Crece el antisemitismo

Actualizado: 26 de dic de 2019

Parecía que el odio hacia los judíos había quedado sepultado tras la ignominia del Holocausto pero no es así.

Campo de exterminio de Auschwitz

Aun hay personas que niegan el holocausto; habría que mostrarles ejemplos de magnánima humanidad como el de Mauricio Hochschild que, desde Bolivia, donde poseía gran número de minas de estaño, dio refugio a más de 10.000 alemanes judíos que huían del régimen nazi. La veracidad de tal proeza queda de manifiesto con la misiva que Hochschild envió a James Rosenberg, en 1940, quién residía en Nueva York, a quién pide que le ayude con dinero para financiar la huida, viaje y estancia de los judíos que intentaban llegar a Bolivia (la carta y otros documentos figuran entre los archivos del Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO). En la carta se asegura contar con la cooperación del Gobierno boliviano, permitiendo el asilo de más de 9.000 judíos alemanes y que la idea era acoger a otros 30.000. Una vez en el País, se les daba trabajo en el sector agrícola. Para hacernos una idea de la magnitud de la odisea semita boliviana, el referente más conocido de ayuda a los judíos en la Segunda Guerra Mundial, Oskar Schindler, que inspiró la archiconocida película “La Lista de Schindler” de Steven Spielberg, menciona al empresario alemán que ayudó a 1.200 judíos a esconderse o sobrevivir de la persecución de Hitler. Sin embargo y sin desmerecer dicha proeza, Hochschild pudo haber salvado diez veces más hombres, mujeres y niños que Schindler. Claro que éste último no era judío, en cambio Hochschild sí que lo era, de hecho, su hermana murió en el campo de concentración de Auschwitz.


Lo que sí es un símil con Schindler es que ambos eran empresarios y sobre los dos revoloteó la sospecha de que amasaron su fortuna “comprando” a gobernantes corruptos, pero como decía anteriormente, existe prueba documental sobre la llegada de esos inmigrantes judíos procedentes de Europa, gracias al Archivo Histórico de la Minería Nacional de Bolivia, durante la Segunda Guerra Mundial, propiciado por el empresario Mauricio Hochschild.



Actividad antisemita en la actualidad

Según el FBI, la comunidad judía es la que más ataques sufre de todos los colectivos religiosos en EEUU

Hace tan solo un par de días, un individuo seguidor del movimiento de supremacía blanca llevó a cabo una matanza en una sinagoga de Pittsburgh asesinando a once personas e hiriendo a otras seis. El asesino es Robert Bowers, de 46 años de edad, y actuó con total sangre fría durante la fiesta religiosa semanal judía, el «Shabbat», consciente de que la sinagoga que atacó estaría repleta de fieles (la comunidad judía de la ciudad es de más de 50.000 personas). Armado con un rifle semiautomático y gritando «todos los judíos deben morir» no dudó en disparar contra todos los que halló a su paso.


Otras acciones contra la comunidad judía:

  • En 2012, en la ciudad francesa de Toulouse, un motorista mató a tres niños y un maestro en la escuela judía Ozar Hatorah.

  • En 2014, en Bruselas, dos yihadistas atentan contra el museo judío de la ciudad, matando a cuatro personas. Este mismo año (2018) se ha celebrado el juicio contra el ideólogo del ataque, Mehdi Nemmouche.

  • 2015: Amedy Coulibaly mató a cuatro personas en un supermercado judío de París (decía actuar en nombre del ISIS como venganza a la acción militar francesa en Mali y Siria. Coubaly, antes de secuestrar a los clientes del supermercado, ya había asesinado a un policía local.

En la localidad de Charlottesville (EEUU), en 2017, se produjeron movilizaciones de protesta por grupos supremacistas que se oponían a la retirada de la estatua del General Robert E. Lee, del bando confederado en la Guerra Civil de los Estados Unidos en el siglo XIX, que estaba a favor de la esclavitud. Un individuo atropelló a la activista Heather Heyer, muriendo otras dos personas, resultando heridas 19 personas más en los tumultos que se desataron entre supremacistas y quiénes se enfrentaron a ellos. El líder de éstos últimos, Richard Spencer, era visto en la manifestación gritando «sig heil» (el famoso grito nazi). Son grupos cuyo respaldo crece gracias, sobre todo, a su propaganda en Internet que es como se hacen eco de sus acciones: 1.986 atentados de todo tipo contra locales, personas o intereses judíos solo en los Estados Unidos, en 2017, según la la Liga Antidifamación.


El informe sobre delitos de odio en Estados Unidos, elaborado por el FBI, correspondiente a 2016, señala a la comunidad judía como uno de los colectivos más atacados de los Estados Unidos (hasta noviembre próximo no conoceremos los datos de 2017). Los musulmanes sufrieron 388 ataques, un 26% más que en 2015 pero los judíos en torno a 1.200 ataques, prácticamente la mitad de todos los atentados de tipo religioso perpetrados en el País (entendiéndose por atentados, agresiones de todo tipo, con o sin muertos o heridos). Cualquier ataque es deleznable, dirigido hacia cualquier persona o colectivo, pero resultan llamativas las cifras.


El presidente de la comunidad judía de Europa, el rabino Avi Tawil, ha declarado a los medios que existe un gran odio antisemita dirigido tanto hacia los judíos como los musulmanes, sintiendo mucho los ataques dirigidos también hacia la comunidad musulmana.

Con lo cual, vemos que los judíos tenían dos enemigos acérrimos: los neonazis y los yihadistas. A éstos se han unido, en los últimos años, determinados grupos de extrema izquierda que cargan contra Israel y la comunidad judía en un renovado antisionismo, alimentado ideológicamente por algunas formaciones políticas. Incluso las expresiones culturales corren peligro, como le sucedió a Matisyahu, el cantante de reggae norteamericano y judío, que fue insultado en el festival Rototom de Benicàssim (España) por grupos propalestinos que le gritaban “asesino”. El artista en ningún momento alentó ninguna acción en contra del movimiento palestino ni respondió a los insultos, salvo para decir “los que tengáis el corazón por bandera, alzad vuestras manos".



Medidas e iniciativas para frenar el antisemitismo


¿De veras se debe trasladar el odio al arte? ¿Ese es el modo en que se acabará con la violencia de tipo religioso y el extremismo político? Afortunadamente, tanto en España como en resto del Mundo hay muchos más amantes de la paz y la concordia que simpatizantes de esos movimientos populistas que incitan al odio y el antisemitismo.


El propietario del Chelsea Football Club, el multimillonario judío Roman Abramovich, ha declarado a la prensa que está impulsando una iniciativa consistente en que los aficionados que insulten a jugadores de otros clubes con expresiones antisemitas, visiten el campo de concentración de Auschwitz (Polonia) para que comprueben, en ese lugar y de primera mano, los horrores que padecieron los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Los muros de Auschwitz fueron testigos del holocausto judío

En esa prisión murieron cientos de miles de judíos y personas de otras etnias. Abramovich invitará a los que sean detectados entre los hinchas profiriendo insultos racistas o antisemitas a visitar ese lugar, independientemente de que se les sancione según la gravedad de las acciones que lleven a cabo. La comunidad judía de Londres ha visto la iniciativa con buenos ojos. El primer grupo de aficionados, de 150 personas, ya viajó a Polonia con tal objetivo, pagado el desplazamiento y alojamiento por la Fundación “Building Bridges” (Construyendo Puentes) del club y la cooperación del Congreso Judío Mundial. Todo sea por que no se repita el bochornoso episodio que protagonizaron más de 400 aficionados del Chelsea, en París en 2014, en un partido de la Liga de Campeones europea, desfilando por las calles con el saludo nazi y lanzando insultos racistas.


En Internet también se puede hacer mucho más de lo que se hace. No es prudente ni racional permitir que en las redes sociales se difundan mensajes de odio como en el perfil del asesino Robert Bowers, el asesino de Pittsburgh, que no sería clausurado hasta después del atentado. Hasta ese momento, colgó todo tipo de proclamas que incitaban al odio, diciendo barbaridades como que los judíos son seres demoníacos. Lo que muchos ven como las excentricidades de un loco, otros pocos tan desquiciados como él lo creen y secundan. Y esto en un País como los Estados Unidos, con la permisividad que existe con respecto a las armas de fuego, lo que resulta de gran riesgo. Los actuales grupos supremacistas y neofascistas se comunican vía Internet y cuentan con un medio de propaganda que hubiera hecho las delicias del mismísimo Hitler.


El magnate judío George Soros, quién ha invertido enormes sumas de dinero en todo tipo de causas sociales y humanitarias, sobre todo dirigidas en ayuda de los inmigrantes en los Estados Unidos (el propio Soros es de origen húngaro), fue atacado en su casa al recibir un sobre-bomba, sin consecuencias afortunadamente. No fue el único ya que otras trece personas, principalmente políticos del Partido Demócrata -entre ellos Barack Obama y Hillary Clinton-, también los recibieron, incluso el actor Robert de Niro. El terrorista que envió las misivas explosivas sería detenido poco después, un individuo simpatizante de la extrema derecha. Los inmigrantes, no solamente judíos, también musulmanes, así como quiénes les apoyen o ayuden son objetivos de los grupos radicales e individuos que, actuando en solitario, simpatizan con sus causas.


Los que opinan que Donald Trump alienta estas expresiones antisemitas no saben que sería una contrariedad porque su hija y yerno son judíos ortodoxos. De hecho, Trump condenó la masacre de Pittsburg como un "un acto desquiciado” calificándolo como un ataque a todos los norteamericanos, sean de la religión que sean. Lo que sucede con Trump es que al estar a favor de la venta de armas de fuego y de que no se limite la misma, en ocasiones realiza declaraciones de lo más contradictorias.


El pueblo alemán tuvo que sufrir durante décadas el estigma internacional de condena y reprobación por mirar hacia otro lado mientras los nazis llevaban a cabo la “solución final” hacia sus vecinos judíos con los que habían convivido desde siempre. Desde la "noche de los cristales rotos" (1938), en la que se atacaron numerosos comercios judíos, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, sufrieron todo tipo de acoso y desmanes. Hoy en día, en Alemania son muchísimos más los que abogan por la solidaridad y la paz, pero el movimiento neonazi crece de forma preocupante.


El pastor luterano Martin Niemöller criticó de manera intensa la actitud del régimen nazi por lo que sería detenido por la temible Gestapo y encerrado en campos de concentración. Un poema suyo refleja de forma desgarradora la situación:


Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.


Niemöller nos dijo que no era una sola cuestión religiosa o de odio hacia una etnia en concreto, sino hacia todo el que se posicionara contra el régimen autoritario impuesto por los fascistas pero, sin duda, los judíos se llevaron la peor parte, una lacra que hoy continúa.

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