• Alicia Guillén Galindo

Control del radicalismo en cárceles

Actualizado: 26 de dic de 2019

La captación de presos por grupos yihadistas es una realidad

Los internos islamistas radicales se comportan de modo diferente a los de otras organizaciones terroristas por lo que su observación y vigilancia han de ser distintos.

Dentro y fuera de prisión, los yihadistas tienen su modo particular de comportarse

La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias crea en el año 2009, como instrumento que tendrá la finalidad de reforzar el control de los internos radicalizados, un protocolo inicial para poner en funcionamiento los Grupos de Control y Seguimiento, con el objetivo de abordar la captación y coordinación de información sobre los nuevos fenómenos de terrorismo religioso y las nuevas formas de delincuencia organizada. El motivo de dicha creación es la emergencia del fenómeno del terrorismo yihadista, que se retroalimenta a través de la captación y reclutamiento de nuevos miembros, siendo las cárceles el caldo de cultivo idóneo, ya que esta captación es mucho más fácil y efectiva en ambientes delincuenciales y marginales.


Estos Grupos de control buscan unificar la metodología de recopilación de información y coordinarse, de manera que esta información pueda trasladarse con el interno de un centro a otro (por medio de su expediente completo), así como trasferir esos datos a los Servicios Centrales de forma rápida y eficaz, y desde ahí derivarla a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad.


Fue la escasez de funcionarios de interior, su falta de especialización y la presión de trabajo que soportaban -y soportan-, así como su turnicidad, el motivo por el que se crearon los Grupos de control y seguimiento, facilitando así la observación adecuada de yihadistas. En el año 2016, en el marco de la reeducación y reinserción social de los penados, se crea un nuevo programa encaminado a la intervención a nivel tratamental sobre la radicalización yihadista. El desarrollo de este programa es complejo y en su asentamiento la coordinación de los equipos de tratamiento (juristas, psicólogos, trabajadores sociales y educadores) con los grupos de control es fundamental.


Pocos meses después de la creación en 2009 de los grupos de control, se incluye el Programa de Intervención de Drogas, en cuanto que el consumo de droga dentro de la prisión es un problema que debe abordarse desde todas los aspectos (tratamientos, sanidad y seguridad). Reducir la oferta de droga correspondería al área de Seguridad; intervenir sobre la demanda de dicha droga, tratando a los consumidores, correspondería a los tratamientos y el área de Sanidad. A este respecto, el Grupo de Control debe identificar a los traficantes, obtener información sobre las entradas de droga, analizar dicha información, planificar la intervención y realizarla directamente sobre internos y familiares.



El trabajo de los Grupos de control es extremadamente complejo


Los Grupos de Control y Seguimiento tienen una ardua tarea especialmente encomendada para identificar a los internos que posteriormente pueden ser clasificados como FIES-5. Esto es así porque, si bien los FIES 3 vienen identificados por su propio delito, la clasificación de los FIES 5 depende de la capacidad, experiencia y pericia para la observación, lo que supone un reto para identificarlos como tales, teniendo en cuenta que los esfuerzos de estos internos se centran en la ocultación de sus ideas. Recordemos que los FIES-3 son los pertenecientes a bandas armadas y los FIES-5 los presos de colectivos especiales (Contrayihadismo: FIES y programas de prevención)


Las diferencias comportamentales entre los miembros de bandas armadas y los de colectivos especiales son pocas pues unos y otros parten de la negación de que asociarse con la radicalización yihadista tenga carácter delictivo, aunque puedan aceptar haber llevado a cabo esas conductas. Salvo algún caso puntual de terroristas con delitos de sangre ya condenados, el resto niegan que sus actitudes sean peligrosas socialmente no aceptando su ingreso en prisión.


Algunos instrumentos jurídicos, como incluir en 2015 a los internos clasificados en el GRUPO C (de seguimiento, refiriéndose a internos islamistas o en proceso de radicalización) en el fichero FIES-5 puede ser, desde un punto de vista crítico, una limitación para los Grupos de Control en lo que se refiere a la obtención de información de estos internos. Esto es así porque, dicha inclusión se debe comunicar al interno objeto de la misma, con lo que se saben observados y señalados directamente y hace que normalmente retraigan más las actitudes observables de radicalización.


Muchos internos, cuando se van radicalizando, marcan distancias con los funcionarios, con la Administración en general y con el País que representan

Algunos incluso intentan convencer a otros internos de que no usen las estructuras del Estado (abogados, trabajadores sociales, funcionarios...), que no hablen con educadores, que no pidan permisos, etc. Se les insta a que simplemente cumplan su condena. Llegados a este punto, al Grupo de Control y Seguimiento solo le queda la observación y sobre todo recopilar información de internos que puedan colaborar, pero teniendo siempre un especial cuidado de contrastar la información y no dejarse manipular por intereses espurios de esos “informadores”.


Es relevante a su vez, aunque se haya llegado a este extremo mencionado, y por supuesto, si no se ha llegado, tener un cauce fluido de transmisión de información entre los funcionarios del Grupo de Control y Seguimiento, y los profesionales en general, y con el trabajador social en particular, principalmente en lo referente a las relaciones familiares, que en principio no tienen por qué deteriorarse.


No hay duda para estos Grupos de Control que la seguridad y el tratamiento son dos áreas perfectamente compatibles, puesto que se tiene que respetar el programa de tratamiento de cada interno, con el fin de dar cumplimiento al art.1 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, el art.2 del Reglamento Penitenciario y el propio art.25.2 de la Constitución Española, remarcando este extremo la normativa interna de Instituciones Penitenciarias, al establecer en 2011 que estas especiales medidas de seguridad que deben seguirse para los internos clasificados como FIES, se tendrán en cuenta para su programa de tratamiento.


También es cierto que en determinados momentos pueden verse confrontados los dos extremos: las medidas “limitadoras” (reducción de salidas al polideportivo, sociocultural, determinados trabajos,…..) y el tratamiento. Lo fundamental es enfocar cada caso de forma individualizada, pues dentro de los FIES no todos dan el mismo perfil, y si bien hay unas normas de seguridad básicas, en casos puntuales pueden adaptarse a la situación concreta, siendo esa la base del tratamiento, la individualización.


En lo que se refiere al rezo colectivo, proporciona a los Grupos de Control y Seguimiento mucha información complementaria relacionada con los comportamientos grupales de los internos musulmanes, entre los que se puede dar el caso de encontrarse entre ellos alguno de interés por ser de perfil yihadista. Por supuesto, como cualquier otra actividad común, el rezo colectivo debiera estar autorizado, tal como se hace con las actividades de otras religiones. Se ha de realizar en un lugar habilitado al efecto. La línea habitual es dar a conocer las normas del Centro Penitenciario.



Diferencias en la vigilancia de presos yihadistas y de la banda ETA


Las medidas de seguridad y control entre los internos pertenecientes a distintos grupos terroristas que se encuentran en prisión, podemos decir que a día de hoy difiere únicamente en el sentido de que la mayoría de los medios tanto personales como materiales se destinan a las organizaciones actualmente más potentes y peligrosas tanto por lo incontrolable de sus actuaciones como por la rapidez de su expansión. Es obvio que el control sobre los presos de ETA continua, pero menos intenso que en épocas anteriores, en las que la amenaza de actos terroristas era real, como lo es ahora con las organizaciones yihadistas.


No hay que olvidar que el control de internos terroristas en nuestro medio penitenciario ha estado profundamente incardinado entre las funciones y la responsabilidad de todos los funcionarios de prisiones, y ha sido una de las políticas penitenciarias más importantes, y en ocasiones polémica, que han dirigido, siempre en la misma línea, todos los gobiernos de España.


Una diferencia fundamental entre ETA y las organizaciones yihadistas es el proselitismo de estas últimas. ETA buscaba y busca sobre todo contactos en el patio para conseguir mover, en el interior de la prisión, y sobre todo hacia el exterior, información sin que sea ésta detectada, momento en el que los Grupos de Control y Seguimiento centran su atención. Sin embargo, el yihadista se plantea como fin fundamental el proselitismo, sumar adeptos a su causa, encaminar a los internos en las vías marcadas por su visión particular de la cultura islámica, “su Islam” (diferente al Islam generalizado y no violento), por lo que su actividad es continua y requiere una observación permanente.


Los controles que se realizan a los internos pertenecientes a la banda terrorista ETA respecto de los internos yihadistas tienen puntos similares, pero hay algunos puntos que difieren, como es el control mucho más exhaustivo de los internos yihadistas y de los que les rodean. Con ello se amplía el marco a observar, pues no solo se debe vigilar al radical, sino a todo su entorno para ver si están modificando hábitos que pudieran indicar una deriva hacia el fundamentalismo.


Otra de las diferencias, y muy relevante porque identifica muy bien el tipo de organización y el perfil de sus miembros, es que los presos de ETA nunca han ocultado sus ideas, más bien llevan a gala pertenecer al colectivo, son fácilmente identificables, en muchos casos dispuestos a entablar extensas conversaciones con los funcionarios sobre sus motivos, su lucha, su causa (esto último en la última etapa, porque anteriormente se mostraban muy distantes con el personal penitenciario). Sin embargo, los terroristas yihadistas niegan en general su adhesión a la causa, se muestran como víctimas de las instituciones, no como verdugos, niegan evidencias, y aquellos que ni siquiera están identificados como terroristas, sino que son radicales, se mantienen de forma discreta en segundo plano, negando también cualquier adhesión a ideas fundamentalistas.


Hoy por hoy los internos terroristas islamistas (FIES 3; condenados /preventivos) están en módulos de aislamiento -clasificados en primer grado de tratamiento y en régimen cerrado-, por lo que el número de internos que pueden captar y sumar a sus filas es muy reducido, pero no por ello menos importante. Una medida fundamental, y no siempre alcanzable, es procurar que no compartan espacios con otros internos musulmanes, pues la posibilidad de acercarlos a sus postulados es mayor que con internos no musulmanes.


El mayor reto está en los internos no identificados como FIES o los ya clasificados como FIES-5, pues por su régimen de vida, el ordinario, y al estar clasificados en segundo grado de tratamiento, tienen mayor capacidad de captación en módulos donde la población musulmana es tan elevada. Estos internos conviven con el resto de población del Centro Penitenciario en los distintos módulos, incluso realizando programas de tratamiento, ingresados en módulos de respeto, en unidades terapéuticas y educativas, por lo que el trabajo de observación de los Grupos de Control es muy complejo en estos casos. En cambio, los ya identificados por haber sido condenados o encontrarse preventivos por delitos relacionados con organización terrorista se encuentran en el módulo de aislamiento sin posibilidad de relacionarse con el resto y por lo tanto de expandir sus ideas radicales.


SERIE DE ARTÍCULOS

INSTRUMENTOS DEL ESTADO PARA EL CONTROL DE LA EXPANSIÓN DEL YIHADISMO EN LAS PRISIONES


El perfil del preso yihadista

La detección del yihadismo en prisiones no es tarea fácil y requiere la observación e implicación de todos los funcionarios en aras de apreciar ciertos factores que puedan denotar una tendencia radical.

FIES y programas de prevención en las prisiones

Con el fin de hacer frente a los riesgos y amenazas a la seguridad, la administración penitenciaria utiliza una serie de perfiles de internos sobre los que se llevará un especial control y seguimiento, y su observación y conocimiento por parte de los funcionarios se intensificará según su peligrosidad.


Coordinación entre Instituciones en la lucha contrayihadista en prisiones

La coordinación entre Instituciones Penitenciarias y los Cuerpos de Seguridad resulta esencial al igual que distinguir el comportamiento de los presos yihadistas del resto de terroristas.

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