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Pilatos y Caifás: cómplices contra Jesús

Fue crucificado por rebeldía pero no se observaron las ordenanzas

Cuadro de Gustavo Doré: Cristo dejando el pretorio
Cristo dejando el pretorio (Gustavo Doré)

Jerusalén, tres del mes de aprilis (abril), del año 786 ad Urbe Condita (desde la fundación de Roma). Tiene lugar el juicio más famoso de la Historia: Poncio Pilatos, prefecto de Judea, Samaria e Idumea, ordena la crucifixión de Jesús de Nazaret.


Hay detalles que no concuerdan con la forma de proceder habitual, por aquel entonces, en casos como el de Cristo.


¿Cómo se sabe la fecha exacta del juicio y muerte de Jesús?


Se desconoce con exactitud cuando tuvo lugar la Pasión de Cristo. Los evangelios hablan de un evento astronómico tras el óbito de Jesús en la cruz, interpretado por sus seguidores como una señal de que, en verdad, era el Hijo de Dios.


Seguramente se trató de un eclipse que por entonces aún era motivo de supersticiones.


El único año (según cálculos astronómicos y registros históricos) que tuvo lugar un eclipse durante la Pascua judía, en tiempos de Pilatos, fue el año 33; el tres de abril, que cayó en “veneris dies” (viernes).


Así que la tradición de rememorar la muerte de Jesús un viernes (conocido para los cristianos como “viernes santo”) parece atenerse a la realidad.

 

Cliquea si quieres conocer detalles sobre la crucifixión

 

Un asunto diferente es el juicio. Conocer el día exacto en que se realizó no es tan fácil, pues los evangelios no resultan del todo aclaratorios.


Pilatos, como buen romano, se dejaría llevar por las supersticiones como la de que no resultaba buena idea juzgar a nadie en determinadas fechas, conocidas como “nefasti”.


En esos días inadecuados se rememoraban tragedias o hechos catastróficos, por lo que traía mala suerte (según las creencias romanas) realizar tareas importantes. Esas jornadas se dedicaban a la oración, pidiendo a los dioses que no les sobreviniera ninguna desgracia.


El día que Pilatos juzga a Jesús, si damos por hecho que se trata del día tres de abril, estaba marcado en el calendario romano como “dies comitalis”, propicio para una reunión o asamblea, para llevar a cabo la elección para algún cargo representativo o incluso para iniciar un proceso judicial.


Tenemos tres circunstancias para señalar el tres de abril del año 33 como la fecha en la que se juzga y ejecuta a Jesús:

  1. Coincide con un eclipse, recogido en los evangelios.

  2. La Luna de Pascua judía (luna llena) coincide con esa fecha.

  3. Es viernes, el día de semana tradicionalmente aceptado.

  4. Día propicio para un juicio, según el calendario romano.


Las irregularidades del juicio judío a Jesús

Maqueta de la ciudad de Jerusalén (Museo de Israel)

Se prende a jesús en el Monte de los Olivos y se le conduce a la residencia palaciega del sumo sacerdote, un trayecto que debió suponerles, al menos, una hora.


Jesús fue juzgado en primera instancia (o interrogado) en la madrugada, si hacemos caso del episodio de las negaciones del apóstol Pedro, a quién el propio Jesús le profetizó que le negaría en tres ocasiones, antes de que cantaran los gallos.


No es un dato que nos de una hora exacta porque los gallos cantan todo el día pero, de madrugada, lo usual es que lo hagan entre las tres y las cinco, anunciando un nuevo amanecer, pues tienen un reloj biológico impresionante.


En cualquier caso, está claro que se está llevando a cabo un juicio de noche, pues Caifás ha reunido a todo el Sanedrín, el consejo de 71 sacerdotes que dirime las cuestiones religiosas y civiles del pueblo, incluidas las judiciales.


Juan nos narra que de casa de Anás fue conducido a la de Caifás. Pero el primero no debiera haber intervenido ya que había dejado de ser sumo sacerdote hacía tiempo, cargo que ocupaba su yerno.

Cristo ante el sumo sacerdote (Gerard van Honthors; National Gallery, Londres)

PRIMERA IRREGULARIDAD: Anás no es el sumo sacerdote; no se debió llevar a Jesús a su presencia sin que antes hubiera sido juzgado.


Anás había sido destituido por Valerio Grato, el prefecto anterior a Pilatos, quién a su vez nombra a Caifás, su yerno, aunque no inmediatamente; antes ocuparon el cargo tres personas.


Los otros tres evangelistas no hablan de Anás sino de Caifás, a cuya presencia llevan a Jesús. El sumo sacerdote reune al sanedrín para juzgar en primera instancia a Jesús por distintos cargos, prevaleciendo el de blasfemia.


No se entiende que siendo así no le ejecutaran ellos mismos, ya que sí la pena no era de rebeldía hacia Roma, Pilatos no tenía por qué intervenir.


SEGUNDA IRREGULARIDAD: Si el cargo principal era blasfemia, la condena no era crucifixión, sino lapidación.


Los sacerdotes le habrían podido condenar a muerte, como en ocasiones anteriores con otros desdichados (también muchas mujeres acusadas de adúlteras). Así lo ordenaba el Levítico y la Misná, la ley transmitida de forma oral durante generaciones.


Ahora bien, el sumo sacerdote se debía al prefecto romano, lo que quiere decir que éste tenía autoridad para deponerle si lo consideraba oportuno. Es más, Pilatos guardaba en la Torre Antonia los ocho ornamentos sacerdotales considerados más sagrados por los sacerdotes. El prefecto solo se los entregaba durante la Pascua.


Tenemos, por lo tanto, una especie de intriga o trama, tal vez urdida por Anás, pues de lo contrario no se entiende su papel en esta tragedia, salvo que instigara por considerar a Jesús alguien contrario a sus intereses. Pero ¿qué intereses eran esos?


El Templo de Jerusalén era una empresa muy rentable que manejaban los sacerdotes, obteniendo enormes sumas de dinero procedente de impuestos a los mercaderes que vendían animales para los sacrificios, perfumes o a los cambistas. El Templo recibía también numerosos donativos que los fieles hacían.


Sin duda, los prefectos romanos no eran ajenos a ese botín, lo que nos hace comprender por qué se preocupaban por nombrar o deponer a los sumos sacerdotes. Si éstos rendían cuentas a la autoridad romana, les informarían también de sus negocios.


El imperio romano mantenía sus legiones con recursos de los países que conquistaban, por lo que un negocio tan boyante como el del Templo de Jerusalén no pasaría inadvertido.


TERCERA IRREGULARIDAD: Según los evangelios, se condujo de inmediato a Jesús ante Pilatos para que le condenara cuanto antes. No se respetó la norma de esperar un día para reflexionar o que los abogados defensores (que eran escogidos entre los sacerdotes) hallaran pruebas de una posible inocencia.


La Halajá (conjunto de leyes, normas, reglas y mandamientos de la ley judía) dejaba claro que la sentencia de un acusado se pronunciaba 24 horas después del juicio para dar tiempo a que se presentaran alegaciones y para debatir las pruebas halladas.

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