Las peores olas de frío de la Historia

Actualizado: jun 24

¿Creéis que ha hecho frío este invierno? Aún queda un mes, pero los registros históricos nos muestran que para nada ha sido el año más gélido, ni mucho menos.

Tampoco parece que el cambio climático sea el causante porque los más veteranos recuerdan el crudísimo invierno de 1944-45 como uno de los peores de la Historia de España. Y, además, en plena posguerra, con escasos recursos para protegerse del frío. La media alcanzó los 15-16 grados bajo cero; si semejante temperatura, en nuestro tiempo actual, ya resulta temible, imaginad en una época sin calefacción salvo la que proporcionaban las hogueras.


La temperatura más baja registrada en España es 32 grados bajo cero en el lago Estany Gento (Provincia de Lleida), durante la ola de frío de 1956; claro que en los Pirineos se llegaría a alcanzar los 50 grados bajo cero. La cosecha de olivos se perdió lo que resulta inaudito puesto que los olivares soportan bajas temperaturas, pero evidentemente, no tan bajas. Por debajo de los cinco grados bajo cero los olivos paran su producción por lo que, si el temporal de frío se alarga demasiado, la producción se pierde.


Una nueva y terrible ola de frío sacude el País en 1971, si bien la situación económica era mucho mejor para soportarlo, como en 1983 que sería de los peores inviernos que se recuerdan en España. La temperatura media en febrero de aquel año bajo a casi siete grados bajo cero durante diez días, afectando a casi la totalidad del País. Peor sería la del mes de enero de 1985, con temperaturas que rebasaron los siete grados bajo cero y una zona afectada aún mayor que dos años antes (solo cinco Provincias de las 50 españolas se escaparon de los efectos de la ola de frío). No solo es la que más territorio abarcó sino también la que más daños causó con pérdidas multimillonarias en la agricultura de las que costó mucho recuperarse; la producción de naranjas del Mediterráneo se perdió en su totalidad.


Ya en el siglo XXI, sería el 2001 el que vería las temperaturas más bajas que se recuerdan y ciertamente fue un comienzo del milenio nefasto con el 11-S y el comienzo de la Guerra de Afganistán. En España, 32 Provincias se verían seriamente afectadas por la intensa ola de frío, con temperaturas que superaron los ocho grados bajo cero durante más de dos semanas.

La Agencia Española de Meteorología considera que una ola de frío es la que dura al menos tres días, con temperaturas extremadamente bajas y afectando a un amplio territorio.

Claro que si les dijéramos esto a unos hipotéticos seres humanos que hubieran vivido la superglaciación de hace 717 millones de años, nos dirían que nosotros, los humanos actuales, no sabemos lo que es el verdadero frío. Porque en ese momento del Período denominado Criogénico toda la Tierra estaba cubierta de hielo y nieve, incluidos los Océanos. Las temperaturas eran de 50 grados bajo cero durando este infierno blanco nada menos que 12 millones de años. La explicación parece ser una megaerupción volcánica, en Groenlandia (que entonces no era el Polo Norte sino el Ecuador, debido a la lenta pero continua deriva continental), lanzando a la atmósfera tal cantidad de ceniza y dióxido de sulfuro que cubriría toda el Planeta impidiendo que llegara la luz del Sol.


La pequeña Edad de Hielo

En la capital de España, Madrid, la temperatura más baja registrada pertenece al siglo XIX y no un mes de invierno sino de otoño, Noviembre: los termómetros bajarían a 12,5 grados bajo cero.


Ya vemos como el frío actual de algunos inviernos no se debe al cambio climático, independientemente de que ese fenómeno haga que las olas de frío sean más frecuentes que antaño. Pero lo cierto es que se recuerdan, incluso hace siglos, épocas mucho más frías que el siglo en el que vivimos.


Entre los siglos XIV y XIX se vivió lo que se conoce como “Pequeña Edad de Hielo”, al parecer fruto de erupciones volcánicas. Fueron décadas muy frías que motivaron que no creciera casi nada en los campos con la consiguiente hambruna, pandemias de peste bubónica y por supuesto guerras como en China: sería la reacción en cadena provocada por el frío extremo lo que derrocó a la dinastía reinante y llevó al poder a la nueva dinastía Ming que gobernó durante tres siglos. Los campesinos, que no podían pagar impuestos puesto que sus cosechas se habían helado, se rebelaron contra sus señores. Algo similar sucedió en Europa Occidental, pues la ola de frío era global: la crisis agraria provoca que las potencias emergentes se alzaran contra los grandes imperios, éstos últimos (como el hispánico), ya de por sí debilitados por la misma razón. La Guerra de los Treinta Años, en la primera mitad del siglo XVII, supuso el declive del Imperio Español y su relevo hegemónico a cargo de Francia que supo aprovecharse de la debilidad económica española.


Curiosamente, el apogeo hispánico coincidió con el momento más crudo de la Pequeña Edad de Hielo, entre 1560 y 1660, pero ese esfuerzo sobrehumano que llevaría a España a ser la dueña de medio Mundo durante más de cien años le pasó factura. Las bajísimas temperaturas con las consiguientes crisis del campo sin que se modernizaran las técnicas agrícolas (como si hicieron otros Países tales como Holanda) llevó a la ruina al campesinado español, la base de la economía del País. Sin dinero no podían comprar con lo que el comercio también se resintió y sin poder recaudar impuestos, la Corona de España no pudo mantener su enorme gasto militar, hundiéndose el Imperio.


En Murcia, donde muy raramente nieva en la actualidad, en aquella época existían los llamados “pozos de nieve” que recogían hielo para venderlo después, durante todo el año; podemos pues hacernos una idea de lo que supuso aquella superola de frío de varios siglos de duración.


Otro dato: ¿sabéis el frío que debe haber para que un río como el Ebro se congele? Hablamos de uno de los ríos más caudalosos de Europa con lo que se necesitan temperaturas muy bajas (por debajo de los diez grados bajo cero) que se mantengan durante muchos días para conseguir helar un río con tanto caudal. Pues bien, durante la Pequeña Edad de Hielo se congeló varias veces.


Fue el crudísimo invierno de 1812 el que motivó que Napoleón se tuviera que retirar de Rusia derrotado por tan adversa climatología.


A finales del siglo XIX comenzó un nuevo período más cálido, que todavía dura pero que ya se vivió anteriormente, entre los siglos X y XIV. Fue aquel clima benigno el que favoreció que los vikingos, que vivían en una zona tradicionalmente fría, salieran de sus poblados para llevar a cabo sus razzias por toda Europa e incluso colonizaran Groenlandia.

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