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Los rastreadores de la COVID

Actualizado: 30 oct 2020

Son los detectives de la pandemia, el recurso más útil para frenar su propagación hasta que lleguen las vacunas

Dos personas con trajes especiales analizan muestras
Los organismos oficiales se contradicen

La propia OMS (Organización Mundial de la Salud) ya indicó hace cuatro meses que observaba una clara inactividad gubernamental teniendo en cuenta la amenaza que se cernía entonces sobre la humanidad. Lamentablemente, hemos podido comprobar cómo se cumplían sus estimaciones más pesimistas. Aún así, dicen que lo peor está por llegar.


Claro que la propia OMS emitía mensajes contradictorios como no recomendar el uso de la mascarilla en un primer momento, salvo en los casos ya diagnosticados, para pasar después a decir que toda la población debiera usarla, por precaución.


Cada día se supera el dato de la jornada anterior en cuanto a contagiados y defunciones, a escala mundial, pero lo cierto es que aún se puede invertir la marcha de la COVID-19, ahora bien, no solo es responsabilidad de los Gobiernos, también de los ciudadanos a título individual.


Por muchas medidas que se recomienden, si en la práctica diaria se saltan, pensando que podemos burlarnos de la enfermedad o que ésta ya ha pasado, por el hecho de haber bajado el número de casos, entonces estamos irremediablemente abocados al desastre.



Medidas de prevención de cara a la galería

Hombre con mascarilla

Como antes decía, la medida más conocida por la población es el uso de la mascarilla.


Casi todos los ciudadanos tienen ya claro que han de llevarla cuando salen a la calle, pero pareciera haberse convertido en una prenda más de la ropa que ponerse y quitarse a voluntad que una herramienta de protección sanitaria (sin garantías de que se esté renovando las veces que debe hacerse). Pueden verse a numerosas personas que solo se cubren la boca cuando han de cubrir también la nariz o quiénes no la cambian cuando se ha humedecido.


Se están generalizando las de tela, primando el diseño a su efectividad. Por lo tanto, basar la protección universal únicamente en la utilización de la mascarilla sería un gran error. Lo ideal sería combinar el uso de la mascarilla con la actividad de los técnicos en inteligencia sanitaria o como comúnmente ya se les conoce: los rastreadores.


¿De poco sirve colocar un bote de gel hidroalcohólico en la puerta de un establecimiento o guantes si casi nadie los usa? Los dueños de los comercios los colocan en la entrada y así pueden alegar que cumplen con las medidas pero muchos clientes no los utilizan y son pocos los propietarios o gerentes de esos comercios que les llamarán la atención por miedo a perder clientela en un momento tan crítico como el actual para la economía media.


En todo tipo de establecimientos debiera colocarse el cartel de "Obligatorio el uso de guantes y mascarilla, los cuales se encuentran a disposición del cliente en recepción. Igualmente, a la salida, cuentan con gel hidroalcohólico para que se lo apliquen". De este modo, la clientela no se molestaría porque el material se lo proporciona el local y además le regalan una dosis de gel desinfectante por el detalle de haberles visitado.


La estrategia comercial no tiene por qué estar reñida con la salud; pueden compenetrarse

Confiemos en que, al menos, desinfecten adecuadamente los artículos que esas personas irresponsables han tocado puesto que otros clientes lo harán también, con lo que pueden ser foco de contagio.


En muchos comercios de todo tipo, lo que se ofrece al entrar en el local es una simple solución de agua con un poco de colonia (en algunos casos colocan la palabra "higienizante" al lado). Pero en la mayoría de los casos, ciertamente los responsables de esos negocios se preocupan por ofrecer verdadero desinfectante de manos, pero vemos como la mayoría de personas se echan tan solo un poco en las manos, insuficiente para desinfectarlas como es debido.


¿Es lógico que se pida a los ciudadanos que mantengan la distancia social en las playas y después todos coincidan en un chiringuito o bar apelotonados? Lo mismo puede verse en no pocos medios de transporte. ¿Se comprueba si los metros que se dieron de más a las terrazas de verano para respetar el distanciamiento no se está usando realmente para colocar más mesas? Y qué decir del aforo en algunas discotecas, donde no solo no se contempla el distanciamiento entre personas sino que en redes sociales pululan vídeos de fiestas multitudinarias sin medidas de ningún tipo.


Me consta que la mayoría de propietarios de salas de fiesta y negocios de hostelería están siendo suficientemente responsables, incluso en algunos casos las medidas son extremas, todo sea por garantizar la salud de sus clientes. Pero no sucede así en todas partes y es algo que debe prevenirse, ¿de qué modo? Rastreando las redes sociales en busca de eventos a los que se convoque a muchas personas que después se comprobará si en efecto cumplen con lo dispuesto por el Ministerio de Sanidad para frenar la pandemia.


Con respecto a los protocolos: la ciudadanía sigue sin tener claro del todo dónde acudir o qué hacer si sospechan que pudieran haber contraído la enfermedad. ¿Tienen todos los centros sanitarios suficientes medios como para hacer frente a una segunda oleada del coronavirus? Vemos a médicos y enfermeros manifestarse alegando que se les está explotando (exceso de horas por salarios miserables) y aún así continúan adelante como los excelentes profesionales que son, pero están llegando a un nivel de saturación extremo.


Sigue sin haber suficiente personal como para evitar el agotamiento de los profesionales de la sanidad en una nueva oleada del coronavirus

Todas las preguntas anteriores debieran ya tener respuesta y la tendrían de haber suficientes inspectores que comprobaran sobre el terreno si se reúnen las condiciones idóneas para enfrentar un nuevo embate de la pandemia. Pero ni hay dichos inspectores ni tampoco rastreadores que detecten a todas las personas que entraran en contacto con los casos positivos para confinarles y realizarles pruebas que impidan una mayor propagación del patógeno.


No nos engañemos: a estas alturas, todos los ciudadanos saben muy bien lo peligroso que es el virus y la conveniencia de tomar medidas individuales. Pero la desidia, la incomodidad o simplemente la irresponsabilidad de quiénes se creen unos valientes pudiera llevarnos a la peor crisis de nuestra especie desde la Segunda Guerra Mundial.


Afortunadamente, son muchos más los que actúan con responsabilidad pero unos pocos insensatos son suficientes para que entremos en caída libre hacia el precipicio. Día tras día, aprovechando las vacaciones de verano o los fines de semana, vemos en los noticiarios la celebración de fiestas y reuniones en las que prima la falta de medidas protectoras. Lo que parece no entender estos individuos es que no es solamente su salud la que está en juego, sino también la de las personas de su entorno familiar o de amistades y compañeros de trabajo, alguno de los cuales pudiera ser de riego, esto es, tener una patología por la que un contagio del coronavirus resultaría muy peligroso.


Se ha dicho hasta la saciedad, pero conviene recordarlo una vez más: el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 se transmite por el aire mediante las gotas de saliva que salen de nuestras bocas cuando hablamos, estornudamos, tosemos o incluso cuando respiramos. Al inspirar aire y exhalarlo, las partículas conteniendo el virus pueden salir de nuestro cuerpo e infectar a otras personas; más allá de dos metros y medio resulta muy extraño - en circunstancias normales -, que se alejen esas partículas, de ahí que se diga que la distancia entre personas sea esa. Pero vemos lugares donde la separación es de tan solo un metro o ni siquiera eso.


Por lo tanto, es de suma importancia conocer el origen de cualquier brote investigando mediante llamadas telefónicas y sobre el terreno, lo que permitirá conocer cómo se transmitió y cuántas personas pudieran haberse visto afectadas. El problema está en los asintomáticos que no experimentan ningún síntoma, pero son portadores del virus. Resulta, evidentemente, muy complicado detectarlos.



Rastreadores: los detectives de la pandemia

Mujer con mascarilla en un lugar concurrido

En España (y en otros Países) se ha llevado a cabo un estudio de seroprevalencia, a 36.000 personas, para comprobar el verdadero alcance de la enfermedad (se calcula que en realidad la han padecido más de 2.350.000 personas, solo en España). En el estudio se estima el porcentaje - con respecto a la población general -, de los contagiados a nivel provincial y cómo se transmite.


Una tercera parte de los infectados son asintomáticos, por lo que pudieran estar propagando el virus sin saberlo

Los técnicos en labores de inteligencia sanitaria o rastreadores ayudarán, notablemente, a reducir la propagación del virus. ¿Cómo pueden hacerlo? De una forma muy laboriosa pero efectiva: se les pregunta a las personas que se han contagiado por todos aquellos con quiénes hayan contactado en la última semana a quiénes se localizará y aislará, realizándoles las pruebas pertinentes para comprobar si están contagiados.


El problema es el escaso número de rastreadores con lo que ahora mismo es imposible abarcar toda la población si queremos librarnos de verdad del coronavirus. Y no solo tenemos esa carencia en España, sucede en otros muchos Países. Pocos son los que se han puesto las pilas como Alemania, donde sí hay suficientes técnicos. Lo normal es que haya cuatro rastreadores por cada 5.000 personas, según la Universidad Johns Hopkins (81 por cada 100.000 habitantes). En cambio, en España, con una población de 47 millones de habitantes, solo hay 3.533 rastreadores, lo que equivale a uno por cada 12.000 habitantes (en Alemania hay el triple y no por contar con más medios, sino porque han sido más previsores).


Si de cada caso positivo, en el rastreo que se haga de otros posibles casos entre las personas con las que entrara en contacto días atrás, se detectan tres positivos más, sería motivo para la preocupación. En España, se observa un incremento muy preocupante de los casos a mediados de julio: la segunda semana había un 41% más casos que la anterior y la tercera un 24% más, con lo que se observa una curva ascendente, con 971 nuevos casos en la última jornada (Nota de Redacción: dato de la fecha en la que se publica la presente actualización).