¿Aumenta o desciende el antisemitismo?

Según sea el organismo consultado, no hay acuerdo con respecto a las cifras, surgiendo la polémica sobre lo que debe ser considerado "atentado"

Judíos ortodoxos rezando en el Muro de las Lamentaciones

La Real Academia de la Lengua Española ofrece cuatro posibles significados para el vocablo "atentado":

  1. Agresión o desacato grave a la autoridad u ofensa a un principio u orden que se considera recto.

  2. Agresión contra la vida o la integridad física o moral de alguien

  3. Delito que consiste en la violencia o resistencia grave contra la autoridad o sus agentes en el ejercicio de funciones públicas, sin llegar a la rebelión ni sedición

  4. Procedimiento abusivo de cualquier autoridad

Ninguna de esas definiciones cuadra con los actos vandálicos de los que han sido objeto templos y comercios judíos (salvo si han sido incendiados) en el caso de las pintadas ofensivas que han aparecido en algunos de ellos y sin embargo son consideradas por algunos colectivos judíos como atentados. Tal vez por ello se produzca el baile de cifras sobre lo que consideran esos colectivos, como el Consejo Mundial Judío, un ataque terrorista o criminal y lo que el FBI registra como tal.


Sin embargo, la violencia antisemita ciertamente existe y si bien parece que está disminuyendo, los ataques terroristas contra la población judía y musulmana se han recrudecido en los últimos años.


Actividad antisemita en la actualidad

Según el FBI, la comunidad judía no es la que más ataques sufre en EEUU

Robert Bowers, de 48 años de edad, seguidor del movimiento de supremacía blanca, llevó a cabo una matanza en una sinagoga de Pittsburgh asesinando a once personas e hiriendo a otras seis; sucedió en octubre de 2018. Actuó con total sangre fría durante la fiesta religiosa semanal judía, el «Shabbat», consciente de que la sinagoga que atacó estaría repleta de fieles (la comunidad judía de la ciudad es de más de 50.000 personas). Armado con un rifle semiautomático y gritando «todos los judíos deben morir» no dudó en disparar contra todos los que halló a su paso.


Otras acciones contra la comunidad judía:

  • En 2012, en la ciudad francesa de Toulouse, un motorista mató a tres niños y un maestro en la escuela Ozar Hatorah.

  • En 2014, en Bruselas, dos yihadistas atentan contra el museo judío de la ciudad, matando a cuatro personas. En 2018 se celebró el juicio contra el ideólogo del ataque, Mehdi Nemmouche, siendo condenado al año siguiente a cadena perpetua.

  • 2015: Amedy Coulibaly mató a cuatro personas en un supermercado judío de París (decía actuar en nombre del ISIS como venganza a la acción militar francesa en Mali y Siria). Coubaly, antes de secuestrar a los clientes del supermercado, ya había asesinado a un policía local.

  • 2019, Halle (Alemania): un terrorista supremacista intentó tirar abajo el portón de la sinagoga de la ciudad, mientas los fieles en el interior celebraban el Yom Kippur (Día de la Expiación, la fiesta más sagrada de los judíos). La idea del criminal era provocar una masacre pero al no poder echar abajo la sólida puerta, asesinó a tiros a dos personas en la calle, grabándolo y colgando el vídeo en sus redes sociales.

2.107 atentados de todo tipo contra locales, personas o intereses judíos solo en los Estados Unidos, en 2019, según la ADL (Anti-Defamation League, "Liga Anti-Difamación"), incluyendo cinco homicidios. Supone un incremento del 6% con respecto a 2017. Lo que no concuerda con el informe sobre delitos de odio del FBI que lleva registrando un descenso del número de ataques desde hace años: en 2016 contabilizó la agencia federal 1.200 agresiones, descendiendo a 938 ataques en 2017 y un año después 835, un 11% menos.


La peor parte se la lleva el colectivo afroamericano; si bien se redujo el número de ataques (según el FBI), sigue siendo muy elevado: 2.358 agresiones en 2017, reduciéndose un 18% en 2018.


En la localidad de Charlottesville (EEUU), en 2017, se produjeron movilizaciones de protesta por grupos supremacistas que se oponían a la retirada de la estatua del General Robert E. Lee, del bando confederado en la Guerra Civil de los Estados Unidos en el siglo XIX, que estaba a favor de la esclavitud. Un individuo atropelló a la activista Heather Heyer, muriendo otras dos personas, resultando heridas 19 personas más en los tumultos que se desataron entre supremacistas y quiénes se enfrentaron a ellos. El líder de los primeros, Richard Spencer, era visto en la manifestación gritando «sig heil» (el famoso grito nazi). Son grupos cuyo respaldo crece gracias, sobre todo, a su propaganda en Internet que es como se hacen eco de sus acciones.


Los musulmanes sufrieron 388 ataques en 2016, un 26% más que en 2015 pero bajaría en 2017 a la cifra de 273 casos y al año siguiente desciende aún más, a 188 casos de agresión (de todo tipo).

Pintada en la sinagoga de Barcelona

Si se trata de simple vandalismo de carácter leve, como una pintada, es posible que los Cuerpos de Seguridad no lo registren como verdaderos ataques o atentados. En cambio, las asociaciones judías meten todo en el mismo saco y de ahí que salgan cifras tan elevadas de ataques a su comunidad. Si bien son actos condenables, no dejan de ser "gamberradas".


El presidente de la comunidad judía de Europa, el rabino Avi Tawil, declaró a los medios que existe un gran odio antisemita dirigido tanto hacia los judíos como los musulmanes

Así que vemos como algunas asociaciones aseguran que los ataques a la comunidad judía se han incrementado mientras el FBI lo niega. En cambio,el Centro Kantor para el Estudio de la Judería Europea Contemporánea, de la Universidad de Tel Aviv, dice que en efecto ha aumentado el odio hacia los semitas y la negación del holocausto, a escala mundial.


Los judíos tienen dos enemigos acérrimos: los neonazis y los yihadistas. A éstos se han unido, en los últimos años, determinados grupos de extrema izquierda que cargan contra Israel y la comunidad judía en un renovado antisionismo, alimentado ideológicamente por algunas formaciones políticas. Incluso las expresiones culturales corren peligro, como le sucedió a Matisyahu, el cantante de reggae norteamericano y judío, que fue insultado en el festival Rototom de Benicàssim (España) por grupos propalestinos que le gritaban “asesino”. El artista en ningún momento alentó ninguna acción en contra del movimiento palestino ni respondió a los insultos, salvo para decir “los que tengáis el corazón por bandera, alzad vuestras manos". Aquí debiéramos diferenciar y hablar no de antisemitismo sino de antijudaismo, ya que tan semitas son los palestinos como los israelíes.


¿De veras se debe trasladar el odio al arte? ¿Ese es el modo en que se acabará con la violencia de tipo religioso y el extremismo político? Afortunadamente, tanto en España como en el resto del Mundo hay muchos más amantes de la paz y la concordia que simpatizantes de esos movimientos populistas que incitan al odio y el antisemitismo.


El colmo de la ignorancia y la sinrazón es el bulo que corre por Internet que asegura que la pandemia COVID-19 la puso en marcha Israel pues el coronavirus salió de uno de sus laboratorios. En este sentido, se ha dicho de todo: que fue China, que fueron los norteamericanos, incluso que se trata de un experimento fallido llevado a cabo en España (a raíz del estudio de una universidad española que aseguraba haber hallado restos del virus en la ciudad de Barcelona, anteriores a la dispersión del mismo por el Mundo). Fake news que, de modo malicioso, condenan a una etnia o colectivo por ser la causante de algún mal o calamidad, incitando al odio. Evidentemente, se trata de mentiras que se aprovechan de la ignorancia o de la desinformación.



Medidas e iniciativas para frenar el antisemitismo


El propietario del Chelsea Football Club, el multimillonario judío Roman Abramovich, declaró a la prensa, en 2018, que pondría en marcha una iniciativa consistente en que los aficionados que insultaran a jugadores de otros clubes con expresiones antisemitas, visitasen el campo de concentración de Auschwitz (Polonia) para que comprueben, en ese lugar y de primera mano, los horrores que padecieron los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Entrada principal al campo de concentración de Auschwitz

En esa prisión murieron cientos de miles de judíos y personas de otras etnias. Abramovich dijo que invitaría a los que se detectara entre los hinchas profiriendo insultos racistas o antisemitas a visitar ese lugar, independientemente de que se les sancione según la gravedad de las acciones que lleven a cabo. La comunidad judía de Londres vio la iniciativa con buenos ojos. De hecho, en efecto, varios grupos de aficionados (formados por decenas de personas) viajaron a Polonia con tal objetivo, pagado el desplazamiento y alojamiento por la Fundación “Building Bridges” (Construyendo Puentes) del club y la cooperación del Congreso Judío Mundial. Todo sea por que no se repita el bochornoso episodio que protagonizaron más de 400 aficionados del Chelsea, en París en 2014, en un partido de la Liga de Campeones europea, desfilando por las calles con el saludo nazi y lanzando insultos racistas.


No queda ahí lo que el magnate ruso y judío Roman Abramovich está haciendo por la comunidad religiosa de la que forma parte sino que ha donado una importante suma al Imperial War Museum de Londres para su exposición sobre el Holocausto.


En Internet también se puede hacer mucho más de lo que se hace. No es prudente ni racional permitir que en las redes sociales se difundan mensajes de odio como en el perfil del asesino Robert Bowers, el asesino de Pittsburgh, que no sería clausurado hasta después del atentado. Hasta ese momento, colgó todo tipo de proclamas que incitaban al odio, diciendo barbaridades como que los judíos son seres demoníacos. Lo que muchos ven como las excentricidades de un loco, otros pocos tan desquiciados como él lo creen y secundan. Y esto en un País como los Estados Unidos, con la permisividad que existe con respecto a las armas de fuego, lo que resulta de gran riesgo. Los actuales grupos supremacistas y neofascistas se comunican vía Internet y cuentan con un medio de propaganda que hubiera hecho las delicias del mismísimo Hitler.


La mayoría de adolescentes actuales desconocen lo que sucedió con el pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial. Para evitar que esta generación crezca olvidando el genocidio, en Estados Unidos, tanto el Senado como la Cámara de Representantes (el equivalente al Congreso de los Diputados), aprobaron de forma unánime la comúnmente conocida como "Ley de Educación Nunca Más".


La nueva norma legal garantizará los fondos para mantener el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos, dotar a los centros educativos de enseñanza secundaria de material didáctico que permita a los alumnos que comprendan lo que sucedió realmente en aquellos fatídicos años en Europa, desde el ascenso del Partido nacional-socialista en Alemania, en 1933, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Claro que se explicará desde la perspectiva estadounidense, lo que quiere decir que se instruirá a los jóvenes de modo que vean a su nación, los Estados Unidos de Norteamérica, como un País que lleva luchando contra la intolerancia desde hace décadas. Se les dejará claro que el holocausto judío cesó gracias al avance de las tropas norteamericanas en Europa liberando País tras País de los malvados nazis.


Digamos que el objetivo es doble: al mismo tiempo que se les dice a los adolescentes estadounidenses que el odio es irrazonable y que debe existir "buen rollo" (usando el argot juvenil) entre diferentes etnias, por otro lado, se incentiva su sentimiento patriótico al hacerles ver a su País como el adalid de la libertad y la justicia. Lo cierto es que en EEUU, desde 1979, existe el Día Nacional del Recuerdo del Holocausto, el 24 de abril.


Aun hay personas que niegan el holocausto; habría que mostrarles ejemplos de magnánima humanidad como el de Mauricio Hochschild que, desde Bolivia, donde poseía gran número de minas de estaño, dio refugio a más de 10.000 alemanes judíos que huían del régimen nazi. La veracidad de tal proeza queda de manifiesto con la misiva que Hochschild envió a James Rosenberg, en 1940, quién residía en Nueva York, a quién pide que le ayude con dinero para financiar la huida, viaje y estancia de los judíos que intentaban llegar a Bolivia (la carta y otros documentos figuran entre los archivos del Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO).


En la carta se asegura contar con la cooperación del Gobierno boliviano, permitiendo el asilo de más de 9.000 judíos alemanes y que la idea era acoger a otros 30.000. Una vez en el País, se les daba trabajo en el sector agrícola. Para hacernos una idea de la magnitud de la odisea semita boliviana, el referente más conocido de ayuda a los judíos en la Segunda Guerra Mundial, Oskar Schindler, que inspiró la archiconocida película “La Lista de Schindler” de Steven Spielberg, menciona al empresario alemán que ayudó a 1.200 judíos a esconderse o sobrevivir de la persecución de Hitler. Sin embargo y sin desmerecer dicha proeza, Hochschild pudo haber salvado diez veces más hombres, mujeres y niños que Schindler. Claro que éste último no era judío, en cambio Hochschild sí que lo era, de hecho, su hermana murió en el campo de concentración de Auschwitz.


Lo que sí es un símil con Schindler es que ambos eran empresarios y sobre los dos revoloteó la sospecha de que amasaron su fortuna “comprando” a gobernantes corruptos, pero como decía anteriormente, existe prueba documental sobre la llegada de esos inmigrantes judíos procedentes de Europa, gracias al Archivo Histórico de la Minería Nacional de Bolivia, durante la Segunda Guerra Mundial, propiciado por el empresario Mauricio Hochschild.


Desde luego, el Gobierno alemán también apoya a la comunidad judía pero no con el mismo objetivo que los Estados Unidos. En el caso alemán, como acto de reconciliación con Israel para dejar atrás el ignominioso pasado que les ha supuesto a los alemanes el repudio internacional durante décadas. La idea es que se vea que los ciudadanos alemanes también padecieron los efectos del odio difundido por los nazis, quiénes impusieron una terrible dictadura en el País, por lo que todos aquellos que ayudaban a los judíos (que fueron muchos) corrían la misma suerte que ellos.


Alemania preside desde comienzos de 2020 la IHRA (International Holocaust Remembrance Alliance, "Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto")


Conclusiones

Deben tomarse medidas para frenar el antisemitismo

El magnate judío George Soros, quién ha invertido enormes sumas de dinero en todo tipo de causas sociales y humanitarias, sobre todo dirigidas en ayuda de los inmigrantes en los Estados Unidos (el propio Soros es de origen húngaro), fue atacado en octubre de 2018, en su casa, al recibir un sobre-bomba, sin consecuencias afortunadamente. No fue el único ya que otras trece personas, principalmente políticos del Partido Demócrata -entre ellos Barack Obama y Hillary Clinton-, también los recibieron, incluso el actor Robert de Niro. El terrorista que envió las misivas explosivas sería detenido poco después, un individuo simpatizante de la extrema derecha. Los inmigrantes, no solamente judíos, también musulmanes - y de diferentes etnias -, así como quiénes les apoyen o ayuden son objetivos de los grupos radicales e individuos que, actuando en solitario, simpatizan con sus causas.


Los que opinan que Donald Trump alienta estas expresiones antisemitas no saben que sería una contrariedad porque su hija y yerno son judíos ortodoxos. De hecho, Trump condenó la masacre de Pittsburg como un "un acto desquiciado” calificándolo como un ataque a todos los norteamericanos, sean de la religión que sean. Lo que sucede con Trump es que al estar a favor de la venta de armas de fuego y de que no se limite la misma, en ocasiones realiza declaraciones de lo más contradictorias.


El pueblo alemán tuvo que sufrir durante décadas el estigma internacional de condena y reprobación por mirar hacia otro lado mientras los nazis llevaban a cabo la “solución final” hacia sus vecinos judíos con los que habían convivido desde siempre. Desde la "noche de los cristales rotos" (1938), en la que se atacaron numerosos comercios judíos, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, sufrieron todo tipo de acoso y desmanes. Hoy en día, en Alemania son muchísimos más los que abogan por la solidaridad y la paz, pero el movimiento neonazi crece de forma preocupante.


El pastor luterano Martin Niemöller criticó de manera intensa la actitud del régimen nazi por lo que sería detenido por la temible Gestapo y encerrado en campos de concentración; un poema suyo refleja de forma desgarradora la situación:


Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.


Niemöller nos dijo que no era una sola cuestión religiosa o de odio hacia una etnia en concreto, sino hacia todo el que se posicionara contra el régimen autoritario impuesto por los fascistas pero, sin duda, los judíos se llevaron la peor parte.


En la actualidad, parece que los ataques, en general, se reducen pero aumentan los más graves, los que terminan o tienen como objetivo el asesinato y sin duda inquieta a las autoridades, del mismo modo que el resurgir de ciertas formaciones políticas extremistas (tanto de izquierdas como derecha) con la misma fijación antisemita.

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