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Manual policial contrayihadista (III): la práctica del Yihad armado

Actualizado: 23 jun 2020

Los radicales islamistas ven la violencia contra infieles y apóstatas como el más noble servicio a Dios

Fusiles de asalto cruzados
Para los yihadistas, el combate es una obligación

Para los musulmanes, en general, el significado de Yihad no es el mismo que para los extremistas, ni mucho menos, existiendo tres tipos de yihad (hay más pero éstos son los principales): el mayor o del alma (el esfuerzo interior de todo musulmán para escapar de las tentaciones), el yihad de la lengua (de carácter dialéctico, denunciando la corrupción o mala praxis) y el menor o de la espada que es el combativo. Éste último solo debe usarse contra los enemigos del Islam que ya hayan atacado anteriormente, esto es, en legítima defensa. En cambio, los ideólogos del terrorismo yihadista interpretan la historia más reciente como un contexto de agresión continua contra el mundo islámico. Es por ello que consideran legítimo, incluso una obligación, emprender la guerra a los que consideran enemigos de Alá o Dios.


Esos mismos ideólogos establecen los siguientes objetivos del Yihad:

  • Derrocar gobiernos y regímenes apóstatas y corruptos.

  • Reconquistar los territorios que fueron islámicos: Al-Ándalus (Península Ibérica), Sur de Francia, Sur de Italia, Islas del Mediterráneo, Los Balcanes y Grecia.

  • Restablecer el Califato

  • Lograr, como objetivo final, el dominio global.

Ahora bien, son conscientes de que sus actos constituyen verdadero terrorismo, pero lejos de negarlo lo justifican, enumerando sus “beneficios” y legitimando su proceder en base a un pasado irreal construido a medida de sus intereses pero con formulaciones innovadoras, presentándolas como tradiciones religiosas que, por lo tanto, todo buen musulmán debe acatar.



Los beneficios del Yihad según los fundamentalistas

  • Debilitación de la moral del enemigo: se inspiran en la proclama de Osama ben Laden, en 2001, después del 11-S, cuando dijo que “los valores de la civilización occidental bajo el liderazgo de América han sido destruidos. Las impresionantes torres simbólicas que hablaban de libertad, derechos humanos y humanidad, han sido destruidas. Se han esfumado convertidas en humo”.

  • Terribles daños de índole económica y material.

  • Causan división entre la coalición formada por lo que ellos denominan “cruzados” (cristianos), judíos y sus aliados apóstatas –entiéndase por tales a los Regímenes islámicos que les apoyan–, puesto que hacen aflorar “la hipocresía y el deterioro moral” de sus participantes en dicha coalición.

  • Consiguen que la gente, en el que para ellos es el bando contrario, se vea forzada a tomar partido.

  • Los atentados originan un “renacer religioso”; el mismo Ben Laden añadió, en su justificación del 11-S: “Esos jóvenes –refiriéndose a los pilotos suicidas que cometieron los atentados–, expresaron con obras en Nueva York y en Washington un discurso que supera todos los demás discursos, pronunciados en cualquier lugar del mundo. Un mensaje que fue comprendido por árabes y no árabes, incluso por los chinos (…). Algunos han dicho que en Holanda, en uno de los centros, el número de personas que han aceptado el Islam después de las operaciones fue mayor que el total de los últimos once años (…). Éstos acontecimientos han hecho que la gente piense, y eso beneficia enormemente al Islam”.

  • Transferencia de culpabilidad: para los yihadistas, y haciendo suyas las palabras de Ben Laden, en un discurso de 2002, los occidentales “depositan sus votos en las elecciones, para elegir a los gobernantes que ellos desean, pagan impuestos para financiar sus políticas y eso les hace responsables de cómo su dinero es gastado”.

  • Revanchismo y proporcionalidad: Las tesis yihadistas consideran que los norteamericanos y sus aliados han matado con sus bombardeos o sobre el terreno a millones de musulmanes con lo que ellos están legitimados para contraatacar matando también a millones de norteamericanos, europeos y cuantos se alíen con Norteamérica. Animan a que quiénes atenten contra ellos logren que los occidentales (o de estilo de vida occidental) se vean obligados a dejar sus hogares y herir o mutilar a cientos de miles, incluso usando armas biológicas y químicas, como creen que las han usado con los musulmanes.

Establecen dos tipos de enemigo: el “lejano” y el “cercano”. Para ellos, el primero está encarnado en los Estados Unidos y sus aliados que mantienen con su apoyo a regímenes corruptos en el orbe islámico. Dicen que es posible acabar con el gigante americano y ponen dos ejemplos:

  • La influencia del Yihad afgano que no solo contribuyó a desintegrar a la Unión Soviética sino que tampoco ha sido vencido por los soldados norteamericanos desplegados en su territorio. Así que es posible derrotar a los Estados Unidos como se derrotó en su momento a la URSS (al-Qaeda, que significa “La Base”, nació en Afganistán para combatir a los soviéticos).

  • Los Estados Unidos ya han sido atacados varias veces con éxito: Somalia, ataques a las embajadas de Tanzania y Kenia, atentados contra el World Trade Center, 11-S…

Continuando con la proclama de Osama Ben Laden, de 2002: “el movimiento yihadista debe comprender que la mitad del camino hacia la victoria se conseguirá a través de su unidad, pasando por encima de asuntos triviales y de agradecimientos, glorificando los intereses del Islam sobre los caprichos personales”. Aunque lo cierto es que Ben Laden hablaba de unidad suní, no incluyendo a los chiíes dentro del verdadero Islam.



Los yihadistas dividen el Mundo en Tierra del Islam y Tierra de la Guerra

Mapa del Islam en el Mundo

La ideología yihadista salafista habla de una sola comunidad islámica o Umma, sin divisiones, siendo las fronteras de los Países islámicos impuestas por los Estados occidentales. Para ellos, la Umma es Dar-al-islam (Tierra del islam) y el resto del Mundo es Dar-a-harb (Tierra de la guerra), con lo que en teoría no se deberían cometer atentados en tierra islámica, según este precepto, pero como bien sabemos no es así; de hecho, los Países musulmanes son los más castigados por el terrorismo yihadista.


Los ideólogos del yihadismo aceptan el “choque de civilizaciones” como algo inevitable mirando al pasado continuamente, explicándolo a sus acólitos como un continuo período de hostilidad hacia el Islam, lo que justifica su afán revanchista presente. La violencia, pues, centra toda su ideología. La obligación de combatir en pro del Islam eclipsa todo lo demás siendo la mejor forma de servir a Dios; cualquier otro precepto está supeditado a la Yihad o guerra santa. Mediante su puesta en práctica se vuelve al Islam puro, el de Mahoma y sus primeros compañeros. Embaucan a sus adeptos de que Dios mismo insta a sus seguidores fieles a ser su mano castigadora con lo que también esa violencia y el mensaje extremista que la sustenta quedan legitimados en el momento en que es Alá mismo el que lo respalda, desde la óptica del integrismo islamista.


En base a lo anterior, establecen unos principios ideológicos:

  • Reinstauración del Califato y la transformación política del mundo musulmán.

  • La victimización del mundo musulmán.

  • Legitimidad de las tácticas terroristas.

  • La necesidad de luchar contra el “enemigo lejano”.

  • Unidad de acción de todos los musulmanes frente al enemigo común.

  • Choque de civilizaciones y justificación histórica de la lucha.

Para poder cumplir con los principios anteriores, no aceptan el progreso técnico procedente de Occidente, salvo que les sea útil en la lucha. Tampoco la democracia a la que consideran pecaminosa, señalando de nuevo a los Estados Unidos como la Nación abanderada de esa forma de Gobierno “demoníaca”.


Los islamistas radicales lo tienen fácil para ocultarse en los Países europeos donde las comunidades musulmanas son numerosas. La gran mayoría de los que practican la religión islámica son gente de paz pero resulta complicado detectar a los extremistas entre cientos de miles de practicantes de una religión que ya de por sí es de práctica intensa entre sus correligionarios. Los musulmanes son mucho más practicantes que los cristianos, por ejemplo: acuden a sus diferentes rezos diarios en gran número y en su mayor parte contemplan sus preceptos religiosos, a diferencia de los cristianos e incluso de los judíos con un mayor porcentaje de “no practicantes”.



Existen cientos de oratorios no inscritos en la Comunidad Islámica de España


La quinta parte de los inmigrantes que residen y trabajan en España son musulmanes, casi un millón de habitantes. Después de varias décadas de implantación, con una segunda generación actual, las comunidades musulmanas españolas se caracterizan por defender un aperturismo y adaptación a la realidad y circunstancias europeas y por lo tanto una apuesta clara por la modernización. Pero últimamente se han ido introduciendo elementos radicales procedentes de Oriente Medio, afines a las tesis de la corriente fundamentalista “Hermanos Musulmanes” y de la ultraortodoxia wahabí oriunda de Arabia Saudí.


De momento, las principales federaciones islámicas que tratan asuntos administrativos con el Gobierno están bajo control de españoles conversos. La Comisión Islámica de España (CIE), que integra las dos grandes federaciones musulmanas españolas, es la única interlocutora válida y aceptada por la Administración General en España. Solo las asociaciones registradas en cualquiera de esas federaciones recibirán subvenciones públicas, en torno a 300. Pero hay unas 200 que no están inscritas de las que se desconoce realmente su orientación. Aparte hay casi 300 oratorios que igualmente no están registrados ya que son simples lugares de culto en garajes o locales abandonados o alquilados, no inscritos como comunidades religiosas, con lo que tampoco se conoce la corriente que siguen sus fieles.


El movimiento islamista radical “Hermanos Musulmanes” o la corriente de origen marroquí “Justicia y Caridad” se han implantado con fuerza en territorio español. Con respecto a los segundos, buscan el apoyo de inmigrantes marroquíes para presionar al Gobierno de Marruecos puesto que, en ese País, la también conocida como “Justicia y Espiritualidad”, está ilegalizada. Es un ejemplo de islamismo político, uno de los tres tipos de movimiento islamista radical de los que hablaré más adelante, en este mismo artículo.


Otro núcleo de integrismo religioso es el de las corrientes Tabligh (islamismo pietario que envía predicadores para recaudar dinero en oratorios y mezquitas) y la salafista, la que es propiamente yihadista. No necesariamente los dirigentes de esos lugares de culto estarán a favor de alguna de estas orientaciones islamistas; en ese caso, los que visitan mezquitas y oratorios sin que sus imames les secunden actúan como “misioneros” buscando apoyos entre los asistentes a los rezos pero sin relacionarse con los responsables que son contrarios a su mensaje.


La mayoría de los yihadistas que han sido detenidos en España son simpatizantes o adscritos a la red al-Qaeda

Un ejemplo de islamismo que intenta aglutinar las tres orientaciones, la política, la pietaria y la combativa (en su versión de "legítima defensa"), es la Asociación o Cofradía de los Hermanos Musulmanes, la más antigua organización integrista del mundo araboislámico, fundada en 1928, en Egipto, por Hassan al Banna, constituyendo el origen doctrinal del islamismo moderno. Son la corriente más influyente a escala europea, con sede en Londres, desde donde Ahmed al Rawi coordina su actividad en todos los Países europeos. Para ellos, a diferencia de lo que opina