• Alicia Guillén Galindo

El perfil del preso yihadista

Actualizado: 26 de dic de 2019

La detección del yihadismo en prisiones no es tarea fácil

Resulta especialmente complicado detectar a los radicales que no ingresaron en prisión por terrorismo.

El yihadismo capta a sus adeptos también dentro de las prisiones

El integrismo islamista puede darse en internos normalizados que no ingresaron en prisión por yihadismo, por lo tanto las características físicas son tan solo un posible factor a tener en cuenta, pues pudiera darse el caso también de que el interno no quisiera levantar sospechas y mostrara una imagen occidental. Por lo tanto, el hecho de que intensifiquen sus prácticas religiosas, anteponiéndolas a las demás actividades, no debe anteponerse a la detección de una interpretación del Islam en su vertiente más extremista de lo permitido o prohibido por su religión. Por ello es imprescindible intensificar no solo la observación de estos internos sino los registros de sus celdas pues en ellas pueden haber indicios de radicalización, sabiendo diferenciar los textos religiosos que se hallen pues pudieran no ser de contenido extremista y poseerlos otros internos no radicales. Es, por lo tanto, imprescindible la formación de los funcionarios, siquiera básica, en cultura araboislámica, para distinguir a la misma del integrismo islamista, pues no son lo mismo.



Detección de los presos que se radicalizan


Los internos que están en proceso de radicalización pueden mostrar una tendencia al cambio en su comportamiento, su aspecto físico o el de su celda, pero como decía en el anterior párrafo ello no es determinante sino su cambio de actitud, pudiendo mostrarse cada vez más violentos con los funcionarios o con los “infieles”, o los “fieles” no practicantes o que no consideran buenos musulmanes. Comienzan a mostrar rechazo por todos aquellos que no se muestran extremistas, por lo que reducen sus relaciones con los demás, son más retraídos y únicamente tienden a acudir a aquellos que ejercen influencia sobre ellos, los líderes espirituales.


En lo que se refiere a las relaciones familiares, pueden perder el contacto con sus familias si éstas no se adaptan a su nueva línea radical, y en el caso de que lo hagan, este cambio se puede ver reflejado en la indumentaria de las mujeres que les visitan, a las que les obligarán a taparse prácticamente todo el cuerpo, o ponerse velo. Les hará ir acompañadas por algún familiar al salir a la calle. Este último punto es relevante destacarlo pues será muy importante la atención que a estas comunicaciones presten tanto los funcionarios del departamento de comunicaciones como los trabajadores sociales que deben tener actualizados los datos familiares y las relaciones que los internos mantienen con sus familias. Ello, sin perjuicio de la necesidad de realizar entrevistas habitualmente tanto con familiares como con los internos, en las que se podrían detectar estos aspectos y ser trasladados por su importancia a los grupos de control y seguimiento.


En este proceso de radicalización destaca el cambio que sufre el interno en cuanto a sus temas de interés, utilizando retórica religiosa al expresarse o mostrando su repulsa a las políticas que han dado lugar a las “injusticias” contra los musulmanes por parte de los países de Occidente. Tiende a utilizar medios de comunicación afines a sus principios y leer revistas que muestran la historia de la religión islámica, interesándose por una cuestión, la religiosa, que antes de su ingreso en prisión no les llamaba la más mínima atención o no se la prestaban del mismo modo que otras facetas de su vida.


Podemos llamar a los internos que se han radicalizado en prisión “novatos”, por haberse llevado el proceso con celeridad dentro del centro penitenciario. Sin embargo, el radical “absoluto” puede que, o nunca haya consumido drogas, o que le resulte más sencillo abandonar esos vicios por sus convicciones religiosas profundamente arraigadas.



El rezo como factor para detectar radicalismo no es determinante


En lo que se refiere a su comportamiento colectivo, tiende a unirse a otros internos con su ideología radical. Es difícil que sufra este proceso en solitario pues si alguien le ha radicalizado tendrá contacto con él y con otros en su misma situación. Si bien el cambio físico puede o no producirse, y por tanto ser más difícil de detectar la radicalización, así como su nueva tendencia al interés por la política contra los países occidentales o la utilización en sus frases de suras del Corán o menciones a su Dios pudieran no detectarse tampoco si deja de dirigirse habitualmente a los funcionarios. No ocurre lo mismo en la relación con los internos de su perfil ideológico radical, en cuanto que va a interesarse por compartir sus ideas, pensamientos, críticas hacia los “infieles” y, lo más importante, van a querer realizar la oración colectiva, una práctica tan arraigada entre los musulmanes practicantes que será dirigida por el autoproclamado líder espiritual del grupo.


La oración o salat puede suponer en ocasiones un problema regimental o de seguridad, pues toda actividad colectiva debe estar autorizada, y si bien el horario de rezo islámico lo está, por supuesto, no se puede llevar a cabo en el patio de un módulo por iniciativa de un grupo de internos. En otras religiones como la católica existe un lugar y día para la celebración de la misa, con lo que todos aquellos internos que quieran acudir son autorizados previamente por el Subdirector de Seguridad del centro penitenciario. Lo mismo debe hacerse (y se hace) con los presos musulmanes.


Estos comportamientos colectivos son un dato revelador y a tener en cuenta. La observación a determinadas horas, que puede llevar a efecto tanto los funcionarios de vigilancia interior como los funcionarios del Grupo de control y seguimiento será imprescindible tanto para mantenerse informado de la evolución de los internos FIES (especial seguimiento), para tener una imagen clara de quiénes ejercen como líderes espirituales en estas oraciones colectivas no autorizadas, como en el caso de que no fueran habituales en el rezo y comenzaran a realizarlo de manera estricta.

En las prisiones que no tienen autorizado un imán proveniente del exterior no se encuentra un líder formal, un imam a la que la Dirección del Centro tenga controlado. Lo que significa esto es que el imam “informal”, no reconocido sino autoproclamado, no tiene la formación ni está preparado para dirigir al grupo en la religión islámica. Supone cierto peligro, pues será su propia interpretación radical de la religión la que enseñe a sus seguidores. El problema estriba en que todavía hoy existe escasez de comunidades islámicas que se relacionen regladamente con instituciones penitenciarias lo que supondría, si hubiera cierta colaboración, más control en el proceso de radicalización de estos internos.


Se detecta en los internos radicalizados una considerable reducción en sus relaciones con los funcionarios a los que se dirigirán lo estrictamente necesario, y puede que las peticiones se hagan grupalmente por su líder, a la hora de conseguir espacios para el rezo o adaptación de sus comidas. Al resto de internos les mostrará su rechazo e intolerancia por considerarlos “infieles”.


Los yihadistas (rama más violenta y radical del integrismo islamista) tienen como objetivo primordial contribuir al Yihad o guerra santa, en su acepción más común pero no exacta, pues en realidad Yihad significa "esfuerzo", tratándose del sacrificio que todo buen musulmán realiza para cumplir los preceptos islámicos. Los integristas, por lo tanto, han desvirtuado ese concepto. Son los denominados "muyahidines" y no tienen miramientos en captar dentro de la prisión a todo tipo de internos, independientemente del delito por el que hayan sido condenados. Es algo que no aceptaría un buen musulmán pues son los primeros que aborrecen a los terroristas yihadistas ya que han manchado su religión dándole una imagen de creencia extremista.



Perfil psicológico de los presos yihadistas


Reglamentariamente, por su perfil específico, se remite mensualmente a la Subdirección General de Sanidad Penitenciaria novedades respecto a su evolución sanitaria. No es frecuente el uso de fármacos hipnóticos o psicotrópicos, en consecuencia podemos decir que no son internos que estén incluidos en “rutinas carcelarias” (deudas, intercambio de tabaco por medicación, etc.) o problemas derivados del consumo de drogas o medicación con efecto sedante.


No es infrecuente observar cuadros de tipo psicótico en internos de convicciones más radicales (normalmente no son formas debutantes, sino que existe historia de antecedentes de atención psiquiátrica). No suelen consumir drogas, aunque esporádicamente solicitan algún “tranquilizante”, sobre todo internos jóvenes de educación occidental. Cierto es que un interno que se ha radicalizado de forma rápida es difícil que pierda los hábitos que tenía, como puede ser el consumo de hachís, muy habitual en la población musulmana, pues algunos no lo consideran una droga. En estos casos, seguirá consumiendo por ser una práctica en él normalizada y complicada de eliminar en un corto espacio de tiempo, que se puede dar en los casos de una radicalización “express”.


El perfil psiquiátrico que comentaba puede verse agravado por algún tipo de enfermedad que entre en contradicción con su convicción religiosa, como pueden ser las enfermedades de transmisión sexual. Podría darse el caso, supuesto con mucho riesgo, que un interno con esta patología mental tuviera el SIDA y valorara una única posibilidad, el suicidio por la causa, como consecuencia de un doble motivo:

  1. Que si vuelve a su país expulsado no podría ser tratada su enfermedad porque saldrían a la luz sus prácticas homosexuales

  2. Que el peso en su conciencia por dichas prácticas contrarias a su fe no le dejarían vivir en paz.

Con respecto a las mujeres yihadistas, detenidas por captar seguidores, suelen tener en común:

  • Han sufrido algún tipo de maltrato o vejación por sus familias o maridos, casi siempre por alguna relación extramatrimonial.

  • Al verse desarraigadas y solas, habrían sido fácilmente captadas por redes sociales prometiéndoles si se unían a la causa que sus pecados serían redimidos.

Lo que buscan estas mujeres es apoyo y protección; llegan a creer que verdaderamente les necesitan para la causa. Los reclutadores consiguen que muchas de ellas se unan al Yihad casándose con muyahidines y teniendo hijos con ellos.


SERIE DE ARTÍCULOS

INSTRUMENTOS DEL ESTADO PARA EL CONTROL DE LA EXPANSIÓN DEL YIHADISMO EN LAS PRISIONES


FIES y programas de prevención en prisiones

Con el fin de hacer frente a los riesgos y amenazas a la seguridad, la administración penitenciaria utiliza una serie de perfiles de internos sobre los que se llevará un especial control y seguimiento, y su observación y conocimiento por parte de los funcionarios se intensificará según su peligrosidad.


Control del radicalismo en las cárceles

Los Grupos de Control y Seguimiento abordan coordinan información recabada en prisión sobre internos de grupos fundamentalistas o bandas organizadas.

Coordinación entre instituciones en la lucha contrayihadista en prisiones

La coordinación entre Instituciones Penitenciarias y los Cuerpos de Seguridad resulta esencial al igual que distinguir el comportamiento de los presos yihadistas del resto de terroristas.

160 vistas
  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon

© 2008-2020 por RSW