El misterio de la Sábana Santa o Síndone
- Adolfo Estévez

- hace 3 días
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Actualizado: hace 2 días
La ciencia y la fe no se ponen de acuerdo pero ni una ni otra gana la batalla de la autenticidad

La Sábana Santa de Turín es la reliquia más conocida de las relacionadas con la pasión y muerte de Cristo. Para que pueda ser admirada en otros lugares se han hecho réplicas que causan el mismo asombro a quiénes las contemplan por primera vez.
Voy a comentaros los últimos estudios que se han hecho para dilucidar si es verdadera o uno de los mayores fraudes de la Historia.
Índice
Si es verdadera, ¿quién la encargó para Jesús?

Los fieles católicos que no cuestionan la autenticidad de la Síndone, como también es conocida, tienen claro que envolvió el cadáver de Jesús.
Está tejida con lino, lo cual favorece a su posible veracidad puesto que, en la Palestina del siglo I, en la que Jesús vivió, esa tela era la más habitual después de la lana.
Las mortajas solían hacerse de lino pero la de Turín es de calidad y eso es un punto en contra. Está tejida con la técnica de sarga de espiga.
Supone entrelazar los hilos en zigzag y por lo tanto de modo más elaborado para darle mayor consistencia. Esto solo se reservaba para personas con amplios recursos que pudieran pagarlo ya que lo normal era tejer como tafetán, o sea, hilos planos, uno junto al otro, más propenso a roturas.
Si Jesús era de origen humilde, ¿quién encargó telas tan caras?
Vamos a imaginar que la Síndone es la verdadera. Intentemos explicar como una tela tan valiosa envolvió el cadáver de alguien tan humilde.
Debió haber una persona (o varias) cercana a la familia de cierta riqueza.
En principio, no pudo costearla María; se le supone una economía modesta.

Los padres terrenales de Jesús eran humildes. José, un carpintero, ganaba el dinero que alimentaba a los tres.
Prueba de sus modestos recursos es la ofrenda (según los Evangelios) que presentaron en el Templo de Jerusalén, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús: dos pájaros que era lo que ofrendaban quiénes no podían costearse un cordero.
María se quedó sin el dinero de José cuando éste murió siendo ella joven.
No vemos al bueno de José durante el ministerio de Cristo. Sería el propio Jesús quién heredó la profesión del padre y sus encargos (entiéndase también su clientela) pasando a ser quién introducía dinero en el hogar.
Tal vez fue la familia del apóstol Juan, el que se conoce como el discípulo amado del Señor, la que se ocupó de María y Jesús, en el caso de que el segundo aún fuera menor y por lo tanto sin edad suficiente para trabajar. De ahí pudiera venir la estrecha relación con Juan, porque le vio crecer.
Pongamos que Jesús tiene 30 años cuando comienza a predicar ya que el consenso generalizado es que murió con 33 y su ministerio duró tres años.
¿Cuántos años tenía Juan? Los evangelios dicen que era el más joven.
Para seguir a los apóstoles en sus andanzas, mínimo tendría 13 años que era cuando la Ley Judía establecía la mayoría de edad.
Tal vez el padre de Juan se lo encomendó a Jesús por conocerle bien puesto que vivieron en casa de los Zebedeo cuando murió José.
Estoy especulando ya que no se sabe a ciencia cierta. Tan solo intento encontrar algo de lógica al por qué Jesús, un hombre pobre, fue amortajado con una tela de lino de gran calidad.
Juan acompañó a Jesús y María en los duros momentos de la pasión mientras los demás apóstoles huyeron
Al ser tan íntimo de ellos no dudó en permanecer a su lado, como un hermano y, por lo tanto, viendo a María como una madre.
Por eso, Jesús en la cruz le encomienda a Juan lo siguiente:
Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien él amaba a su lado, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquel momento ese discípulo la recibió en su casa. Después de esto, como Jesús sabía que ya todo había terminado y para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed.
Juan, 19, 26-28
Juan estuvo presente en todos los momentos claves de la vida pública de Cristo y eso se comprende si su relación es muy estrecha. Ni siquiera Pedro, supuesto jefe de los apóstoles, acompañó a Jesús siempre como sí lo hizo Juan. De hecho, es aceptado por la generalidad que Juan evangelista y el apóstol son la misma persona.
Pedro y Juan serían los primeros de la comunidad apostólica que acudieron al sepulcro para comprobar lo que decían las discípulas sobre la resurrección.
Por lo tanto y para no desviarnos demasiado, la Síndone debió ser encargada por alguien próximo a la familia que tuviera suficiente dinero como para permitirse semejante prenda tan delicada (no tanto por el material como por la forma de hilarse).
Es bastante probable que se tratara de la familia de Juan, los Zebedeo, puesto que gozaban de fortuna ya que su padre era el propietario de una empresa de pesca. Poseía varios barcos que faenaban en el Mar de Galilea vendiendo el pescado que conseguían pagándoles salarios a sus trabajadores (pescadores).
La relación con la familia de Jesús tal vez vino de cuando José estaba vivo.
Pudiera ser que ambas familias se conocieran de hacía mucho o que José construyera algunos de los barcos del padre de Juan. Es más, Salomé, la madre del apóstol Juan, era una de las mujeres que acompañaban a María a casi todas partes.
Seguramente María vivía en casa de los Zebedeo y por mediación de éstos puede entenderse que algunos sacerdotes simpatizaran con Jesús como Nicodemo, un miembro del Sanedrín (Templo de Jerusalén) de elevada posición. Se le menciona en los Evangelios como quién ayudó a María en los preparativos y ritual de enterramiento de Jesús. En esto último parece que le ayudó otro destacado sacerdote, un tal José de Arimatea, hombre acaudalado y muy respetado.
Ambos (Nicodemo y José de Arimatea) fueron discípulos de Cristo y cualquiera de ellos, sino los dos, pudieron ser quiénes encargaron la sagrada mortaja.
¿Es auténtica la Síndone?

La Sábana Santa es conocida también como Síndone porque es la palabra griega que significa “sábana” (o lienzo). En la versión griega de la Biblia se denomina con ese vocablo al envoltorio de lino que cubrió el cuerpo de Cristo en su sepultura.
La de Turín mide 4,42 metros de largo por 1,13 metros de ancho. Llamó la atención desde que se tiene conocimiento de su existencia pero especialmente por la figura impresa en la tela que causa un gran impacto.
Muestra un hombre que ha sufrido una evidente tortura coincidente con las heridas ocasionadas a Jesús. Pero no se ve a simple vista. Sería el fotógrafo Secundo Pina el que se dio cuenta al revelar las fotos que le hizo en 1898.

Todo el mundo creyó que fue un montaje fotográfico durante décadas, pero un médico, Pierre Barbet, analizó las heridas y determinó que se correspondían con la lógica.
Hasta ese momento, las representaciones pictóricas y escultóricas de Cristo en la cruz le mostraban con los clavos en las palmas de las manos, pero es algo que ningún análisis forense acepta.

Un cuerpo muerto no se sostiene crucificado por las palmas de las manos porque se desgarrarían.
En la Sábana Santa, las heridas las vemos en las muñecas, motivo por el que el “negativo” del cuerpo impreso solo muestra cuatro dedos de cada mano. Se debe a que al verse afectados los nervios medianos, los pulgares quedan contraídos con lo que no quedaron reflejados en la impronta o “negativo”, visible tras la fotografía tomada por Secundo Pina.
Al indicar heridas lógicas (en las muñecas), los partidarios de la autenticidad de la Síndone la consideran la mortaja que envolvió a Jesús. Pero hay estudios científicos que lo desmienten como el realizado en 1989 que determinó que la tela era de los siglos XIII-XIV, utilizando la técnica del radiocarbono.
En 2025, Cicero Moraes, especializado en reconstruir de forma impresionante caras de personajes históricos desde sus representaciones escultóricas, utilizó medios técnicos digitales para comprobar si la famosa sábana pudo ser un fraude.
Comparó la forma que adquiere la tela al cubrir una escultura en bajorrelieve idéntica a la figura retratada en las fotografías. La imagen resultante se correspondía con el famoso “negativo” de forma casi exacta. Parece la prueba definitiva de su falsedad.
Si el cadáver de Cristo emitió algún tipo de radiación por la que la sábana que lo envolvía quedó impregnada mostrando su figura solo si se le realizan fotografías, que es la explicación que nos da la Iglesia, la ciencia no lo acepta.

Se ha dicho que si la imagen es bidimensional, reflejando la parte superior y la inferior del cadáver, se debe a esa radiación que emitió por ser un cuerpo santo, pero no tiene por qué.
Si es como nos dicen quienes creen en la autenticidad de la tela, cubrió un cuerpo tridimensional.
Según el estudio de Cicero Moraes pudo ser una escultura cuyas zonas de contacto con la sábana fueron pigmentadas o bien se calentaron de algún modo para que impregnaran la tela provocando el efecto conocido. En este sentido, se taparía toda la escultura para que se reflejara la parte frontal y la trasera, dando aún más misterio al fenómeno.
Lo que sucede es que los estudios científicos utilizando la más avanzada tecnología no terminan de convencer al cien por cien, pero con cada análisis la posibilidad de que la sábana sea auténtica se vuelve más remota.
Ahora bien, si es un fraude, quién lo ideó elaboró una ingeniosa y sofisticada farsa que convenció a propios y extraños.
Entre los partidarios de la autenticidad se halla el ingeniero químico Thomas McAvoy (Universidad de Maryland) que ha publicado en la Revista Internacional de Arqueología un interesante artículo.
McAvoy defiende que el cuerpo que cubrió la sábana emitió radiación.
Realizó fotografías mediante fluorescencia ultravioleta, usando por primera vez la inteligencia artificial comprobándose de forma fehaciente el relieve tridimensional que ya se conocía. Lo que pretende es echar por tierra la hipótesis que comentábamos anteriormente de que se usó una estatua pintada quedando impregnada del pigmento la tela.
El análisis de McAvoy demuestra (o eso dice el ingeniero) que solo la radiación y no un pigmento ni pintura de ningún tipo pudo dejar las marcas de la Síndone puesto que solo son superficiales, no penetrando en las fibras del lino. La pintura hubiera dejado restos químicos que no se observan en la tela.
Sin embargo, la Iglesia solo deja que se hagan pruebas directas de la sábana en muy contadas ocasiones. Debe entenderse que no quieran echarse tierra en su propio tejado.
La “prueba” documental más interesante y enigmática que intenta desvelar por fin el misterio de la Sábana Santa es una carta de 1389 firmada por el obispo de Troyes que denuncia el fraude de la Síndone. El hallazgo de la misiva se ha publicado en la Revista de Historia Medieval (Journal of Medieval History).
El clérigo se basa en la descripción que Nicole Oresme, otro religioso que llegaría a ser obispo también, hace de la famosa tela que se ve ya era bien conocida en el siglo XIV.
Oresme la califica de engaño de una iglesia de la Champagne, primer lugar que se recuerda albergara la sábana santa, según registros históricos.
Ha sido el historiador belga Nicolas Sarzeaud el que ha dado a conocer la nueva evidencia documental estudiándola a fondo.
Casi todos los investigadores lo tienen claro: la Sábana Santa es un timo medieval pero la Iglesia insiste en que no ha podido demostrarse que lo sea.
Se han realizado análisis previa solicitud formal. De hecho, se ha datado mediante diversas técnicas, incluido un estudio del polen impreso en la tela que determina el origen y la época.
Un criminólogo, Max Frei, concluyó tras varios años de exhaustivo estudio que la Síndone contenía semillas de polen fosilizadas procedentes de Oriente Medio. Incluso una investigación posterior estableció una relación, basándose en este método, con el santo sudario depositado en la catedral de Oviedo. Se cree que fue la tela que cubrió el rostro de Jesús en su sepultura.
En esta línea, la experta italiana en sindonología Emanuela Marinelli alega que son más las pruebas a favor de la autenticidad que en contra. Para ella es incontestable la evidencia de los restos de sangre humana y las partículas procedentes de la Palestina del siglo I.



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