La mujer según el Estado Islámico

Actualizado: jun 2

La mujer tiene determinadas funciones, siendo relegada a un rol de supeditación y complicidad con los yihadistas


El fin principal del EI ("Estado Islámico", como se autodenomina el ISIS) es el de crear un Califato, una forma de gobierno dirigido por un líder político y religioso que pretende unificar a todos los musulmanes del mundo bajo un mismo Estado, estén o no de acuerdo con sus postulados. Es una idea inspirada por el salafismo (corriente ultraortodoxa dentro del sunismo) que aspira a luchar contra todos aquellos que no cumplen con la interpretación más ortodoxa de la Sharia (Ley Islámica).


Con el fin de volver a la Era Dorada del Islam, al Bagdad de Las Mil y Una Noches, el EI comete todo tipo de crímenes violentos justificándolos con las sagradas escrituras, o mejor dicho, con su propia interpretación de las mismas. Seleccionan fragmentos que justifiquen sus actos y reinterpretan aquellos versículos que los condenan.


El islamólogo egipcio Samir Khalil afirma que las barbaridades que comete el ISIS están inspiradas en el Corán y en la vida de Mahoma, porque sí, en el libro sagrado hay violencia. Khalil llega a contar hasta 75 textos coránicos de contenido altamente violento.

A pesar de ello, Corán en mano, podemos encontrar muchísimos fragmentos en los que el Libro Sagrado y las prácticas del EI se contradicen. El Corán, por ejemplo, prohíbe el suicidio o el ensañamiento con las víctimas y, por supuesto, matar:


Un creyente no puede matar a otro creyente, a menos que sea por error

Azora 4, versículo 92


Por otro lado, el pensador y escritor tunecino Mohamed Talbi afirma que el problema no reside en la interpretación del Corán, ya que es fruto de la revelación divina. El problema es la interpretación de la Sharia, ya que es una Ley Islámica manipulada por el hombre.

A pesar de los múltiples debates acerca del contenido del Libro Sagrado y de la Ley Islámica, es innegable que los terroristas yihadistas aprovechan este vacío legal en las posibles interpretaciones de la religión para dibujar los límites del Islam en su propio beneficio.


Un ejemplo de cómo las organizaciones terroristas de corte islamista recrean los valores de la cultura islámica es el Yihad, un concepto espiritual cuyo verdadero significado es «esfuerzo», el esfuerzo que todo creyente debe hacer para la causa de Dios. Pero debido a las prácticas de la organización terrorista Al-Qaeda, que extendió mundialmente el término Yihad, y la continuación e incremento de la violencia de dichas prácticas por parte del ISIS, Yihad se ha convertido en un concepto militar, siendo su significado más extendido el de la Guerra Santa en contra de los enemigos del Islam. De ahí que comúnmente oigamos en los medios «la» Yihad y no «el» Yihad, porque se ha extendido una traducción incorrecta.


El EI es la organización terrorista más activa en la actualidad y en la puesta en práctica del Yihad en su vertiente combativa. A pesar de la igualdad de sexos que establece el Corán, Daesh se basa en los roles de género tradicionales, en la supuesta superioridad física del hombre y en pasajes coránicos que afirman la supremacía masculina, como la azora 3, versículo 34: «los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos sobre los otros», para darle al hombre la responsabilidad exclusiva del empleo de la fuerza física en el ámbito del Yihad. Así pues, la mujer queda excluida de las actividades violentas como el combate o la defensa. Pero la mujer, aunque su participación en el Yihad sea minoritaria, tiene un papel de gran importancia en la Guerra Santa; ¿cuáles son entonces sus funciones?

A la mujer comúnmente se le designa un rol pasivo, lejos de la línea de combate. Aunque su actividad en el Yihad pueda parecer insignificante, la mujer favorece la cohesión entre los miembros de la organización, ayuda a la difusión de material y propaganda terrorista, y sus acciones, que nos resultan más chocantes por ser sus autoras mujeres, suponen una buena publicidad para el ISIS, ya que así consigue infundir terror, transmitirnos que su violencia no tiene límites. Las mujeres deben acompañar en todo momento a los esposos e hijos varones, muyahidines (combatientes en el Yihad). Su labor es la de educar a sus hijos en la religión islámica, o mejor dicho en la pervertida corriente impuesta por el ISIS, persuadir a los hombres para que continúen luchando e incluir al resto de los combatientes en sus oraciones.


Los muyahidines necesitan a las mujeres. Después de luchar y ganar tierras para su autoproclamado Estado, los combatientes necesitan familias que se asienten en dichas tierras. Y qué mejor que las muhajirat (mujeres inmigrantes en el Califato) para esta labor. A cada mujer soltera que viaje a los territorios colonizados por el EI se le asignará un muyahidín con el que casarse, y dará a luz varones que en un futuro también se convertirán en combatientes. La mujer ante todo es madre y esposa. La mujer sirve para crear nueva población en el Califato, que en contra de lo que se piensa no ha desaparecido. Los territorios del ISIS, controlados por ellos directamente o por grupos terroristas afines dispersos por Asia y África, suponen un todo compacto dividido geográficamente en Provincias o Wilayat.


En su labor como acompañante del muyahidín, la mujer no debe olvidar proteger su pureza a través del uso del velo. El niqab no solo sirve para defender su honorabilidad, sino también para marcar la diferencia entre Oriente y Occidente. Ya lo dijo Al-Zawahiri (jefe de Al Qaeda) en 2009: «Occidente considera a las mujeres un bien barato con el que se puede comerciar, no se respeta ni considera inviolable [...] pero una mujer con velo es inviolable y respetada en su casa y fuera de esta, convirtiéndose en una preciosa joya» (citado por García-Calvo, 2015, en su artículo “El papel de las mujeres en la Yihad Global”, pág. 41).


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Este artículo forma parte del serial "La mujer en el Yihad actual", cuya segunda parte puede consultar en el enlace Mujer contra mujer: el manifiesto yihadista de Al-Khansaa

Autora: Beatriz MADRIGAL CRIADO, graduada en interpretación y traducción (inglés y árabe); especialista en análisis del terrorismo (Máster en fenomenología terrorista por la Universidad de Granada) y colaboradora de RSW.

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