles.


Algunos nobles católicos irlandeses escondieron a españoles en sus castillos, pero serían también ejecutados al descubrirse el auxilio que les prestaron. Fue lo que le pasó a Brian O'Rourke, Señor de Bréifne Occidental, enfrentado al gobernador inglés Richard Bingham y a Sir William FitzWilliam, Lord Diputado en Irlanda, máximo cargo representativo de la Corona.


O´Rourke huyó de Irlanda cuando fue acusado de ayudar a los españoles de la Armada y tras serle arrebatadas sus tierras. En Escocia creyó que hallaría respaldo del rey Jacobo, pero éste le entregó a la reina Isabel pues no deseaba tener problemas con ella.

Grabado del siglo XVI sobre un ahorcamiento
O-Rourke fue ahorcado en público (grabado de los Archivos Nacionales del Reino Unido)

Como sucedía con otros muchos rebeldes en Inglaterra, tras el ahorcamiento de O´Rourke su cadáver fue descuartizado. Esa era la piedad de la reina Isabel, de la que se vendió la imagen de enfrentarse a una España de fanáticos religiosos saliendo victoriosa porque la providencia divina estaba de su lado.


Francisco de Cuéllar sobrevivió como pudo durante meses, vagando por los bosques con decenas de otros náufragos viviendo todo tipo de desventuras: llegó a defender un castillo irlandés frente a cientos de soldados ingleses.


Relató al detalle su tragedia personal y todo lo que sus ojos presenciaron en una carta enviada a Felipe II desde Amberes, donde consiguió llegar después de múltiples vicisitudes.


Teniendo en cuenta que el duque de Medina Sidonia (que había sobrevivido) le condenó a muerte, Cuéllar hubiera podido huir para no ser condenado en territorio español, pero no lo hizo, contando su epopeya. Tan terrible fue que no quiso que quedara en el olvido pero fue precisamente lo que pasó, acallada por la más efectiva propaganda inglesa que negó las matanzas efectuadas en Irlanda.


Hubo más testimonios de otros supervivientes, como Manuel Orlando, capitán de La Lavia y Vicencio de Joan Bartoli, capitán de otro de los barcos estrellados, la Santa María de Visón, siendo ambas embarcaciones naos venecianas. Sus dos capitanes serían apresados pero éstos sí fueron encarcelados en Londres a la espera de rescate (obtendrían un botín de más de 10.000 libras por ellos).


Algunos españoles se quedaron en Irlanda como Pedro Blanco y varias decenas más de supervivientes, encontrando refugio en castillos de condes enfrentados a Inglaterra.


Sin embargo, las masacres sistemáticas en Irlanda en 1588 no fueron las únicas pues ya había sucedido antes; po rcierto, no olvidemos que junto a españoles (la inmensa mayoría) se enrolaron también protugueses e italianos. También viajaban ingleses exiliados.


¿Fue un error táctico ir a Irlanda?

Rutas de la Armada Invencible

En el mapa anterior, extraido del departamento de Historia de la Academia de West Point (EEUU), podemos ver el periplo de la Armada española en su intento de conquista de Inglaterra. También la ruta que siguió de regreso tras fracasar en su empresa.


Si hubiera sido Álvaro de Bazán, un veterano lobo marino que sabía improvisar, ¿se hubiera marchado a las posesiones de España en Flandes? O incluso, tal vez, a las costas alemanas, donde la Armada no corría peligro al ser una zona bajo influencia hispana.


Probablemente sí, espeando a que pasara el temporal e incluso reparando las naves dañadas, continuando cerca de Inglaterra para un ataque posterior en mejores condiciones.


Es difícil saber a ciencia cierta lo que hubiera hecho Álvaro de Bazán porque en sus planes iniciales figuraba desembarcar en Irlanda. Tal vez hubiera tomado la misma decisión que el duque de Medina Sidonia o acaso no, pues conocía bien lo indecisos que eran los nobles irlandeses.


Álvaro de Bazán había pensado en desembarcar parte de la flota en Irlanda con lo que el ejército inglés se hubiera visto obligado a dividirse con la dificultad que conllevaría. Para ello solicitó al rey Felipe, al menos, 500 barcos para realizar dos desembarcos simultáneos: uno en Irlanda y el otro en Inglaterra.


Es muy probable que quisiera repetir la hazaña de 1580 cuando un contingente de 800 soldados españoles e italianos desembarcó en el Oeste de Irlanda como apoyo a los rebeldes irlandeses que luchaban contra las autoridades de Inglaterra en la isla. Éstos se habían levantado en armas el año anterior por instigación de varios exiliados irlandeses que regresaron con tal fin, contando con el respaldo del topoderoso rey Felipe de España.


Capitaneó la flotilla que llevó a esos soldados a Irlanda Juan Martínez de Recalde, que acompañaría después a la Armada Invencible como uno de sus principales capitanes ya que conocía Irlanda perfectamente. De hecho, se le encargó las labores de desembarco una vez llegaran a Inglaterra.


Pero al rey Felipe, que recordaba lo que ahora os contaré, no le pareció buena idea el desembarco en Irlanda por lo que lo desechó.


En la intentona de invasión de Irlanda de 1580 serían los irlandeses los que no terminaban de atreverse a luchar contra las fuerzas de la Reina acantonadas en Irlanda ya que entre sus nobles había muchas opiniones discordantes.


El batallón hispano-italiano que acudió en ayuda de los rebeldes irlandeses se vio traicionado por ellos puesto que se les abandonó a su suerte, siendo bombardeado desde el mar y asediado por tierra por fuerzas inglesas. La indecisión irlandesa dio tiempo a los ingleses para repeler esa primera invasión española.


Cuando viendo lo inevitable las fuerzas conjuntas italoespañolas se rinden, se les masacró una vez desarmados y de la peor manera: se les dislocaba sus extremidades para que sufrieran un dolor espantoso antes de ser ahorcados o decapitados. En realidad, era un “aviso a navegantes” para que los rebeldes irlandeses supieran a qué atenerse si lo intentaban de nuevo.


Debió resultarles horrible a los aldeanos oír los gritos de angustia y dolor de los españoles e italianos torturados antes de ser vilmente ejecutados.


Aquel vergonzoso episodio de la Historia británica se dio en conocer como “Matanza de la Fuerte del Oro” por el lugar donde se produjo. Los historiadores ingleses tacharon aquello de bulo malintencionado para manchar la imagen de las autoridades inglesas de Irlanda dejándoles como unos bárbaros sin escrúpulos. Sin embargo, a finales del siglo XX los arqueólogos hallaron multitud de cráneos en una finca conocida como “Campo de las Cabezas” (por algo se le daría ese nombre), datados en el siglo XVI.


Algunos jefes de los disidentes irlandeses se lamentaron toda la vida de no ayudar a los españoles en esa masacre por lo que persiguieron a los perpetradores, dando con Humphrey Macworth, uno de los verdugos, al que desollaron vivo.


Así que Felipe II sabía de lo complicado del desembarco en Irlanda que propuso Álvaro de Bazán como una de las opciones viables, ya que no era seguro contar con el apoyo de los nobles irlandeses.


Pero, ¿alguien le dijo al duque de Medina Sidonia lo que sucedió en 1580? Seguramente sí porque su principal lugarteniente era Martínez de Recalde, con el grado de almirante. Sí, el mismo que ocho años antes desembarcó a los 800 soldados que fueron masacrados por los ingleses en tierra. Es más, Recalde recomendó acciones ingeniosas al duque que de haber sido atendidas por su jefe el destino de la Armada hubiera podido ser otro, pero su comandante no se salía del guión que el rey le había marcado: había que llegar a Flandes y recoger las tropas de Alejandro Farnesio.


Recalde aconsejó al duque atacar Plymouth (Inglaterra), cuando gran parte de la Armada inglesa estaba atracada en dicho puerto pero el de Medina Sidonia no le hizo caso. Al día siguiente, esa flota inglesa persiguió a la española.


Cuando la gran Armada española estaba acorralada, se dio la orden de rodear las islas inglesas por el norte creyendo, tal vez, que podrían reaprovisionarse en Irlanda.


Ya sabemos lo que pasó: 25 barcos naufragaron debido a un enorme temporal en el Atlántico que los empujó hacia los acantilados. Casi 11.000 hombres murieron en total entre combates y naufragios tanto en Escocia como en Irlanda o por enfermedades. Aparte, los 2.000 desgraciados que fueron asesinados sin piedad por los soldados ingleses o algunos aldeanos irlandeses que les ayudaron para robar sus pertenencias.


Pero la mayor parte de los irlandeses sufrieron la angustia del padecimiento de los náufragos de la "Spanish Army" como la siguen llamando (nunca la Invencible, pues sería manchar su memoria). Por eso sus descendientes actuales homenajean desde hace años a quiénes acudieron a prestarles apoyo en su momento. Justo es decir que fueron muchos los irlandeses que pusieron en riesgo sus vidas y haciendas por ayudar a los supervivientes de la Armada.


Se cuenta la historia en Irlanda de que el origen del cultivo de las patatas en la isla se debe a que los marinos españoles las llevaban en sus barcos. Los que fueron ayudados por los aldeanos irlandeses enseñaron a sus anfitriones como cocinarlas y desde entonces son el cultivo principal de Irlanda. De hecho, a mediados del siglo XIX se produjo la conocida como “Gran Hambruna de Irlanda” debido a que las patatas se estropearon por unos hongos que afectaron al cultivo de este tubérculo en toda Europa, pero en Irlanda suponía ya dos terceras partes de toda su agricultura.

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