El inmenso poder de la Asociación Nacional del Rifle en EEUU

La cultura del arma de fuego forma parte de la naturaleza de los Estados Unidos


Un nuevo suceso relacionado con las armas de fuego ha sacudido a la Sociedad de Estados Unidos, conocido ya como “matanza de San Valentín” por ocurrir el 14 de febrero. Un joven de tan solo 19 años de edad ha matado a 17 personas y herido a otras quince, en un instituto de enseñanza secundaria en el Estado de Florida, en la localidad de Parkland.


Nikolas Cruz era miembro de un club juvenil financiado con algo más de 10.000 dólares por la Asociación Nacional del Rifle (ANR) denominado Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales Juveniles de Reserva del Ejército (JROTC); de hecho, llevaba puesta una camiseta del club el día que realizó la masacre. Sus compañeros dicen de él que era muy buen tirador y que decía tener un fusil AR-15 y varias armas cortas. En el campo de tiro del instituto en realidad se practicaba con armas de aire comprimido y se inculcaban también medidas de seguridad para defenderse de un tirador que pudiera atacarles en un momento dado, instrucciones que les resultaron muy valiosas a los compañeros de Nikolas Cruz para huir de sus disparos. De hecho, se parapetaron tras las láminas que se usan en los ejercicios de tiro por si Cruz iba a por ellos (el asesino fue expulsado del instituto en 2017).

El AR-15 es el arma más popular en Estados Unidos y cualquiera pueda adquirirla siempre y cuando no tenga antecedentes delictivos. Como puede “tunearse” fácilmente, muchos jóvenes la poseen como regalo de sus padres o adquirida por ellos mismos pues su precio ronda los 600 dólares tan solo, menos que muchos teléfonos móviles.

Tan solo dos años atrás se había producido la masacre de Orlando en un local de ambiente homosexual con lo que Florida tiene el record de muertes en sucesos de este tipo. Sin embargo, ni ese horrible suceso ni los posteriores (el de Las Vegas y el del instituto de secundaria) suponen un cambio en la postura de los norteamericanos con respecto a las armas de fuego lo que les permite a los ejecutivos de la Asociación Nacional del Rifle mantener su gran influencia en la clase política estadounidense.

La ANR cuenta con más de cinco millones de miembros y el triple de simpatizantes lo que le otorga un gran respaldo popular y poder económico gracias a las cuotas de los socios.

Al servicio ofrecido por el pastor baptista de la comunidad acudió el gobernador de Florida que sin embargo defiende que se mantenga la famosa segunda enmienda de la Constitución de los Estados Unidos que permite poseer armas de fuego a todo el que lo desee con muy escasas limitaciones (están prohibidas las armas automáticas). Claro que el gobernador cuenta con un amplísimo marco de apoyo ya que tres cuartas partes de la población del País están a favor de la polémica Segunda Enmienda, introducida tan solo dos años después de la aprobación de la Constitución, en 1789. La ANR ha sabido canalizar y manipular a estos potenciales votantes por lo que a cualquier candidato le interesa llevarse bien con la Asociación.


Por si acaso, para evitar que se produzca un cambio de tornas, los directivos no dudan en promover millonarias donaciones colectivas, pero también individuales, de los socios con más recursos, a campañas políticas de congresistas y senadores, tanto demócratas como republicanos. Se aseguran, de este modo, el apoyo presidencial, sea quien sea el inquilino que ocupe la Casa Blanca. El propio presidente Trump recibió, para su campaña, 31 millones de dólares.


Por otro lado, prohibir o limitar la venta de armas sería una medida antipopular por el desempleo que produciría al verse obligados muchos establecimientos comerciales y fábricas de armas a cerrar. Hablamos de un negocio que mueve casi 100.000 millones de dólares anuales.

La Asociación Nacional del Rifle se fundó en 1871 en el Estado de Virginia, pero cuando más famosa se hizo fue cuando el inolvidable actor Charlton Heston, con 75 años de edad, la presidió durante cinco años y concedía ruedas de prensa a los medios de comunicación que concluía enarbolando un rifle.


El poder de convocatoria de la ANR es increíble y no dudan en organizar manifestaciones y actos en defensa de la Segunda Enmienda y el derecho ciudadano de uso y porte de armas, siendo de los pocos movimientos que consiguen un respaldo masivo para los eventos que organizan. Pero les ha salido un serio contrincante: Michael Bloomberg, que fue alcalde de Nueva York durante once años y además en una época en la que los nervios estaban caldeados, justo después del 11-S.


Bloomberg es uno de los 35 estadounidenses más ricos y ya ha anunciado que piensa utilizar su influencia y poder económico en conseguir que se regule el control de armas de fuego. Su compañía multinacional domina un tercio del mercado de los medios de comunicación en Estados Unidos y por ello la revista Forbes le considera una de las veinte personas más influyentes del Mundo. De posicionarse a favor del control de armas, la ANR encontraría la horma de su zapato, pero en principio, y teniendo en cuenta el mayoritario respaldo popular a la Segunda Enmienda, será una dura batalla.


Parece que la única esperanza para los partidarios del control de armas de fuego es el relevo generacional puesto que la mayoría de la juventud norteamericana se posiciona en contra de las armas en las redes sociales, que son el foro de opinión más importante de la actualidad. Claro que casi 150 años de Historia en los que han sorteado varios obstáculos, saliendo airosos de todas las pruebas, les otorga gran autoridad. Durante el pasado siglo, la ANR se mantuvo fuerte, en especial durante los años 80 con Ronald Reagan como presidente. Así que tienen la experiencia suficiente para diseñar campañas de opinión que vuelquen la balanza de su lado también entre los jóvenes actuales. La última aboga por controlar los dispositivos que pueden convertir un arma semiautomática en automática dando a entender que el arma en sí no es el problema sino los que venden las piezas que pueden cambiar su función defensiva en agresiva. Son dispositivos que cuestan poco más de cien dólares y además legales ya que fueron autorizados por el Gobierno Barack Obama; toda una incongruencia puesto que este presidente luchó durante su mandato por la regulación de las armas de fuego.

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