Cuiadores no profesionales de personas con demencias: ¿quién cuida al cuidador?
- Adolfo Estévez

- hace 3 días
- 17 Min. de lectura
Actualizado: hace 2 días
Su tarea es invisible para la Sociedad y la Administración. Sin embargo, millones de personas que no pueden valerse por sí mismas dependen de ellos/as

Con la demencia poco puede hacerse salvo armarse de paciencia porque irá a peor ya que el tratamiento no curará la enfermedad, solo la ralentizará en el mejor de los casos.
Lo que te expondré en el presente artículo es una serie de recomendaciones basadas en investigaciones científicas y en mi propia experiencia personal.
Evidentemente, está dirigido a cuidadores no profesionales pero tal vez el día de mañana seas tú uno de esos cuidadores o la persona dependiente. Si te interesa el tema, te dejo un índice a continuación.
Índice
La demencia se extiende de modo alarmante

Decir que el 0,6% de la población mundial padece demencia parece un dato sin importancia. La probabilidad de que te suceda es muy escasa.
Si usamos números absolutos (no porcentuales) y te digo que son 57 millones de personas las que tienen esa terrible enfermedad, de las que diez millones son europeos y más de 800.000 de España, comienzas a verlo de otro modo.
A ver cómo se te queda el cuerpo cuando te añada que para dentro de un cuarto de siglo pudiera haber dos millones de enfermos con demencia en España. Es más del doble del actual.
Los que sois de otros países es probable que el dato sea similar, entiéndase en porcentaje.
La info sobre la situación en España la he obtenido de un estudio de la Fundación Ciencias de la Salud, con sede en Madrid. Es una institución que analiza todo lo que afecta a la salud humana y los problemas en cuanto a prevención y tratamientos.
Cómo podemos prever los síntomas de las demencias

Debemos estar atentos a las señales como una tartamudez impropia de la persona que padece el trastorno, cambios en su conducta habitual o pocas ganas de reunirse con familiares cuando antes era el primero/a que gustaba de juntarse con ellos.
Además, experimenta un rechazo de relacionarse con amigos o vecinos, de no apetecerle acudir a eventos sociales. Y si acudiera, si le vemos con actitud introspectiva cuando de siempre ha sido lo contrario, alguien extrovertido/a, deberemos tomar nota de cara a un posible trastorno.
Otro indicador son los olvidos que antes solo eran puntuales, sin que les diéramos importancia, por considerarlos simples despistes. Si se repiten de forma frecuente debiera ser suficiente motivo para poner a nuestro familiar en manos del médico de cabecera y que le haga los análisis que considere necesarios.
Tomar medidas a tiempo no impedirá que la enfermedad avance, pero sí ayudará a que sea más llevadera.

Casi todos los investigadores (las universidades son las que más estudian las distintas enfermedades) coinciden sobre la necesidad de llevar a cabo ejercicio físico diario.
El otro aspecto clave a tener en cuenta es el descanso: tenemos que dormir siete horas diarias, o por lo menos estar suficientemente descansados.
¿Con estos dos hábitos no nos dará demencia? Nadie te lo garantizará, pero sí ayudará a prevenirla o retrasarla.
Con un paseo diario de media hora tienes suficiente no solo para cuidar tu cuerpo, también tu mente porque desestresa mucho.
Lo cierto es que no hay estudios científicos que demuestren, de forma fehaciente, que por moverte más y descansar lo suficiente para no estar al día siguiente agotado vayas a evitar el Alzheimer o la demencia. Si se recomienda es porque, sin duda, es muy saludable y por lógica si cuidas tu salud es bastante probable que tu cabeza también lo agradezca.
Prueba a ir andando a todas partes (si te es posible) cogiendo menos el coche, solo cuando no te quede más remedio. Si tu destino está en una ciudad distinta de la de tu residencia, prueba coger un medio de transporte público y bajarte en una estación anterior para dar un paseo hasta donde te dirijas.
Lo que pudiera no ser buena idea, en contra de la creencia general, es dejar a nuestros ancianos con alguna enfermedad mental sentados viendo la televisión porque pensemos que se quedan tranquilos.
Un estudio publicado en la American Journal of Preventive Medicine (Revista Americana de Medicina Preventiva), realizado con miles de adultos en Suecia durante casi veinte años, arrojó un resultado llamativo.
De los sedentarios que pasaban muchas horas sentados, los que realizaban tareas edificantes como leer, crucigramas, rompecabezas o actividades manuales como coser desarrollaron menos riesgo de demencia. Cierto que el porcentaje no es alto, entre el 7% y el 11%, pero parece que hacer algo que estimule su mente, aunque estén sentados, es mejor que ser un sedentario pasivo, aquellos que se limitan a ver la televisión u oír música.

El motivo más parece relacionado con la falta de riego sanguíneo adecuado ya que si estás sentado pero haciendo algo que te haga moverte o pensar, como un juego de mesa, el aporte de sangre oxigenando el cerebro es mayor que si no haces nada en absoluto.
No quiere decir que a nuestro familiar dependiente no debamos ponerle nunca frente al televisor viendo una película o una serie pero no debiera ser la norma; todo tiene su momento.
Los ancianos que padecen trastornos mentales confunden la ficción de la televisión con la realidad, llegando a creer que lo que ven está sucediendo realmente y además junto a ellos, lo que les pone nerviosos. Por lo tanto, se debe tener cuidado también con qué canales se les busca.
He visto (tal vez tú también) como adultos se alarmaban al ver actores de una película de acción pegarse puñetazos o usar pistolas y tener que tranquilizarles diciéndoles que es una película, no la realidad.
¿A que no pondrías a tu hijo frente a un ordenador o smartphone con el buscador a su disposición para que se tope con cualquier cosa nada recomendable por su edad? Y aún así está sucediendo. El caso es que con los mayores con demencias debemos actuar igual, bloqueando aquellos contenidos que pudieran alterarles.
La televisión y la música están bien si son relajantes y solo durante un rato, no todo el día
Los juegos de mesa, estando con amigos, son un buen estímulo ya que la soledad es catastrófica para quiénes no saben dónde están. Les resulta aterrador llamar pidiendo ayuda, por cualquier necesidad que tengan, y no recibir respuesta.
Las personas con demencias tienen miedos, muchos: a caerse por perder el equilibrio y no poder levantarse porque les duele todo, a las pastillas por si se equivocan y no toman las que se les ha prescrito, a personas que no consiguen recordar resultándoles desconocidos aunque sean sus cuidadores habituales. Miedo a no estar en su casa porque no les resulta familiar el lugar en el que se hallan ni saben como han llegado ahí.
Por todo lo anterior, sentirse arropados y queridos, aunque haya que explicarles continuamente dónde están y con quiénes, les aporta sosiego. Del mismo modo, realizar actividades que estimulen su cerebro les ayuda más de lo que creemos, como escribir.
He comprobado que si escriben cómo se sienten o relatan lo que les rodea en un portátil o en un bloc - si no se manejan bien con el pc -, aunque lo hagan todos los días porque no recuerden haberlo hecho el día anterior, hará que ejerciten su memoria.

Puedes acondicionarle un teléfono móvil solo para que vean imágenes familiares a diario o uno de esos dispositivos en los que las fotos se suceden. Un álbum viene bien, viéndolo cada día y ayudándole a recordar.
Por experiencia sé que si repiten todos los días una tarea es muy probable que la conviertan en un hábito que recuerden aunque no tengan muy claro por qué lo hacen.
¿Influye la dieta en la prevención de la demencia?

La evidencia científica parece haber demostrado que una dieta adecuada es muy positiva para prevenir los distintos tipos de demencia.
El estudio más completo es el realizado por la American Academy of Neurology que empleó a decenas de miles de personas y once años para que los resultados fueran suficientemente esclarecedores.
Hubo sujetos que desarrollaron diferentes enfermedades mentales durante el tiempo que duró el estudio anterior pero precisamente por ello se pudo dilucidar quiénes contrajeron antes las distintas demencias y de qué modo, analizando la dieta y hábitos que siguieron.
Lo que la ciencia parece que está demostrando es que una dieta vegetariana, por sí sola, no es mejor que otras, pero sí añadir determinados alimentos vegetales de alta calidad nutritiva a nuestra dieta.
Se priorizan los productos frescos, de temporada, que estén poco o nada procesados (tan solo lo justo para eliminar bacterias).

Lo más recomendable, en este sentido, es añadir a la dieta los cereales integrales (incluido el pan) y la fruta en general - ¡ojo!, no zumos de esos envasados que contienen tantos azúcares -. También los frutos secos, así como los aceites de origen vegetal.
Así que ya sabes, da igual que seas un treintañero o ya cuarentón, pero aún demasiado joven como para preocuparte por estas cosas. Tal vez piensas que es más propio de sesentones o de más edad. No te confundas, cuanto antes comiences a cuidarte, mayor probabilidad de que a partir de los 59-60 años no desarrolles ninguna demencia temprana.
No te lo pienses: come todas las semanas legumbres un par de días. Como son tan variadas y se pueden cocinar de distintas formas, no te aburrirás: lentejas, garbanzos, judías, habas, guisantes…
Prueba las bebidas vegetales (de soja, de avena, almendras, etc.), verás que no solo son sabrosas, también muy saludables. No tienes por qué erradicar la leche animal pero no estará mal que alternes.
En definitiva, muévete, aliméntate bien y descansa lo suficiente.
Otro aspecto importante: prevenir la hipertensión. ¿Por qué? Por una sencilla razón: la presión arterial elevada no es buena para nada y tampoco queremos que nos dé un ACV (accidente cerebrovascular), ¿verdad?

De nuevo recurrimos a la dieta para que nuestro cerebro no sufra los efectos dañinos de la hipertensión.
Se debe incluir en nuestra dieta proteínas animales pero magras, ya sabes, bajas en grasa como las procedentes del pescado y aves (pollo, pavo, perdiz, codorniz, etc.). Limitar las carnes rojas a una vez por semana y evita los ultraprocesados.
Sal solo la justa y necesaria para dar sabor, no te pases. Con el azúcar, lo mismo.
Los probióticos, como los que contienen los yogures naturales o el kéfir, también el queso curado, se ha comprobado que refuerzan el sistema inmunológico, lo que siempre te ayudará a sobrellevar cualquier enfermedad (o prevenirla).
No te agobies. No es necesario restringir de forma radical sino reducir aquello que sabes que no es tan saludable. Tú sabes bien qué te sienta mejor y qué peor así que obra en consecuencia.
También sabes, porque no eres un crío que meterte una “tripotada” tremenda no te favorecerá en absoluto. Come con moderación, lo justo para saciarte, no con ansiedad que parezca que el mundo se vaya a acabar.
La dieta mediterránea es de las mejores porque recomienda mucha fruta, verduras, cereales integrales, legumbres y algo esencial: el aceite de oliva. Su ácido oleico y biofenoles son antioxidantes y antiinflamatorios.

El aceite de oliva con el que regamos las ensaladas propias de la dieta mediterránea tiene propiedades antiamiloidogénicas. ¿Qué significa esto? Permite que no se acumule demasiada proteína beta-amiloide, lo cual es tóxico para el cerebro enfermo de Alzheimer.
Las nueces tienen el mismo efecto siendo igualmente muy recomendable el pescado azul: boquerones, anguilas, arenques, atún, jureles, pez espada, salmón (y salmonetes), sardinas, truchas…
¿Qué no tienes claras las pautas saludables de tu dieta diaria? No es problema, te las recordamos:
Cuatro (4) raciones de fruta o verdura
Seis porciones de granos enteros o integrales
Dos lácteos semidesnatados o desnatados
En torno a 30 gramos de fibra
Proteína: haz cálculo; algo menos de un gramo por kilo que peses.
El Instituto de Ciencias de Tokio analizó las tendencias de las últimas décadas de comer fuera de casa o comida rápida, congelada o, debido a las prisas propias de nuestro tiempo y de las ciudades, comida para llevar.
Los resultados del estudio fueron publicados en la revista Journal of Epidemiology & Community Health y lo que recomienda es comer platos elaborados en casa con productos frescos. Proporciona dos beneficios principales:
Aporta salud al no usarse productos preelaborados con demasiados conservantes y azúcares o sal.
Estimula nuestro cerebro, ralentizando el deterioro cognitivo, activando el área de aprendizaje o simplemente por realizar una tarea que requiere concentración.
Los científicos japoneses emplearon a miles de participantes en el estudio de más de 65 años, diferenciando entre los que tenían dotes culinarias y los que no.
Curiosamente, los que pasaban más tiempo en la cocina desarrollaron en menor porcentaje alguna demencia. El caso es mantenerse activo con lo que sea que repercute positivamente en el buen funcionamiento neuronal.
Ejercitar el cerebro

Nuestro cerebro tiene dos tipos de materias: la gris y la blanca. La primera es la que procesa y la segunda la que conecta distintas áreas de materia gris. Si ésta última se reduce pudiera dar lugar a la aparición del temido Alzheimer y el deterioro cognitivo.
Tenemos que estimular la materia gris, que éste continuamente aprendiendo lo que ayudará a que sea más densa ya que se establecerán mayores conexiones neuronales para asimilar ese nuevo conocimiento y mantenerlo en la memoria. Por eso lo de no ser sedentario sino experimentar continuamente.
Aprende idiomas, da igual la edad. Te costará más o menos, pero estarás favoreciendo a tu cerebro porque lo estás ejercitando.

¿Soñaste siempre con aprender a tocar un instrumento musical? Pues venga, ha llegado el momento, no lo retrases más. Dedícale las horas que puedas ya que recuerda que lo que no debemos nunca es agobiarnos ni estresarnos.
Igual que ejercitas tu musculatura, has de hacer lo mismo con tu cerebro siendo las pesas en este sentido actividades como la lectura, los crucigramas, sudokus o como te decía antes, el aprendizaje continuo.
A las personas con demencia, por alguna razón, cuando oyen música agradable para ellos, no se lamentan ni quejan de dolor alguno, ni se inquietan, todo lo contrario, se tranquilizan, en ocasiones de inmediato. Con mi madre funcionan las coplas que siempre le gustaron.
Con tu padre o madre pudiera funcionar el mismo género o la música clásica. Prueba y aquella que veas que le relaja, no dudes en tenerla a mano siempre, para los momentos de mayor nerviosismo.
Con respecto a la materia blanca, es donde juega un papel fundamental controlar la hipertensión ya que favorecemos un riego continuo a través de los vasos sanguíneos oxigenando el cerebro. La mielina estará a salvo. Es la capa que protege nuestras neuronas favoreciendo su buen funcionamiento.
Otro punto que no debes olvidar: el buen rollo. Has leído bien, debes ser optimista. Eso de “a mal tiempo, buena cara” es completamente cierto, muy recomendable. Lo demostró la Universidad de Michigan con su estudio acerca de los beneficios del optimismo en los jubilados.

Con más de 9.000 personas a las que hicieron un seguimiento durante 14 años, los investigadores de la Universidad de Michigan comprobaron algo que sin duda es una buena noticia. Los grupos de individuos que eran positivos de modo natural desarrollaban un 15% menos de deterioro cognitivo que los que no eran tan optimistas.
Sé positivo, observa el vaso medio lleno, no medio vacío, dando a entender que valoras lo que tienes, no lo que te falta. Ayúdate y podrás ayudar a esa persona que depende de ti porque no puede valerse por sí misma.
Si eres pesimista, tu nivel de cortisol, la hormona que libera el organismo cuando estás estresado, estará siempre activa y eso no es bueno ya que se libera glucosa y la presión arterial aumenta. El resultado, si se prolonga demasiado esta situación, es un cerebro castigado dando lugar a una alta probabilidad de pérdidas de memoria.
Si el cortisol lo tienes disparado porque estás ansioso constantemente te dará por comer lo primero que pilles, sobre todo ultraprocesados dando lugar al temible sobrepeso y todo lo que conlleva. Tendrás problemas digestivos, la cabeza te dolerá y debido a este cuadro no dormirás bien por la noche. Como ves, un círculo vicioso que te abocará al desastre.
¿Te has dado cuenta de que cuando todo va bien estás muy tranquilo y cuando algo te preocupa te pones tenso? Pues procura tranquilizarte, respirar hondo y hallarás la solución al problema que te acongoja.
Todo problema va asociado a una solución, solo hay que encontrarla
Por lo tanto, reitero que debes buscar tú mismo/a la solución a tus problemas pero sin renunciar a pedir ayuda si lo necesitaras y, como no, consultar a tu médico cualquier molestia que notes cuyo origen te resulte dudoso, antes de que vaya a más.
Estimular las relaciones sociales ayuda mucho en la guerra contra las demencias y enfermedades como el Alzheimer. Si te juntas con amigos con los que recuerdas hechos pasados estimulas la memoria.

Y si jugáis a lo que sea juntos, no solo activas tu mente (las cartas, el dominó, las damas, juegos de estrategia…), sino que la reunión ya de por sí resulta positiva porque te aporta buen rollo.
La Administración de todos los Gobiernos democráticos del Mundo (y de aquellos países que siendo dictaduras cuentan con avanzados sistemas sanitarios, como China), debiera tomar cartas en este asunto de una vez por todas.
El coste de las enfermedades mentales supone casi dos billones de euros a escala global
Los políticos debieran no solo acelerar los procesos de ayuda doméstica para las personas dependientes y sus familiares sino mejorarlos y acondicionar más lugares gratuitos para que los mayores se reúnan y charlen, jueguen o simplemente conversen. Sin duda, es la mejor herramienta de prevención.
¿Quién cuida del cuidador?

Los cuidadores de personas dependientes nos sentimos solos muchas veces, superados, pero siempre comprendiendo que realizamos una labor necesaria. De lo contrario, los familiares que dependen de nosotros se verían desamparados. Pero es una labor invisible muy poco reconocida.
En el Hospital Provincial de Pontevedra se llevó a cabo una reunión de cuidadores de personas con demencias donde pudieron desahogarse con otras personas que pasan por lo mismo, que entienden el sacrificio y el sufrimiento que padecen.
De no cuidarse, el cuidador acabará también afectado por alguna dolencia que no puede permitirse porque su familiar dependiente se quedaría sin ayuda.
La AFAPO (Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer de Pontevedra) y la Universidade de Vigo han puesto en marcha una experiencia pionera.
Por primera vez se ofrece asistencia a los cuidadores, pero no en forma de ayudas económicas o de apoyo doméstico, pues para eso está la Administración. La idea es ofrecerles apoyo psicológico y conocimientos que les permitan sobrellevar mejor su situación tan complicada.
Lo que la AFAPO propone es que los cuidadores sepamos qué hábitos y actitudes mejoraran nuestra salud. Como complementar los cuidados de los familiares dependientes con la necesaria interacción social para no vernos aislados de nuestro entorno al volcarnos en nuestro padre o madre con demencia.

Sin duda existen riesgos que no tenemos en cuenta porque solo pensamos en que ellos, que no saben siquiera donde se hallan ni quiénes les rodean, se encuentren bien pero no pensamos en nosotros mismos. Esto pudiera derivar en un deterioro progresivo de nuestra salud que acabará repercutiendo en las personas que dependen de nosotros.
Todas las Diputaciones Provinciales debieran coordinar, cada una en su territorio, redes de centros que ofrezcan sesiones de meditación y ejercicio físico gratuitas para cuidadores de personas dependientes. Según el número de éstas en cada comarca debería haber más o menos centros.
No es excusa la falta de presupuesto porque existen edificios vacíos en todas las localidades que pueden emplearse con este fin. Muchas veces solo se necesita eso: un lugar donde reunirse. Con una pequeña subvención pública, las asociaciones de familiares de personas dependientes harían el resto, apoyadas por la iniciativa privada (que suele colaborar en estas causas).
Es un modo de ayudar a descargar la tensión que nos atrapa muchas veces cuando vemos que nuestro familiar requiere más y más atención a medida que pasa el tiempo.
La Administración pudiera colaborar también con personal adecuado para impartir talleres en los que los cuidadores no profesionales adquieran conocimientos útiles, impartidos en los locales cedidos.
El momento idóneo para asistir a esas sesiones de ayuda (que debieran incluir apoyo psicológico) serían las horas que tengamos asignadas de atención doméstica por la Ley de Dependencia. Mientras el/la auxiliar atiende a nuestro familiar, podríamos acudir uno o dos días en semana.
Lo que ocurre es que la Administración es muy lenta e inmisericorde. Nos ve en abstracto con lo que no tiene en cuenta dramas personales ya que para ella solo somos números.
La Ley de Dependencia en España es terrible porque las solicitudes de ayuda doméstica tardan muchos meses en concederse y mientras los familiares se desesperan. Se han dado muchos casos de ayudas que llegaban cuando las personas a las que iban dirigidas ya habían fallecido.
Luego está que aquellos/as que se vean obligados a pedir una excedencia por cuidado de familiar, porque no les quede otra, tengan que renunciar a su salario. ¿Por qué no se aplica el mismo criterio que con los trabajadores que se dan de baja médica? Éstos últimos continúan recibiendo su nómina mensual y sin embargo no acuden a su puesto de trabajo por estar impedidos.
Quiénes se ocupan de familiares dependientes están igualmente impedidos para trabajar porque muchos tienen que dedicarles las 24 horas del día, los siete días de la semana, sin apenas descansos. No es algo que deseemos, lógicamente, y sin embargo, el Estado nos quita recursos para poder ocuparnos de ellos.
Por lo tanto, o tienes ahorros de los que tirar o te resultará muy complicado hacerte cargo de ese pariente que necesita tu ayuda, ya sea un padre o madre, ya un hijo/a.
Así que resulta agotador y muy estresante. Tenemos que documentarnos por nuestra cuenta y buscarnos la vida para sobrellevar la situación tan complicada que vivimos.

¿Cómo sabemos que hemos llegado a una cota elevada o al tope de nuestra carga emocional? Los psicólogos suelen usar dos escalas para saberlo: la de Zarit y el índice MBI.
La escala de Zarit se basa en un cuestionario de 22 preguntas que mide cómo nos afecta el cuidado de una persona con demencia, tanto a nuestra salud física como emocional, nivel de estrés y si perjudica a nuestras relaciones sociales. Si el resultado sobrepasa los 56 puntos es que estamos sometidos a un alto nivel de estrés, siendo lo máximo 110 puntos.
La franja entre 47 y 55 es la que te indica: ¡peligro!, estás comenzando a sobrecargarte; has de ponerle remedio.
Mientras no llegues a 47 estarás en el nivel lógico - y aún llevadero - que cabe esperarse en una situación de cuidado de persona con demencia.
El cuestionario te hace preguntas también sobre el estado de tu economía, lo que también debe tenerse muy en cuenta, sobre todo en aquellos/as que han pedido una excedencia por cuidado de familiar renunciando a su salario.
El MBI (Maslach Burnout Inventory) también consta de 22 preguntas, pero lo que mide es el agotamiento de los profesionales, en general.
Qué duda cabe de que los cuidadores/as están llevando a cabo un trabajo a tiempo completo, las 24 horas del día, los siete días de la semana. Cuando se les concede la ayuda institucional suele ser de dos modos, no compatibles:
Asistencia en domicilio
Ayuda económica
Si es la primera, lo máximo es que te concedan cuatro horas diarias (de lunes a viernes) de ayuda de un/a auxiliar para que tú descanses durante ese tiempo. ¡Ojo!, solo si tu familiar está en el máximo grado de dependencia, si bien, en el caso de que sea muy severa se contempla una ayuda de 24 horas en régimen interno.
El régimen interno es que irá una persona a tu casa y se alojará con vosotros para encargarse durante todo el día de tu familiar, aunque dicho auxiliar deberá descansar también, claro está. En este caso serías tú quién le proporcionaría dicho descanso sustituyéndole las horas diarias que se libere del trabajo en casa con tu pariente dependiente y, por supuesto, los fines de semana.
Lo que mide el MBI es con qué frecuencia te agotas, con seis ítems que valoran dicho cansancio desde “Nunca” a “Todos los días”.
También indica si has perdido la empatía en el sentido de que trates a los clientes o personas a las que ofrezcas tus servicios con desidia, de modo robótico, sin emociones.
Por último, el MBI muestra si has perdido el interés en promocionarte o mejorar en tu trabajo especializándote.
En definitiva, el MBI (también la escala de Zarit) mide lo quemado/a que te encuentres y es más importante de lo que pudieras pensar porque hay quiénes se han visto superados.

No dudes en pedir ayuda superando la vergüenza que es otro factor a tener en cuenta. Más vale compartir lo que te sucede a verte solo/a y acabar tomando una decisión nefasta.
Muchos, más de los que puedas pensar, se refugian en el alcohol u otras sustancias tóxicas para el cuerpo. Eso no ayuda, solo te evade de modo muy efímero de tu asfixiante realidad diaria. Lo único que te aporta es un placer muy efímero. En cambio, te condenan al peor de los infiernos.
Acabarías convirtiéndote tú también en una persona dependiente, pero pocos querrían ayudarte ya que te habrás convertido en un borracho o un drogadicto con el consiguiente estigma social que supone.
Sí, serías una persona dependiente porque adquirirías una adicción que te costará mucho dejar, pudiendo incluso costarte la vida.
Así que te lo repito. Déjate ayudar antes de caer en una espiral de adicciones y autodestrucción.


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