El Mundo post-coronavirus

Actualizado: mar 31

Vivimos la peor crisis global desde la Segunda Guerra Mundial

El Mundo está cambiando

Un virus ha surgido en China, una de las dos superpotencias mundiales en la actualidad y ni siquiera los chinos, con toda su avanzada tecnología, pueden evitar que se propague por el Mundo entero a una velocidad vertiginosa. La naturaleza es como cualquier madre, regaña a sus hijos si se portan mal y es precisamente lo que está haciendo con nosotros. Hemos jugado con fuego y nos estamos quemando. El resultado es una cuarentena forzada que nos desespera y un colapso del sistema sanitario y de la economía que hace temblar los cimientos de nuestra sociedad occidental. Nos creíamos invulnerables, pero ya vemos que no es así. Sin duda, la pandemia del coronavirus cambiará el Mundo. Hoy en día ya pocos lo discuten, lo dan por hecho.



La biotecnología será la que dirija la economía internacional


Uno de los primeros cambios será la inversión que se realizará en investigación médica para encontrar remedios a las enfermedades para las que aún no los hay. Se pretenderá con ello evitar una nueva crisis biológica que vuelva a fustigar a la sociedad; claro que aún tenemos que salir de la actual. Y no se hará por ética ciudadana, sino por una pura cuestión de capitalismo.


La biotecnología y la bioinformática se convertirán en disciplinas muy demandadas para combatir a estos patógenos tan agresivos. La primera porque es necesaria para la creación de vacunas y la segunda porque permite analizar las secuencias genéticas de muestras de afectados por las enfermedades que provocan los virus y bacterias y descubrir por qué vías entra el patógeno en un territorio concreto. Ello permite llevar a cabo un plan de contención más eficaz.


La industria farmacéutica pasará a ser la más importante, más que la de hidrocarburos, porque ésta última también sufrirá un cambio drástico. Los Estados tenderán al uso de energías renovables para evitar la dependencia del petróleo y el gas. Los vehículos híbridos experimentarán un récord de ventas y veremos, más pronto que tarde, a todas las gasolineras con enchufes para cargar nuestros automóviles y el transporte público.


China adelantará a los Estados Unidos como principal superpotencia mundial al ser la que primeramente ponga en marcha una vacuna contra el coronavirus. Su asombrosa tecnología, que está dejando atrás incluso a la avanzada japonesa, nos sorprenderá continuamente con nuevos adelantos, como los vehículos descontaminadores de gérmenes que ya están comenzando a funcionar en sus ciudades.


Estados Unidos seguirá siendo una superpotencia porque mantendrá su poderío militar pero su influencia se limitará al continente americano. La Unión Europea no le perdonará a Washington su falta de solidaridad.


Europa se aproximará a China, pues Pekín está enviando ingentes cantidades de material de protección antivírica y asesores a los Países más castigados por el coronavirus. Lo que no ha hecho EEUU que son de quiénes se esperaba esa ayuda en Occidente.


Es una enorme irresponsabilidad poner en marcha tratamientos médicos que no se han experimentado lo suficiente, por lo que se potenciará la investigación médica. Está sucediendo con la cloroquina, que Donald Trump ha autorizado que se use en la lucha contra el COVID-19, cuando los expertos dicen que no está claro que funcione. Todavía habría que hacer más pruebas, como recomienda la FDA, la Agencia de los Estados Unidos para los medicamentos y alimentos, pero para Trump no hay tiempo y ha ordenado que se ponga en marcha la maquinaria para suministrar cloroquina a los enfermos del coronavirus.


Pasará como con el resto de los mandatos presidenciales, que por un lado Trump dice alguna de sus bravuconadas, y por otro las agencias responsables o su propio gabinete las matiza y se hace algo distinto. Es lo que pasa ahora mismo en Estados Unidos: existe el Gobierno del País y aparte está Donald Trump.


Los grados universitarios del espectro bioquímico tendrán una enorme demanda

Para desarrollar una vacuna efectiva que ataque cualquier enfermedad, se requiere más de un año de investigaciones y pruebas. La prevención epidemiológica es la mejor arma contra los riesgos biológicos, así que habrá más dotaciones para las universidades y centros hospitalarios.


Habrá otros parámetros para medir el nivel de poder o prestigio internacional. No se tratará de tener los arsenales más potentes, sino de que se cuente con las más avanzadas tecnologías relacionadas con la sanidad. Los nuevos ejércitos serán el personal médico y de enfermería, los técnicos especializados en actividades hospitalarias, las Unidades militares de emergencias como la que hay en España y que realiza una fantástica labor, etc. Y los servicios sanitarios pasarán a estar centralizados en aquellos Países donde aún no lo están, caso de España.


Sin duda, en el nuevo Mundo que surgirá de esta gran crisis del coronavirus, los Planes de Estrategia Nacionales incluirán la prevención epidemiológica, junto a las otras estrategias en materia de ciberseguridad o contraterrorista.



Un nuevo concepto de seguridad

La formación NBQ pasará a ser básica para todos los policías y soldados, incluso para los profesionales de la seguridad privada. En el mundo postcoronavirus, la vigilancia a través de cámaras en las ciudades se generalizará, no solo en las más importantes, como ahora, sino en todas las localidades y municipios. Nos acostumbraremos a ver a soldados en las calles haciendo patrullas a pie y en vehículo en situaciones que lo recomienden como ya sucede en Francia desde hace unos años, en la lucha contraterrorista, o ahora con su activación para ayudar a los Cuerpos de Seguridad.


El futuro de las Fuerzas Armadas es convertirse en ejércitos destinados al refuerzo de la seguridad pública o dispositivos de emergencias. Se acabó que se queden acuarteladas y sin aliciente salvo cuando realizan ejercicios de maniobras tácticas. Pasarán a formar parte del sistema de seguridad nacional funcionando plenamente junto con los Cuerpos de Policía, cada uno con sus funciones determinadas o específicas.


Se impondrá un paulatino control de pasajeros con bases de datos más potentes en las que todos figuraremos, pero no solo con información personal, como hasta ahora, limitada a nuestro número de tarjeta de identidad, dirección postal, fecha de nacimiento y en algunos casos teléfono y correo electrónico. Dentro de poco, con casi toda seguridad, se incluirá un expediente sanitario de cada uno.


No será extraño que los ministerios de asuntos interiores quieran tener acceso a datos de salud de los ciudadanos. En el mundo post-coronavirus se perderá privacidad en favor de la seguridad colectiva. El objetivo será que se tenga conocimiento de nuestros antecedentes sanitarios y de hacia dónde viajamos, en qué momento y con quiénes, por si se declara una epidemia y que las autoridades tengan margen de maniobra y sepan enseguida a quiénes poner en cuarentena inmediata.


Los kits de autodiagnóstico se venderán como rosquillas para que cada individuo pueda conocer su estado de salud cómodamente en su hogar o en cualquier lugar. Y poco a poco nos convertiremos en seres biónicos con parches en nuestra piel que indiquen parámetros de nuestra salud enviándolos a una nube informática en la que los datos se almacenarán para su consulta cuando las autoridades o empresas lo requieran.


Ya existen parches de grafeno que miden el nivel de oxigenación de la sangre, las pulsaciones, si estamos bien hidratados o no, el nivel de glucosa o incluso si nos hemos pasado tomando el sol para prevenir el cáncer de piel. Más adelante acabarán detectando una posible infección para que no sea necesario movilizar a los servicios de emergencias o saturar las urgencias con personas que quieran o necesiten hacerse las pruebas de diagnóstico.


El turismo es una de las industrias más afectadas por el coronavirus; cuando pase la crisis, se reconvertirá

Veremos como todos los Países del Mundo obligarán a los visitantes que reciban o a los nacionales que regresen de sus viajes a realizarse pruebas médicas para detectar a tiempo si llevan consigo algún patógeno que pudieran contagiar a más personas.


Es muy posible que se obligue a quiénes tengan que viajar por motivos de trabajo a que presente un informe sobre su estado de salud o se revisará su expediente sanitario antes de concederle la salida o entrada en un País. Si se tratara de unas vacaciones, es probable que se le exigiera una cuarentena previa que durará más o menos tiempo, según a donde se dirijan y el tiempo que vayan a permanecer en ese lugar. Por lo tanto, los viajes repentinos seguramente irán disminuyendo año tras año, imponiéndose las videoconferencias entre empresas situadas en distintos Países.


Bienvenidos a la tecnología 5G

Llegados a este punto, me atrevo a decir que el teletrabajo se impondrá. Todo lo que se pueda hacer online, acabará haciéndose: trabajo, consulta médica que no entrañe atención de urgencias, docencia, deporte en casa con entrenadores que impartirán sus clases por internet (individual o se junta un grupo de amigos en la vivienda de uno de ellos y desde ahí se conectan), solicitudes a la Administración pública, compras online, etc. Las colas desaparecerán porque a donde sea ya iremos con cita previa o realizaremos la gestión vía telemática.


La tecnología 5G se generalizará y curiosamente es China la que la tiene más avanzada y también la que desarrollará antes que ningún otro País la vacuna contra el COVID-19. Tan solo digo con esta apreciación que están en primer puesto en la parrilla de salida de esta carrera que se iniciará tras el coronavirus.


Los vehículos autónomos -sin conductor- serán algo normal en nuestras ciudades y por supuesto los drones, ya que permitirán ir a cualquier lugar sin necesidad de que se desplace su propietario. Nos abasteceremos de lo que necesitemos sin tener que personarnos, muy útil en casos de confinamiento doméstico. Esto tiene su parte negativa: el reparto a domicilio, al menos el humano, desaparecerá. Pero ¿acaso con la crisis del COVID-19 no se están viendo afectadas muchas empresas y en cambio otras aumentan sus ingresos? Es ley de vida: el desarrollo tecnológico deja de lado unas profesiones y encumbra otras.


La ciudadanía se ha refugiado en las redes sociales. El problema es que en las mismas no solo hay memes graciosos que compartir para evadirse de tanta desgracia, también bulos, y cada año más; las fake news se extienden más rápido aún que el virus y causan también pánico, por lo que las empresas tecnológicas dicen que intentan ponerles freno, pero no es cierto, salvo en los casos más llamativos.


En cualquier caso, Internet es una de las que obtendrá mayores beneficios del confinamiento doméstico, en especial los servicios de mensajería instantánea y evidentemente, las empresas que dan cobertura telefónica. Mientras casi todos los sectores sufren pérdidas en las Bolsas, los gigantes de las telecomunicaciones ganan enteros.


Las grandes compañías de telecomunicaciones se revalorizan en los mercados bursátiles

Así que ya vemos que, en momentos de crisis, lo que para unos es un desastre, para otros es una oportunidad, y no es algo éticamente reprobable en el caso de los segundos, sencillamente responde a la ley de la oferta y la demanda. Se prevé una gran recesión económica mundial peor que la de 2008 tras la que surgirá un nuevo modelo económico en el que el dinero, definitivamente, dejará de existir, al menos el físico. Todo se hará mediante pagos con tarjeta, chips o por aplicaciones que nos descargaremos en nuestros teléfonos móviles, como ya se está haciendo en algún supermercado de grandes ciudades.



Negocios que resurgirán y nuevos hábitos


La venta online aumentará considerablemente sus beneficios. Amazon, la principal plataforma de venta de todo tipo de utensilios, ya ha creado su propia empresa de paquetería para no tener que recurrir a otras de las que han tenido muchas quejas o que les cobren por gastos de envío. El ahorro para las compañías que pueden permitirse repartir su género es considerable. Pero ¿qué ocurrirán con las empresas de transporte en el futuro? En realidad los transportistas no desaparecerán como oficio, sino que cambiarán de patrón, pasando a trabajar directamente para consorcios de empresas y no como ahora para compañías de transporte.


Las empresas de limpieza experimentarán un boom ya que aumentará su número de clientes de forma importante. Vemos como con la crisis del coronavirus la limpieza se ha vuelto esencial en todas partes y quiénes mejor que los profesionales, con medios adecuados, para llevarla a cabo con eficacia.


Las empresas que fabrican material de protección antivírica y contra bacterias son de las que se revalorizarán de forma espectacular. Estamos viendo en estos días aciagos la gran escasez de este material en Países avanzados como Italia o España. Se ha notado la falta de previsión y por lo tanto de una reserva nacional de estos útiles.


Empresas textiles e incluso comunidades de vecinos y hasta conventos se han ofrecido para elaborar material de tela que, si bien protege poco, siempre hará más que no ir provistos de nada. Es una situación caótica que debe solucionarse en el futuro para que no vuelva a suceder, y seguramente así será.


Muchos de nuestros hábitos van a cambiar también. El mismo saludo entre dos personas es probable que prescinda de los besos y del apretón de manos, para cambiarse por algún otro que no conlleve peligro. Los espacios entre asientos tanto en el transporte público como en escenarios tales como teatros, salones de congresos, cines, etc. o el aforo permitido en grandes eventos e incluso las manifestaciones populares de protesta; todo cambiará y se recomendará o tal vez se obligue, por norma, que se reduzca el número de asistentes permitidos.


El respaldo a una protesta o petición popular ya no se medirá por el número de asistentes a una manifestación de personas, sino por los seguidores que tenga en redes sociales. Se generalizarán las solicitudes telemáticas a los Gobiernos o Parlamentos y todo con la idea de evitar grandes aglomeraciones de personas.

Con la colaboración de Adolfo Estévez

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