11-M, catorce años después: la amenaza yihadista continúa

Actualizado: 26 de dic de 2019

Catorce años después, la situación frente al yihadismo ha empeorado notablemente, pero ¿qué ha sido de los encausados por el macroatentado del once de marzo de 2004?


El 11 de marzo de 2004 la organización al-Qaeda mataba a 193 personas (incluido el miembro de los grupos especiales de la Policía Nacional que murió en Leganés cuando se inmoló la célula yihadista) y hería a otras 1.857, al explosionar los trece artefactos explosivos que colocaron en cuatro trenes de cercanías en Madrid. La célula yihadista que perpetró el atentado se inmolaba tres semanas después en el piso que tenían alquilado, en el barrio de Leganés. Pero las víctimas mortales de aquella acción terrorista en realidad fueron 194 porque uno de los heridos ha estado en coma diez años hasta morir en 2014.


De los 19 implicados en la acción terrorista y que serían juzgados después, solo Hamid Ahmidan pediría públicamente perdón. Once de los detenidos y acusados están ya en libertad, incluyendo Ahmidan, primo de uno de los terroristas que se inmoló en Leganés, el conocido como “el chino”. Hamid reside actualmente en el barrio Jemaa Mezuak de Tetuán, uno de los barrios marroquíes desde donde más terroristas han salido rumbo a Europa u Oriente Medio para atentar. Es donde se criaron juntos tanto Hamid como su primo Jamal Ahmidan, junto a otros cuatro miembros de los ocho que conformaban la célula.


Hamid colaboró en esconder los explosivos que se usaron en el atentado múltiple; lo hizo en la casa de la localidad madrileña de Morata de Tajuña donde prepararon el ataque, por lo que fue condenado a trece años de cárcel que ha cumplido íntegros. Una vez cumplida su condena, ha sido expulsado del territorio español, marchando a su ciudad natal, Tetuán, si bien actualmente vive y trabaja en Tánger, pero no creamos que vive oculto de la Sociedad, sino que es alguien activo en las redes sociales, colgando fotografías de sí mismo como cualquier otro usuario. Resulta chocante que alguien que colaboró de esa forma tan determinante en el macroatentado del 11-M no le cayeran más años de cárcel. Pudo haber sido así pero el Tribunal Supremo consideró que al no estar presente en una casa en la que Hamid tenía droga y documentación falsa cuando la registraron, no se le debía aplicar la condena que le hubiera correspondido por ello.


Como la Dirección General de Instituciones Penitenciarias comprobó, por los informes que recibía, que Hamid Ahmidan no se radicalizó aún más en la cárcel e incluso evitaba contactar con presos islamistas, se le concedió el segundo grado pero se le prohibió tener permisos para salir temporalmente de la cárcel.


Otros cuatro implicados por el 11-M quedaron igualmente en libertad entre 2014 y 2017: Youssef Belhadj, Saed el Harrak, Fouad El Morabit, Rafa Zouhier y Mohamed Larbi Ben. Todos regresaron a Marruecos, regresando a sus ciudades de origen y trabajando en diversas ocupaciones (Rafa Zouhier, que contactó con quiénes facilitaron los explosivos en Asturias, ha trabajado como portero de discoteca). Del que no se sabe nada es de Youssef Belhadj, que una vez en Marruecos se le acusó de otro acto de terrorismo, pero se desconoce su paradero actual.


Los otros que entraron en la cárcel pero que ya están en la calle son Mahmoud Slimane, Nasreddine Bousbaa y tres ciudadanos españoles: Antonio Iván Reis, Sergio Álvarez Sánchez y Gabriel Montoya Vidal, (a) el Gitanillo. Este último, como era menor cuando sucedieron los hechos, entró en un centro de retención de menores y cuando salió estaría cinco años más en régimen de “libertad vigilada”.


Ocho de los terroristas implicados y encausados continúan en la cárcel. Los principales son Jamal Zougam y Othman el Gnaoui, como autores materiales y el español José Emilio Suárez Trashorras por su trascendental colaboración facilitándoles los explosivos. Zougam se hizo con las tarjetas telefónicas con las que activaron los detonadores de los explosivos y Othman por el traslado de los mismos desde Asturias a Madrid.


Hassan el Haski saldrá en libertad en 2019 a pesar de demostrarse su afiliación al Grupo Islámico Combatiente Marroquí, una organización que anda en las brumas de la investigación del terrorismo.

En el barrio Jemaa Mezuak, de Tetuán, en el que vivieron varios de los terroristas del 11-M, coincidirían con otros yihadistas que perpetraron atentados en otros lugares del Mundo, como Abdelmonem Amakchar El Amrani, que se inmoló en Irak, matando a seis personas e hiriendo a 27. Otros ocho individuos más, del mismo barrio, se han inmolado en otras ciudades, principalmente iraquíes. Se sabe de contactos de alguno de ellos y otros implicados en islamismo radical con elementos que residen en el barrio de El Príncipe, de la ciudad española de Ceuta. Esta barriada es también foco integrista importante ya que de sus calles han salido otros yihadistas. Son barrios marginales con lo que se convierten en caldo de cultivo idóneo para la captación de muyahidines que lucharán después en diferentes grupos yihadistas. Pero no todos son personas sin estudios o sin posibilidades, puesto que alguno estudia en la Universidad y aun así también han marchado a combatir o inmolarse en Irak y Siria.


El barrio de Jemaa Mezuak tiene 60.000 habitantes y el de El Príncipe una población de 12.000 habitantes. De este último es Hamed Abderramán Ahmed, conocido como el talibán español, al ser detenido en Afganistán por los norteamericanos en plena guerra, en 2001. A su regreso a Ceuta se dedicó a captar adeptos para el ISIS por lo que sería encarcelado en España.


Los dos barrios, el de Tetuán y el de Ceuta, están aquejados de elevadas tasas de desempleo, desescolarización y delincuencia. Los yihadistas que han sido captados en ambos lugares se han alistado, casi todos, en el ISIS. Además, es probable que los terroristas se financien con el tráfico de hachís que se mueve en estos barrios. Las mezquitas están controladas por los saudíes y los que deciden seguir la recomendación de los más extremistas de marchar a Oriente Medio, lo hacen vía Turquía pues, gracias al convenio entre Marruecos y Turquía, no necesitan visado para entrar en territorio turco, así que el control de posibles yihadistas que marchan a combatir a Siria e Irak es complicado.


Pero a pesar de estas evidencias, como el origen de los terroristas del 11-M de barrios con una importante influencia yihadista, todavía hoy sigue vigorosa la teoría de la conspiración que defiende la idea de que fueron los servicios secretos españoles los que orquestaron el macroatentado, solo que se les fue de las manos. Alegan, los defensores de esta teoría, que las pruebas que demostraban esa implicación fueron convenientemente destruidas como el desguace de los vagones en tan solo un par de días después del atentado. Por otro lado, se dice que resulta muy sospechoso que todas las pruebas que incriminaron a los miembros de la célula de Leganés aparecieran en una mochila-bomba que no estalló, cerca de una comisaría, y que la célula misma fue eliminada para no dejar testimonios que pudieran contradecir la versión oficial. La mochila en cuestión contenía metralla, pero en los trenes objetivo del atentado no hubo ni rastro de metralla.


El monumento del 11-M, en pésimo estado

Por otro lado, estos homenajes en memoria de las víctimas del 11-M son más de apariencia para los políticos, de guardar las formas, pero causa vergüenza que el único monumento erigido en España en recuerdo de aquella masacre esté en condiciones pésimas de mantenimiento.


El Ayuntamiento de Madrid ha anunciado que destinará 350.000 € para obras de reparación (la cúpula y paredes tienen graves desperfectos), señal de la despreocupación institucional que ha habido por la memoria de los que murieron o sufrieron graves secuelas, ya que, una vez hecha la foto, lo demás no importa, salvo cuando llega de nuevo la fecha para reunirse, rememorar y hacerse nuevas fotos. Los arreglos del monumento nadie garantiza que estén listos para la próxima conmemoración del 11-M en 2019; sencillamente lamentable. Ese es el respeto hacia aquella matanza que afectó a personas de nada menos que 17 nacionalidades distintas, pues Madrid es desde hace años un verdadero crisol de culturas.


Pero, independientemente de que unos crean esas hipótesis conspiranóicas o de que no les den crédito ninguno, lo cierto es que la situación en España, con respecto al yihadismo, es hoy en día preocupante. Vivimos en alerta contraterrorista de nivel 4, la anterior a la más elevada y recientemente Barcelona sufrió otro grave atentado yihadista con 16 personas muertas y 152 heridos. Y si bien, cuando llega la fecha de conmemorar a las víctimas de aquel horrible atentado de marzo de 2004 parecieran todos los representantes del Estado unidos, lo cierto es que existen grandes diferencias y enfrentamientos entre las formaciones políticas e incluso entre las asociaciones de víctimas. De hecho, el que existan varias asociaciones indica que no todos estaban de acuerdo con ser representados por las que ya existían e incluso se crearían distintas asociaciones para representar, de forma específica, a las víctimas del 11-M y que lamentablemente acabarían politizadas y enfrentadas entre ellas.

Los representantes políticos han asistido por separado a diferentes actos y reivindicando que se atienda a las víctimas con más ahínco cuando desde aquel atentado han gobernado tanto socialistas como la derecha y unos y otros se han olvidado de ellos.


La amenaza persiste

El caso es que actualmente, España y Europa están más amenazadas que nunca antes por el yihadismo. De hecho, el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras y Ciberseguridad advierte de la última campaña difundida por Telegram de amenaza a España; en los dos últimos años se han lanzado en distintos canales medio centenar de comunicados yihadistas contra España.


Desde 2015 han muerto nada menos que 362 personas en atentados yihadistas en Europa y varios Países se encuentran en el nivel más alto o el previo de alerta contraterrorista.

La caída del Estado Islámico que constituyó el ISIS entre Siria e Irak ha supuesto que sus combatientes engrosen las filas de la organización yihadista en otros conflictos, en el Sudeste de Asia o África Central. Pero se cree también que hay cientos de retornados que han regresado a la Unión Europea, donde la libre circulación de personas dentro de sus fronteras pudiera ser un hándicap en la lucha contraterrorista. Y aunque estos retornados estén controlados, pueden servir de inspiración para los que ya han sido captados y planifican nuevas acciones en Europa.

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