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¿Por qué los romanos crucificaron a Jesús?

Era el peor castigo, reservado para criminales o enemigos del Estado

Cuadro de Rubens, Descendimiento de la Cruz
Descendimiento de la cruz, de Rubens (Museo Siegerland)

¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?

Marcos 15, 34


Es lo último que dijo Jesús según dos de los cuatro evangelistas cuyos escritos la Iglesia Católica considera fiables (los apócrifos son llamados así por no considerarse fidedignos).


Mateo también dice que las anteriores fueron las últimas palabras de Cristo antes de morir en la cruz. En cambio, el evangelista Juan asegura que Jesús dijo “Todo está cumplido”, antes de expirar su último aliento.


El evangelista Lucas sostiene que las palabras exactas fueron: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.


¿Por qué esta disparidad de testimonios? Evidentemente, las fuentes en las que se basaron los evangelistas no son las mismas.


La lógica nos lleva a considerar más creíble el testimonio recogido por Marcos y Mateo, ya que cualquier hombre se hubiera sentido abrumado y rendidas sus fuerzas tras una tortura tan terrible como era la crucifixión. Este castigo estaba solo reservado para los rebeldes al Estado o los criminales de peor calaña.


Índice



¿Era habitual la crucifixión en la Roma clásica?

Soldado romano observando sangre en la arena
Legatus romano

Por lo general, Roma condenaba a la cruz a los esclavos que se rebelaban, pero la verdad es que no era lo habitual, salvo en contadas ocasiones, aunque hubo crucificaciones masivas.


Es lo que sucedió con los 6.000 esclavos que sobrevivieron en la batalla final contra el tracio Espartaco (natural del sureste de Europa), en el año 71 a.C.


Marco Licino Craso era un acaudalado aristócrata romano que fue enviado por el Senado a combatir al sublevado ejército de esclavos que lideraba Espartaco. Cuando consiguió su objetivo (no sin gran esfuerzo), ordenó que se crucificaran a los supervivientes a lo largo de la Vía Apia, la principal calzada romana en Italia.


Craso advertía, con tan terrible castigo, de las consecuencias que conllevaba rebelarse contra Roma pero sin duda debió ser muy criticado por ello, por el elevado coste que supuso tal atrocidad.

La madera era utilizada para distintos menesteres pero era un bien preciado porque tenía que trasladarse desde otros lugares. Solo alguien que mandara en Roma y tuviera una gran fortuna se atrevería a gastar tanto como advertencia hacia sus enemigos.


Craso demostraría con la crucifixión masiva de miles de personas que tenía capacidad económica para empresas costosas. Desanimaba de ese modo a otros destacados prohombres a presentarse a la elección de cónsul, el título más preciado en la Roma de entonces. De hecho, el gran Pompeyo, uno de los generales más preciados en ese momento, prefirió compartir el consulado con el petulante Craso; pero eso es otra historia.

Cruz de madera
La madera era muy preciada

Lo que nos interesa de Craso para profundizar en el tema que abordamos, el de la crucifixión, es que no dudó en gastar una gran suma de dinero en dejar claro que él era quién mandaba.


Dentro de ese contexto, pudiera entenderse la ejecución en la cruz de miles de esclavos.


Según el historiador Plutarco, la fortuna de Craso llegó a superar los 7.600 talentos romanos (al igual que el dólar hoy en día, entonces había talentos romanos, griegos, egipcios o babilonios, de distinto valor). En tiempos de Craso, un legionario cobraba 450 sestercios al año.


Imaginemos la fortuna de Craso teniendo en cuenta que cada talento equivalía a 24.000 sestercios, por lo que parece que la crucifixión masiva, más que advertencia para enemigos, la ordenó para presumir de que su coste no le suponía problema ninguno.


Lo cierto es que Roma se sustentaba en la esclavitud, que era la que mantenía en pie a la ciudad y al imperio, al llevar a cabo el trabajo duro. Lo hacían el resto de pueblos de la antigüedad con lo que no era exclusivo de los romanos. Por lo tanto, atentar contra ese sistema significaba rebelarse contra el Estado, motivo suficiente para ser crucificado.


Pero una cosa es ajusticiar a un rebelde o jefe de varios y otra distinta ejecutar a miles. Ni siquiera por el desprecio que la ciudadanía romana pudiera tener de los seguidores de Espartaco (por atentar contra el sistema servil de Roma) se justificaría crucificar a miles de personas y exponer sus cuerpos maltrechos a lo largo de la Vía Apia durante días.


No era lo habitual, por lo cara que era la madera y por lo desagradable que resultaría a los ciudadanos contemplar esa matanza; le restaría popularidad a quién ordenara algo así.


La madera se traía desde el norte de Italia o más allá de los Alpes puesto que en el sur escaseaba; donde se hallaba la Via Apia, en la que se crucificaron a los esclavos liderados por Espartaco.


Si nos trasladamos a Judea, en el siglo I, la madera era también muy escasa e igualmente tenían que importarla desde lejos. Tanto en el sur de Italia como en Palestina, la madera importada se utilizaba para construir máquinas de asedio, mobiliario, barcos o para leña.



¿Qué tipo de cruz se utilizó con Jesús?

Portando la cruz
Cruz latina con dos cruces "tau" a los lados

Muy grave (a ojos de los romanos) debió ser lo que hizo Jesús como para infligirle el castigo que relatan los evangelios, usar madera para su cruz. Además, parece que fue de tipo latino, porque era la única que llevaba el "titulus crucis" especificando por qué se le condenaba. Por otro lado, se expuso su cuerpo, a la vista de todos, durante varios días.

Letra griega "tau"
Cruz Tau

La cruz latina o “immisa” no era la más corriente. Cuando se crucificaba a alguien, era más normal usar el modelo que imitaba la letra griega “tau”.


Este tipo de cruz resultaba más cómoda para los soldados, ya que la mayoría eran analfabetos; solo sabían guerrear. Alguno/a se preguntará: ¿qué tiene que ver que los soldados fueran analfabetos con el tipo de cruz?


Con la cruz tau no tenían por qué escribir, ya que no había lugar para colocar el Titulus Crucis, por ser un travesaño horizontal sobre otro vertical.


En la cruz latina sí sobresalía un trozo del madero vertical por encima de la cabeza que se reservaba para cuando había que colocar el fragmento de madera con el nombre del crucificado y el motivo por el que había sido condenado.

Imagen de la reliquia que se cree fue el titulus crucis de Jesús
Reliquia "Titulus Crucis" (Basílica de la Santa Cruz, Roma)

Si Jesús fue colgado en una cruz latina sería por su relevancia como rebelde, a ojos de los romanos. Por otro lado, los dos supuestos ladrones que crucificaron a ambos lados debieron ser seguidores de Cristo como para que se les crucificara también y además junto a Jesús.


Es muy extraño que se usaran cruces para tres personas en una zona deficitaria de madera salvo que fueran de una misma organización y se quisiera dar ejemplo con los tres.


Ya hemos visto que se dieron casos de enemigos crucificados por las legiones tras alguna batalla o criminales cuyos delitos hubieran sido aborrecibles, como lo que sucedió con Espartaco. No se conoce ningún testimonio de alguien de elevada clase social que hubiera sido crucificado.


Como los evangelistas canónicos no mencionan los nombres de los dos ajusticiados junto a Jesús, es probable que se empleara con ellos cruces "tau" al no ser necesario colocar un titulus crucis con el motivo por el que se les condenó.



¿Cómo era la crucifixión?


Exponer los cuerpos maltrechos de los esclavos suponía la peor humillación. El reo era desnudado y la sangre atraía a los pájaros carroñeros que picoteaban al infeliz todavía vivo y eso a la vista de todo el mundo.


Los romanos no idearon la crucifixión; la copiaron de los cartagineses

El sistema romano toleraba todo tipo de cultos y religiones siempre y cuando no supusieran un riesgo para la estabilidad del Estado.


El acusado de rebelión, una vez torturado, era crucificado en algún lugar alejado de las ciudades, ya que las autoridades no querían que los ciudadanos contemplaran tal barbarie.


El hedor que pudiera llegarles a las viviendas más próximas sería motivo también de quejas y sin duda se prefería tener a los habitantes de los pueblos subyugados contentos, porque se recaudaban impuestos y se evitaban más rebeliones.


Como se entenderá, a nadie le gustaría vivir cerca de un sitio donde se mataba o se exponían cuerpos maltratados o se arrastraban los cadáveres con ganchos a una fosa común. Un gobernador provincial ordenaría la crucifixión en algún lugar cerca de núcleos urbanos para dar un escarmiento solo si la población había mostrado signos de rebeldía, no como sistema generalizado.


¿Cómo se conocen los detalles en torno a la crucifixión? Por los estudios forenses de los restos de los pocos individuos aparentemente crucificados (cuatro) que se han hallado.


También hay escritos de diferentes autores como Dionisio de Halicarnaso, Séneca y otros, pero sin extenderse demasiado en la descripción, por lo que no está claro que se refieran a una crucifixión propiamente dicha.

Busto de Flavio Josefo en la gliptoteca Ny Carlsberg
Busto de Flavio Josefo, del siglo I

Distinto es el caso de Flavio Josefo. Se trataba de un judío romanizado que acompañó a los romanos en su guerra contra los judíos en el siglo I y que relató cuanto veía dejándolo por escrito, con gran lujo de detalles.


Es de los pocos que ha dado una descripción detallada de una crucifixión.


Una vez llegaba el condenado al lugar de la ejecución era clavado de manos y pies en los maderos. Según la posición en la que hubiera quedado, unos duraban más que otros.


Para acelerar la muerte o para comprobar si ya había fallecido se le clavaba una lanza en un costado, algo que ya hacían en Oriente Medio quiénes idearon este atroz castigo capital.



Restos humanos hallados de crucificados

Clavo del siglo I hallado en excavación arqueológica
Clavo del siglo I hallado en Israel en 1968

En los años 60 se halló el primer esqueleto en el que aparecía un clavo en uno de los talones, en Jerusalén precisamente.


Imaginemos la expectación que supuso ya que es la ciudad en la que murió Jesús, aunque aún no se ha encontrado el lugar exacto de su crucifixión, la colina conocida como “Gólgota”.


Los huesos del individuo hallado en Jerusalén correspondían a Yehohanan ben Ha’Galqol (el nombre aparecía en el osario). El estudio forense reveló que tenía la edad de 20-25 años, descubriéndose también restos de madera de olivo, un árbol que crece en la región.


Data de los tiempos de Cristo pudiendo comprobarse que los tobillos estaban separados, no cruzados por los tarsos, como vemos en casi todas las representaciones de Jesús crucificado. Se sujetaban al madero con tablillas que servían para sujetar los pies con los clavos (la hallada en la tumba de Jerusalén era de acacia).


Los brazos no fueron clavados así que no puede saberse si fueron atados a una cruz o al mismo madero, al que también podían clavarle.

Grabado de hombre clavado a un madero
Crux simplex ad affixionem

En el dibujo anterior, se representa cómo pudo ser la ejecución de Jesús, clavado en un madero (es la hipótesis que defienden algunas corrientes cristianas protestantes). La difícil postura provocaba la asfixia.


En Gran Bretaña, en 2017, se hallaron varias tumbas comunes con restos de 48 individuos en total, entre los cuales había cinco niños. Los resultados de la investigación, a cargo de los arqueólogos David Ingham y Corinee Duhig (Universidad de Cambridge), se publicaron cuatro años después en la revista British Archaeology. Se dató el hallazgo entre los siglos II y IV.


Uno de los cadáveres se correspondía con un hombre crucificado: su talón derecho estaba atravesado por un gran clavo. Este detalle es de suma importancia ya que lo normal era que se vendieran los clavos como amuletos, motivo por el que se cree que no se han hallado más en otros yacimientos. Pero eso era en Palestina, tal vez en Britania la costumbre era otra por lo que se desconoce por qué se conservaron doce clavos junto al crucificado.


No se tiene clara la condición social del britano porque muestra las espinillas desgastadas, como si hubieran sufrido el roce continuo de argollas, con lo que pudo ser un esclavo. Sin embargo, estaba enterrado en un ataúd de roble, madera de calidad.


Tenía entre 25 y 35 años de edad por lo que pudo ser perfectamente un líder de su pueblo que fuera salvajemente castigado por los romanos como escarmiento. Desde el siglo I a.C., en la zona de Britania donde se produjo la crucifixión, estaba asentada una tribu de origen belga, estando documentada su presencia hasta el siglo II d.C. Es lo que se cree le pasó a Jesús en Judea: un líder para su pueblo ajusticiado de vil modo como escarmiento.


En apoyo de la hipótesis de que el crucificado britano pudiera ser un líder rebelde es el hallazgo, cerca del poblado, de agujeros en el suelo que pudieran servir para hincar en ellos los maderos horizontales. Si se crucificaba a alguien en una plaza o muy cerca de una población era porque se tratara de un castigo dirigido a los habitantes de esa localidad por lo que interesaba que todos lo vieran. Si después se tomaron las molestias de enterrarle en un féretro de madera de calidad, es lo que nos invita a pensar que se tratase de alguien importante.


El estudio genético que se ha realizado de los restos humanos hallados en este yacimiento indica que el crucificado no tenía relación con el resto, pero sí que era natural de esa localidad.


En el norte de Italia, cerca de Venecia, se hallaron huesos de un hombre de entre 30 y 34 años, cuyo talón derecho mostraba evidencias de una lesión similar a la de la perforación con algo punzante. Fue con un microscopio de alta resolución como se supo que dicho objeto debió ser un clavo y además justo antes de su muerte.


En esta ocasión, en la tumba no había más restos humanos ni materiales, como si se le hubiera tirado ahí sin miramientos, por lo que parece que debió ser un delincuente o un esclavo.


Se hallaron restos humanos en Mendes (Egipto) con un agujero en uno de los pies pero sin que se pudiera determinar si había sido atravesado por un clavo, ya que no se halló el mismo, con lo cual el caso es dudoso.



La crucifixión de Jesús

Corona de espinas junto a dos grandes clavos
Los clavos medían entre 5 y 12 centímetros

La crucifixión de Jesús es la que más ha trascendido porque los cristianos hicieron de la cruz su símbolo principal dando a entender con ello que aceptaban el riesgo que conllevaba su fe por aquel entonces.


La imagen de Jesús crucificado en actitud de sufrimiento no se generalizó hasta el siglo V

En los siglos previos a la Edad Media se idealizó a Jesús como una especie de alegoría de su victoria sobre la muerte, al estilo de los héroes griegos. Pero los evangelistas relatan que Jesús fue azotado y que antes de ser llevado a juicio se le colocó una corona de espinas que le produjo graves lesiones.


Alfonso Sánchez Hermosilla, del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses e investigador de la Universidad Católica de Murcia estudia desde hace años la síndone de Turín (conservada en la catedral de esta ciudad italiana). Es conocida también como “sábana santa” por considerar los fieles que envolvió el cuerpo de Cristo, una vez muerto.


Según Hermosilla y otros investigadores destacados, que también han estudiado el sudario que se conserva en la catedral de Oviedo, que se dice cubrió la cabeza de Jesús en su tumba, se observa en esta reliquia de tela «marcas puntiformes (…) fruto de las lesiones atribuidas a la corona de espinas».


No era habitual colocar nada en la cabeza de los reos. Si se hizo con Jesús fue a modo de burla por ser considerado “rey de los judíos”; creíble porque los romanos humillaban de diversas formas a los ajusticiados.


Roma contaba con tropas auxiliares formadas por soldados de distintos orígenes, reclutados en cualquiera de las Provincias romanas sin ser ciudadanos romanos. En Judea los auxiliares eran sobre todo sirios, los cuales odiaban a los judíos desde que fueron expulsados de Jerusalén en el 150 a.C. cuando Judá se convierte en reino independiente.


Los soldados auxiliares romanos de origen sirio llevarían dentro de sí el odio instruido por sus padres hacia el pueblo judío, adquirido a su vez de sus padres y éstos de los suyos; digamos que era un odio ancestral que pasaba de generación en generación.


Lo peor que podía pasarle a un judío condenado a muerte por los romanos en Palestina es que la tortura previa y la propia crucifixión corriera a cargo de soldados auxiliares sirios.

Dibujo de hombre portando una cruz
Es improbable que llevara la cruz entera

Era normal que el condenado a morir en la cruz tuviera que portarla él mismo hacia el lugar en que le ejecutarían; sería una humillación más y a la vista de todos.


Es probable que el reo andara hacia el madero ya clavado en la tierra portando el travesaño o "patibulum" que servía para atar los brazos (o clavarlos).


En realidad, lo más común es que se le atara más que clavarle, pues los clavos eran más caros que una simple cuerda, pero se apretaba de tal modo que les resultaba imposible desatarse. Así pasaban los días hasta que fallecían por asfixia.


Aumenta el volumen del anhídrido carbónico (CO2) en la sangre por estar en una postura que impide que los pulmones realicen el ejercicio respiratorio correctamente (no se pueden expandir como es debido), con lo que no les entra aire fresco.


Al no poder respirar bien, el crucificado tiende a estirarse dando lugar a un sufrimiento aún mayor al tener los pies y manos (o muñecas) fuertemente agarrados a los maderos, amén de todos los desgarros y heridas infligidas durante la tortura antes del juicio.


Ya fuera por que tuvieran prisa, porque se necesitaran los maderos verticales para otras crucifixiones o simplemente porque llegaran a dar pena, en ocasiones se les rompía las piernas para acelerar la muerte.


Como vemos, si los romanos crucificaron a Jesús y padeció esa agonía, sin duda el nombre de Pasión que recibe la Semana Santa está más que justificado.

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