Estrés laboral: el gran enemigo

Considerado una pandemia global por la OMS, el estrés en el trabajo causa cada año más bajas laborales y con ello una menor productividad.

En ocasiones, la presión es tan grande que nos vemos superados

El trabajo que desempeñemos puede darnos muchas satisfacciones pero también atosigarnos de tal modo que nos sintamos superados por situaciones a las que no sabemos o no estamos capacitados para enfrentarnos, o sencillamente no nos encontramos en ese momento concreto en condiciones óptimas para afrontarlas. Ello puede provocar serios percances en nuestra salud como ha dejado claro un estudio de la Universidad sueca de Jönköping que arroja el nada tranquilizante resultado de que el estrés laboral es excesivamente alto en casi la mitad de la población activa en Suecia. Si continúan a ese ritmo sin ponerle remedio pudieran sufrir fibrilación auricular lo que puede derivar, en los casos más extremos, en un infarto.


Lo peor es que se desconocen con exactitud las razones que provocan el estrés laboral y por qué lo que a unas personas les afecta en demasía a otras no les causa el menor daño y sobre todo por qué puede llegar a producirse la fibrilación. Ésta última se detecta cuando notamos que el corazón va a un ritmo mayor del habitual y además con latidos descoordinados con respecto a las aurículas del corazón, que son esas cavidades sobre cada uno de los ventrículos por los que entra la sangre que bombea el corazón.


Más del 4% de los españoles padecen alguna arritmia auricular a partir de los 40 años de edad. De no ir al médico la primera vez que se sufra pudiera desembocar, con el tiempo, en un ictus o peor aún en muerte súbita.

En la investigación de la universidad sueca, los científicos aprovecharon la Encuesta Ocupacional Longitudinal de Salud de Suecia, que es bianual, y muestra hábitos de salud y condiciones laborales de miles de suecos, pidiéndoles permiso para monitorearles durante varios años para comprobar si en el período de estudio padecían algún tipo de patología cardíaca a pesar de no haberla sufrido nunca antes. Se dieron decenas de casos de fibrilación auricular. Y se pudo comprobar también que no de mejorar los hábitos de vida dañinos, como el tabaco, el sedentarismo o la obesidad, el riesgo de hipertensión arterial era mayor lo que podía provocar otro episodio de arritmia tanto en quiénes ya lo habían padecido como en los que nunca habían experimentado esta enfermedad. El riesgo era mayor aun cuando el estrés laboral era superior, entiéndase cuando está sometido a una gran presión psicológica porque se le pida más de lo que cree que puede aportar o piense que le falta tiempo para cubrir objetivos.


El estudio que utilizamos de referente mostró también que en las últimas décadas el riesgo de padecer arritmia auricular por estrés laboral se ha incrementado un 11%, al menos en Suecia. En España, diferentes encuestas reflejan que tres cuartas partes de las empresas cuentan con personal que se ha visto afectado en alguna ocasión por algún tipo de arritmia causado por el estrés laboral. Una de esas encuestas fue llevada a cabo por la empresa de búsqueda de empleo online Infojobs y ESADE (Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas de la Universidad Ramón Llull, de Barcelona), resultando que los empleados encuestados (de cientos de empresas diferentes) señalaban al excesivo ritmo de trabajo y el volumen del mismo como la principal razón de estrés laboral a la que seguía la presión a la que estaban sometidos y el alto nivel de responsabilidad que se les exige. Cuando se les preguntó a los empleadores y directivos, coincidían en colocar en los primeros puestos al ritmo y volumen del trabajo, así como la presión, pero sitúan el mal ambiente en el trabajo, la desmotivación, la incertidumbre por su futuro laboral y el acoso en el trabajo por delante de la responsabilidad que se les exige.


Parece que el estrés laboral afecta más a los empleados con alguna responsabilidad en la actividad de la empresa o entidad en la que trabaje, porque ejerza algún cargo, especialmente en las escalas intermedias. En la encuesta de Infojobs y ESADE, el 13% de los encuestados aseguró que su nivel de estrés laboral era muy alto. En México, el Instituto Mexicano de Seguro Social muestra un 60% aunque este País se encuentra en primer lugar de satisfacción laboral de sus trabajadores, en Latinoamérica, pero alejado de Europa; en este último continente, en Noruega el 80% de las personas que trabajan están satisfechas con su labor y en España el 77%.


El estrés laboral existe en todo el Mundo y diferentes encuestas realizadas en distintos Países muestran que los trabajadores tanto del ámbito público como privado reconocen haber estado sometidos a una alta carga de presión en su puesto de trabajo, en alguna ocasión. Los síntomas que lo delatan son cefaleas e insomnio, lo que les deja agotados físicamente e impide que se concentren debidamente en su trabajo, una mayor irritabilidad y problemas de digestión. El dolor físico se suele manifestar, además de en la cabeza, en la espalda. De hecho, ya se reconoce el estrés crónico con la denominación clínica de síndrome de “desgaste profesional” o burnout: el afectado/a ya no siente la pasión o el estímulo inicial que le atraía de su trabajo creyendo incuso que ha perdido el tiempo y que no está realizado como profesional. Quienes padecen este síndrome son más propensos a las indisposiciones por motivos de salud y a rendir bastante menos en su trabajo.

Por lo general, el desgaste profesional se da en aquellas personas sometidas a un exceso continuo de horas de trabajo, con una sobrecarga notable, empeorando si la labor desempeñada es rutinaria y poco flexible. Se puede agravar aún más si existe algún problema con los compañeros/as de trabajo por lo que el afectado crea que carece de apoyos.


Si a todo lo anterior añadimos la falta de oportunidades para promocionarse o mejorar en su puesto, la situación puede desencadenar en un cuadro clínico de especial preocupación ya que como se ha indicado antes afecta al estado físico. También puede darse en personas que son demasiado perfeccionistas. En cambio, las personas con gran capacidad para resistir las adversidades no son propensas a esta afección porque suelen ser más sociables con lo que cuentan con amistades que les brindan apoyo y porque son previsoras no arriesgando su salud con hábitos que se sabe son dañinos.


Los oficios en los que se ha detectado un mayor número de casos de síndrome de desgaste profesional son los conductores (de autobuses, trenes, transportistas, etc.), los profesores y los sanitarios, entre los que ofrecen un servicio a otras personas y entre los que llevan a cabo su labor sin interactuar con nadie, los reponedores o empleados en fábricas de montaje.


Según los especialistas consultados para este artículo, el mejor modo de prevenir el síndrome de desgaste profesional es descansar bien (durmiendo las horas que el sujeto considere suficientes para encontrarse bien al día siguiente), no ser impuntual para de ese modo no verse obligado a ir más rápido en su cometido laboral, hacer ejercicio físico regular. Las pausas breves en la tarea, la que tenga asignada, también son muy beneficiosas, de unos minutos tan solo, para relajarse mentalmente tomando un café, un té o simplemente agua mientras se charla con los compañeros sobre cualquier tema que no tenga que ver con el trabajo. Resulta de gran ayuda también planificarse correctamente y tener nuestro puesto de trabajo bien ordenado, para evitar ponernos nerviosos porque no encontremos algo que nos haga falta inmediatamente y agradable (una pequeña maceta con alguna planta relaja mucho, créanme). No dudar en solicitar ayuda o si ejercemos un cargo de responsabilidad delegar si fuera necesario.


Los patronos o empleadores también deben poner de su parte otorgando, al menos, un día de descanso semanal; bajo ningún pretexto se debiera obligar a una persona a trabajar toda la semana sin una jornada para el descanso.

No es un asunto que deba tomarse a la ligera puesto que el estrés ya está considerado una enfermedad pandémica con efectos globales en todo el Mundo. Si las empresas quieren evitar rotar continuamente a sus empleados porque no rindan lo suficiente en determinados departamentos a causa del estrés o acoso laboral, lo que redunda en una menor productividad o que se produzcan accidentes por falta de concentración, deben implicarse más de lo que lo hacen actualmente. Son pocas las que toman medidas efectivas. Los directivos y ejecutivos han de propiciar un buen ambiente y óptimas condiciones laborales. Pero si esas condiciones no se dan, lo que le queda al empleado es relajarse y para ello las técnicas y ejercicios de meditación pudieran ser una excelente ayuda. Y por supuesto el ejercicio físico ya que libera endorfinas que son hormonas antiestrés. En este sentido, lo que no debemos es perder por un lado lo que ganamos por otro, introduciendo toxinas en nuestro cuerpo como las que aporta el tabaco o alimentos con alto contenido en grasas saturadas. Optemos por aumentar nuestra ingesta de frutas y verduras.


Ahora bien, los psiquiatras y psicólogos identifican dos tipos de estrés: uno positivo (aunque nos cueste trabajo creerlo) y el negativo más conocido. El positivo se denomina “eutrés” y es cuando nos sentimos muy estimulados para cumplir los objetivos que se nos hayan marcado o que nosotros mismos nos hemos impuesto como metas, pero alcanzadas de forma relajada aunque sin perder el tiempo. Y luego está el “distrés”, que es del que hablamos en el artículo, el perjudicial. Uno de los efectos directos del distrés en nuestro organismo es el aumento del nivel de cortisol, la llamada “hormona del estrés”, que producen las glándulas suprarrenales que son las que ayudan al buen funcionamiento del corazón y a mantener la presión arterial en su nivel correcto. De ahí que un elevado nivel de cualquiera de las hormonas que producen, como el cortisol, puede aumentar el ritmo cardíaco y la tensión.


Así que ya lo saben: cuando crean que el estrés en el trabajo les sacude, párense un momento, respiren profundamente varias veces y piensen que todo tiene solución; es por su bien.

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