Líbano y UNIFIL: una relación de casi 40 años

20.05.2017

La misión de la Organización de las Naciones Unidas en Líbano recibe el nombre de UNIFIL (United Nations Interim Force in Lebanon) y tiene su cuartel general en Nakura. Aunque la resolución actual que le da su legalidad internacional data de 2006, está basada realmente en las antiguas resoluciones 425 y 426 de 1978 tras la guerra del Líbano y la primera misión internacional en ese País. En la resolución 2305 de 2016 se amplía la Misión hasta agosto de 2017.

Actualmente hay 15.000 "cascos azules" en Líbano de los que el 4,5 % son españoles. La misión primordial es mantener el sur del río Litani libre de actividad militar o terrorista. Dicha zona es la que estableció de seguridad Israel en su primera incursión en el País a finales de los años 70.

En El Líbano, las fuerzas españolas lideran la Misión en el sector sureste con soldados de Brasil, El Salvador, Nepal, India, Fiyi, Serbia, China e Indonesia. En el suroeste, Italia dirige las operaciones mientras que el Grupo de Reserva lo comanda Francia.

La Misión es muy complicada pues, aunque ha disminuido el contrabando de armas gracias a la vigilancia de los soldados de la ONU, el conflicto político y económico con Israel continúa, ahora también por los recursos de la zona, principalmente gas. Líbano cuenta con reservas de gas y petróleo importantes, pero hay que extraerlo de las profundidades marinas y el País no tiene dinero para ello. Las grandes compañías mundiales de hidrocarburos compiten por conseguir la licencia para la extracción (como la española REPSOL). Sin embargo, el alto nivel de corrupción en el País es un problema que echa para atrás a los inversores internacionales. Por otro lado, la Guerra de Siria afecta de forma directa al Líbano, País limítrofe, dejando de ir turistas a la Región y sin apenas industria. Además de que el Parlamento no se renueva desde hace ocho años ya que no hay una Ley Electoral que facilite unos nuevos comicios.

Las milicias campan a sus anchas. En junio de 2013, el Ejército libanés destruyó la mezquita salafista de Sidón, pero ese mismo año hubo combates en la capital, Trípoli, entre suníes y alauíes, éstos últimos partidarios del presidente sirio Bashar al Asad. Tengamos en cuenta que casi la cuarta parte de la población del actual Líbano son sirios que han huido del conflicto además de que el siete por ciento de las exportaciones libanesas se dirigen a Siria. La ciudad de Arsal, en el sector Oeste, es refugio de contrabandistas de armas y otra ciudad, Hermel, la capital de la organización Hezbolá, es atacada continuamente por misiles lanzados desde Siria por los grupos rebeldes (Hezbolá apoya a Bashar al-Asad).

Emblema de Hezbolá
Emblema de Hezbolá

En el Líbano existen 17 corrientes religiosas diferentes: suníes, chiíes, alauíes, drusos, judíos y doce ramas cristianas. Su particular Gobierno (el presidente es un cristiano maronita, el primer ministro un musulmán sunní y el presidente del parlamento un shií), pretende ser un reflejo de la riqueza y solidaridad religiosas pero lo cierto es que ese País es un verdadero polvorín. Son tantas las formaciones políticas y religiosas que resulta imposible llegar a ningún consenso. La facción shií "Hezbolá" es la que manda en el sur del País, habiendo demostrado que tiene recursos incluso para repeler al ejército israelí. Se especula con que gran parte de los ingresos de Hezbolá procedan del contrabando de armas y el narcotráfico, esto último gracias a la vía de negocio abierta con importantes organizaciones narcoterroristas latinoamericanas desde la base de Hezbolá en Paraguay (según artículo publicado en Foreign Policy, en noviembre de 2016).

El presidente del Líbano está presionado por unos y otros y mientras tanto la casa sin barrer por lo que busca apoyos en cualquier lugar. Primeramente, como no, en uno de sus protectores y patrocinadores, el Régimen iraní, aunque algunas fuentes aseguran que lo que el presidente libanés se propone realmente es intentar convencer a Hasán Rouhaní, presidente de la República Islámica de Irán, para que financie la modernización del ejército libanés y deje de apoyar a "Hezbolá". El diario kuwaití Al Jarida publicó en marzo de 2017 que el vice-comandante de la Guardia Revolucionaria de Irán declaró el lunes que "Irán estableció fábricas de cohetes de largo alcance y otras armas en Líbano, destinados a la organización Hezbolá". Con una Siria prácticamente desestabilizada, que era el País que influía en la política libanesa de los 90, actualmente ese vacío lo ocupa Irán. Las tropas sirias que garantizaban la influencia del País vecino se retiraron en 2005 pero a pesar de que en las tomas de decisiones que afectaran a Líbano ya entraban otros Gobiernos árabes, Siria seguía siendo la que imponía su criterio todavía en la década pasada. Pero esto ha cambiado lo que se ha podido ver con la elección de Michel Aún como presidente del Líbano con la oposición del Gobierno sirio. Sí ha contado, en cambio, con el apoyo de Hezbolá e Irán, cuya Guardia Revolucionaria ha sustituido a las tropas sirias en Líbano. Las tornas han cambiado y si antes las tropas sirias perseguían a Hezbolá en su propio territorio libanés ahora la organización (calificada como terrorista por numerosos Gobiernos) es la que invade Siria bajo mando iraní.

La otra organización considerada terrorista en el Líbano es Fatah al-Islam que surgió tras el desmembramiento de Fatah al-Intifada y con ciertas simpatías hacia la red al-Qaeda. Hace unos pocos años cuatro palestinos resultaron muertos en dos jornadas violentas en el campo de refugiados de Ain al Hilweh, en el sur de Líbano, a las afueras de Sidón donde se disputan el control dos grupos integristas: Fatah al islam y Yund el Sham. El Ejército libanés no puede entrar en ninguno de los doce campamentos palestinos que hay en el país, dejando la seguridad de los mismos en manos de las facciones palestinas. El campamento de Ain el Hilweh es conocido por la existencia de fugitivos y extremistas en su interior, que se acogen a la imposibilidad de ser detenidos en el mismo por las autoridades libanesas. En el campamento están inscritos más de 54.000 refugiados palestinos, a los que se han unido varios miles más que han huido del conflicto armado en Siria.

En Líbano, un total de 450.000 palestinos están registrados con la UNRWA (la Agencia de Refugiados Palestinos de la ONU), la mayoría de los cuales residen en los doce campamentos del país. La seguridad en el interior de estos campos está a cargo de los comités populares palestinos mientras que el Ejército libanés solo controla sus entradas y salidas. En 2007 el campo de refugiados de Nahar el Bared, en las afueras de la ciudad septentrional de Trípoli, fue escenario de cruentos combates entre el Ejército y el grupo radical suní Fatah al Islam, que causaron la muerte de unas 400 personas, la mitad de ellos militares libaneses. Según medios libaneses, muchos jóvenes procedentes de este campo de refugiados han viajado a Siria para unirse a la organización yihadista Estado Islámico. Fatah al-Islam cuenta con unos 300 hombres y mujeres dispuestos a matar en cualquier momento y son motivo de fricción entre los Gobiernos de Líbano y Siria ya que los primeros creen que los sirios apoyan a la organización terrorista. Pero ni Hezbolá reconoce apoyos iraníes ni Fatah al-Islam de Siria. El jefe de Fatah al Islam ha declarado de todos modos que tiene tres objetivos:

- La reforma islámica de la comunidad de refugiados palestinos en Líbano de acuerdo a la Sharia (se entiende reinterpretada por ellos según les convenga)

- La guerra contra Israel

- Combatir a Norteamérica en el Mundo arabo-islámico

Hezbolá está enfrentado al Gobierno libanés y ahora combate tanto contra el mismo como contra Israel, de hecho, el Estado hebreo no retiró sus tropas hasta que el ejército libanés no se ha desplegado por el sur junto a la fuerza multinacional de la ONU. Los soldados de la ONU hacen lo que pueden, pero la situación geopolítica es tensa y complicada. De todos modos, la presencia de la ONU ha sido, en general, positiva, para evitar desmanes por ambos bandos.

Primeramente, la fuerza española estaba representada por la Legión y en la actualidad son la Brigada de Caballería Acorazada "Castillejos II", la Brigada Paracaidista, la Brigada de Infantería Mecanizada "Guzmán el Bueno" X, la Agrupación de Apoyo Logístico nº 21 de Sevilla y la Guardia Civil. El cuartel general, la Base Miguel de Cervantes, está en la localidad de Marjayun, contando quince bajas en los once años que lleva España enviando tropas a Líbano. Los soldados españoles junto con sus aliados en la Base llevan a cabo un servicio de beneficencia con la población; además, el contingente español enseña el idioma castellano en el marco del Programa Cervantes. También se ocupan de la seguridad vial en patrullas de 24 horas, en continuos relevos y con la colaboración de las Fuerzas Armadas libanesas.