Evolución del perfil yihadista

Actualizado: 26 de dic de 2019

El terrorismo de corte islamista ha evolucionado desde los años 90, en especial en el siglo XXI

Para poder ir dando respuesta al tema objeto de este trabajo, empecemos por poner como fecha de referencia el 11 de septiembre de 2001. ¿Han evolucionado las formas de terrorismo extremista desde entonces?


El objetivo principal del terrorismo es sembrar el pánico entre la población, crear situación de caos y desestabilizar Gobiernos y sociedades enteras. Y este miedo ha demostrado ser real y duradero puesto que a día de hoy seguimos viendo en diferentes diarios o portales de noticias los atentados perpetrados en Occidente pero, sobre todo, en los propios países islámicos. Esto último es algo que muchos de nosotros consideramos lejano ya que no está ocurriendo a diario en nuestro país ni en cualquier país vecino. Son los musulmanes quienes sufren, más que ningún otro colectivo, el verdadero castigo del terrorismo yihadista.


Tras los atentados del 11 de septiembre llevados a cabo por Al-Qaeda, los Gobiernos, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad temían, como se ha podido leer en muchos artículos posteriores o incluso recientes que, tras un ataque de semejantes dimensiones, lo próximo fueran ataques con armas de destrucción masiva. El terrorismo de corte yihadista ya apuntaba entonces ser una amenaza para los años posteriores al atentado.


El terrorismo yihadista no comenzó con el 11-S

La Historia del terrorismo se divide en antes y después del 11 de septiembre de 2001

Según Pérez Luna (2015), cuando hablamos de «yihadismo moderno», nos debemos preguntar si los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos fueron el primer acontecimiento de terrorismo global de carácter islámico. En otras palabras, fue el nacimiento del terrorismo globalizado. Lo cierto es que esos atentados supusieron un antes y un después en la lucha antiterrorista y en el concepto de seguridad mundial, pero la realidad es que ya se habían producido algunos atentados yihadistas en la década de los 80. Por ejemplo, uno de ellos fue la explosión de dos camiones bomba en Beirut durante la Guerra del Líbano en 1983. Este atentado acabó con la vida de aproximadamente 250 personas, de las que casi 190 eran norteamericanas. El «motivo» de este atentado, si es que lo hubiere, fue la intromisión de EEUU junto con Francia e Italia para ayudar a los miembros de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).


Otro de ellos fue la explosión de un coche bomba en el año 1992 cerca de la embajada de Israel en Buenos Aires, o la explosión, en 1993, de una furgoneta en el parking del World Trade Center de EE.UU. A finales de los 90 se produjeron asimismo, y de manera casi simultánea, dos explosiones en las embajadas de EEUU en Nairobi y en Tanzania.


Ya a principios de los años 90, Occidente se había convertido en el principal enemigo del terrorismo islamista y es por eso que cito estos ejemplos, porque confirman quiénes eran los blancos de los grupos terroristas yihadistas y cómo estos actuaban años atrás. En la mayoría de ellos podemos entender que sus ojos estaban fijados en edificios diplomáticos de países occidentales. Así, y de acuerdo nuevamente con Pérez Luna (2015), «si derrocaban los edificios de instituciones estatales o gubernamentales, estarían acabando con lo más difícil, por lo que tenían vía libre para extender el Islam y los gobiernos salafistas a lo largo y ancho del planeta».


Hasta el 11-S, el modus operandi de al-Qaeda, liderada por Osama Bin Laden, era principalmente detonar cargas explosivas frente a edificios estratégicos. Con el 11-S cambia la forma de atentar. Resultó ser algo novedoso, puesto que el arma fue el propio avión y entonces el terrorista perdía también su vida en el intento de acabar con Occidente. Años más tarde, a partir de 2014, con el nacimiento del Estado Islámico, podemos apreciar cómo ha ido cambiando el modo de violencia indiscriminada en suelo europeo.


Hemos visto como han detonado explosivos en trenes, como lo ocurrido el 11-M, o en aeropuertos y estaciones de metro como lo sucedido en Bruselas en 2016 o en San Petersburgo en 2017. Ahora, además de lo anterior, todo lo que pueden necesitar es un arma blanca o de fuego y cualquier vehículo, a pesar de que la revista Rumiyah, primer medio propagandístico del DAESH, al que continuó Dabiq y los que después vinieron, anunciaban que los cuchillos no podían ser de cocina y los vehículos debían de ser de gran tonelaje (Natalia Municio Mujica: Evolución del perfil yihadista en Europa, 2017).


Se ha vivido en París a principios de 2015 con el asalto a mano armada a la revista satírica Charlie Hebdo y a finales del mismo año en los diferentes atentados ocurridos en el corazón de esta ciudad. En 2016 se utilizaron camiones para embestir aglomeraciones de personas, como en Niza el 14 de julio mientras celebraba el día de Francia o en Berlín, donde un camión arremetió contra un mercado navideño y, por consecuencia, con todo aquel que desafortunadamente allí se encontraba. En 2017 se han experimentado diferentes ataques terroristas suicidas en Europa. En la principal zona turística de Londres en el mes de marzo, en Estocolmo, de nuevo un camión conducido por un suicida acababa con la vida de tres personas y en Barcelona, otro vehículo suicida irrumpía una zona turística y de ocio con el fin de arrasar con todo lo que se llevara a su paso.


Con el fin de lograr su objetivo, el nuevo modus operandi terrorista es dirigirse a un lugar estratégico, un lugar donde la gente vaya por ocio o vaya de paso como hace en su vida diaria, como bien plasma Municio Mujica en su informe sobre la evolución del perfil yihadista, basado en la revista Dabiq: «En esta sección de la revista se recomienda cuáles son sus objetivos fáciles (pequeñas multitudes o personas que caminen solas)». Se alejan así de zonas que están custodiadas por policías porque se saben que pueden ser objetivos claros. Se trata de sembrar el pánico y el caos atentando en zonas donde a nadie se le pasa por la mente que cualquier posible atrocidad pudiera ocurrir.


Por otro lado, los atentados mencionados anteriormente son solo algunos de los ocurridos en los últimos años solo en Europa y en todos ellos se puede apreciar que el número de víctimas es relativamente menor que años atrás. Como decía anteriormente, se trata de atentar en el momento menos esperado.


Para los yihadistas actuales, cualquier número de víctimas es «bueno» si finalmente se consigue el objetivo, a diferencia de años atrás que se buscaba causar el mayor número posible de víctimas.


Período 1995 - 2012: se potencia el terrorismo suicida


Si analizamos el perfil del terrorista yihadista observamos que desde finales de los 90 hasta 2012 los yihadistas detenidos en España eran jóvenes y varones. En comparación con este dato, Fernando Reinares cita el ejemplo de Gran Bretaña, donde el 96% de los detenidos en aquella fecha eran varones y el porcentaje restante lo formaban las mujeres, que ejercían un papel meramente de apoyo y reproducción con el fin de perpetuar el fenómeno terrorista.


Por otro lado, entre 1995 y 2003, el foco estaba centrado sobre los terroristas extranjeros y de primera generación. En el caso de España, llegados desde otros países. De hecho, la preocupación por lo autóctono llegó ya comenzado el siglo XXI. De entre todos los terroristas detenidos en este periodo, y de acuerdo con Reinares y García-Calvo (Procesos de radicalización violenta y terrorismo yihadista en España, 2013), es curioso que destaca el porcentaje de empresarios o autónomos de origen sirio o argelino. De hecho, hacen referencia al elevado caudal monetario que estos poseían, remarcando incluso las importantes donaciones que estos llegaban a hacer.


Por último, desde finales de los años 90 hasta principios del nuevo siglo, la figura del terrorista suicida no aparecía entre los aspectos característicos del terrorismo yihadista. Sería posteriormente, con los atentados del 11-S cuando el terrorismo suicida empezó a cobrar relevancia. Esta forma de ejecutar el terrorismo se ha hecho cada vez más frecuente con el paso de los años, como hemos comprobado en los atentados ejecutados recientemente en nuestro Continente y asunto que abordaremos en otra parte de esta serie de artículos que comienzo con el presente post.

Tomando como punto de partida los atentados del 11 de marzo de 2004 en España, observamos como los yihadistas desde este momento son igualmente varones y provienen de familias de clase media-baja. Estos terroristas comprenden unas edades de entre 25 y 34 años en más de la mitad de los detenidos en España (un 75% no supera los 39 años).


Esta franja de edad es algo mayor por ejemplo en países como Gran Bretaña, dado que en este país residen terroristas de segunda y tercera generación mientras en España residen de primera y segunda generación. Esto nos lleva a deducir que el proceso de reclutamiento y radicalización se inicia de manera más rápida en España. A esto, basándome principalmente en los datos extraídos tras la investigación de Reinares, si tenemos en cuenta el periodo de radicalización que, lógicamente, puede cambiar según cada individuo y, si nos atenemos al periodo que abarca desde la implicación del terrorista hasta su detención, la edad media del yihadista detenido estaría en torno a los 30 años, entre los años 2004 y 2012.


Otra característica importante es el concepto que tienen del matrimonio. De hecho, siete de cada diez terroristas detenidos en España estaban casados en el momento de la detención. Resulta curioso que esto mismo ocurría con los miembros detenidos de la organización terrorista ETA, como igualmente comprobó Fernando Reinares en 2013. Esto nos permite apreciar cómo el matrimonio o los hijos no son un impedimento para unirse al Yihad ya que en su interpretación del Corán creen estar llevando a cabo una misión encomendada por Alá. Existen casos de individuos que conciben el matrimonio por meros trámites burocráticos o como compromiso si uno de los contrayentes se une al familiar de otro terrorista. Incluso se ha usado como medio de establecer alianzas entre grupos diferentes al estilo medieval.


En cuanto al nivel educativo y situación laboral de los terroristas detenidos, cabe destacar que es curioso que, entre 2004 y 2012, el porcentaje de individuos con estudios universitarios es igual al porcentaje de detenidos analfabetos o sin apenas estudios. El 25% carecía de ocupación conocida quienes solían subsistir mediante el narcotráfico o el dinero que les facilitaba el grupo terrorista para el que trabajaran. Se observa como aumenta el número de individuos no cualificados o especializados en sus puestos de trabajo.


Dos de cada diez de los detenidos o fallecidos en nuestro país en el período que analizamos en este epígrafe tenía antecedentes penales, principalmente por delincuencia común. Es en este momento cuando se observa el importante papel que desempeñan las prisiones como entorno favorable para el reclutamiento y la radicalización, como sucedió con Allekema Lamari.


Volviendo al estudio realizado en 2013 por los investigadores Fernando Reinares y Carola García-Calvo, uno de mis referentes para el presente trabajo, el 70% de los detenidos residían en las Comunidades Autónomas de Madrid y Cataluña, duplicándose en esta última siendo el principal escenario para la radicalización yihadista en la actualidad. En tercer lugar, se situaba en porcentaje de radicalización la Comunidad Valenciana.

Próximamente:

Perfil yihadista desde 2013

Autora: Marta Roldán está graduada en Traducción e Interpretación por la Universidad Pablo de Olavide y en Traducción Jurídico-financiera por la Universidad Complutense. Máster en fenomenología terrorista por la UGR y colaboradora de Red SAFE WORLD


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