Asalto al Capitolio: ¿sabrías qué hacer?

Actualizado: ene 14

Cómo actuar siendo miembro de un equipo de Seguridad, si te toca defender un local o instalación en un evento de importancia

El reciente asalto al Capitolio en Washington ha dado la vuelta al mundo, con cinco fallecidos (entre ellos un policía) y numerosos heridos. Las imágenes difundidas de dicho acontecimiento han mostrado fallas muy claras en la seguridad, errores que se hace necesario analizar para aprender de los mismos.



Conócete a ti mismo y tus posibilidades


El general chino Sun Tzu ha pasado a la Historia por ser el autor de un manual empleado en todo tipo de conflictos (no solo bélicos), "El Arte de la Guerra" y en el mismo dice: conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, y saldrás triunfador en mil batallas.


Queda patente que se hace necesario el conocimiento de tus propias limitaciones y de los recursos de los que dispones. Por ello, a nivel operativo, es imprescindible conocer de cuantos hombres y mujeres dispones si estás al mando y si no es así, en cuantos compañeros puedes apoyarte.


Inspeccionar previamente el lugar en el que prestarás servicio (se debe conocer el lugar de trabajo): tanto la potencialidad para su defensa como aquello que pueda ser aprovechado por los atacantes - fisuras -.


Haz una lista de los recursos materiales que puedas usar en un momento dado, tanto los que sean esenciales como los que pudieran quedar en reserva por si fueran necesarios y tenerlos en lugares donde sean asequibles rápidamente. Todo el equipo debe conocer su ubicación, donde no corran el riesgo de caer en manos enemigas (o de los atacantes).


Resumen de las herramientas básicas para defender un edificio:

  • Personas que intervendrán en la seguridad o defensa del lugar

  • Medios técnicos necesarios

  • Conocimiento del entorno.

Si lo anterior te ha quedado claro, ya puedes comenzar a planificar la respuesta acorde a lo que te enfrentas.


Según lo que se vio a través de los medios de comunicación, en el Capitolio se distinguió una notoria falta de organización, estructura, coordinación y sobre todo liderazgo y esos son precisamente los factores que tú tendrás que tener en cuenta si te tocara pasar por una situación así.


Ante una masa que intenta fracturar los cordones policiales e invadir un edificio (como sucedió en el Capitolio), no se puede dar una imagen débil y frágil.


Lejos de frenar la avalancha provocas exactamente lo contrario: la espoleas porque les haces pensar que pueden vencerte fácilmente.


En Washington se vieron agentes que deambulaban por el exterior e interior del edificio, solos o en clara inferioridad numérica, desperdigados… sin un norte que guiara sus actuaciones.


Improvisaban sobre la marcha, dudaban en sus intervenciones y se veían doblegados y desbordados, al no poder apuntalar sus posiciones. La Policía, en ese caso concreto, tiene como misión principal poner orden en el desorden, tiene que saber gestionar el caos.


No puedes ordenar nada, si tú no estás previamente ordenado

La función de los agentes intervinientes hubiera sido más efectiva si se hubieran replegado en posiciones consolidadas a aquel lugar o lugares dentro del Capitolio que favorecieran su defensa, así como la protección y evacuación de las autoridades.


Además, debieran haber empleado materiales para fortalecer los cordones como vallas y vehículos, de ahí lo que decía anteriormente de contar con recursos en reserva, por si acaso.


Todo el personal de seguridad debiera haberse unido para transmitir sensación de fuerza, acumulando efectivos y siendo colocados en zonas estratégicas, de forma que esa masa desistiera de sus pretensiones iniciales.


Llegados a este punto, aguantar y avanzar; sin prisas, y sin pérdidas de control. Los refuerzos llegarán y cuando eso suceda será el momento idóneo para solventar la situación generada, disolviendo la concentración de personas y para ello nada mejor que dividirles (recuerda que la unión hace la fuerza, así que desune la masa violenta y perderá todo su potencial dañino).


En el momento en que se vean sorprendidos por dos frentes se dispersarán y perderán muchos apoyos al asustarse la gran mayoría siendo en ese momento conscientes, al verse solos, de la magnitud de lo que está sucediendo y muchos se entregarán a los agentes pacíficamente.


En Washington, de haberse planificado previamente el dispositivo de seguridad (la Policía del Capitolio cuenta con 2.000 efectivos), no hubiera sucedido algo así. Se sabía de la posibilidad de altercados pues ese día, seis de enero, se procedía a la certificación parlamentaria de la derrota en las urnas de Donald Trump, contando los últimos votos. Pero no se dispuso un servicio especial de seguridad. De haberse hecho, los agentes hubieran contado con mayor seguridad. Incluso se habría protegido la integridad física de los manifestantes mientras ejercían su derecho a protestar, evitando la violencia que se desató.


El éxito de un dispositivo radica principalmente en una acertada planificación previa y en esa fase los servicios de información resultan esenciales ya que permiten una prevención proactiva.


Se venía observando desde hacía días de la concentración creciente de personas en las inmediaciones del Capitolio, llegadas desde distintos puntos del País, con la idea de protestar el día seis frente al Capitolio, de lo que informaron los medios de comunicación.



Conoce a tu enemigo


No entraremos aquí en el cruce de acusaciones típico entre administraciones echándose la culpa unos a otros. Prefiero poner el foco en el problema en sí, dejando la política para quiénes se ocupen de ella.


En algunas webs de ciertas organizaciones supremacistas se animaba a marchar a Washington pero se desestimó la amenaza

Vamos a ver que nos dice la sociología y psicología de masas sobre un problema como el analizado y lo primero es saber empatizar. Ante un enfrentamiento contra una manifestación multitudinaria violenta debemos comprender que un individuo, al estar unido a dicho colectivo, pierde cualidades individuales.


Las capacidades individuales de represión de ciertos instintos quedan casi anuladas cuando se une a una masa enfervorecida dejándose llevar por la marea humana. Seguramente, de hallarse sola, una persona, da igual la edad, evitaría actuar de forma irresponsable o al menos se lo pensaría dos veces (entiéndase que sea alguien cuerdo y capaz).


Al sumergirse en un grupo numeroso, en el que incluso existe cierta capacidad de anonimato pues cuesta más trabajo identificar a los causantes de altercados, por ser numerosos, no pocas veces se pierde la virtud de la responsabilidad. Se dan rienda suelta a las más primitivas y salvajes emociones pues son similares a las que invaden a esa masa descontrolada.


A finales del siglo XIX comienzan a verse actitudes agresivas por parte de masas obreras descontentas en manifestaciones que derivaban no pocas veces en verdaderas batallas urbanas. El sociólogo francés Gustave le Bon, en su obra "La psicología de las masas", de 1895, dijo lo siguiente:


El individuo en muchedumbre adquiere, por el solo hecho del número, un sentimiento de poder invencible que le permite ceder a instintos que, solo, hubiera seguramente frenado".


Cuando estamos delante de una masa existe un recurso práctico policialmente hablando: la activación de la mayoría pasiva. Se trata de detectar aquellas personas que muestren tranquilidad para que ayuden al control de los brotes hostiles y de histeria, contribuyendo a que la situación no desborde en violencia grupal desmedida.


Los agentes actuantes necesitan desarrollar conductas que se adapten a los distintos acontecimientos. Nada tiene que ver actuar con un individuo aislado que hacerlo con ese mismo individuo dentro de un colectivo con motivaciones análogas.


Cualquier masa pacífica, es una masa potencialmente violenta, que puede pasar rápidamente de un estado al otro, bajo determinadas condiciones”.

Gustave Le Bon (1841-1931)


Concluyendo, saber lo que tienes en frente y sus posibles reacciones ayudarán enormemente a la hora de elegir la respuesta más eficaz y segura para todos los implicados, pudiendo así economizar medios dirigiéndolos hacia los brotes hostiles.



El autor, Daniel Rodríguez Castillo, es responsable del Grupo Operativo de Apoyo y Prevención de la Policía Local de Los Barrios (Cádiz); Máster en fenomenología terrorista por la Universidad de Granada, especialista en prevención epidemiológica aplicada al ámbito de la Seguridad. Máster en Protección Civil y Gestión de Emergencias (Universidad de Valencia). Colaborador de la Red SAFE WORLD desde diciembre de 2019.

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