La verdad del por qué no se ha vuelto a la Luna

Actualizado: jun 16

Aún hay escépticos que creen que semejante epopeya nunca se llevó a efecto.

El objetivo principal de las 22 misiones Apolo era que un estadounidense pisara antes que los soviéticos nuestro satélite, consiguiéndolo con la que hacía el número once.

El Apolo XI llevaba a cabo el primer alunizaje de un ser humano el 16 de julio de 1969, una fecha que ha pasado a la Historia. Sin embargo, aunque hubo cinco alunizajes posteriores más, y otras diez personas pisaron la Luna después de Neil Armstrong y Buzz Aldrin, nadie desde entonces volvió a realizar semejante proeza siendo el astronauta Eugene Cernan el último en pisar la Luna, pues en 1972 se abandonó el proyecto, a lo que no pocas personas de todo el Mundo no encuentran explicación.


La NASA dice que volverá a enviar a una persona a la Luna, para dentro de pocos años y que será una mujer que abrirá el camino a más astronautas que instalarán una base permanente en nuestro satélite natural. Por cierto, la primera mujer en viajar al espacio fue la rusa Valentina Tereshkova, en 1963, que en la actualidad tiene 82 años de edad.


Los soviéticos sabían que la mujer resultaba más idónea que el hombre para viajar al espacio y seguramente, de haber sido ellos los primeros en llegar, en su misión lunar hubiera figurado una mujer, por ser más pequeñas y ligeras que los hombres - por lo general -. Además, una mujer tiene una dieta de menos calorías que provoca menos residuos que un hombre y consume menos oxígeno, algo clave para el espacio exterior. Era algo sabido también por los norteamericanos pero en los años 60 la mujer no podía ser piloto militar en Estados Unidos que se vanagloriaba de ser la cuna de la libertad y en cambio relegaban a la mujer a un papel meramente doméstico. No sería hasta 1983 cuando una mujer estadounidense orbitaría la Tierra, veinte años después de que lo hiciera la rusa Tereshkova.


Señal del machismo que sigue imperando en la NASA es que los trajes para paseos espaciales están diseñados para hombres por lo que ninguna mujer estadounidense ha podido dar hasta el momento ningún paseo espacial. Tampoco hay tallas pequeñas para el resto de trajes, por lo que las mujeres se ven obligadas a llevar una talla M aunque no sea la suya, debiendo meterle relleno para que no les quede demasiado holgada y les resulte incómoda en sus tareas a bordo de las naves (y eso que ya hay comandantes que son mujeres). Para compensar tales despropósitos y no seguir siendo criticada, la NASA se ha comprometido a que una de las personas que vuelva a pisar la Luna la próxima década sea una mujer, pero alguien con experiencia de vuelo espacial y que haya estado en la estación espacial internacional.


Las mujeres han sido parte esencial en la carrera espacial. Margaret Hamilton fue desarrolladora del software del programa Apolo

La próxima misión lunar estará apoyada por una nueva estación espacial que orbitará el satélite desde la que se enviarían robots de exploración o para ayudar en las tareas humanas. Resultará esencial para adquirir experiencia de cara a otra misión mucho más ambiciosa: enviar seres humanos a Marte. Aunque si tanto cuesta regresar a la Luna, a la que se llega en tan solo unos días de viaje, imaginen una misión a Marte que requiere de casi un año para llegar.


La carrera del siglo XXI

La luna dista de nuestro planeta 384.400 kms.

La nueva carrera por llegar los primeros a la Luna, en la próxima década, ya no será cosa de dos (Estados Unidos y Rusia); chinos e hindúes se apuntan con sus respectivos programas espaciales. Pudiera ser lo que explique el renovado interés de Washington por volver a la Luna, que no lo hagan antes los chinos o la India, porque el prestigio internacional de los Estados Unidos caería en picado en un contexto de segunda guerra fría como el que estamos viviendo. China pudiera aliarse con Rusia para enviar una nave tripulada a nuestro satélite convirtiéndose con ello en la principal superpotencia tecnológica mundial, lo que preocupa a Estados Unidos y a Japón, quedando éstos últimos relegados a segundones en el plano tecnológico cuando durante décadas han contado con una sofisticación dos o tres años más avanzada que la del resto del Mundo. De momento, China ya ha realizado un formidable avance: alunizar en la cara oculta de la Luna, lo que jamás nadie había hecho nunca, si bien ha sido con un vehículo robotizado pues los chinos no contemplan, de momento, una misión tripulada ya que costaría en torno a 30.000 millones de euros.


Si Estados Unidos no une sus esfuerzos a los de la Unión Europea y Japón, los chinos se les adelantarán con toda probabilidad. Si bien Rusia colabora con los anteriores en la construcción de la nueva estación espacial que orbitará la Luna, megaproyecto en el que también colabora otra gran potencia mundial, Canadá, las tiranteces entre Moscú y Washington pudieran dar al traste el proyecto y decantarse Rusia por prestar su apoyo a China y es que la Historia parece repetirse.


Le preguntes a quién le preguntes de cualquier agencia espacial te responden lo mismo: en los años 60 se trataba de una carrera por demostrar la mayor sofisticación en plena guerra fría entre las dos superpotencias del momento, Estados Unidos y la Unión Soviética y ganaron los primeros. Así que Moscú consideró que era absurdo emplear tanto dinero en hacer lo mismo que ya habían hecho los norteamericanos, por lo que abandonaron el proyecto, reinvirtiendo el capital en otros programas de diferente índole en los que sí consiguieran adelantarse a EEUU. Ya de por sí, este segundo País había invertido el 4,3% de su presupuesto nacional (superó la cantidad de 25.400 millones de dólares de la época, una cantidad astronómica, nunca mejor dicho). La meta que se llevaría tanto dinero fue considerada absurda por muchos, incluidos influyentes políticos, hasta que boquiabiertos todos contemplaron a Neil Armstrong pasearse por la Luna y colocando la bandera de los Estados Unidos. Justo en ese momento, el mundo entero quedó maravillado y al mismo tiempo petrificado del poder de Estados Unidos, dando la impresión de que eran capaces de cualquier cosa, por imposible que pareciera.


Pero el coste era elevadísimo: de todo el programa Apolo, solo la misión del Apolo XI costó más de 6.000 millones de dólares. Resultaba imposible, en los años 70, seguir invirtiendo esas cantidades de dinero sin que la economía nacional se resintiera, o eso explicó el Gobierno de Estados Unidos en su momento, sobre todo cuando la crisis del petróleo azotó la economía internacional. Aún así, la NASA continuó su actividad, aunque con un presupuesto diez veces inferior. Ahora bien, la carrera espacial ha reportado muchos beneficios a la tecnología que usamos hoy en día: la telefonía móvil con sus microcámaras y procesadores informáticos, así como dispositivos de uso común tales como las fotocopiadoras o los gps se deben a que fueron ingeniados, en su momento, para el programa espacial.


El caso es que si se hubiera continuado con el programa espacial, sin duda el hombre ya habría llegado a Marte puesto que solo hicieron falta once años para que la NASA, desde su creación, consiguiera poner a seres humanos en el satélite, y eso sucedió hace medio siglo; cuando se retomó la idea, en la Casa Blanca seguían siendo muy reticentes, abandonándose el programa con la gran crisis económica mundial de 2008.


Actualmente, y estando EEUU plenamente recuperados y creciendo económicamente de nuevo, el presidente Donald Trump ha autorizado que se lleven a cabo los preparativos necesarios para que en la próxima década uno o más ciudadanos estadounidenses vuelvan a pisar la Luna, antes de que lo hagan los chinos, los grandes competidores actuales de los norteamericanos. La nueva misión lunar lleva el nombre de la diosa de la mitología griega Artemisa, que era la diosa de la Luna y hermana gemela de Apolo, que es la denominación del programa espacial que llevó al hombre a la Luna en los años 60 y 70.


La NASA cuenta con España para su nueva carrera hacia la Luna por la Estación de seguimiento de vuelos tripulados de Madrid

La Estación de la NASA en España en el municipio de Fresnedillas fue desmantelada y trasladada la antena de telecomunicaciones a la actual estación en Robledo de Chavela, también en Madrid, donde actualmente hay cuatro enormes antenas y se construyen otras dos más. Se trata del Complejo Espacial de la Red de Espacio Profundo de la NASA; son instalaciones que se ocupan del seguimiento de misiones alrededor de la Tierra y de los futuros proyectos a la Luna y más allá. La Agencia Aeroespacial solo tiene tres estaciones de este tipo en el Mundo, siendo una de ellas la española.


La antigua estación de Fresnedillas ejerció un papel importante en el Proyecto Apolo pues controlaba el módulo que quedó orbitando cuando alunizó el otro módulo lunar, en el que viajaban los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins. Así que las comunicaciones entre los astronautas y las instalaciones de la NASA en Houston corrían a cargo de la estación española. La antena instalada en España recibía en cuestión de un segundo la señal y la reenviaba a Houston en décimas de segundo a través de un cable de comunicaciones submarino.

Desmintiendo las teorías conspiranoicas

Pero regresando a las teorías que defienden que todo fue la gran mentira de la Historia, uno de los argumentos que más se ha repetido en todo tipo de publicaciones conspiranoicas, tanto impresas como digitales, es el episodio de la bandera ondeando en la Luna cuando se supone que allí no hay viento porque no hay atmósfera como en nuestro planeta. Lo que sí que hay es tierra en polvo y no se entiende tampoco que el módulo que alunizó no levantara una nube de polvo al posarse sobre la superficie lunar.


En realidad, la bandera que plantó Aldrin no se movía, sino que se diseñó de tal manera que ofreciera a los telespectadores ese efecto. La NASA sabía que el momento sería visto por cientos de millones de personas en todo el Mundo, así que fabricó una bandera que, si bien estaba fija, pareciera que hondeara al viento, como las banderas de La Tierra. De todos modos, probablemente todas las banderas que allí se plantaron sufrieron la misma suerte que la del Apolo XI: al despegar el módulo, las patas tiraron la bandera quedando en el suelo. Si alguna se mantuviera en pie no conservaría sus barras y estrellas o colores de la bandera de Estados Unidos porque la radiación solar las habrá descolorido por completo; tengamos en cuenta que en la Luna no hay capa de ozono que filtre los rayos solares por lo que éstos inciden sobre la superficie de forma directa e intensa. Con respecto al polvo que debiera haber levantado el módulo, en efecto lo hizo, pero precisamente por no haber atmósfera, las partículas de polvo no quedaban en suspensión, sino que caían a la superficie enseguida.


En webs de conspiraciones e historias truculentas sigue diciéndose que todo se rodó en un plató de Hollywood con efectos especiales para que pareciera lo más real posible y que olvidaron poner un fondo de estrellas, como hubiera sido lógico esperar desde la Luna. Sin embargo, la realidad (y los astronautas lo saben muy bien) es que nuestro satélite refleja de forma espectacular la luz, como puede verse desde la Tierra, apagando la poca intensidad de luz que emiten las estrellas, al estar tan distantes. También, de ese supuesto decorado, se dice que olvidaron retirar una piedra de atrezzo en la que podía verse claramente la letra “C”; la explicación que dio la NASA fue que era un trozo de fibra del revelado de las fotografías que se tomaron con la cámara Hasselblad que llevaban los astronautas.


Pero los astronautas, a su regreso a la Tierra, dejaron claro que estuvieron en la Luna contando detalles como el olor del polvo lunar, lo cual pudieron comprobar al llegar al módulo y quitarse las escafandras, oliendo la fina capa de ese polvo que había quedado impregnada en sus trajes, oliendo a pólvora quemada. Por cierto, señal de los sucios que somos los seres humanos es que la primera vez que llegaron a la Luna, después de tan solo unas horas, dejaron casi un centenar de bolsas con desechos y desperdicios sobre la superficie lunar. Tal vez haya sido mejor que no continuaran las expediciones allá pues probablemente hoy sería un gran vertedero espacial. Y es que en conjunto, de todas las misiones lunares que se han llevado a cabo, tanto de Estados Unidos como de Rusia (los rusos enviaron sondas, alguna de las cuales se estrelló contra la superficie lunar y un vehículo robotizado), permanecen en el satélite 181 toneladas de basura, incluidos restos de excrementos. Como han leído, casi un centenar de bolsas de orina, heces, vómitos y restos de comida de los astronautas norteamericanos que anduvieron por la Luna y que no se llevaron de regreso ni reciclaron o eliminaron. Sin duda, si hubieran tenido bragueta con cremallera que bajarse para orinar, lo hubieran hecho tras una roca allá arriba.


¿Por qué los rusos no llegaron a la Luna?

Busto de Yuri Gagarin, el primer astronauta

Tal vez los rusos quieran quitarse la espina de su “derrota” en 1969 pretendiendo ser los primeros que regresen a la Luna la próxima década y todavía hoy asombra que la Unión Soviética no fuera la primera, cuando llevaban ventaja en la carrera espacial en los años 60. ¿Qué sucedió para que los Estados Unidos se les adelantaran? De hecho, Washington daba por perdida la carrera.


La URSS comenzó su proyecto de viajar a la Luna tres años después que Estados Unidos ya que estuvieron inmersos en otros logros previos como desarrollar los primeros satélites artificiales o colocar, por primera vez, a seres humanos en la órbita terrestre. Es más, los norteamericanos, al enterarse de que los soviéticos tenían la tecnología como para contar con satélites que podían sobrevolar su territorio sin que pudieran hacer nada al respecto, entraron en pánico y se extendió entre los ciudadanos de Estados Unidos la idea de que los rusos acabarían lanzando misiles atómicos sobre su territorio. Así que invirtieron una enorme suma de dinero en el proyecto Apolo para revertir la situación y poder “defenderse” de un hipotético ataque desde el espacio por los soviéticos.


Lo cierto es que ambos proyectos, el de Estados Unidos y el de la Unión Soviética, fueron a la par, de hecho, al mismo tiempo que alunizaban Armstrong y Aldrin, una sonda rusa se estrellaba en la Luna, en su afán por llegar antes que ellos, aunque fuera de modo mecánico, no humano.


Los dos cohetes que transportaban los respectivos módulos lunares eran enormes: el Saturno V por parte de Estados Unidos y el N-1 por la URSS. El segundo era cuatro metros más largo (107 metros) y su potencia le permitía empujar 4,5 millones de kilogramos frente a los 3,4 millones del Saturno. Pero tres ingenieros distintos pugnaban por conseguir el sistema de reacción más eficaz para el cohete ruso y eso les hizo perder tiempo antes sus competidores norteamericanos. Al final pudieron las prisas y en febrero de 1969 se lanza por fin el N-1 pero explotó a los pocos segundos de la ignición matando a decenas de personas; es un suceso que los rusos ocultaron hasta mediados de los años 90, como posteriormente harían con el desastre de Chernóbil, del que se ha sabido la realidad de lo sucedido mucho tiempo después.


El ingeniero principal del proyecto ruso, Serguéi Koroliov, murió en 1966. Fue el que consiguió, gracias a su carisma, los grandes logros iniciales rusos. El sustituto no contaba con la excelente reputación de Koroliov, tomando la iniciativa los militares en cuanto a la carrera espacial soviética, quiénes solo pensaban en lo que fuera práctico para reforzar la preeminencia de la URSS en el plano militar. El resultado fue un desastre y el abandono definitivo del programa lunar en 1974 (EEUU lo abandonó en 1972).


Como dato curioso, culminar este homenaje al 50ª aniversario de la mayor proeza del ser humano hasta el momento señalando la venta de las cintas de vídeo originales de la retransmisión televisiva de la hazaña que enganchó a tantas personas en todo el Mundo a sus monitores, allá por 1969. Entonces no se le dio importancia pero hoy en día, teniendo en cuenta que han sido tantas veces reproducidas y remasterizadas, las imágenes han perdido mucha calidad, en cambio en esas cintas se conservan con la nitidez del primer momento sin sus retoques posteriores, incluido el audio. Medio siglo después, esas cintas se han vendido en la conocida casa de subastas Sothebys, en Nueva York por 1,8 millones de dólares. El por entonces becario de la NASA Gary George adquirió en 1976 por tan solo 218 dólares un lote de 65 cajas con cientos de bobinas con la idea de utilizarlas para grabar encima de lo que tuvieran. El propio George se deshizo de la mayoría de las bobinas regalándoselas a la Universidad en la que estudió ingeniería gran parte de ellas y otro lote a la iglesia a la que acudía y hubiera hecho lo mismo con las cintas del paseo lunar si no es porque su padre se percató de que contenían esas grabaciones. Es más, George las vio por primera vez en 2008, cuando por fin los medios para poder visualizar su contenido (hoy en día muchos no sabrían qué hacer con una cinta de vídeo VHS, para lo que se requiere reproductores que ya no están en el mercado con lo que imaginemos si son bobinas de los años 60). En un estudio especializado de grabación y tratamiento de imágenes, Gary George digitalizó las películas en las que puede verse el seguimiento de la misión desde la sala de control ubicada en Houston. Las bobinas se han vendido con las cajas originales en las que fueron adquiridas de la NASA, con lo que son una delicia para los coleccionistas más exigentes. Sothebys vendió otros productos de aquella fascinante misión, como una nota escrita a mano por el astronauta Buzz Aldrin en la Luna y que alcanzó el precio de 225.000 dólares.

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