Convergencia entre terrorismo y crimen organizado

Actualizado: jun 23

Está sobradamente constatado el vínculo entre las organizaciones terroristas y los grupos mafiosos o narcotraficantes


A pesar de la relación sobradamente comprobada entre grupos terroristas y organizaciones mafiosas, aún se considera hipótesis. La existencia de vínculos sustantivos entre terrorismo y otras modalidades de actuación criminal como el crimen organizado ha sido contemplada con escepticismo (1). No es una cuestión novedosa porque la misma se apuntaba ya en la Resolución 1373 de la ONU (2), aprobada poco después de producirse los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.


Posteriormente, en 2004, en la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional, se volvía a mostrar una honda preocupación por los crecientes vínculos entre el terrorismo y el crimen organizado, exhortando a todos los Estados a que lo reconocieran igualmente. Un año después, con motivo de la celebración del undécimo Congreso de la ONU sobre la Prevención del Delito y Justicia Penal en Tailandia, se planteaba de nuevo, con creciente inquietud, la misma cuestión.


En España, en 2017, se aprobó la Estrategia de Seguridad Nacional, donde se volvía a incidir en la constatación de los vínculos cada vez más estrechos entre grupos criminales y terroristas y la amenaza que suponen ambos fenómenos para la seguridad nacional.


En un informe específico encargado por el Parlamento Europeo en el año 2012 se sacaba “a la luz” la estrecha relación entre terrorismo y delincuencia organizada

Han sido numerosos los analistas que han puesto el foco de atención en las conexiones entre terrorismo y crimen organizado, llegando a la conclusión de que la interacción entre ambos ha crecido de una forma exponencial y compleja y cuya convergencia puede introducir cambios en la naturaleza de las entidades o grupos que la protagonizan, así como en sus actividades. En este sentido, siguiendo al profesor Luis de la Corte (2) se pueden señalar tres escenarios posibles de convergencia:

  • La participación de terroristas en actividades criminales

  • Las transformaciones e hibridaciones

  • La cooperación entre organizaciones criminales y grupos terroristas

Pues bien, la primera de ellas, también denominada “convergencia por apropiación de métodos”, es la forma más básica y tiene lugar cuando grupos u organizaciones terroristas se involucran en actividades típicas de la criminalidad organizada, principalmente para satisfacer necesidades logísticas o de financiación.


Dentro del conjunto de actividades delictivas en las que se involucran los grupos terroristas tenemos las siguientes:

  • Narcotráfico.- Dentro de esta actividad ilícita podemos distinguir varios niveles de actuación: por una parte tenemos el narcotráfico desarrollado a gran escala por organizaciones terroristas tales como los Talibán (3) y otros grupos yihadistas con presencia en Afganistán y Pakistán (por ejemplo, la red Haqqani) o de Asia Central (MIU, Movimiento Islámico de Uzbequistán, adherido al ISIS) y a pequeña escala, como por ejemplo el trapicheo que realizaba Jamal Ahmidan, uno de los autores de los atentados del 11 de marzo de 2004 de Madrid.

  • Otros tráficos ilícitos.- Según algunas informaciones, la organización Al Qaeda pudo haber recurrido al mercado negro de oro y de piedras preciosas para conseguir fondos, ocultar parte de su dinero, blanquear beneficios de origen ilícito y convertir sus fondos en metálico en objetos que mantuvieran su valor y fueran fácilmente transportables. Aunque el informe de la comisión sobre el 11 S niega haber encontrado evidencias a ese respecto, algunos expertos siguen dando credibilidad a la acusación que atribuye a la red Al Qaeda su implicación en operaciones de compra y venta de diamantes. Otro importante producto traficado por los yihadistas es el tabaco; la implicación de AQMI en el contrabando de cigarrillos es bastante conocida, pero no es la única organización que se lucra con esta actividad ilegal. Finalmente el tráfico de seres humanos es otro lucrativo negocio al que se dedican, varios grupos terroristas.

  • Robos.- Pudo demostrarse que Yemma Islamiyya obtuvo del robo a varios bancos el dinero necesario para sufragar su ataque terrorista el 12 de octubre de 2002 en la isla de Bali. Los talibán de Pakistán también han participado en varios robos a oficinas bancarias. El Estado Islámico, por su parte, también ha hecho lo propio (4). Las redes yihadistas implantadas en España a partir de finales de la década de 1990 han recurrido al robo de tarjetas de créditos como uno de sus medios de financiación. Este mismo patrón delictivo, junto con el robo y posterior venta de otros pequeños artículos tales como teléfonos móviles, dispositivos GPS o relojes ha sido identificado en las células yihadistas establecidas en otros países europeos.

  • Falsificación de documentos.- Dado que esta actividad cubre una de las principales necesidades logísticas de los grupos y organizaciones terroristas, no es extraño que aquellas incorporen individuos procedentes del mundo criminal que cuenten con una experiencia previa como falsificadores.

  • Secuestros.- Los secuestros de los que obtener un rescate constituye una modalidad de financiación recurrente en la historia general del terrorismo, también en la de algunos actores regionales o locales asociados al terrorismo global.

  • Extorsión frente a protección.- El uso de la intimidación y la amenaza, como medio para cobrar sumas puntuales o regulares de dinero, es un viejo método criminal. Por ejemplo, la agresión y amenaza con propósitos extorsivos a comerciantes y profesionales de diverso nivel se ha convertido en una práctica generalizada entre los grupos terroristas establecidos en diferentes provincias y áreas de Pakistán: desde las regiones tribales, limítrofes con Afganistán, hasta las provincias más desarrolladas del Punjab y Sindh. Las victimas habituales de dicha extorsión son comerciantes y profesionales de diversa índole.

  • Creación de estructuras de empresas tapaderas o pantalla.- La ocultación del dinero procedente de actividades ilícitas y su confusión con dinero legal, son requisitos básicos para la acumulación de beneficios por parte de organizaciones criminales. La creación de empresas orientadas a ese fin es un recurso tradicional de la criminalidad organizada, aunque también ha servido para ocultar el movimiento de fondos destinado a sufragar acciones terroristas.

  • Otros ilícitos.- Existen evidencias que demuestran la participación en algunas operaciones de cibercrimen. Desde hace años usan tarjetas prepago que se pueden cargar y que no son nominativas o incluso también la moneda virtual bitcoin (5) están siendo instrumentos eficaces para llevar a cabo actividades dirigidas a la financiación del terrorismo.

La red Haqqani, de la que hablo al referirme al narcotráfico, se cree ha incluido en su entramado al recientemente creado grupo yihadista Hezb-e Walayat-e Islami (Partido de la Guardia Islámica). La aparición de esta nueva organización terrorista involucra a Irán, según algunos analistas, ya que comparte frontera con Afganistán y siempre se ha sospechado de la existencia de campamentos de adiestramiento en suelo iraní.


La ONU señala el grupo anterior como excesivamente radicalizado y contrario al acuerdo de paz que estudian los talibanes y Estados Unidos para el estado afgano, siendo su objetivo reinstaurar el régimen taliban de la segunda mitad de los 90, el que dio refugio a Ben Laden.


La Red Haqqani nació, como Al-Qaeda, durante la guerra de Afganistán contra los soviéticos en los años 80, aliándose a los talibanes la década posterior. Sus atentados continuos, principalmente en la capital, Kabul, la convierten en una peligrosa organización de la que se ha creído que recibía fondos procedentes de Pakistán y Arabia Saudí, pero que ante el recorte de los mismos han optado por un acercamiento a Irán.



Cooperación entre organizaciones criminales y grupos terroristas

Muchos terroristas actuales se financian mediante actividades delictivas

Se puede dar de dos formas diferentes: la primera tiene lugar cuando un grupo criminal decide prestar apoyo a una estructura terrorista, por motivos de afinidad ideológica o religiosa. La segunda forma de colaboración nace de intereses puramente prácticos y conlleva algún intercambio material o transacción económica (ejemplo: compra de armas, explosivos, documentación falsa, etc.,) por parte de los terroristas a grupos criminales, lo que por otra parte, es un recurso bastante frecuente, al carecer de las capacidades u oportunidades necesarias para obtenerlos por sus propios medios.


El modo más habitual de cooperación consiste en simples transacciones comerciales que permiten a los terroristas aprovechar los contactos de las organizaciones criminales en los mercados ilegales donde circulan materiales o productos necesarios para su actividad (sobre todo armas y explosivos) o aprovechables como moneda de cambio para otras transacciones ilícitas (como ocurre con la droga, diamantes, etc.).


Además de suministrarles bienes ilícitos, las organizaciones criminales también pueden facilitar a los terroristas el acceso a refugios o rutas que permiten el traslado clandestino de unos países a otros o prestarles servicios especializados, como la falsificación de documentos, la transferencia y el blanqueo de fondos ilegales o el soborno a funcionarios públicos. Por su parte, la lista de productos y servicios que los terroristas pueden ofrecer a los grupos de crimen organizado también es variada como, por ejemplo, la protección a cultivadores y traficantes de drogas y a los buscadores ilegales de diamantes y otros minerales, etc. Estos intercambios han consistido en contactos, transacciones e intercambios esporádicos pero si fueran necesarios o una opción particularmente fructífera, cabe la posibilidad de que los grupos de crimen organizado y terroristas acuerden alianzas temporales.


La participación de un terrorista en actividades delictivas y/o relaciones criminales no es una constante sino solamente una opción

Por ello, la probabilidad de que un terrorista convencional que se involucre en actuaciones o alianzas delictivas, las abandone o se abstenga de ellas vendrá determinada, por factores de capacidad, oportunidad y motivación, como indica el profesor Luís de la Corte Ibáñez; (Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la UAM) mientras que los dos primeros (capacidad y oportunidad) son esencialmente objetivos, el tercero (motivación) es más bien subjetivo.


En otro orden de cosas se puede señalar que algunas de las capacidades o competencias básicas asociadas a la actividad terrorista son aprovechadas para la comisión de cierta clase de delitos. La costumbre de operar en forma clandestina, el potencial de violencia y la falta de escrúpulos a la hora de emplear la fuerza concede a los terroristas una evidente ventaja a la hora de acometer ciertas prácticas delictivas como extorsiones, robos, secuestros y de impedir que éstas trasciendan a la luz pública. En cambio, la posibilidad de involucrarse en actividades delictivas más complejas y sofisticadas o ajenas al uso de la fuerza queda supeditada a la disponibilidad de capacidades o habilidades específicas para su desarrollo. Algunas serán más accesibles a grupos terroristas que cuenten entre sus filas con individuos procedentes del mundo criminal y que mantengan contactos en dicho ámbito, los cuales suelen resultar imprescindibles para introducirse en los mercados relacionados con tráficos ilícitos.


Asimismo, las grandes estructuras terroristas, dotadas de una militancia heterogénea, potentes aparatos de captación y reclutamiento y amplias bases sociales de apoyo, también tienen más opciones de incorporar personas con la experiencia o formación necesarias para realizar ciertas actividades delictivas como falsificación de documentos, realización de estafas a través de internet u operaciones financieras de blanqueo de capitales.


Las oportunidades de implicación criminal también pueden variar significativamente en función de otros elementos, como la eficacia de los sistemas de seguridad implantados en los escenarios donde los terroristas operan, el acceso a recursos naturales o bienes que puedan comercializarse en algún mercado ilegal o la presencia de actores delictivos en esos mismos escenarios. Por otra parte, la implicación criminal únicamente tendrá lugar cuando exista una motivación directa a su favor. Podemos suponer que en cualquiera de los casos se tratará de una motivación instrumental dependiente de la utilidad que los mismos terroristas atribuyan a su participación en actividades delictivas.


Ciertamente, el coste de las actividades terroristas es relativamente modesto, y lo mismo puede decirse de la inversión requerida por la mayoría de las operaciones terroristas convencionales. Sin embargo, la cantidad de recursos económicos de los que disponga una organización terrorista determina su capacidad de actuación y por tanto su peligrosidad.



Referencias:

  1. Para profundizar en esta cuestión ver Frank Bovenkerk y Bashir Abou Chakra, “ Terrorism and Organized Crime”, Forum on Crimen on Society, 4 1-2, 3-16, 2004

  2. De la Corte Ibáñez, Luis, ¿Hasta qué punto convergen el terrorismo global y la criminalidad organizada?: Parámetros generales y escenarios críticos. En Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, nº 1/2013

  3. Afganistán produce más del 90 por ciento de las reservas de opiáceos ilícitos en el mundo. Dicho comercio es la principal fuente de ingresos de los talibanes. Según estimaciones de la ONU, en 2018 la producción de opio generó alrededor de 24.000 millones de dólares. Los talibanes controlan esta fuente de riqueza, cobrando entre un 10 y un 20 por ciento sobre su cultivo, transporte y exportación

  4. Desde 2014, la organización terrorista se ha apoderado de unas 121 oficinas de bancos estatales y privados en las provincias iraquíes de Nínive (norte), Salah al-Din (centro), Diyala (este) y Al-Anbar (oeste). En 2014, cuando tomaron Mosul, los radicales robaron de su Banco Central enormes cantidades de dinero en efectivo, así como lingotes de oro por un total de 500 millones de dinares (429 millones de dólares).

  5. Bitcoin es una moneda electrónica que presenta novedosas características y destaca por su eficiencia, seguridad y facilidad de intercambio. Su mayor diferencia frente al resto de monedas es que está descentralizada, por lo que nadie la controla. Bitcoin no tiene un emisor central como los dólares o los euros.

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