Washington: la Roma del siglo XXI

07.01.2017

Con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la República de Cuba, todo un logro que aún queda por presentar resultados que garanticen esa nueva era que algunos creen ver en el gesto de Obama hacia la isla caribeña, los planes de normalización diplomática con Irán -si se soluciona definitivamente el escollo del programa nuclear iraní- que abriría las puertas a una serie de acuerdos comerciales entre ambas potencias (lo que observa muy preocupado Israel) y las relaciones entre Bután y Norteamérica a través de la Embajada del pequeño País en Nueva Delhi, solo el Régimen de Pyongyang se resistiría a ver una bandera de los Estados Unidos en su territorio.

Sin embargo, esta política de llevarse bien con todos para evitar conflictos, tan distinta de sus antecesores, no parece contentar a Donald Trump, a quién se le ha ocurrido la "lúcida" idea de insultar gravemente a la minoría más numerosa del País, la hispana, diciendo "están enviando gente que tiene muchos problemas, nos están enviando sus problemas, traen drogas, son violadores y algunos supongo que serán buena gente, pero yo hablo con agentes de la frontera y me cuentan lo que hay", refiriéndose a México añadiendo: "México no es nuestro amigo".

La doctrina Obama

El ya ex-presidente habla de su propia receta diplomática, la conocida entre los medios de comunicación como "doctrina Obama": <<Nos comprometemos, pero sin perder ninguna de nuestras capacidades>> (...) Se explicaba el presidente diciendo que Cuba no puede llegar a ser una amenaza para los Estados Unidos jamás siendo como es un País diminuto por lo que si el acuerdo con su Gobierno no condujera a nada bueno siempre se podrían reajustar las relaciones diplomáticas. Al igual que con Irán que si bien es un Régimen peligroso puesto que ha llevado a cabo acciones que han causado la muerte de ciudadanos americanos en épocas pasadas no es tampoco enemigo a la altura de la superpotencia norteamericana. El presupuesto de USA en Defensa es de 600.000 millones de dólares mientras que el iraní no supera los 30.000 millones; por lo tanto, si un futuro acuerdo con Irán no funciona, del mismo modo que con Cuba, se podría volver a la situación anterior e incluso a un conflicto armado si las circunstancias empeoraran en el que sin duda saldría triunfador el coloso americano. Por lo tanto, la tan discutida doctrina Obama se basa en el poderío militar de los Estados Unidos como eje disuasorio de su política exterior: acepta lo que te propongo para evitar un conflicto bélico pero si me traicionas no dudaré en ir a por ti si fuera necesario; esa sería la frase que resumiría de manera clara y concisa esta nueva diplomacia norteamericana instaurada por Barack Obama. De hecho, en la última Cumbre de las Américas, el presidente declaró que "Estados Unidos no quedará prisionero del pasado" reclamando un mayor peso de la comunidad internacional aunque manteniendo el liderazgo pero permitiendo disminuir el presupuesto en Defensa. La medida permitiría poder invertir en otros Departamentos solucionando así los problemas estructurales internos al saber que cuentan con el apoyo de las grandes potencias en el mantenimiento de la paz mundial. Esta doctrina es conocida entre los analistas políticos como soft power. Los asesores de Obama son conscientes de que el papel de garante de la paz a escala mundial como la principal superpotencia es inasumible por mucho más tiempo en el escenario de crisis económica que aún castiga al Mundo. La economía norteamericana no podría soportar demasiados años tan pesada carga, presente en todos los conflictos regionales, con bases militares repartidas por todo el Globo y un ejército descomunal. Necesitan reducir costes en el aspecto militar para continuar siendo líderes en otros aspectos como el económico, industrial y tecnológico y para ello se requiere el apoyo de la Unión Europea, Rusia, China y Japón así como otras potencias que se ocupen de los conflictos localizados y de la lucha contra el terrorismo global para que no recaiga todo ese peso en los maltrechos hombros del gigante americano lo que podría dar lugar a que se tambaleara.

El primer caso en el que pudo verse la puesta en práctica de la doctrina Obama basada en el "soft power" (poder suave) fue el conflicto libio, dejando que la Unión Europea se implicara más en las operaciones pero además permitiendo que los propios libios solucionaran los problemas en la postguerra. Sin embargo, ha podido verse lo desastroso que ha resultado puesto que Libia está completamente desestabilizada, dividida en dos, con un general jefe de las Fuerzas Armadas que acúa por su cuenta sin reconocer al Gobierno de Consenso Nacional asentado en Trípoli y una segunda estructura de poder en Tobruk que no reconoce al gabinete de Trípoli: la Cámara de Representantes. Además, los campos de entrenamiento de terroristas que escapan al control de las Fuerzas de Seguridad envian mujahidines a los Países colindantes donde atentan, sobre todo, contra turistas.

Washington lleva décadas actuando como una nueva Roma en la que se deciden los designios de gran parte del Mundo y todo indica que el Imperio norteamericano seguirá dominando la escena internacional en la primera mitad del siglo XXI.

Con respecto a Oriente Medio, Obama cree que normalizando sus relaciones con Irán permitirá que la influencia iraní haga de pacificadora de la Región al estar más interesado el Régimen de los Ayatolás en mantener esas buenas relaciones comerciales con los Estados Unidos antes que en continuar con un conflicto que solo puede arruinarles más de lo que ya están debido al bloqueo comercial. Si la República Islámica de Irán, una vez se refuerce económicamente gracias al acuerdo con Norteamérica, para que nada afecte esa bonanza, vuelca sus esfuerzos militares en mantener la paz en la comunidad islámica, pudiendo relajarse en este sentido los Estados Unidos, el presidente Obama lo considerará un gran éxito pero es algo que no termina de verse claro con los israelíes bastante molestos con ese acercamiento entre Washington y Teherán. Obama tranquilizó, en principio, al Estado hebreo garantizándoles que seguirán vigilando el programa de enriquecimiento de uranio de Irán. Pero no parece que calme demasiado a Israel que ya está buscando otros apoyos ante la previsión de que el tradicional respaldo norteamericano a su política tanto hacia los Países árabes como con los asentamientos palestinos cambie como de hecho sucedió en diciembre cuando EEUU: por primera vez, se abstuvo en la condena de la ONU a la política israelí con respecto a Palestina. Pero el avance del Estado Islámico recomienda llegar a ese acuerdo con Irán, enemigo acérrimo de los yihadistas ultrasunníes de DAESH (recordemos que el Régimen iraní es de corriente shií, enfrentada ideológicamente pero en ocasiones también de forma conflictiva, desde los comienzos de la historia islámica, a los sunníes).

Tal vez, Obama hsys conseguido logros que no pretendía o sencillamente nadie esperaba, de forma involuntaria o indirecta, como el increíble acercamiento entre dos Países radicalmente opuestos como son el Reino de Arabia Saudí y el Estado de Israel. En el Foro de Doha, organizado por la UCLA en la capital de Catar, en el que cientos de políticos, catedráticos, periodistas y analistas de los Servicios de Inteligencia tanto de Oriente Medio como de Norteamérica, Rusia, China, la Unión Europea y el Magreb han debatido sobre la actual situación política en el Mundo árabe, se ha podido ver cierto acercamiento de posturas entre militares saudíes e israelíes que coinciden en que Irán se equivoca si continúa apoyando conflictos como el yemení y otros de la Región pues ello solo puede provocar una guerra con Arabia Saudí o Israel. Dicho conflicto debilitarían a Irán aún más de lo que está, con dos terceras partes de su población por debajo del umbral de la pobreza.

El monarca saudí, Salman bin Abdulaziz, ya ha lanzado un guiño a Israel asegurándole que desea que ambos Estados convivan en paz aunque exigiendo un alto precio para Israel: la retirada a las fronteras anteriores a la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, lo que supondría retirarse de Gaza, Cisjordania, los Altos del Golán y Jerusalén Este, convertida en capital de un Estado Palestino independiente además de permitir que regresen los desplazados palestinos a Países vecinos o indemnizar a quiénes no deseen hacerlo porque sus vidas ya estén asentadas en esos Países. Israel jamás aceptará, sin duda, algo que los saudíes saben perfectamente con lo que su propuesta de paz con Israel está envenenada ya que pretende mostrar un Régimen conciliador en Ryad y otro que mantiene su belicismo en Tel Aviv, de nuevo la ambigüedad típica de la diplomacia saudí. Pero el simple hecho de que se haya producido el intento, de que el Gobierno saudí le haya propuesto algo a Israel, aunque sea irrealizable, denota cierto cambio de aires en lo que hasta ahora veníamos viendo en Oriente Medio. Ya de por sí parece de lo más extraño que los Estados Unidos apoyen de forma incondicional a dos Estados tan distintos y enemigos entre ellos como son Israel y Arabia Saudí pero interesó en su momento para restarle influencia a la desaparecida Unión Soviética. Tal vez el objetivo sea el mismo en la actualidad: restarle influencia en la zona a Rusia.

Ese veneno lanzado por Arabia Saudí en forma de propuesta comercial con Israel abriéndole las puertas a futuros y suculentos negocios con la Liga Árabe (que ha hecho suya la propuesta saudí) ha provocado un debate interno en el País hebreo donde la izquierda cree que debieran aceptar mientras que la derecha se resiste no fiándose de los que siempre han sido enemigos incondicionales de Israel.

Ahora queda por ver si Donald Trump mantendrá todo esta estructura diplomática creada por Obama o, en cambio, la bandera de los Estados Unidos deje de ondear en más Países.