Manual policial contrayihadista (V): uso de Internet y radicalización

Actualizado: 26 de dic de 2019

Los terroristas utilizan Internet tanto para difundir propaganda como para captar y radicalizar adeptos

Internet es usada por los yihadistas de forma muy activa

Se ha constatado el uso de Internet por los terroristas desde finales de los 90, con webs “oficiales” propias de las organizaciones islamistas hasta 2002 y a partir de este año, con la intensificación del monitoreo de la Red a raíz del 11-S, como medida contraterrorista, con foros y chats en los que ocultaban su propaganda. En estos sitios era necesario adquirir confianza paulatina para acceder a chats más profundos. En la presente década y con el boom de las redes sociales se ha recurrido a éstas últimas para la difusión de la propaganda yihadista y la comunicación entre grupos terroristas. Las redes sociales ofrecen una mayor estabilidad que los foros, son más accesibles para los adeptos sin que llamen en exceso la atención y resultan más atractivas y útiles (cuentan con más posibilidades de uso que los foros). Además, los perfiles pueden estudiarse de forma detenida para captar nuevos adeptos.


El uso de Internet por los yihadistas

Entre las aplicaciones que más usan los terroristas, la preferida es Telegram. A diferencia de las aplicaciones de Facebook, que incluye Instagram entre ellas, en Telegram no se pide número de teléfono para registrarse. Los usuarios pueden utilizar apodos y entre ellos enviarse direcciones de correo electrónico a las que acceder para recibir instrucciones sabiendo que es el servicio más robusto en cuanto a seguridad hoy en día. La encriptación de Telegram es la más avanzada entre las aplicaciones de mensajería instantánea, lo cual sabían los terroristas que cometieron los atentados de París en noviembre de 2015 por lo que usaban Telegram para comunicarse y otros ataques en Europa. Es también usado para reivindicar atentados y difundir manuales como el que explicaba como causar una masacre usando vehículos, tanto camiones como coches, para atropellar a los viandantes.


La empresa ya incluye en sus cláusulas que, si recibe una orden judicial por sospecha de que alguno de sus usuarios pudiera ser un terrorista, facilitará la IP o número de teléfono del mismo, colaborando así en la lucha contraterrorista. Pero ello no quita que mientras no existan tales órdenes, los criminales sigan usando estos servicios que incluso les permiten destruir los archivos que se intercambien transcurridas varias horas. WhatsApp también incluye esta opción en su servicio con lo que los terroristas y delincuentes cuentan con tiempo suficiente para que sus interlocutores vean los mensajes y los destruyan con seguridad.


El streaming es el mecanismo digital por el que al mismo tiempo que se descarga un archivo de algún medio de Internet, también se consume (visiona u oye), siendo el más popular YouTube. Pero es un servicio que ofrecen otras redes sociales y un ejemplo de su efectividad para los terroristas lo hemos visto recientemente en el ataque a las mezquitas de Nueva Zelanda por un individuo de la extrema derecha. Aunque en este artículo hablamos de yihadismo, el doble atentado en Nueva Zelanda es el más descriptivo y reciente para explicar cómo usan los terroristas, tanto yihadistas como de cualquier otro tipo, dichos servicios de Internet.


Tres simpatizantes de la extrema derecha asesinaron a 50 personas que acudían al principal rezo del viernes en dos mezquitas neozelandesas. Una de ellas fue quién abrió fuego y las otras dos le ofrecieron cobertura y logística. Su deplorable acción criminal se difundió a través de las principales redes sociales: Twitter, Facebook, YouTube y Reddit. El atacante grabó la matanza y la difundió en directo, vía streaming, a través de Facebook, en un atroz vídeo que duró 17 minutos, con una impresionante sangre fría. Una de las frases que pronunciaba era “Asegúrense de seguir a PewDiePie”, haciendo publicidad de este individuo, un influencer de YouTube de la extrema derecha que usa su canal para difundir ideas antisemitas, con 89 millones de seguidores, pero su administrador niega vínculo alguno con los terroristas. Otro de los atacantes usó Twitter para difundir un manual neonazi. Se ha descubierto con posterioridad que había algún tuit anunciando que se cometerían ataques en mezquitas. El vídeo se difundió en YouTube y se comentó en foros de Reddit con total impunidad hasta que adquirió tal notoriedad mediática que los directivos de las redes mencionadas ordenaron que ese contenido fuera eliminado. Sin embargo, ya había dado la vuelta al Mundo, descargado el vídeo y compartido por decenas de millones de personas. Otras plataformas sin tanto control como las anteriores siguen difundiendo el manual neonazi.


El temor ahora es que se imponga como nueva técnica terrorista después de comprobar su efectividad. Si uno de los objetivos de cualquier tipo de terrorismo es causar pánico en la población para que se incline en su apoyo a su causa, el uso de los canales de streaming se ha convertido en una nueva herramienta. Incluso se ha observado como muchos atentados suelen realizarse por la mañana para poder difundir las imágenes, ya elaboradas, por la tarde en la que tendrán mayor difusión; en este sentido, tendríamos la logística al servicio de la propaganda mediática.


Fases de la captación: ¿influye o no Internet?

Los reclutadores critican a las sociedades de acogida

Primera fase.- Atracción a través de las redes sociales e internet: Mediante propaganda en redes sociales conocidas o minoritarias, foros y demás sitios web; pueden ser también canales de mensajería instantánea.

Primera fase alternativa: Captación mediante contacto personal.


Tanto de forma directa como habiendo sido captados mediante redes sociales, el reclutador le presenta al resto del grupo con el que se integrará en una fase inicial en la que seleccionará a los más idóneos para la causa yihadista.


Segunda fase.- Transformación psicológica: fase que dura varios meses como mínimo y en la que se busca un cambio cognitivo que siembre el terreno para adherirse a la ideología islamista radical. Se le irá apartando paulatinamente de su entorno social anterior para lo que se crea un vínculo de hermandad entre los miembros del grupo. Se crea en el captado la sensación de que forma parte de algo especial.


Tercera fase.- Activismo: El objetivo es pasar a la acción previo adiestramiento militar u operativo.


Las redes sociales están siendo de gran ayuda para los adiestradores, pero las investigaciones policiales han arrojado el dato de que los “reclutadores” buscan, principalmente, a presos musulmanes inestables, que procedan de algún barrio marginal y delincuentes comunes (éstos últimos, la quinta parte de los detenidos por yihadismo). Se les convence para la “causa” alegando que han sido encarcelados porque la sociedad occidental pretende criminalizar a la religión islámica. Son preferibles para los reclutadores los delincuentes comunes porque sus penas son cortas y así saldrán pronto en libertad, contactando fuera de prisión con adiestradores con quienes culminarán el proceso de radicalización iniciado en la cárcel.


Los reclutadores, tanto dentro de las cárceles como fuera, son de alto nivel intelectual y con gran habilidad para las relaciones sociales. Su discurso, a fuerza de repetirlo numerosas veces, lo tienen ya memorizado. Las cárceles, tal y como están planificadas, más que centros de reinserción social son caldo de cultivo para una mayor radicalización puesto que se les permite reunirse en grupo y ahí es donde el reclutador busca a posibles adeptos entre los que tienen la autoestima por los suelos. Se ha detectado, en no pocas ocasiones, en los registros de las celdas o cacheos de los presos, la tenencia de documentos y grabaciones, tanto de audio como de vídeo, de contenido extremista.


De entre los conversos –el 14% de los detenidos–, los captados suelen tener un nivel intelectual medio-alto y cualificados, practicando de forma rigurosa la religión islámica. Lo que suele repetirse en los jóvenes yihadistas es que muchos de ellos (no todos) han delinquido de algún modo, incluso han estado en prisión y la mayoría se convierten en camellos para subsistir; la mayor parte de quiénes lo hacen acaban siendo drogadictos. Por su comportamiento en prisión se ha comprobado que un gran porcentaje de ellos son personas violentas realmente, solo que en la calle intentan no dar esa impresión, incluso se muestran amables. En cambio, cuando el entorno es también violento (como en una cárcel, donde la debilidad se paga cara), ellos responden igualmente de forma ruda.


Grabar un vídeo jurando lealtad al Estado Islámico y a su califa es algo también común a todos los yihadistas suicidas, sobre todo a los que dicen pertenecer al ISIS, aunque realmente no sea así y únicamente quieran dar a su acción un aura de misticismo o tal vez, si sobreviven, puedan utilizarlo como tarjeta de presentación al DAESH: acción terrorista y juramento de fidelidad. De nuevo, es Internet el medio utilizado para difundir esos vídeos.


Normalmente, los captados en España son varones de primera generación (musulmanes que no han nacido en España sino inmigrantes), aunque lo acaecido en Cataluña en 2017 cambió esta percepción ya que los miembros de la célula y colaboradores se habían criado en España o eran de origen español, pero siguen siendo mayoría los de primera generación. Si están integrados en la sociedad de acogida, aparentemente son personas normales, que acuden a su trabajo a diario, hablan correctamente el idioma español e incluso algunos cuentan con estudios superiores. Luego están quiénes proceden de barrios marginales sin que se les conozcan ingresos legales (un empleo) o llevan a cabo trabajos precarios, siendo la mayoría delincuentes comunes.


Según se ha constado con las detenciones efectuadas, el yihadista en España suele ser un varón de religión musulmana pero no practicante cuando se le capta o converso; la mayoría son jóvenes, incluso menores de edad. El origen en cuanto a los europeos, principalmente: Francia, Gran Bretaña, Alemania y Bélgica. Los radicalizados españoles son muchos menos que los de los Países anteriores y donde más se están reclutando son las prisiones y los centros de menores.


Los reclutadores lo tienen relativamente fácil a la hora de captar posibles adeptos entre los inmigrantes que han llegado de forma irregular y no tienen medios de subsistencia, dejando a su familia en sus lugares de origen y desesperados por encontrar alguna forma de ganar dinero que enviarles a sus parientes. Pero, aun así, se ha observado últimamente que las organizaciones yihadistas prefieren a quienes tienen la residencia legal o nacionalidad.

En cuanto al adiestramiento, no todos los yihadistas, ni mucho menos, van a los campos de adiestramiento por el riesgo y coste que conlleva. En este sentido, Internet ha llegado en su socorro permitiendo la utilización de canales digitales para trasladar instrucciones o manuales a los reclutados. Después, se unen en algún piso particular para descargar dichos manuales y demás contenido proselitista o formativo, y ponerlo en práctica; por ejemplo, aprender a fabricar artefactos explosivos caseros. Con respecto a la preparación física y defensa personal, es tan fácil como apuntarse a un gimnasio.


El estudio del Corán y preceptos islámicos es obligatorio y vigilado de cerca por los líderes de las células, de tal modo que aquel que se descuide o relaje, en este sentido, será amonestado por los demás miembros. Teniendo en cuenta que se ha creado un vínculo de “hermandad”, ese rechazo de sus “hermanos” afectará notablemente al ánimo del individuo por lo que procurará contentarles. Un dato que refuerza lo anterior: el 60% de los detenidos se conocían de antes de su captación, eran amigos. El resto se ocupan de tareas para las que no es necesario conocer demasiado al resto de la célula como la logística; éstos últimos suelen estar en contacto, únicamente, con el jefe de la célula. Luego están los “lobos solitarios”, que como bien es sabido, suelen autoadoctrinarse a través de Internet.


La captación en mezquitas y centros de culto sigue constatándose pues para los reclutadores es muy práctico. La mayoría de las veces los imames desconocen lo que sucede, aunque puedan sospecharlo. Pero siguen dándose casos de reclutamiento en oratorios porque son lugares donde pueden estudiar a cada individuo, su forma de comportarse, de expresarse, su entrega a la oración, su disciplina, nivel de estudios o capacitación y por supuesto sus contactos, los cuales siempre resultan útiles para las células ya que les facilitan logística y financiación. Así que observan a quiénes puedan resultarles interesantes. La mayoría de mezquitas cuentan con escuelas coránicas y sus alumnos lo son de todas las edades. Si los formadores son de alguna corriente rigurosa, se corre el riesgo de fomentar el radicalismo, de ahí que resulte imprescindible conocer el origen de los educadores de las madrazas (como se denomina a los centros de estudio musulmanes).


En cuanto a la logística, algunos comercios, como locutorios, carnicerías o puntos de venta de artesanía, así como locales que sirven comida típica árabe, son lugares de encuentro de los miembros de la comunidad musulmana y de inmigrantes de origen árabe. La mayor parte son personas que solo acuden a disfrutar de su tiempo libre y charlar con paisanos o amigos, pero en ocasiones las investigaciones policiales han descubierto que algunos de estos locales están vinculados a yihadistas. Resulta, por lo tanto, esencial conocer a quiénes se contrata en dichos locales o el origen y contactos de sus propietarios. Se hace lo mismo con otros comercios de los que se sospecha alguna relación con una organización criminal, del tipo que sea, en las investigaciones sobre delincuencia organizada, por lo que introducir esta necesidad de información en las investigaciones contraterroristas puede arrojar interesantes datos. Los Cuerpos Locales de Policía, al ser los que usualmente llevan a cabo las inspecciones a los establecimientos comerciales en las ciudades, cuando no lo hacen los propios inspectores o subinspectores de trabajo o fiscales, debieran estar al tanto de las contrataciones. Las mismas son un medio ideal para introducir a personas a las que, previo contrato laboral, estarán justificando su estancia legal. Deberán ser objeto de seguimiento aquellas personas que lleven poco tiempo en España (u otro País), a los que se haya contratado recientemente, procedentes de Países con altos niveles de actividad terrorista.


Los reclutadores islamistas actúan del mismo modo que los líderes de sectas destructivas, a fin de cuentas, forman parte de corrientes extremistas islámicas que bien pudiéramos calificar de sectas. Primeramente, el reclutador se informa sobre el lugar en el que viva el posible nuevo adepto. Observa como viste, sus gustos dietéticos y sus hábitos. Comienza mostrándole los problemas del barrio que suele estar habitado principalmente por inmigrantes, sobre todo de origen árabe: las deficiencias estructurales, el rechazo de otras comunidades, principalmente la cristiana-occidental, la falta de posibilidades laborales, las miserias con las que la gente del barrio se ve obligada a subsistir, etc. Está creando en el sujeto la sensación de que es inferior socialmente, lo que tal vez ya pensaba o intuía, pero en muchos casos lo pasaba por alto puesto que veía que el resto de vecinos vivían con las mismas estrecheces, independientemente de su origen étnico o geográfico.


El reclutador le saca puntilla a todo, aprovecha hasta el último detalle para hacerle creer que en realidad a quiénes rechazan es a la comunidad araboislámica y que no solo lo hacen los cristianos occidentales oriundos del lugar sino el resto de comunidades de otros orígenes o inmigrantes. Le hace creer que el mundo entero está contra la comunidad musulmana. Una simple identificación policial rutinaria en el barrio el reclutador la aprovechará para hacerle creer al sujeto o sujetos (por lo general, las captaciones son en grupo) que solo les vigilan a ellos y no al resto. Una discusión con algún vecino que pudiera haber tenido con cualquier otra persona por la razón que sea, el reclutador les hará creer que es por su origen étnico porque los vecinos desconfían de ellos por ser árabes. Una subvención que no les conceden (aunque tampoco se las hayan dado al resto de solicitantes, incluidos los naturales del País), el reclutador les dirá que en realidad no se las han concedido por ser árabes y musulmanes y así con todo, durante meses, alimentando el odio hacia la sociedad de acogida o a la que es también su Patria -de segunda o tercera generación de inmigrantes, pero ya con nacionalidad por haber nacido en el País-.


La idea del reclutador es que el posible adepto rompa sus lazos sentimentales hacia el lugar en el que vive. Si es inmigrante, le costará menos al reclutador eliminar su apego a la tierra, pero si es natural tendrá que esforzarse más puesto que a fin de cuentas es su hogar, donde ha nacido, crecido y donde tiene sus amigos de toda la vida, aunque sus padres o abuelos nacieran en un País árabe. Y todo este proceso ha de hacerlo de forma directa, por lo que Internet tiene poco peso en la radicalización, como estamos comprobando.


Uso combinado de Internet y técnicas clásicas de captación

Internet es usada, sobre todo, por lobos solitarios

Por lo tanto, vemos que Internet se ha convertido en un medio muy eficaz para la captación de nuevos adeptos por parte de grupos terroristas pero no es determinante ni mucho menos. Internet no es buena ni mala, sino que el uso que se hace de la misma puede ser beneficioso o malvado. Ahora bien, los yihadistas siguen recurriendo a técnicas tradicionales de reclutamiento y captación de adeptos para su delirante causa. La célula que perpetró los atentados en Cataluña en 2017 fue un caso que pudiéramos calificar de gran destreza por parte del reclutador, ya que buscó a quiénes menos pudieran resultar ser sospechosos de yihadismo. Sus edades eran tan tempranas, en comparación a lo habitual, que nadie podía imaginar que pudieran animarse a perpetrar un atentado: incluso alguno era menor de edad. No tenían problemas de integración social ni económicos, de hecho, algunos de ellos tenían buenos puestos de trabajo. Así que el imam que les captó, Aldelbaki es Satty, llevaría a cabo una lenta pero concienzuda transformación de sus ideales acercándose al máximo a sus vidas y necesidades, para conocerles lo mejor posible, durante meses. Les instruyó en la doctrina Takfir Wal Hijra (Anatema y Exilio), por la que intentan pasar desapercibidos lo máximo posible.


Los yihadistas actuales visten ropa occidental y se les ve calzando zapatillas deportivas; rara vez chilabas o barbas pobladas, pues saben que llaman enseguida la atención, así que podemos ver a la nueva remesa de jóvenes yihadistas con y peinados a la última moda de la juventud occidental. Beben alcohol, consumen drogas, escuchan música de grupos occidentales y van a discotecas y pubs relacionándose con mujeres que no sean musulmanas, comentando con sus compañeros de trabajo las últimas series de televisión y socializando para que vean que no son radicales y por supuesto no haciéndole ascos a la carne de cerdo.


Los imames que se adscriben a esta técnica de ocultación de su radicalismo para con sus fieles adiestrados con la idea de que lleven a cabo atentados suelen ser de origen marroquí o argelino, en lo que a España se refiere. Por supuesto, en sus sermones se mostrarán muy moderados. Decíamos antes que el grueso de los detenidos en España, en los últimos años, es de primera generación, o sea, no nacidos en España sino inmigrantes llegados del Magreb, en su mayor parte. Pero con la célula que llevó a cabo los ataques en Cataluña, el imam que los captó buscó a jóvenes de segunda generación, nacidos o criados en España y aquí entramos en el terreno de la colaboración ciudadana y en especial de la comunidad islámica en el caso de que detecten a personas que se desvíen del tradicional mensaje pacífico de la religión musulmana.


Internet no es determinante en la captación de nuevos yihadistas. La usan más los "lobos solitarios" para autodoctrinarse que las células, las cuales siguen confiando en las técnicas tradicionales de reclutamiento

Con las mujeres, usan un mecanismo combinado de Internet y técnica tradicional de captación. En Ceuta y Melilla han sido detenidas mujeres que se habían unido al movimiento yihadista con el objetivo de captar a otras mujeres a las que, una vez radicalizadas, enviar a Siria e Irak, pero el Estado Islámico de Baghdadi ha sido derrotado, lo que no tiene por qué hacer que se baje la guardia con respecto a la captación de mujeres.


Tanto en las dos ciudades autónomas españolas del Magreb como en la ciudad marroquí de Castillejos, próxima a Ceuta, se detectó en 2014 una red de captación de mujeres atraídas mediante las redes sociales. Buscaban mujeres jóvenes, incluso menores de edad, siendo la mayoría de las que aceptaban unirse con notas muy deficientes en sus estudios de nivel medio y desempleadas, pero con un conocimiento avanzado del uso de las redes sociales.


Los ganchos suelen ser hombres de etnia árabe muy atractivos con los que inician una relación y que paulatinamente les van captando compartiendo juntos contenidos islamistas, aprovechando el reclutador la confianza que la mujer deposita en él por la relación que mantienen. Algunas aceptan unirse directamente al Yihad marchando a lugares en conflicto o donde existen diferentes grupos yihadistas (principalmente afines al Daesh). Otras colaboran captando a su vez a más mujeres, haciendo de reclutadoras distribuyendo propaganda a través de sus diferentes perfiles en redes sociales y otros canales.


Internet ha demostrado ser un medio eficaz en la lucha contraterrorista: si el temor a acudir a una comisaría o cuartel de la Guardia Civil atenaza a quiénes observen algún episodio de radicalismo, pueden dar información sobre sus sospechas por Internet en el sitio web del CITCO (Centro de Investigación del Terrorismo y el Crimen Organizado). Las denuncias serían anónimas y son gestionadas por el recién creado CCIR (Centro de Coordinación de la Información sobre Radicalización) facilitando formularios en español y árabe, siendo dirigido de forma directa a las oficinas del CITCO. No solo se puede denunciar un caso de islamismo radical, también cualquier otro tipo de radicalismo (ultraderecha, extrema izquierda, sectas destructivas…). El CITCO lo pondría en conocimiento de las Fuerzas de Seguridad competentes en cada caso para que investiguen sobre el terreno y si finalmente conlleva detenciones, los denunciantes podrán intervenir en el juicio como testigos voluntarios, por supuesto con todas las garantías de protección y privacidad.


Autor: Daniel Rodríguez Castillo es agente del Cuerpo Local de Policía del municipio de Los Barrios (Cádiz), adscrito al GOAP (Grupo Operativo de Apoyo y Prevención).


Colabora en el presente artículo Adolfo Estévez, coordinador del Máster sobre fenomenología terrorista de la Universidad de Granada.


Bibliografía consultada:


Este artículo forma parte del serial titulado "Manual policial contrayihadista". Si desea leer las anteriores partes:

  1. Insurgencia y contrainsurgencia, características y objetivos

  2. El islamismo radical

  3. La práctica del Yihad armado

  4. El Yihadismo en España

Próxima entrega del serial: Adiestramiento yihadista y formas de contrarrestarlo

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