Convergencia entre terrorismo y crimen organizado

Actualizado: 26 de dic de 2019

Está ya constatado el vínculo entre el terrorismo y el crimen organizado.

Está sobradamente demostrada la relación entre terrorismo y crimen organizado

Sin embargo, aún es hipótesis. La existencia de vínculos sustantivos entre terrorismo y otras modalidades de actuación criminal como el crimen organizado ha sido contemplada con escepticismo[1]. No es una cuestión novedosa porque la misma se apuntaba ya en la Resolución 1373[2] de Naciones Unidas, aprobada poco después de producirse los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, al destacar lo siguiente: “(El Consejo de Seguridad) observa con preocupación la estrecha conexión que existe entre el terrorismo internacional y la delincuencia organizada transnacional, las drogas ilícitas, el blanqueo de dinero, el tráfico ilícito de armas y la circulación ilícita de materiales nucleares, químicos, biológicos y otros materiales potencialmente letales, y a ese respecto pone de relieve la necesidad de promover la coordinación de las iniciativas en los planos nacional, subregional, regional e internacional, para reforzar la respuesta internacional a este grave problema y a esta gran amenaza a la seguridad internacional”.


Posteriormente, en el año 2004, en la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional[3], se volvía a mostrar una honda preocupación por los crecientes vínculos entre el terrorismo y el crimen organizado, exhortando a todos los Estados a que reconocieran los vínculos entre estos fenómenos criminales. Un año después, con motivo de la celebración del undécimo Congreso de las Naciones Unidas sobre la Prevención del Delito y Justicia Penal en Tailandia (Bangkok), se planteaba de nuevo, con creciente inquietud, la misma cuestión.


En nuestro país, en el año 2013, se aprobó la Estrategia de Seguridad Nacional[4], donde se volvía a incidir en la constatación de los vínculos cada vez más estrechos entre grupos criminales y terroristas y la amenaza que suponen ambos fenómenos para la seguridad nacional. Asimismo, en un informe específico encargado por el Parlamento Europeo en el año 2012[5], se volvía a sacar “a la luz” la misma estrecha relación entre ambos fenómenos.

Como anteriormente se ha señalado, han sido numerosos los analistas[6] que han puesto el foco de atención en las conexiones entre terrorismo y crimen organizado, llegando a la conclusión de que la interacción entre ambos ha crecido de una forma exponencial y compleja y cuya convergencia puede introducir cambios en la naturaleza de las entidades o grupos que la protagonizan, así como en sus actividades. En este sentido, siguiendo al profesor Luis de la Corte[7] se pueden señalar tres escenarios posibles de convergencia:

  • La participación de terroristas en actividades criminales

  • Las transformaciones e hibridaciones

  • La cooperación entre organizaciones criminales y grupos terroristas

Pues bien, la primera de ellas, también denominada “convergencia por apropiación de métodos”, es la forma más básica y tiene lugar cuando grupos u organizaciones terroristas se involucran en actividades típicas de la criminalidad organizada, principalmente para satisfacer necesidades logísticas o de financiación.


Dentro del conjunto de actividades delictivas en las que se involucran los grupos terroristas tenemos las siguientes:

  • Narcotráfico.- Dentro de esta actividad ilícita podemos distinguir varios niveles de actuación: por una parte tenemos el narcotráfico desarrollado a gran escala por organizaciones terroristas tales como los Talibán[8]y otros grupos yihadistas con presencia en Afganistán y Pakistán (por ejemplo, la red Haqqani) o de Asia Central (MIU, Movimiento Islámico de Uzbequistán) y a pequeña escala, como por ejemplo el trapicheo que realizaba Jamal Ahmidan, uno de los autores de los atentados del 11 de marzo de 2004 de Madrid[9].

  • Otros tráficos ilícitos.- Según algunas informaciones[10], la organización Al Qaeda pudo haber recurrido al mercado negro de oro y de piedras preciosas para conseguir fondos, ocultar parte de su dinero, blanquear beneficios de origen ilícito y convertir sus fondos en metálico en objetos que mantuvieran su valor y fueran fácilmente transportables. Aunque el informe de la comisión sobre el 11 S niega haber encontrado evidencias a ese respecto, algunos expertos siguen dando credibilidad a la acusación que atribuye a la red Al Qaeda su implicación en operaciones de compra y venta de diamantes. Otro importante producto traficado por los yihadistas es el tabaco, la implicación de AQMI en el contrabando de cigarrillos es bastante conocida, pero no es la única organización que se lucra con esta actividad ilegal. Finalmente el tráfico de seres humanos es otro lucrativo negocio al que se dedican, entre otros, el AQMI argelino y Yemaa Islamiyya.

  • Robos.- Yemma Islamiyya es el grupo que más destaca en la comisión de estos delitos, de hecho, esta organización obtuvo del robo a varios bancos el dinero necesario para sufragar su ataque terrorista más mortal, un atentado múltiple perpetrado el 12 de octubre de 2002 en la isla de Bali. Los talibán de Pakistán también han participado en varios robos a oficinas bancarias. El Estado Islámico, por su parte, también ha hecho lo propio[11]. Las redes yihadistas implantadas en España a partir de finales de la década de 1990 han recurrido al robo de tarjetas de créditos como uno de sus medios de financiación. Este mismo patrón delictivo, junto con el robo y posterior venta de otros pequeños artículos tales como teléfonos móviles, dispositivos GPS o relojes ha sido identificado en las células yihadistas establecidas en otros países europeos, entre ellos Suiza, Italia y Francia.

  • Falsificación de documentos.- Dado que esta actividad cubre una de las principales necesidades logísticas de los grupos y organizaciones terroristas, no es extraño que aquellas incorporen individuos procedentes del mundo criminal que cuenten con una experiencia previa como falsificadores. Así ocurrió con Ahmed Ressam, un individuo vinculado al GSPC argelino, quien fue detenido en 1999 en Washington cuando intentaba introducir explosivos en Estados Unidos para cometer un atentado en el aeropuerto internacional de Los Ángeles. Este sujeto cuyas intenciones se enmarcaban dentro de un ambicioso plan terrorista promovido por Al Qaeda (complot del Milenio), entró a Estados Unidos desde Canadá con documentación falsa obtenida por él mismo. Asimismo, una importante operación llevada a cabo en el Reino Unido reveló que tres miembros de una célula terrorista que planeaba cometer atentados en Estados Unidos, Europa y Oriente Medio, emplearon varias tarjetas de crédito robadas para comprar diversos artículos que pretendían enviar a yihadistas de Irak (algunos de esos artículos eran dispositivos de GPS, gafas de visión nocturna, teléfonos o cuchillos).

  • Secuestros.- Los secuestros extorsivos constituye una modalidad de financiación recurrente en la historia general del terrorismo, también en la de algunos actores regionales o locales asociados al terrorismo global.

  • Extorsión frente a protección.- El uso de la intimidación y la amenaza, como medio para cobrar sumas puntuales o regulares de dinero, es un viejo método criminal. Por ejemplo, la agresión y amenaza con propósitos extorsivos a comerciantes y profesionales de diverso nivel se ha convertido en una práctica generalizada entre los grupos terroristas establecidos en diferentes provincias y áreas de Pakistán: desde las regiones tribales, limítrofes con Afganistán, hasta las provincias más desarrolladas del Punjab y Sindh. Las victimas habituales de dicha extorsión son comerciantes y profesionales de diversa índole. En ocasiones, esta práctica se apoya en el secuestro de los propios extorsionados o de sus familiares. Entre los grupos terroristas involucrados, figuran elementos yihadistas como el TTP (Tehrik-e Taliban Pakistán o los talibanes pakistaníes), la Red Haqqani y el Estado Islámico. En algunos casos, esas extorsiones adoptaron la forma de secuestros exprés.

  • Creación de estructuras de empresas tapaderas o pantalla.- La ocultación del dinero procedente de actividades ilícitas y su confusión con dinero legal, son requisitos básicos para la acumulación de beneficios por parte de organizaciones criminales. La creación de empresas orientadas a ese fin es un recurso tradicional de la criminalidad organizada, aunque también ha servido para ocultar el movimiento de fondos destinado a sufragar acciones terroristas. Una muestra cercana fue obtenida a raíz de la operación dirigida contra la primera célula establecida por miembros de Al Qaeda en territorio español y que forzó su parcial desmantelamiento (Operación Dátil, en noviembre de 2001)[12]. Tal y como reveló dicha investigación entre 1996 y 2001, el jefe financiero de dicha célula, Ghaleb Kalaje Zouaydi, empleó diversas empresas legales para desviar un mínimo de 670.000 euros al objeto de financiar actividades terroristas.

  • Otros ilícitos.- Existen evidencias que demuestran la participación en algunas operaciones de cibercrimen. Por ejemplo, los mismos yihadistas detenidos en 2007 en el Reino Unido, durante el desarrollo de una operación mencionada anteriormente, recurrieron a páginas web de apuestas para blanquear parte del dinero extraído de tarjetas de crédito robadas. Estos mismos individuos utilizaron esas mismas tarjetas y varios números robados de cuentas bancarias, para comprar servicios de Internet y crear redes virtuales que pudieran ser empeladas por yihadistas de todo el mundo como medio para intercambiar información, reclutar militantes y planear atentados. En las últimas fechas, las tarjetas prepago que se pueden cargar y que no son nominativas o incluso también la moneda virtual bitcoin[13] están siendo instrumentos eficaces para llevar a cabo actividades dirigidas a la financiación del terrorismo.

En relación al segundo escenario, la implicación de terroristas en ocupaciones propias de la delincuencia organizada y la participación de organizaciones criminales en acciones terroristas pueden acabar alterando las prioridades operativas de ambos grupos. Dicho cambio admite dos formas: hibridación y transformación. La primera (hibridación)[14] supone la evolución de una organización en principio orientada por una motivación política o de lucro hacia una estructura híbrida cuyos miembros otorguen igual importancia a ambos fines y en segundo lugar, denominamos transformación la inversión absoluta del orden de prioridades, de manera que los objetivos políticos iniciales pasan a ocupar un lugar subordinado en beneficio de los económicos o viceversa. Tanto el proceso de hibridación como el de transformación tiene dos orígenes alternativos: el giro político protagonizado por una organización criminal o el giro pragmático experimentado por un grupo político armado.


Cooperación entre organizaciones criminales y grupos terroristas

Muchos terroristas actuales se financian mediante actividades delictivas

Se puede dar de dos formas diferentes: la primera tiene lugar cuando un grupo criminal decide prestar apoyo a una estructura terrorista, por motivos de afinidad ideológica o religiosa y la segunda forma de colaboración nace de intereses puramente prácticos y conlleva algún intercambio material o transacción económica (ejemplo: compra de armas, explosivos, documentación falsa, etc.,) por parte de los terroristas a grupos criminales, lo que por otra parte, es un recurso bastante frecuente, al carecer de las capacidades u oportunidades necesarias para obtenerlos por sus propios medios.

No obstante, el modo más habitual de cooperación consiste en simples transacciones comerciales que permiten a los terroristas aprovechar los contactos de las organizaciones criminales en los mercados ilegales donde circulan materiales o productos necesarios para su actividad (sobre todo armas y explosivos) o aprovechables como moneda de cambio para otras transacciones ilícitas (como ocurre con la droga, diamantes, etc.)[15].


Además de suministrarles bienes ilícitos, las organizaciones criminales también pueden facilitar a los terroristas el acceso a refugios o rutas que permiten el traslado clandestino de unos países a otros o prestarles servicios especializados, como la falsificación de documentos, la transferencia y el blanqueo de fondos ilegales o el soborno a funcionarios públicos. Por su parte, la lista de productos y servicios que los terroristas pueden ofrecer a los grupos de crimen organizado también es variada como por ejemplo, la protección a cultivadores y traficantes de drogas y a los buscadores ilegales de diamantes y otros minerales, etc. Estos intercambios han consistido en contactos, transacciones e intercambios esporádicos pero si fueran necesarios o una opción particularmente fructífera, cabe la posibilidad de que los grupos de crimen organizado y terroristas acuerden alianzas temporales. Finalmente existe la posibilidad de asociaciones de larga duración de tipo parasitario o simbiótico[16].


La participación de un terrorista en actividades delictivas y/o relaciones criminales no es una constante sino solamente una opción

Por ello, la probabilidad de que un terrorista convencional que se involucre en actuaciones o alianzas delictivas, las abandone o se abstenga de ellas vendrá determinada, por factores de capacidad, oportunidad y motivación[17]; mientras que los dos primeros (capacidad y oportunidad) son esencialmente objetivos, el tercero (motivación) es más bien subjetivo.


En otro orden de cosas se puede señalar que algunas de las capacidades o competencias básicas asociadas a la actividad terrorista son aprovechadas para la comisión de cierta clase de delitos. La costumbre de operar en forma clandestina, el potencial de violencia y la falta de escrúpulos a la hora de emplear la fuerza concede a los terroristas una evidente ventaja a la hora de acometer ciertas prácticas delictivas como extorsiones, robos, secuestros y de impedir que éstas trasciendan a la luz pública. En cambio, la posibilidad de involucrarse en actividades delictivas más complejas y sofisticadas o ajenas al uso de la fuerza queda supeditada a la disponibilidad de capacidades o habilidades específicas para su desarrollo. Algunas serán más accesibles a grupos terroristas que cuenten entre sus filas con individuos procedentes del mundo criminal y que mantengan contactos en dicho ámbito, los cuales suelen resultar imprescindibles para introducirse en los mercados relacionados con tráficos ilícitos.


Asimismo, las grandes estructuras terroristas, dotadas de una militancia heterogénea, potentes aparatos de captación y reclutamiento y amplias bases sociales de apoyo, también tienen más opciones de incorporar personas con la experiencia o formación necesarias para realizar delictivas especializadas, ya sean la falsificación de documentos, la realización de estafas a través de internet o las operaciones financieras de blanqueo de capitales. La ausencia de capacidades requeridas para el desarrollo independiente de algunas actividades ilícitas puede ser compensada mediante la cooperación con ciertos agentes criminales especializados: falsificadores, cultivadores y productores de droga, traficantes y contrabandistas, estafadores, ladrones, etc.


No debemos olvidar que la participación en actividades delictivas también es cuestión de oportunidad, puesto que, no todos los escenarios y circunstancias son igualmente propicias a la acción criminal y al establecimiento de colaboraciones o alianzas delictivas. Tal condicionamiento situacional explica en gran medida por qué la distribución geográfica de los casos de convergencia entre terror y crimen no es igualitaria y alcanza su máxima frecuencia e intensidad en países y regiones menos estables.


Las oportunidades de implicación criminal también pueden variar significativamente en función de otros elementos, como la eficacia de los sistemas de seguridad implantados en los escenarios donde los terroristas operan, el acceso a recursos naturales o bienes que puedan comercializarse en algún mercado ilegal o la presencia de actores delictivos en esos mismos escenarios. Por otra parte, la implicación criminal únicamente tendrá lugar cuando exista una motivación directa a su favor. Podemos suponer que en cualquiera de los casos se tratará de una motivación instrumental dependiente de la utilidad que los mismos actores terroristas atribuyan a su participación en actividades o relaciones delictivas. En concreto, la principal utilidad o función que puede rendir la comisión de acciones delictivas características de la delincuencia menor y organizada radica en la obtención de recursos económicos y/o materiales aprovechables para satisfacer las exigencias planteadas por la actividad terrorista.


Ciertamente, el coste de las actividades terroristas[18] es relativamente modesto, y lo mismo puede decirse de la inversión requerida por la mayoría de las operaciones terroristas convencionales. Sin embargo, los grupos y organizaciones terroristas con voluntad de continuidad deben afrontar toda una amplia variedad de gastos[19], obviamente la cantidad de recursos económicos de los que disponga una organización terrorista determina su capacidad de actuación y por tanto su peligrosidad.


Por último la participación en ciertos negocios y actividades ilícitas particularmente rentables puede permitir la acumulación de suculentos beneficios económicos que superen con creces la cuantía necesaria para cubrir sus requerimientos operativos y organizativos, ofreciendo a los terroristas la oportunidad de convertir su actividad en un medio de vida y un lucrativo negocio. Además de aportar ingresos, otras formas de implicación criminal también relacionadas con la financiación del terrorismo se orientan a mover o transferir fondos o blanquearlos o incluso incrementarlos.


Finalmente, hay que recordar que además de proporcionar dinero o beneficios económicos la implicación de elementos terroristas en actividades criminales puede rendir otros servicios, principalmente de tipo logístico y relacionado con la obtención de recursos materiales necesarios para el desarrollo de operaciones terroristas o el mantenimiento de estructuras. Por otra parte, la implicación criminal no sólo genera beneficios sino que además entraña riesgos y costes, y es que, a nadie se le escapa que las actuaciones ilícitas por parte de actores terroristas y sus contactos con criminales pueden facilitar su entrada en el radar de las agencias de seguridad e inteligencia, arriesgando con ello la detección de sus militantes, operaciones y estructuras. Asimismo, en caso de que su implicación criminal llegara a trascender, los terroristas se exponen a proyectar una imagen de entidad marginal o “mafiosa” que podría hacerles perder apoyos sociales entre su comunidad de referencia, por ello es necesario plantearse que si resultan cuantiosos los beneficios económicos obtenidos por colaborar con delincuentes profesionales también lo es el alto riesgo que supone para los grupos terroristas, sobre todo si se tiene en consideración su capacidad para corromper a algunos de sus militantes y erosionar su compromiso ideológico. Por su parte, al prestarse a cooperar con terroristas, sus socios criminales no sólo arriesgan el descubrimiento de sus negocios ilegales sino también el control de los mismos, además de afrontar un posible aumento de la presión judicial y policial sobre ellos impuesta y castigos más severos a sus actividades.


Para finalizar, a lo anterior cabría añadir algunos costes en sentido estricto que se derivan de la implicación criminal, como por ejemplo, el tiempo, energía y recursos que dicha implicación pueda consumir y que serán detraídos de su empleo en otras tareas directamente relacionadas con la actividad terrorista. Las expectativas sobre tales riesgos y costes explican las razones por las que muchos terroristas que no encuentran alternativa a la implicación criminal para financiar su actividad se decantan por la comisión de delitos de pequeña escala y eviten entrar a colaborar o competir con otras estructuras criminales.


Los cálculos que cualquier actor terrorista realice para determinar la conveniencia de implicarse o continuar su participación en actividades o relaciones criminales conllevará una evaluación conjunta de beneficios/servicios, riesgos y costes. En términos generales los terroristas suelen estar menos dispuestos que otros agentes criminales a arriesgar su seguridad a cambio de mayores beneficios económicos. Por este motivo, y dada la importancia de los riesgos y costes especificados, cabe suponer que un terrorista sólo estará suficientemente motivado para implicarse en actividades o relaciones delictivas bajo las dos condiciones siguientes:

  • De necesidad: cuando la implicación criminal permita resolver una necesidad económica o logística que no pueda ser plenamente satisfecha de otra manera

  • De ventaja suficiente: cuando aun pudiendo cubrir las exigencias materiales mínimas para desarrollar la propia actividad terrorista el actor anticipe que la implicación criminal podría depararle alguna ventaja sustantiva, sin exponerle a coses o riesgos que pudieran resultar inasumibles.

La distinción entre una motivación fundada en la necesidad y otra inspirada en las ventajas atribuidas a la implicación criminal es relevante porque tiene intensidades diferentes y varían en su interacción con los factores de capacidad, oportunidad y riesgo.



Referencias:

[1] Para profundizar en esta cuestión ver Frank Bovenkerk y Bashir Abou Chakra, “ Terrorism and Organized Crime”, Forum on Crimen on Society, 4 1-2, 3-16, 2004


[2] Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Resolución 1373 (2001), 28/9/2001. Disponible en: http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=S/RES/1373(2001)


[3] Disponible en: https://www.unodc.org/pdf/cld/TOCebook-s.pdf


[4] Disponible en: http://www.lamoncloa.gob.es/documents/seguridad_1406connavegacionfinalaccesiblebpdf.pdf


[5] Tamara Makarenko, Europe´s Crimen-Terror Nexus: Links between terrorist and organized crime groups in the European Union, Parlamento Europeo, Bruselas, 2012. Disponible en: http://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/etudes/join/2012/462503/IPOL-LIBE_ET(2012)462503_EN.pdf


[6] Instituto Nacional de Justicia, oficina de programas de justicia del departamento de justicia de EE.UU “Métodos y motivaciones: investigación sobre las relaciones entre el crimen organizado transnacional y el terrorismo internacional” junio 2005 https://www.ncjrs.gov/pdffiles1/nij/grants/211207.pdf


[7] De la Corte Ibáñez, Luis, ¿Hasta qué punto convergen el terrorismo global y la criminalidad organizada?: Parámetros generales y escenarios críticos. En Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, nº 1/2013


[8] Afganistán produce el 90 por ciento de las reservas de opiáceos ilícitos en el mundo. El comercio de opiáceos es la principal fuente de ingresos de los talibanes. Según estimaciones de Naciones Unidas, en 2014 la producción de opio generó alrededor de 2800 millones de dólares. Los talibanes controlan esta fuente de riqueza, cobrando entre un 10 y un 20 por ciento sobre su cultivo, transporte y exportación

http://www.bez.es/611005769/La-produccion-de-opio-es-la-principal-fuente-de-financiacion-de-los-talibanes.html

https://elpais.com/diario/2001/09/23/internacional/1001196007_850215.html


[9] https://elpais.com/elpais/2004/09/14/actualidad/1095149823_850215.html


[10] Esta asociación entre Al Qaeda y el mercado de diamantes piedras preciosas se ha confirmado por la mayoría de autores de la literatura pero proviene fundamentalmente de artículos en el Washington Post de Doug Farah, Wall Street Journal, un documental de la BBC, un informe de la ONG Global Witness e informes públicos procedentes de un tribunal especial en Sierra Leona, y en ningún caso aportan fuentes de información propias sino que se citan mutuamente.


[11] Desde 2014, la organización terrorista se ha apoderado de unas 121 oficinas de bancos estatales y privados en las provincias iraquíes de Nínive (norte), Salah al-Din (centro), Diyala (este) y Al-Anbar (oeste). Fue precisamente en este año 2014, cuando tomaron Mosul, cuando los radicales robaron de su Banco Central enormes cantidades de dinero en efectivo, así como lingotes de oro por un total de 500 millones de dinares (429 millones de dólares). http://www.hispantv.com/noticias/irak/349867/daesh-estado-islamico-bancos-robo-mosul


[12] http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/operaciones-policiales-contra-el-terrorismo-yihadista-en-espa%C3%B1

http://www.elmundo.es/elmundo/2002/07/16/espana/1026831614.html


[13] Bitcoin es una moneda, como el euro o el dólar estadounidense, que sirve para intercambiar bienes y servicios. Sin embargo, a diferencia de otras monedas, Bitcoin es una divisa electrónica que presenta novedosas características y destaca por su eficiencia, seguridad y facilidad de intercambio.

Su mayor diferencia frente al resto de monedas, se trata de una moneda descentralizada, por lo que nadie la controla. Bitcoin no tiene un emisor central como los dólares o los euros.


[14] Un ejemplo puede ser la organización terrorista filipina Abu Sayyaf, que a pesar de haber sido un movimiento separatista radical musulmán, tras producirse la muerte de su primer líder, Abdurajak Janjalani, en el año 1998, esta organización inició una nueva fase centrada en el secuestro y cobro de rescates, además de involucrarse en algunas operaciones de tráfico de drogas y falsificación de moneda, convirtiéndose de esta manera en un simple grupo criminal.


[15] Diversas organizaciones criminales europeas y euroasiática, principalmente de Italia, los Balcanes y el Cáucaso, han servido armas y explosivos(la mayoría procedentes de los arsenales de la antigua URSS y parte de Asia central) a grupos terroristas europeos, incluyendo ETA y el IRA, palestinos, norteafricanos y asiáticos, a menudo con la mediación de traficantes de armas de Europa occidental.


[16] Un ejemplo que se ajusta a este tipo de relación provienen de la colaboración entre terroristas y narcotraficantes en Iberoamérica, África y Asia.


[17] Este modelo explicativo está tomado del profesor Luis de la Corte Ibáñez


[18] Una de las cuestiones que más llama la atención al estudiar aspectos de financiación del terrorismo, es el escaso coste que suponen los actos terroristas. En el caso del 11 de septiembre, el informe de la comisión de investigación de los atentados calculó su coste entre 400.000 y 500.000 dólares en dos años. Otros ejemplos de ataques terroristas en los que se ha calculado el coste nos muestran la escasa financiación que requiere su preparación y ejecución comparativamente con el daño que provocan estos atentados de gran magnitud: el primer atentado del World Centre costó menos de 19.000 dólares, atentado de Bali se calcula que costó 20.000 dólares, atentado en Kenya y Tanzania, 50.000 dólares, Estambul, 40.000 dólares, atentado de Madrid 11 M, 100.000 dólares (Passas, N, y Giménez-Salinas, 2008)


[19] En primer lugar, esos costes incluyen los que se derivan de la preparación y ejecución de atentados y la adquisición de todos los medios y equipamientos necesarios para ello: armas y explosivos, vehículos, documentos, costes de traslado y viajes, dispositivos tecnológicos de comunicación, informáticos, etc. A ellos hay que agregar los gastos relacionados con la creación y mantenimiento de las estructuras operativas y de apoyo. Aquí entran o pueden entrar los que se destinan al sustento de los propios militantes, a las labores de captación y reclutamiento de nuevos integrantes o adiestramiento y propaganda entre otros

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