Tensión en Oriente Medio
- 6 jun 2018
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Actualizado: 23 feb
Donald Trump amenaza de nuevo al Régimen de los Ayatolás que gobierna Irán de modo dictatorial y extremista

Lo consiga o no, el presidente de los Estados Unidos aboga por la paz mediando en los conflictos más mediáticos como el de Ucrania o Palestina. También dice que le preocupa que determinadas dictaduras aplasten las libertades cívicas, pero todo es marketing.
Lo cierto es que a Trump le trae al pairo si los iraníes o los venezolanos ven pisoteados sus derechos y libertades por los regímenes autocráticos que gobiernan sus respectivos países.
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Trump es un empresario al que los negocios no terminaban de irle bien por lo que decide meterse en política para salvar su comprometida situación económica. Nadie apostó por él allá por 2016 cuando dijo que se presentaba a la presidencia. Una más de sus excentricidades, pensaba la mayoría de analistas.
Pero sucedió algo que le favoreció. Los otros candidatos iban cayendo uno tras otro por no poder sostener sus campañas electorales o enfrentarse entre ellos de modo absurdo. Así que al final quedaron él y la candidata demócrata Hillary Clinton. Le venció ofreciendo a los obreros de varios Estados con fuertes industrias que lucharía contra la inmigración irregular para que no les arrebataran sus puestos de trabajo, y su mensaje caló.
Trump es un populista que sabe lo que ofrecer al pueblo estadounidense, cumpla sus promesas después o no. No deben estar tan descontentos cuando le reeligieron en 2024, después del paréntesis con Joe Biden.
Para que los Estados Unidos vuelvan a ser grandes, lema de sus campañas políticas, no duda en pactar grandes acuerdos económicos con aquellas naciones que cuenten con importantes reservas minerales e hidrocarburos, como el petróleo. Si no lo ofrecen por las buenas, derroca a su mandatario y problema solucionado. Y puede hacerlo porque las principales potencias petrolíferas son dictaduras.
Basta con ofrecer a gente del entorno del dictador su puesto y serán ellos los que favorezcan la operación que derribará al Régimen o a su díscolo autócrata si no se presta a las exigencias de Trump. Así fue en Venezuela donde los compinches de Maduro no hicieron nada para protegerle cuando el presidente de EEUU envió cazas de combate.
Un comando secuestró al presidente venezolano, se lo llevaron a una cárcel estadounidense y en su lugar Trump colocó a la que era la segunda en el mando en Venezuela. Ésta no ha dudado en hacer cuanto le han pedido desde Washington: sospechoso, ¿verdad?
Con respecto a los regímenes democráticos, la estrategia es distinta: les presiona con aranceles desorbitados. Si no desean que los ciudadanos de estos países les echen del poder en las elecciones por el encarecimiento de todo tipo de artículos, acaban tragando con lo que les exiga Trump.
La Unión Europea, otrora superpotencia mundial, hoy ni sombra de aquello, está tragando con todas las peticiones del inquilino de la Casa Blanca. Incluso les amenazó con quedarse con Groenlandia. Los europeos se asustaron y se comprometieron a reforzar la OTAN con un fuerte contingente militar en la gran isla que en realidad estará constituido por militares norteamericanos. Con lo que la ocupación de Groenlandia se llevará a cabo pero camuflada como misión estratégica de la Alianza Atlántica.
En Ucrania le ha bastado con ser paciente, regañando de vez en cuando (en público, para humillarle) a Zelenski, viendo éste como su popularidad se desploma. Lo más probable es que no salga reelegido para su cargo de presidente y que el nuevo Gobierno ucaniano acabe por aceptar la nueva realidad: la pérdida del Este del País y Crimea, quedando en manos de los rusos.
¿Por qué aceptarán esa situación? Porque Trump le ofrecerá al nuevo presidente recursos para reconstruir el País a cambio de que firme la paz con Rusia. Los ucranianos, hartos de tanta destrucción y muerte, aceptarán ya que a fin de cuentas las regiones perdidas están habitadas por prorrusos. Pero habrá una contraprestación: las "tierras raras" ucranianas de las que se extraen minerales de gran importancia para la tecnología actual.
En Gaza, Trump ha dejado que Israel arrase la Franja Palestina, ofreciendo igualmente a los palestinos la reconstrucción posterior y un futuro esperanzador. Habrá que verlo porque el Gobierno israelí está henchido de orgullo, con lo que Cisjordania teme ser la próxima en los planes de expansión de los judíos ultraconservadores. Aquí Trump no espera sacar nada porque las tierras palestinas poco tienen que ofrecer con lo que no se esmera demasiado en presionar a Israel.
Hasta ahora, los presidentes de los Estados Unidos aceptaban los desmanes israelíes porque el lobby judío-estadounidense tiene una enorme influencia y gran poder económico, pero Trump ha demostrado ser distinto a los anteriores mandatarios. Israel lo sabe por lo que también desconfía pues Donald pudiera hartarse y cargar contra ellos. Tengamos en cuenta que le hace guiños a los grupos ultracristianos que no tragan a los judíos.
Ahora le toca el turno a Irán. Trump aprovechará el descontento popular de la población iraní para justificar una posible intervención militar. Pero lo que de verdad quiere es que el Régimen de los Ayatolás se derrumbe para poder pactar un macroacuerdo con el nuevo Gobierno que permita llevarse cuanto petróleo quiera. Lo mismo que en Venezuela.
Donald Trump le ha dado la espalda al acuerdo sobre el programa nuclear iraní, concluido en 2015 entre Teherán y los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y de Alemania. "Fue un acuerdo horrible y unilateral que nunca debió haberse concluido", dijo el presidente Trump el 8 de mayo, ordenando el restablecimiento de las sanciones de Estados Unidos contra Irán.
Para el mandatario, Estados Unidos estará mucho más seguro con su retiro del acuerdo nuclear con Irán. Pero varios altos cargos militares estadounidenses y expertos en Defensa que siguen defendiendo el acuerdo, como por ejemplo el secretario de Defensa James Mattis que dice haber leído el acuerdo tres veces y lo considera “muy sólido” (aunque Mattis también califica a Irán como el mayor patrocinador del terrorismo del Mundo), así como varios generales del ejército estadounidense aún en actividad.
Por otro lado, en Europa, Emmanuel Macron, Angela Merkel y Theresa May están decididos a preservar este acuerdo con Irán. Como observamos a través de la prensa europea, diversos periódicos apuntan a que Alemania, Francia y Gran Bretaña deben responder a esta afrenta y no unirse a la política de Trump si desean preservar parte de su credibilidad y, sobre todo, garantizar el retorno a la diplomacia tradicional. Vemos también que los medios israelís opinan en gran mayoría que el discurso del presidente Trump del anuncio de la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear de Irán es una victoria retórica para Israel.
En contrapunto, la prensa conservadora iraní trata de ver el lado positivo de la retirada estadounidense. En esta línea, el presidente Rohani respondió a su contraparte estadounidense, anunciando que se iniciarían las negociaciones con los otros signatarios del acuerdo.
Todo esto nos lleva al bombardeo de Israel, el miércoles 9 de mayo de 2018, a más de 50 objetivos militares iraníes en Siria. Una respuesta al lanzamiento de cohetes contra los Altos del Golán unas horas antes por parte de Irán. Estos acontecimientos marcan una escalada significativa poco más de un día después de que Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear con Irán.
Según Israel, el ataque iraní es un fracaso por lo que 16 de los 20 cohetes lanzados no alcanzaron el estado judío. Mientras que la respuesta israelí ha sido la más violenta en Siria desde 1974, con alrededor de 70 objetivos específicos. En esta situación vemos que Rusia tiene un papel clave a jugar. Vladimir Putin, a diferencia de Donald Trump, habla tanto con Tel Aviv como con Teherán para mantener un equilibrio entre las dos partes, siempre y cuando su objetivo de salvar al régimen de Assad no esté en peligro. Ahora queda a esperar que pasará con todas estas tensiones complicando la situación geopolítica cada vez más.



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