17-A: Los atentados en Cataluña de 2017 (I)

Actualizado: 26 de dic de 2019

El 17 de agosto del año pasado el terrorismo sacudió a Cataluña de modo atroz; un año después, continúan los cruces de acusaciones y los misterios en torno a los atentados.

16 de agosto de 2017, 23:30 horas; una gran explosión aterroriza a todos los vecinos de la urbanización Montecarlo, en la localidad de Alcanar, muy próxima a la playa. Es una zona muy tranquila, por lo que no intuyen que el estallido pueda deberse a la errónea manipulación de bombas caseras. Los propietarios del chalet siniestrado son ciudadanos franceses que no lo habitan desde hacía tiempo, por lo que los terroristas lo escogen seguramente tras comprobar que en efecto no solo está vacío, sino que no se contempla que los dueños aparezcan por esas fechas. Evidentemente, debieron realizar un trabajo de investigación previo, pues teniendo en cuenta lo que se proponían no podían arriesgarse a ser sorprendidos en cualquier momento por los propietarios de la vivienda. Así que preguntarían al vecindario o personas que frecuentaran la zona o bien obtuvieron la información por otras vías, pero sabían a ciencia cierta que la casa estaba deshabitada y que lo seguiría estando con toda probabilidad durante algún tiempo. Es una urbanización en condiciones precarias, con calles sin asfaltar por lo que los dueños de los chalets los tienen como inversión; algunos los alquilan a turistas por el verano, pero muchas viviendas permanecen deshabitadas por lo que acaban siendo ocupadas de forma ilegal, sobre todo por inmigrantes.


La célula terrorista ya tenía un lugar donde fabricar sus mortales artefactos explosivos con los que pretendían sembrar el pánico en alguna ciudad europea. Barajaron varias opciones: París, Barcelona o alguna otra localidad costera del Mediterráneo español. Se supo por la investigación posterior tanto ese detalle como que su objetivo era algún lugar muy concurrido, principalmente una discoteca veraniega castigando así a la sociedad occidental que los radicales islamistas consideran depravada. Finalmente atentarían en Barcelona y el municipio de Cambrils, en la Provincia de Tarragona, con el saldo de 16 muertes y decenas de heridos. Pero no usaron las bombas que fabricaron en Alcanar ya que el chalet que habían ocupado saltó por los aires, literalmente, al explosionar esos artefactos caseros erróneamente manipulados, afectando la deflagración a media docena de casas próximas, tal fue la magnitud de la explosión. Varios de los terroristas mueren en el interior del chalet siniestrado, incluido su líder.


Es el mes de agosto y Barcelona recibe a multitud de visitantes que admiran sus rincones pintorescos e históricos siendo las Ramblas una de las visitas preferidas para cualquier turista. La hora es idónea: en torno a las cinco de la tarde, cuando las terrazas están repletas de personas que se han sentado a tomar un café o un helado o andan por las calles entrando y saliendo de los numerosos establecimientos comerciales. Un miembro de la célula terrorista conduce una furgoneta alquilada el día antes; se trata de Younes Abouyaaqoub que, con evidente sangre fría y maldad absoluta, se introduce por la parte central del paseo, que es peatonal, arremetiendo contra todo el que ve delante haciendo eses con la furgoneta para abarcar a más posibles víctimas. Una vez llega al final del paseo, el criminal baja con total tranquilidad y se dirige a pie a la zona universitaria donde halla a Pau Pérez junto a su vehículo, al que apuñala causándole heridas mortales llevándose su coche, con Pau en su interior herido de muerte y logrando el asesino huir de Barcelona. Atrás ha dejado a decenas de personas muertas o heridas, incluida la niña Elisabet Carig que con el pánico desatado perdió a su madre, siendo arrollada por la furgoneta sin contemplaciones de ningún tipo. O Xavi, otro niño que igualmente perdió su vida junto a su tío, Francisco López, a los que sorprendió el terrorista, como a los demás viandantes.


306 personas presentaron expedientes al Ministerio del Interior de España por secuelas físicas y psicológicas de las que solo se han reconocido a 68 a quiénes han subvencionado ayudas por valor de 9,3 millones de euros (no olvidemos que en la urbanización Montecarlo, donde explotó la casa ocupada por los terroristas, se produjeron múltiples daños materiales en varias casas cercanas e incluso hubo dos heridos). Sin embargo, la Unidad de Atención y Valoración a los Afectados por Terrorismo (UAVAT), creada tras los atentados, atendió a casi un centenar de personas. El Ministerio ha reconocido a los medios que aún quedan muchas personas por valorar sus heridas físicas, lo que es difícilmente comprensible por las víctimas, cuando ya ha transcurrido un año de los ataques terroristas. No entienden la lentitud administrativa ante algo tan devastador para los afectados. Como tampoco entendieron varios familiares que transcurrieran hasta cuatro días hasta que pudieron ver el cadáver de su pariente, como sucedió con Pau Pérez, el joven asesinado por Younes tras el ataque en las Ramblas.


Los compinches de Younes se dirigieron a Cambrils donde pretendían repetir la acción de su colega en el paseo marítimo de la localidad; se trataba de Moussa Oukabir, Said Aallaa, Mohamed Hichamy, Omar Hichamy y El Houssaine Abouyaaqoub. Una vez en el lugar escogido, salieron del vehículo en el que circulaban tras haber atropellado a Alicia Suárez, que junto con su familia regresaban de una heladería próxima. No contentos con el atropello, bajaron del vehículo y atacaron con cuchillos y un hacha a cuantos encontraban a su paso, siendo la primera víctima la hermana de Alicia, Ana Suárez, quien murió después en el Hospital. En esta ocasión, los agentes de policía, alertados por lo que había sucedido en Barcelona tan solo unas horas antes, llegaron enseguida al paseo marítimo abatiendo a los terroristas, que portaban lo que parecían a simple vista chalecos explosivos, que después se comprobaría eran falsos. Este último detalle no termina de comprenderse, salvo desde la óptica desquiciada de un asesino en serie: ¿querían los miembros de la célula suicidarse a sabiendas de que en el momento en que los agentes les vieran los chalecos les dispararían? O tal vez pretendían asustar a la Policía amenazando con detonar dichos chalecos si no les dejaban huir. De ser así hubieran supuesto una especie de “seguro de vida”, artificio que evidentemente no funcionó, puesto que serían abatidos de inmediato, en previsión de que cometieran una segunda matanza como ya había hecho Younes en Barcelona, el cual seguía en paradero desconocido, y así continuó durante otros tres días más.

Una vez se produjo el ataque en Las Ramblas, los miembros de la célula que marcharon a Cambrils quemaron sus pasaportes en una casa abandonada en el municipio de Riudecanyes (Provincia de Tarragona), colocándose tres de ellos pañuelos rojos como señal de que estaban dispuestos a morir en combate – Moussa Oukabir, El Houssaaine Abouyaaquob y Said Aalla –; se ignora por qué los otros dos no se los pusieron – Mohamed Hichamy y Omar Hichamy –. Lo del pañuelo rojo es en alusión al guerrero compañero de Mahoma, Abu Dujana, a quién se conocía en tiempos del Profeta como «el guerrero del pañuelo rojo», ya que siempre se lo ponía antes de entrar en combate.


Finalmente, en la localidad de Subirats, en la Provincia de Barcelona, sería detectado y abatido Younes, quién había deambulado por varias localidades sobreviviendo de lo que hallaba en los cubos de basura (se sabe gracias a las videocámaras de seguridad que le identificaron) y escondiéndose al paso de las patrullas policiales que le buscaban. Con él, la mal llamada célula de Ripoll había sido desmantelada – los medios, para facilitar el tratamiento posterior de la noticia, identifican a las células terroristas con los municipios donde residían; por ejemplo, la célula de Hamburgo con respecto al macroatentado del 11-S o la célula de Leganés, respecto al 11-M, en 2004; los analistas acabamos haciendo lo mismo, en los estudios sobre contraterrorismo, pero lo cierto es que es una mala praxis, porque no debe identificarse a esas ciudades con dichos asesinos –. Se ha señalado como líder al que ejerció como imam de un oratorio musulmán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, quien murió en Alcanar, con motivo de la explosión del chalet, junto a Yousseff Aalla – los dos encarcelados en España son Mohamed Houli Chemlal y Driss Oukabir –.


Según ha trascendido a los medios, del sumario del caso, los terroristas se hicieron fotografías junto a edificios muy conocidos que pudieron haber sido barajados como posibles objetivos, tales como la Sagrada Familia, uno de los monumentos más visitados del Mundo, pudiendo haber pensado también en el Camp Nou, el estadio de fútbol del Barcelona F.C., con capacidad para casi 100.000 espectadores. Gracias a la pormenorizada inspección de los restos del chalet siniestrado en Alcanar, donde prepararon sus fallidas bombas la célula terrorista, se halló un teléfono móvil que usó alguno de sus miembros para buscar discotecas y eventos festivos en el litoral mediterráneo, concretamente en las ciudades de Barcelona, Sitges, Lloret de Mar, en la Provincia de Gerona o Benicassim, en la Comunidad Valenciana. Llamó la atención de los investigadores las búsquedas de locales gays, creyendo que se planteasen atentar contra alguno de ellos, como hizo otro yihadista en la ciudad de Orlando (Estado de Florida), Omar Siddique Mateen, quién abrió fuego indiscriminadamente en una conocida discoteca gay, matando a 50 personas e hiriendo a otras 53, tan solo un año antes de los atentados de Cataluña.


En el chalet de Alcanar se encontró un ejemplar de un libro de Ahmad Ibn Taymiyah, quién vivió en Egipto en el siglo XIII, siendo uno de los principales inspiradores del salafismo actual. Si ya de por sí es extremista su doctrina, los grupos yihadistas lo han reinterpretado a su antojo.

Lo lamentable, después de los atentados, ha sido la actuación de las autoridades y la descoordinación de las Fuerzas de Seguridad que llevaron a cabo la investigación. En varios medios se publicó que algunos altos cargos de la Policía de Cataluña viajó a Estados Unidos, dos meses antes de los ataques. Diferentes partidos de la oposición política en el Parlamento catalán han pedido explicaciones al respecto al actual consejero de Interior del Gobierno Autónomo de Cataluña, pues el que ejercía dicho cargo cuando se produjeron los atentados se encuentra en prisión, Joaquim Forn, por sedición, rebelión y malversación de fondos públicos. Se le pretende preguntar sobre la naturaleza del viaje a EEUU y si las Fuerzas de Seguridad del Estado español recibieron información sobre ello. Y es que se ha criticado que no se reconozca por parte de la Generalitat catalana que los Estados Unidos advirtieron de un posible ataque (lo que niegan las autoridades) y en base a ello que no se colocaran obstáculos físicos que impidieran el acceso de vehículos a las zonas peatonales más transitadas de Barcelona. En la operación de la Guardia Civil sobre la implicación de las instituciones catalanas en la organización de un referéndum ilícito y la instauración de una República independiente en Cataluña, incautaron documentación a la Policía de la Comunidad Autónoma en la que, según varios medios, figuraba una trama institucional de espionaje a la prensa y políticos de la oposición en territorio catalán. Incluso se ha sabido que conocían los antecedentes del líder de la célula terrorista, lo que en su momento negaron. El levantamiento parcial del secreto de sumario y las filtraciones a la prensa han permitido la reconstrucción de lo sucedido en torno a la creación de la célula terrorista y la investigación en torno a la misma.


Preparación del atentado

Los terroristas pretendían atentar contra la Sagrada Familia

La bomba o bombas que prepararon en el chalet de Alcanar, es la conocida como “Madre de Satán”, o peróxido de acetona (TATP) a la que pretendían dotar de mayor potencia utilizando decenas de bombonas de butano (las compraban en diferentes gasolineras, para no llamar la atención, o por Internet, aunque se sospecha que pudiera haberles facilitado algunas un butanero conocido de ellos) junto a otros componentes de cuya adquisición se ocuparon Mohamed Hichamy y Youssef Aalla: acetona, agua oxigenada, bridas y clavos. A pesar de que en algunas fábricas adquirieron grandes cantidades de acetona, a nadie le extrañó, si bien lo cierto es que casi todo lo compraban en establecimientos chinos. También se hicieron con pulsadores para la activación del mecanismo de iniciación de la explosión, bicarbonato, bridas y fundas de almohada que usaron para cubrir los explosivos. El caso es que llegaron a fabricar en torno a 100 kilogramos de TATP. Los investigadores hallaron vídeos de las grabaciones que los propios terroristas efectuaban sobre la fabricación de las bombas, a modo de tutoriales, en los que puede verse a Younes Abouyaaqoub, el autor de la matanza en Las Ramblas, y Youssef Aalla. Éste último dice, en uno de los vídeos: "Este es el veneno que vamos a poner para los enemigos de Alá, para que lo saboreen".


Del análisis posterior de las conversaciones telefónicas mantenidas entre los miembros de la célula se supo que la preparación del o los atentados se hizo con extrema frialdad, celebrando entre ellos lo barato que les salía causar el daño que tenían pensado hacer, pues los componentes de las bombas solo les costó quince euros por artefacto. Esas bombas estaban planeadas no solo para España sino también para Francia. Pero necesitaban financiación para desplazamientos, alojamientos en las ciudades donde atentaran y manutención los días que permanecieran en las mismas por lo que solicitaron créditos exprés por pequeños importes usando identificaciones falsas. Esta estrategia la copiaron de Amedy Coulibaly, quien obtuvo un crédito de 6.000 euros para financiar el atentado de París de enero de 2015 en el que asesinó a un policía y mantuvo cuatro rehenes en un supermercado hasta que fue abatido por las Fuerzas de Seguridad; con ese dinero pagaría el billete de su pareja a Oriente Medio, entregándole el resto al ISIS. Se cree que es una forma de financiarse de quiénes tienen pensado marchar a zonas en conflicto alistándose en organizaciones yihadistas, entregando una vez en las mismas lo que les haya quedado del dinero a dichos grupos terroristas, tras financiar su desplazamiento. Es una asignatura pendiente en la lucha contraterrorista: no inspeccionar los establecimientos que no solo no comprueban posibles identidades falsas sino que dan tarjetas de prepago telefónicas sin comprobar los datos de identidad, a lo que están obligados por Ley. En el caso de la célula de Ripoll, se supo posteriormente que gracias a un par de robos, consiguieron un botín de 16.000 €, parte de ese dinero como abono por la venta de joyas robadas. Éstas últimas solían venderlas en Vinaroz, localidad de la Provincia de Castellón que Es Satty conocía muy bien.


Todos los planes se vinieron abajo en el momento en que estalla el chalet donde fabricaron las bombas lo que, en un primer momento, antes de los ataques en Las Ramblas de Barcelona y Cambrils, los Mossos d’Esquadra señalaron como un posible laboratorio de drogas hasta que los agentes establecen un vínculo con los atentados del 17 de agosto.

Al parecer, el jefe de la célula, Abdelbaki Es Satty, ya había ejercido como imam en una mezquita belga, un año antes que en Barcelona, y los belgas sabían de su radicalismo o sospechaban del mismo. Anteriormente a su estancia en Bélgica, había estado encarcelado en una prisión española durante cuatro años por tráfico de drogas. En la cárcel le visitaron en cuatro ocasiones agentes de los Servicios de Información españoles pero las agencias explicaron recientemente que son visitas rutinarias que realizan a presos de origen árabe como medida preventiva contraterrorista.


Según parece, Es Satty también ejerció como imam en otro oratorio de Villanueva y Geltrú (Provincia de Barcelona), donde algunos individuos han declarado a la prensa que sus discursos eran de contenido extremista (sin embargo, a nadie se le ocurrió denunciarlo entonces o al menos no hay constancia de ello).

Las Provincias por las que se movieron los miembros de la célula buscando posibles objetivos son lugares en los que había vivido el imam de Ripoll, por lo que muy probablemente fue él quien les envió a zonas que conocía bien: Barcelona, Tarragona, Gerona y Castellón. En esta última, un juez paralizó la orden de expulsión de España tras su salida de la cárcel por sus «esfuerzos para integrarse en España» y un «evidente arraigo laboral» teniendo el magistrado como referencia sus cotizaciones a la Seguridad Social durante más de seis años y medio. A dicho juez parece que se le olvidó que de ese período más de cuatro años los pasó en la cárcel. Se da la circunstancia de que en España, casi 12.000 presos cotizan a la Seguridad Social porque trabajan en talleres laborales en prisión pero solo pueden disponer de una cantidad limitada del dinero que cobran para sí mismos en la cárcel, pudiendo enviar el resto a sus familiares. Por ejemplo, si cobran 300 € mensuales, se quedan con 200 para pasar el mes (gastos menores puesto que en prisión no tienen que pagar por la comida, alojamiento, lavandería ni prácticamente nada), pudiendo enviar cien euros a quiénes hayan determinado previamente. Luego, al salir de la cárcel, tienen derecho a subsidio de desempleo o de excarcelación, unos 450 € mensuales. En el caso del imam de Ripoll, líder de una célula yihadista que mató a 16 personas e hirió a otro centenar, podemos imaginar a dónde iba a parar ese dinero.


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Continúa con ATENTADOS EN CATALUÑA (II): CONSECUENCIAS PARA BARCELONA

Por Luís Martín

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