7 años después del perdón de ETA
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La organización terrorista ETA publicó una nota en los diarios abertzales pidiendo perdón por el daño causado

En 2018, a falta de quince días para que se produjera su disolución definitiva, consideraban que el sufrimiento había sido desmedido con muertes, heridos, secuestros y personas que se vieron obligadas a huir.
Reconocieron cometer errores de cálculo en el pasado y se lamentaban de lo sucedido a lo largo del último medio siglo, desde los inicios de la banda terrorista.
Sieta años después se siguen vulnerando los derechos de sus víctimas al homenajear a los terroristas en cientos de eventos en la vía pública, con permiso de las autoridades.
Índice
Un arrepentimiento a medias

Los etarras de nuevo cuño que se mostraron arrepentidos en 2018 promoviendo la disolución de la banda seguían creyendo que en el País Vasco se vivía un conflicto con España.
Encuadraon las acciones terroristas pasadas de la organización dentro de un marco de resistencia armada. Sin embargo, la realidad es que cometieron abominables atentados para los que no hubo justificación ninguna.
Se lamentaban de que los heridos con traumas y secuelas irreversibles estuvieran sufriendo tanto, pero se excusaron en que hubo también actos deplorables por parte de los Cuerpos de Seguridad y del Gobierno del Estado español. Les acusaban de cometer también terrorismo de Estado.
Los últimos dirigentes etarras opinaban que si hubiera existido libertad en el País Vasco, probablemente nada de todo aquello hubiera sucedido. Querían trasladar la pelota de la responsabilidad al tejado del Estado español.
La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) les echó en cara que no hicieran autocrítica ni asumieran responsabilidades sus individuos más sanguinarios por las muertes que tienen sobre sus hombros.
Según la AVT, lo que los terroristas debieron hacer era desmantelar la infraestructura que aún conservaban en 2018. También les pidió que colaboraran con la Justicia esclareciendo los casos sin resolver (los familiares de 379 víctimas mortales, cuyos asesinatos no fueron resueltos, claman justicia).
Incluso hoy en día (2025) la AVT sigue pidiendo a los Gobiernos regionales de Navarra y Euskadi que no fundamenten la resinserción de terroristas en el silencio de las víctimas.
No por el hecho de que callen los asesinos salidos de prisión ya están en paz con la sociedad. De hecho, medio centenar de terroristas que aún están en prisión tienen el tercer grado que permite salir de la cárcel para trabajar, estudiar o rehabilitarse, regresando a la prisión para dormir. Se concede a quiénes presentan buena conducta y demuestran arraigo familiar en la Provincia en la que se halle el centro penitenciario, una vez cumplida parte de la condena entre rejas.
Actualmente hay 135 presos de la organización terrorista de los que solo 47 permanecen a tiempo completo dentro de las prisiones en las que se encuentran. El resto, o bien tienen el tercer grado, libertad condicional o régimen abierto.
La AVT denuncia que no todos están arrepentidos, otro de los condicionantes sin el cual no se les puede conceder la "semilibertad".
Varios altos cargos del Gobierno vasco dimitieron. La renuncia más llamativa fue la del viceconsejero de Derechos Humanos, Alfredo Retortillo. Lideró una propuesta para que se prohibieran eventos en la vía pública de grupos afines a ETA o el terrorismo en general pero no salió adelante porque los socialistas votaron en contra.
En los últimos siete años, desde aquel comunicado de falso arrepentimiento, se han producido cientos de manifestaciones pidiendo la libertad de los presos etarras o su acercamiento a cárceles del País Vasco. Esto último porque saben que la competencia en instituciones penitenciarias en el territorio vasco las tiene asumidas el Gobierno de Euskadi que ya se ha visto es bastante laxo con estos individuos.
Sobre todo en verano, cuando más turistas visitan el País Vasco, las asociaciones proetarras organizan actos en recuerdo de los presos para mantener vivo el conflicto, prueba de que son ellos y nadie más los que continúan con la chispa encendida.
Las víctimas de los atentados de esos presos han de vivir constantemente la indignidad de ver como se homenajea a dichos criminales.
Los herederos de ETA blanquean el pasado

La banda ETA nos quiso convencer, en 2018, cuando emitieron aquel comunicado de "arrepentimiento", que se estaba haciendo un harakiri público cuando en realidad lavaba su imagen.
Dividió a las víctimas entre personas que no tenían nada que ver con el “conflicto” y el resto. Se olvidaron de que los agentes de la Ley lo que intentaron era evitar más muertes encontrando muchos de ellos la suya propia a manos de una organización que deseaba imponer una dictadura abertzale radical en el País Vasco.
Guardias civiles y otros Cuerpos militares, policías nacionales y agentes de diferentes Fuerzas policiales, políticos demócratas, servidores de la Justicia y tantos otros, hasta 829 víctimas mortales más muchos heridos fue el saldo del terror de ETA. Habría que añadir los horribles traumas psicológicos. Por lo que vender que se había arrepentido de tan terrorífico legado no se lo creía nadie.
Si verdaderamente estuvieran arrepentidos no distinguirían entre sus víctimas, entre las que también hubo periodistas que informaban de la verdad de lo que sucedía en el País Vasco, en los peores momentos del terrorismo. Y empresarios que se negaban a pagar el llamado “impuesto revolucionario” que ETA obligaba a satisfacer si no querían ser asesinados o secuestrados.
Si la alternativa interna que abogó por la vía política hubiera triunfado hace décadas no se hubiese vivido tanto sufrimiento. Y es que a todos les ha quedado claro que con la política les ha ido mucho mejor que con las armas.
En sus mejores momentos, ETA no pasó de un 15% de apoyo popular; actualmente, los grupos abertzales acaparan más del 35%.
Los abertzales han logrado mayor influencia en la sociedad por la vía política y democrática, de la que ETA con sus atentados y extorsión
Aunque pidieron perdón también a sus víctimas de fuera del País Vasco que consideraron fortuitas ya que desde su óptica nada tenían que ver con el conflicto vasco, en realidad ninguno de sus muertos y heridos tenían culpa de nada en absoluto.
Ciertamente los ciudadanos vascos son los que más sufrieron, del mismo modo que con el terrorismo yihadista los que más sufren son los Países islámicos. En uno y otro caso, los extremistas desean imponer sendas dictaduras en territorios que dicen querer salvar de la iniquidad.
La mayoría de vascos y vascas recordarán cuando en cada edificio, en las décadas de los 80 y 90, había un espía de ETA que tenía amenazados a todos los vecinos. Si no asistían a las manifestaciones convocadas por el entorno político de ETA, esos agentes del terror les señalaban siendo amenazados con sufrir las consecuencias de no seguir los preceptos de la organización terrorista.

Los terroristas vascos seguían el mismo proceder que sufrieron los que vivieron bajo el yugo de las dictaduras comunistas satélites de la Unión Soviética: un agente del Gobierno en cada comunidad de vecinos para espiarles y saber quiénes criticaban al poder impuesto.
Uno de los párrafos del comunicado de 2018 pidiendo perdón que más críticas suscitó es el siguiente:
Las generaciones posteriores al bombardeo de Gernika heredamos aquella violencia y aquel lamento, y nos corresponde a nosotros y nosotras que las generaciones venideras recojan otro futuro.

ETA justifica su creación como respuesta hacia quiénes bombardearon la localidad de Gernika, en la Guerra Civil española, pero muchos grupos opositores se enfrentaron a la dictadura del General Franco, vencedor de la contienda y lo hicieron tanto en el exilio como dentro de España sin necesidad de matar a nadie.
Con los años y a fuerza de pasos cortos pero progresivos, nunca regresivos, consiguieron que la dictadura de extrema derecha se derrumbara instaurando un Régimen democrático en una transición política considerada en todo el Mundo como referente y ejemplar.
La organización criminal dijo buscar la "reconciliación” con la que "cerrar heridas" pero siempre refiriéndose a la sociedad vasca, nunca al conjunto de España. Sin embargo, todos los españoles vivieron con terror décadas en la que incluso ir a la playa daba miedo ya que ETA amenazaba con atentar en cualquier punto del litoral.
¿Se debe olvidar para pacificar?

Visitar el País Vasco es ahora de lo más recomendable sobre todo porque ya no hay atentados terroristas. Quiénes dirigían ETA en 2011, cuando cesó su actividad armada, se dieron cuenta del atraso que suponía seguir con esa lucha sin sentido y cruel pero no entregaron todo su arsenal. Más bien hicieron un teatrillo dando a entender que lo hacían, con observadores internacionales y todo, pero un "paripé".
En 2018 lanzaron el vergonzoso comunicado aquel de supuesto arrepentimiento creyendo que de ese modo la Justicia daría carpetazo a los casos aún no resueltos de crímenes cometidos en el pasado por los terroristas. Los portavoces de la Fiscalía aseguraron que no se ablandarían con ese tipo de manifestaciones ya que el objetivo ahora es descubrir la verdad sobre los cientos de casos no esclarecidos, por respeto a las víctimas y sus familias.
Son numerosos los sabotajes y crímenes que siempre se sospechó habían sido obra de etarras pero que por falta de pruebas no se pudieron demostrar o no se dio con los asesinos.
Cometieron atentados indiscriminados por toda la geografía española y el suroeste francés, pero no pidieron perdón a los numerosos niños muertos en sus deplorables acciones, a las personas que simplemente acudían a su trabajo, paseaban o compraban en un centro comercial y morían por un estallido o por un tiro en la nuca. Pero, al parecer, estas personas no se merecen las disculpas de ETA y por ello no les pide perdón; debieran haber explicado a qué víctimas se referían cuando dijeron que eran indirectas, aunque da igual porque serían explicaciones vacías.
Solo el ayuntamiento de Durango se atrevió a colocar placas en conmemoración de nueve víctimas de la organización terrorista asesinadas en el municipio entre 1979 y el año 2000.
Ningún otro consistorio se ha atrevido a recordar a las víctimas de ETA. ¿Por qué? ¿Acaso aún hay miedo?
La respuesta es que aún hay extremistas que les recuerdan a los vascos que el espíritu de ETA sigue vivo no dudando en vandalizar las placas conmemorativas de sus víctimas con pinturas como la de la siguiente fotografía en la que puede leerse: GORA ETA (Viva ETA).

En Durango gobierna el Partido Popular que arrebató la alcaldía en las últimas elecciones a la formación EH-BILDU.
Los opositores políticos de la coalición abertzale (extrema izquierda vasca) les acusan de ser herederos de ETA pero éstos les recuerdan que la organización terrorista desapareció hace años.
Los actuales políticos abertzales, antaño del entorno de ETA, se defienden alegando que están en las instituciones políticas y administrativas gracias a los votos de muchos ciudadanos vascos que han confiado en ellos en comicios electorales. De esta manera quieren trasladar a la opinión pública que renunciaron a la lucha armada apostando por el juego democrático. Y ciertamente fueron respaldados con sus votos por muchos electores, tantos que incluso el Partido Nacionalista Vasco ve amenazado su tradicional liderazgo en Euskadi.
En otro párrafo de su nota disculpatoria de 2018 los portavoces de ETA escribían lo siguiente:
"Reconozcamos todos la responsabilidad contraída y el daño causado. Pese a no tener ni el mismo punto de vista ni los mismos sentimientos, todos deberíamos reconocer, con respeto, el sufrimiento padecido por los demás".
¿En serio? Como si verdaderamente hubiera existido un conflicto entre vascos y españoles cuando los únicos que provocaron terror en el País Vasco fueron los etarras, nadie más.
Aseguraron sentirse apenados "a consecuencia de errores o decisiones erróneas" que provocaron víctimas "que no tenían una participación directa en el conflicto, tanto en Euskal Herria como fuera de ella". Pero ¿acaso son culpables de algo los guardias civiles que vivían con sus familias en casas-cuarteles? Y, sin embargo, tanto ellos como sus esposas e hijos caerían en varios atentados masivos de ETA.

¿Hubo juego sucio por parte del Estado español?
Desde luego, la creación de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), financiados con fondos del Estado cuando eran mercenarios a sueldo, es un episodio oscuro de la Historia reciente de España. Sucedió en los tiempos en los que gobernaba el socialista Felipe González.
Inadmisible cuando lo lógico hubiera sido dotar de suficientes medios a los Cuerpos de Seguridad del Estado.
Muchos guardias civiles y policías nacionales fueron destinados de modo forzoso durante años a un verdadero matadero. No solo militares, ningún funcionario quería ir al País Vasco. Al carecer de recursos con los que protegerse eficazmente, se convertían en objetivos de primer orden de la banda terrorista.
Cobraban más por hallarse en una zona conflictiva, pero de ninguna manera compensaba el daño sufrido en cuarteles que carecían de suficientes medios técnicos de protección, donde los hijos de guardias civiles y policías nacionales preferían repetir curso para que no les cambiasen de centro cuando pasaban de la educación general básica al bachillerato ya que ese cambio les alejaba del cuartel.
Los agentes preferían ir solos al País Vasco y Navarra, también asolada por el terrorismo de ETA, dejando a sus familias en sus lugares de origen, para evitarles vivir un verdadero infierno. Las esposas que, resignadas, tomaban la heroica decisión de acompañarles sufrían severas depresiones al comprobar como no podían salir de los cuarteles ni para comprar, por lo que se instalaban economatos en los mismos.
El vacío social hacia estas familias era tal que llegaba a asfixiar.
Ni siquiera en acuartelamientos fuera del País Vasco las familias de guardias civiles, objetivo primordial de ETA, estaban tranquilas, como sucedió en Zaragoza en 1987, cuando los terroristas atentaron contra la Casa-Cuartel. Once fueron las víctimas mortales de tan deleznable atentado, entre las que figuraban seis menores.

Sucedió en otros cuarteles también pero en aquella acción terrorista en Zaragoza se sospechó que participó Josu Ternera, dirigente etarra hasta el final. De hecho, fue quién pronunció el comunicado de arrepentimiento de 2018 lo que pudo demostrar la Guardia Civil comparando audios hallados al terrorista con la voz del portavoz de ETA que comunicó la disolución de la banda. Uno de esos archivos de audio era una petición, en 2017, a los militantes de la organización para que votaran (o valoraran) si abandonar la lucha armada definitivamente.
Josu Ternera huyó de España en 2002 cuando se le instó a declarar sobre el atentado en Zaragoza. Por entonces era diputado en el Parlamento Vasco, marchándose a Francia donde se ocultó en una cabaña en las montañas.
En el registro del refugio del terrorista, cuando se le detectó, se halló un boletín en el que se enumeraban las acciones de ETA o atentados.
En el comunicado emitido por los portavoces encapuchados de ETA en 2018 decían que ellos siempre han reivindicado sus acciones, pero se le han atribuido atentados que ellos no cometieron y que colaborarán para que se sepa la verdad. Evidentemente mintieron y una prueba es el documento hallado en la cabaña de Josu Ternera que se analizó de forma exhaustiva de cara al juicio en España si es que se celebra en alguna ocasión futura.
Actualmente, Josu Ternera, quién fue puesto en libertad condicional en Francia tras su detección en 2019, está pendiente de un juicio en Francia aplazado, por motivos de salud, por lo que hasta que no se celebre no será extraditado a España.
Lo cierto es que muchos vascos hubieran querido ayudar a quiénes llegaban de fuera a trabajar, brindarles su apoyo, pero también ellos y ellas vivían bajo el yugo del miedo.
Un simple gesto de simpatía hacia un funcionario del Estado que fuera visto por alguno de los numerosos espías de ETA supondría sufrir terribles consecuencias.
Los vascos y vascas veían como salir de vacaciones a cualquier lugar de España era un vía crucis, parados constantemente en las carreteras para controlarles por el simple hecho de ser del País Vasco o ser mirados con recelo allá donde fueran.
Con todo, pareciera que en la actualidad ETA ya ha desaparecido definitivamente de nuestras vidas pero a los que vivieron su dictadura de terror en primera persona les cuesta olvidar.
Las asociaciones de víctimas del terrorismo abogan por que sigan investigándose todos esos casos no resueltos para que no queden impunes, siendo esto último lo que desean los etarras ya que sus autores están sueltos, campando a sus anchas.
Sin embargo, existe la esperanza de que todas las instituciones públicas responsables, en especial las formaciones políticas, contribuyan a mantener el País Vasco actual sin miedo y sin bombas. ETA fue la que lo destruyó y son sus herederos políticos quiénes más deben hacer para que vuelva a ser ese magnífico lugar del Mundo que ha sido realmente siempre.
Mientras tanto, las Fuerzas de Seguridad del Estado permanecen aún alerta, incluso cobrando un plus de peligrosidad por zona conflictiva, mientras no haya seguridad plena de que el terrorismo no volverá nunca.



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