Las cuentas del Vaticano, bajo sospecha

24.07.2017

JORGE RODRÍGUEZ

La Iglesia Cristiano-católica no pasa por su mejor momento, algo inaudito teniendo en cuenta el ingente patrimonio eclesiástico y su enorme poder a lo largo de la Historia. La fuente de ingresos insustituible sigue siendo la donación pidiendo a los fieles que continúen demostrando con ello que se preocupan por el bienestar de su Iglesia, pero la realidad es que las cuentas de la Santa Sede no salen.

Ciudad del Vaticano
Ciudad del Vaticano

Los ingresos de la Ciudad del Vaticano proceden del Instituto para las Obras Religiosas (IOR), las donaciones de particulares u organizaciones y los beneficios de las inversiones de la Iglesia. El Vaticano imprime una enorme cantidad de estampillas y medallas, acuña monedas, principalmente euros (es la moneda oficial en el Vaticano) y fabrica mosaicos que se entregan a los visitantes de sus Palacios. Hay que pagar los salarios de los 4.600 funcionarios de todos los Organismos y edificios del Vaticano. La institución encargada de las finanzas es la Cámara Apostólica, dirigida por un cardenal, estando supeditada a la Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede y de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que gestiona y mantiene todas las propiedades del Vaticano. Sus famosos Archivos, con millones de documentos de todo tipo y almacenes donde esconden los mayores secretos de la Humanidad, sobre todo los que afectan a la propia Cristiandad, han de ser custodiados con plenas garantías. Para ello cuentan con la más avanzada tecnología y la Guardia Suiza, un Cuerpo de Seguridad que data del siglo XVI y formado por excelentes profesionales con un adiestramiento de élite. El dinero que hace posible mantener tan vasto patrimonio y tan avanzado sistema de seguridad pasaba por el Banco del Vaticano (el IOR). En 1982, su presidente, el arzobispo Paul Marcinkus, sería señalado como relacionado con la Mafia. Se pagaron decenas de millones de dólares en indemnizaciones, pero la sospecha perseguiría a Marcinkus de por vida. Se le relacionó con el capo Enrico de Pedis, de la extinta Magliana, una Mafia romana. Pero Marcinkus no fue condenado y se retiraría en un rancho de Arizona donde murió en paz. El venerado Juan Pablo II fue el que libró de la prisión al arzobispo Paul Marcinkus cuando le estalló el escándalo en la cara. El Papa solo tuvo que hacer uso de su prerrogativa de jefe del Estado para concederle la inmunidad como ciudadano del Vaticano. En cambio, Roberto Calvi, director del Banco Ambrosiano, se suicidaría (o eso se creyó entonces) en 1982 por sus implicaciones en el entramado de corrupción, fraude y malversaciones en el que había convertido las cuentas del Vaticano. Decimos, entre paréntesis, que se creyó en 1982 que Calvi se había suicidado por su implicación en la trama delictiva, pero Scotland Yard reabrió el caso (el cadáver apareció colgado en un puente del Támesis) averiguando que había sido un asesinato, aunque sin encontrar a los culpables. El Banco Ambrosiano era privado, pero se relacionó activamente con el Banco del Vaticano. El Banco Ambrosiano cubría los agujeros que las oscuras transacciones del Banco del Vaticano realizaba entonces. Resulta paradójico que Marcinkus naciera en Chicago, refugio mafioso italiano en Norteamérica y se relacionara con el siciliano Michele Sindona, el conocido como "banquero de la Mafia" y asesor del Papa Pablo VI. A través de Sindona es como llegó Roberto Calvi a Marcinkus.

Transcurridos casi treinta años de aquello, las cosas no cambiaron. En septiembre de 2010, la Fiscalía de Roma ordenó a la Guardia di Finanza italiana incautar 23 millones de euros depositados en el Instituto para las Obras Religiosas (IOR), el Banco Vaticano, por presunto delito contra las normativas europeas del lavado de dinero ordenando la investigación de su director, Ettore Gotti Tedeschi. El informe resultante mostró que la Santa Sede incumplía 7 de los 16 puntos recomendados para evitar la prevención y lucha contra el blanqueo de capitales. ¿Qué hizo el Vaticano? Contratar al ex-director de la Unidad de Inteligencia Financiera de Liechetenstein, un paraíso fiscal.

Benedicto XVI creó la Autoridad de Información Financiera y puso al frente al cardenal Attilio Nicora, para adaptar las nuevas normas de transparencia financiera tras el escándalo de 2010 pero hoy ese organismo no es ni sombra de lo que se pretendía. Se dedica a dar su conformidad al presupuesto de la Santa Sede en base a un estudio somero de las cuentas. El Papa Benedicto, ya de por sí con una salud delicada por aquel entonces, delegó en su segundo, el cardenal Tarcisio Bertone, que pasó a convertirse en el verdadero hombre fuerte del Vaticano. En 2012 se publica el libro "Su Santidad: Los documentos secretos de Benedicto XVI", cuyo autor es Gian Luigi Nuzzi, un periodista italiano que aseguró que su información le fue filtrada por una fuente en el interior del Vaticano. A esa filtración se la conoció como "Vatileaks", recordando a los Wikileaks pero aplicados al Vaticano. Básicamente consistía en comunicaciones entre el Papa y su secretario personal, el anteriormente mencionado Paolo Gabrieli, hablando de distintos sobornos que el pontífice hizo para mejorar su imagen o para tapar escándalos sexuales de algunos altos personajes de la Curia. Se investigó el origen de la filtración llegando a Gabrieli que sería condenado a 18 meses de prisión por la sustracción de material comprometedor para la seguridad del Estado Vaticano, relativo a sus finanzas. Los investigadores llegarían a la conclusión de que Gabrieli pretendía perjudicar a Tarsicio Bertone, secretario de Estado del Vaticano y uno de los nombres que más se barajaban como sucesor de Benedicto XVI. Lo curioso es que la condena de año y medio de Gabrieli no sería cumplida porque a los pocos meses recibió el perdón del pontífice y su compinche, un informático que sería el que verdaderamente filtró la información, tan solo pasó tres meses en prisión. Pero el escándalo fue de gran magnitud. A todo lo anterior, se unen los numerosos casos de pederastia por todo el Mundo (Alemania, Australia, Austria, España, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Italia y México son los Países con más casos). En EEUU se destapó una trama publicada en el libro Render unto Rome, editado en 2011. En el mismo, su autor dice descubrir los mecanismos, la riqueza y la manera en que se administran los recursos en la Iglesia católica, desvelando altos niveles de corrupción, especialmente en las encumbradas esferas de la curia romana, destacando con detalles supuestamente revelados por el FBI los fraudulentos negocios del sobrino del cardenal Angelo Sodano. Eran demasiados frentes abiertos y Benedicto XVI, en vez de dar la cara y enfrentarse a todo ello, hizo lo que ningún Papa había hecho anteriormente a lo largo de los 2.000 años de historia del Papado y la Iglesia: dimitir de su cargo. 

En 2012 se llevó a cabo un estudio sobre los posibles gastos de la Iglesia Cristiana-Católica a escala mundial, publicado en The Economist; se calculó que ascendían a 170.000 millones de dólares al año. ¿Quién o quiénes controlan este gasto? Podríamos pensar que el Papa; a fin de cuentas, la Iglesia Cristiana es un Régimen autoritario y teocrático, similar al iraní, solo que éste último es musulmán, pero regido también por un líder religioso. Son las únicas teocracias del Mundo: el Vaticano e Irán. En elcaso del Vaticano, cada diócesis actúa de forma autónoma sin que Roma tenga un control directo de sus cuentas, sobre todo en los Estados Unidos, donde algunas, debido a las indemnizaciones por escándalos sexuales y mala gestión económica, tienen grandes agujeros en sus respectivos fondos de pensiones.

El Banco del Vaticano, desde aquel escándalo de los 80 con Marcinkus y Calvi, siempre ha estado bajo sospecha pues nadie sabe, con certeza, de dónde saca los cientos de millones de euros que necesitan para el sostenimiento de todas sus nunciaturas, los costosos viajes del Papa, el mantenimiento de las sedes episcopales, las catedrales (y demás templos) así como sus instituciones sanitarias. Se calcula que de las donaciones recaudadas por todo el Mundo por sus iglesias llegan al Vaticano en torno a cien millones de euros todos los años, pero eso es del todo insuficiente para mantener tan inmenso patrimonio. Desde luego, los ingresos que generan los millones de turistas que recibe la Santa Sede, que compran libros, estampitas y artículos religiosos de todo tipo además de las entradas a los museos, deja muchísimo dinero. ¿Cómo se gestionan esos beneficios por el turismo y las donaciones? ¿Y por las numerosas inversiones empresariales que realiza la Iglesia por todo el Mundo?

Cuando el actual Papa Francisco llegó al trono papal en 2013 dijo que quería una Iglesia pobre para los pobres en la línea del Concilio Vaticano II. Sabía lo que decía pues en ese momento, el Vaticano estaba siendo de nuevo señalado por las enésimas sospechas de blanqueo de capitales procedentes de sus actividades recaudatorias. A ello se unían las indemnizaciones por tanto escándalos sexuales cuyo número debió abrumar al Papa Francisco cuando conoció la cifra exacta. Estos escándalos y un discurso anacrónico, no adaptado a los tiempos actuales, provoca una sangría constante de fieles desde la muerte de Juan Pablo II; un 20% menos (solo por indemnizaciones por los abusos sexuales la Iglesia paga unos 2.000 millones de dólares, declarándose algunas archidiócesis en bancarrota). Y claro, a menos fieles, menos donaciones.

El IOR intenta que nada escape a ese control del Vaticano, a través de su famoso Banco, con inversiones en todo tipo de ámbitos de negocio que superan los 2.600 millones de dólares: el Vaticano invierte en compañías aéreas, entidades bancarias, propiedades inmobiliarias, servicios públicos e incluso en la industria cinematográfica. Más de la mitad de los ingresos de esta enorme multinacional que es la Iglesia se generan en los Estados Unidos, con cien millones de fieles, de ahí que el Vaticano cuide mucho a quién nombra como nuncio en ese País, la principal superpotencia, pero también la que más beneficios le reporta. Después va el País del Papa emérito, Alemania. El tercer País donde más ingresos obtienen es Italia y le sigue Francia. España también contribuye de forma notable al sostenimiento de la Iglesia: los españoles tienen la opción de marcar una casilla en su declaración de la Renta por la que destinan un pequeño porcentaje a la Iglesia Católica, recaudando por este concepto la Iglesia española más de 250 millones de euros. Pero la Iglesia en España tiene un peso importantísimo y enorme influencia, con numerosos colegios, centros sanitarios y sociales. Hay que incluir la importante presencia de la Iglesia en las Fuerzas Armadas. Con todo ello, el Estado, a través de distintas subvenciones, dota a la Iglesia de 11.000 millones de euros. La Conferencia Episcopal española niega que ese dinero vaya a la Iglesia, de forma directa y ciertamente así es, al menos en parte, puesto que son las ayudas y subvenciones que las distintas entidades eclesiásticas reciben por su labor humanitaria, sanitaria y social, que es enorme (solo para los Hospitales y centros de salud reciben 3.200 millones). Si dichas entidades no pertenecieran a la Iglesia, recibirían igualmente esas subvenciones, por su labor social. Pero la Iglesia, en España, está exenta del pago del Impuesto sobre Bienes Inmuebles lo que le supone un importante ahorro de nada menos que 3.000 millones de euros. Los sueldos de los profesores de religión en los colegios públicos no los paga la Iglesia sino el Estado aparte de los numerosos conciertos con colegios e institutos de enseñanza privados, propiedad de la Iglesia, para que impartan educación primaria y secundaria en sus aulas, para lo que el Estado les paga 4.600 millones de euros. El enorme patrimonio histórico-artístico que posee la Iglesia en España debe ser mantenido invirtiendo el Estado 500 millones de euros anuales en ello. La Memoria Justificativa de Actividades publicada por la Conferencia Episcopal española ndica que por donativos de los fieles ingresan 350 millones de euros, lo cual no se declara a la Hacienda Pública española, precisamente por ser donaciones, no transacciones comerciales.  En la Memoria se hace mención de 240 millones de euros, bajo el concepto "Otros ingresos corrientes" pero no se especifica de donde proceden, como el otro conepto de "Ingresos por patrimonio y otras actividades", como tampoco explican a qué se refieren con "Necesidades de Financiación", aunque supone el 2% de sus ingresos, que superan los 1.000 millones de euros.

Debemos ser justos y admitir que la labor humanitaria de la Iglesia es impresionante. Ante la ONU, presentó un informe, en 2015, que resumía su obra: 64 millones de estudiantes de todas las edades en sus escuelas, universidades y guarderí­as, 5.000 hospitales, 16.000 dispensarios médicos y 600 leproserí­as; 15.000 residencias de ancianos, 10.000 orfanatos y 12.000 centros de atención para recién nacidos. Pero toda esa reconocible y admirable labor queda empañada por los oscuros negocios del Banco del Vaticano. El propio Banco Central de Italia llegaría a bloquear la utilización de tarjetas de crédito dentro del Estado Vaticano para evitar que se lavara dinero con ellas. Ahora, el Papa Francisco, comprobando que las sospechas continúan, nombra un revisor general, Libero Milone, en 2014, al año de llegar Francisco al poder. Y ¿qué creen que ha ocurrido? Acaso que Milone, por fin, ¿ha regulado y controla todo este entramado tan oscuro de las finanzas vaticanas? Pues nada más lejos de la realidad; Milone ha dimitido. 

En 2015 se produce una segunda filtración, a la que llamaron "Vatileaks 2" por la que dimitió el revisor general de las finanzas de la Iglesia nombrado por Francisco, Libero Milone. Aunque pasó lo mismo de siempre: los acusados y condenados pudieron eludir la prisión, perdonados poco después. Se trata no solo de Milone sino también del cardenal George Pell, director de la Secretaría de Economía del Vaticano, quién ha dejado su cargo para declarar en Australia, su País de origen, por un nuevo caso de posible pederastia (Pell fue absuelto de una acusación anterior). Lo curioso es que Milone y Bell se enfrentaron a Mauro Rivella, secretario de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), creada por Benedicto XVI para que todas las entidades del Vaticano dieran información sobre sus finanzas a una entidad independiente que llevaría a cabo una investigación sobre las mismas. Suena a guerra interna en el Vaticano entre los partidarios del orden anterior, representado en Benedicto XVI y los del nuevo orden, encabezado por Francisco. Aunque, claro está, ambos pontífices nieguen que haya disensiones o no den importancia a estos rumores. El caso es que el Papa Francisco ha creado un Consejo de Cardenales, llamado el C9, con ocho príncipes de la Iglesia y él mismo, para reformar toda la curia de la Iglesia. Francisco ya ha nombrado a 60 nuevos cardenales y de ellos, 49 tienen menos de 80 años de edad, con lo que podrán elegir al sucesor del actual Papa cuando fallezca (si no dimite también como hizo Benedicto XVI). El Papa emérito mantiene a 53 cardenales leales, puesto que los nombró él mismo y luego están los que todavía perduran de la época de Juan Pablo II, que son más afines a Ratzinger que a Bergoglio. Aunque en su momento estaban enfrentados los de Juan Pablo II y Benedicto XVI, en la actualidad unos y otros ven a Francisco como excesivamente liberal.

Bandera del Estado Vaticano
Bandera del Estado Vaticano

En 2016, el presidente del Banco del IOR, recordamos que hablamos del Banco del Vaticano, declaró a los medios que habían cerrado 4.935 cuentas (de 15.000 clientes) desde 2013 alegando que ya no eran utilizadas por quiénes las abrieron. Reconoció que algunas pudieron haber sido utilizadas con fines fraudulentos siendo notificadas a las autoridades competentes, declaró, sin llegar a especificar cuántas eran las usadas con tal fin. Comunicó también que el beneficio neto del Banco fue de 16,1 millones de euros, operando con un montante de 42,8 millones de euros, si bien el patrimonio con el que contaban estaba valorado en 654 millones de euros.


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