La República catalana de 1934 y 2017: semejanzas y diferencias

03.10.2017

Por ENRIC SÁNCHEZ, desde Barcelona, para RSW

En 1934, el president Companys acabó con toda la Generalitat en la cárcel
En 1934, el president Companys acabó con toda la Generalitat en la cárcel

Las distintas formaciones independentistas catalanas estudian estos días cuál sería la fecha idónea para proclamar la independencia de Cataluña del Estado español. Esquerra Republicana de Catalunya ha propuesto que coincida con el día en el que se instauró el Estado catalán en 1934, por el entonces presidente de la Generalitat, Lluís Companys. Pero lo cierto es que aquello no trajo nada bueno ni para los catalanes ni para España en su conjunto, por lo que la fecha pudiera no ser la más adecuada. El actual presidente prefiere esperar a que la Unión Europea se pronuncie consiguiendo su mediación ante el Gobierno central español y dar así un atisbo de legalidad al proceso, que hasta ahora nada en la más completa irregularidad.

Para muchos separatistas, la fecha del seis de octubre de 1934 fue nefasta para el Gobierno catalán detenido por la Guardia Civil, lo que no sería descabellado pensar hoy en día que pudiera suceder de nuevo, con las Fuerzas de Seguridad del Estado cercadas por los grupos radicales, esperando que el Gobierno central ordene la aplicación del artículo 155 de la Constitución española.

Pero ¿qué es lo que dice dicho artículo que está en boca de todos?

La Constitución que los "padres" de la democracia española elaboraron a finales de la década de los 70 contemplaba la posibilidad de que alguna Comunidad Autónoma, de las 17 que componen el Estado español, no cumpliera los requerimientos constitucionales. Si el presidente de dicha Comunidad se negara a entrar en razones o dialogar, como sucede actualmente con Carles Puigdemont, entonces y previa votación en el Senado español, si se obtiene mayoría absoluta en dicha cámara, el Gobierno central pudiera obligar a la Comunidad díscola a cumplir esas obligaciones que dicta la Carta Magna. Tengamos en cuenta que casi cuatro millones de catalanes, la llamada "mayoría silenciosa" no está a favor de la independencia, como demuestra que no vayan a votar a las consultas soberanistas celebradas hasta ahora (2014 y 2017) o voten en contra en las elecciones, solo que el miedo les cohíbe por lo que muchos se abstienen siquiera de votar. 

El interés general está en peligro lo que según la Constitución debiera instar al Estado a que actúe para proteger a esos millones de ciudadanos españoles que residen y trabajan en Cataluña que sufren coerción diaria por sus simpatías proespañolistas.

Recordemos que la participación en el referéndum ilegal ha sido menor que la anterior consulta soberanista y que el expresidente de la Generalitat declaró a los medios que para que sus resultados fueran vinculantes, la participación debiera ser mayor. Los grupos independentistas alegan que ha sido inferior por los obstáculos que han puesto para la votación las Fuerzas de Seguridad del Estado, retirando urnas usando una desmedida violencia. Pero, de todos modos, hablamos de un procedimiento que huele mucho a "pucherazo" con bolsas de basura que contenían urnas y papeletas ya depositadas, otras instaladas en la calle, menores de edad votando, las mismas personas votando en mesas distintas y sin comprobación de los datos. Sin embargo, eso de la igual a los separatistas: están decididos a declarar la independencia y para ellos ya no hay marcha atrás. 

La "Declaración Unilateral de Independencia" o DUI se decidirá en un pleno parlamentario cuya fecha no ha sido notificada a la oposición ni habrá una comunicación previa para que los partidos que no están a favor de la independencia se preparen la sesión. Hablamos de una representación parlamentaria de 52 diputados, de 135, a los que están ninguneando; ni siquiera hay actividad parlamentaria desde hace un mes para que no haya debates que pudieran entorpecer u obstaculizar la marcha del proceso soberanista.

Ya han conseguido lo que querían: dar una imagen de España en el exterior de País que no respeta los derechos individuales callando voces a fuerza de golpes y porrazos de la Policía; Mariano Rajoy ha caído en la trampa. Nunca debió enviar a los Cuerpos de Seguridad del Estado contra los votantes, porque ha legitimado un referéndum que la Comunidad internacional, en su totalidad, consideraba ilegal.

¿Cómo se actuó en 1934 cuando se produjo esa otra declaración de independencia que los separatistas actuales tienen como referente?

La forma del Estado no era una monarquía parlamentaria como hoy en día sino una República, que es el sistema de Gobierno más extendido en el Mundo. Había manifestaciones, como las hay en todas partes donde se respete ese derecho, y se estaba todavía instaurando la nueva Constitución de 1931. En el caso actual, tenemos una Constitución que data de 1978 que aun con críticas sobre si debe ser ya reformada, se mantiene sólida, pero el Congreso no pasa por su mejor momento, con un Gobierno de centro-derecha con el menor respaldo popular de la reciente democracia, . En 1934, el Gobierno era una coalición de izquierdas, pero con mayoría absoluta. Si hay algo similar entre las dos épocas es la desidia parlamentaria, pues tanto entonces como ahora, los diputados asisten a las sesiones cuando les place alegando cualquier causa para ausentarse.

El caso es que el presidente de la República en aquella primera mitad de los años 30 era de derechas mientras el presidente del Consejo de Ministros o del Gobierno era de izquierdas, así que no había entendimiento. Por lo tanto, viendo la dejadez de funciones en el Parlamento, el presidente de la República aprovecha la ocasión para convocar elecciones confiado en que la derecha alcanzará el poder. En las elecciones de 1934 se permite por primera vez que las mujeres voten y se reduce la edad con derecho al voto de 23 a 21 años. La derecha se une formando una coalición junto con formaciones de centro-izquierda lo que actualmente también sucede: el Partido Popular del presidente Rajoy gobierna España, desde 2015, en coalición con la formación "Ciudadanos".

En el 34, en Cataluña, Esquerra Republicana (que existe todavía y además con una importante representación parlamentaria) se alía con el Gobierno español conservador, pero mediando un grupo de centro-izquierda. Esto sería impensable hoy en día pues las posturas están muy contrapuestas, aunque entonces también; solo se aliaron para arrebatarles el poder a la izquierda en Madrid, nada más. Cuando lo consiguen, las diferencias afloraron y la relación entre la Generalitat y el Gobierno central, en manos de la derecha, se vuelven muy tensas, como hoy en día.

La oposición socialista, que rallaba el comunismo más recalcitrante, aprovecha la situación para crear más crispación y llegó de la mano de una ley polémica, la de contratos de cultivos, que enfrentó a la patronal agrícola con la Generalitat, ésta última en manos de Esquerra Republicana, pues otorgaba mayores derechos a los jornaleros. La patronal recurre la ley al Tribunal de Garantías que acaba declarándola anticonstitucional pero la Generalitat decide aprobarla por su cuenta.

Como hoy, la extrema izquierda apoyó las pretensiones de los independentistas y se convocó huelga general en España, en octubre de 1934, igual que en octubre de 2017 solo que esta última se ha convocado solo en Cataluña. De todos modos, la huelga del 34 no tuvo apenas respaldo popular. En cambio, la de Cataluña en 2017 sí está siendo seguida por un gran número de personas y diferentes sectores. En Lérida se han montado incluso barricadas y los grupos de piquetes patrullan para asegurarse de que los pocos que se resistan a la huelga acaben cerrando también sus locales. En este sentido, la situación es muy similar a la del 34 en Cataluña y con semejante ambiente favorable, el entonces presidente de la Generalitat, Lluís Companys, declara el Estado catalán, el seis de octubre. Pero ojo a este dato: declaró el "Estado Catalán de la República Federal Española", no la emancipación total de España y lo hizo desde el Palau de la Generalitat, que es donde también hoy se encuentra el Gobierno de Cataluña.

El problema se agravó en 1934 cuando el nuevo Estado catalán armó pelotones de ciudadanos para defender a la nueva entidad nacional para tomar los edificios públicos e instalaciones estratégicas a lo que respondió el capitán general de la Región Militar de Cataluña enviando las tropas contra la Generalitat en un enfrentamiento armado que provocó varias decenas de muertos.

En 2017 la autoridad española que se ha hecho cargo de la situación no es el capitán general de la Región, cargo que sigue existiendo, sino el Delegado del Gobierno central que ha enviado a las Fuerzas de Seguridad del Estado contra los votantes del referéndum ilegal. Los agentes han destrozado puertas de colegios para incautar urnas como si buscaran armas. La imagen ha dado la vuelta al Mundo dando una impresión de España que no se recordaba desde los tiempos de Franco y aunque la situación todavía no es tan caótica en Cataluña, vamos camino de ello.

Propaganda de las juventudes catalanas de los años 30
Propaganda de las juventudes catalanas de los años 30

En 1934 la independencia catalana duró apenas diez horas antes de que las Fuerzas Armadas controlaran la situación en una verdadera situación bélica que desde luego nadie quiere en 2017 y que seguramente no se dará. Pero los grupos extremistas llevan décadas adoctrinando a la juventud que ahora clama por la independencia porque ha crecido con ello y con el objetivo de conseguirla a toda costa. El problema es que están excesivamente radicalizados. Lo inquietante es que tienen como ejemplo a seguir a las juventudes del Estado catalán de los años 30 cuya indumentaria y estética era, como puede comprobarse en la ilustración anterior, muy similar a la de las juventudes hitlerianas.  

La Generalitat y el Gobierno central son conscientes de ese radicalismo de las juventudes independentistas de lo que los grandes partidos nacionales, tanto conservadores como socialistas, son los principales culpables puesto que han necesitado muchas veces el apoyo catalán en el Parlamento Nacional, en Madrid. Así que les concedían cada vez más autonomía de Gobierno dándoles igual lo que se estaba fraguando en Cataluña (que ahora aflora en su peor expresión) siempre y cuando tuvieran el apoyo puntual de los nacionalistas catalanes en el Parlamento nacional; es más, casi no se entiende que deseen la independencia cuando ya prácticamente la tenían puesto que España es el Estado más descentralizado del Mundo.

La autonomía de Gobierno de la que goza Cataluña es la más amplia de la Historia del Principado (como también se la conoce).

Probablemente, Rajoy cree que si se convocan nuevas elecciones conseguirá más respaldo popular de los españoles en su conjunto a los que les saldrá la vena patriótica en respuesta al desafío soberanista en Cataluña. Pero de momento no vemos demasiadas manifestaciones o concentraciones en apoyo de la unidad de España y las pocas que hay no son, ni mucho menos, tan numerosas como las que convocan los independentistas en Cataluña.

El destino de Companys fue ser fusilado por el Régimen del dictador Francisco Franco, que es lo que vino después de la desestabilización en la que había caído España en los últimos momentos de la República, precisamente tras la aventura secesionista catalana del 34. No creo que se produzca tal desgarro en la sociedad española que dé lugar a una nueva guerra civil como sucedió en 1936, porque la mentalidad actual, afortunadamente, no es propensa a belicismos de ningún tipo. Pero las mismas instituciones que existían entonces existen ahora, incluidos los Mossos d´Esquadra que acabarían formando parte de los pelotones organizados por la Generalitat en el 34 y enfrentándose a la Guardia Civil y a las Fuerzas Armadas. Los enfrentamientos dialécticos y en ocasiones también físicos que se han visto estos días en Cataluña entre mossos y guardias civiles (también policías nacionales, pero éstos no existían en el 34) han causado temor por la posibilidad de revivir la situación de los años 30.

Lo que ha sucedido en los tiempos actuales es que quiénes ejercían el poder en Cataluña, nacionalistas a los que el Estado democrático español del que ahora desean separarse permitió dirigir la Generalitat durante décadas con poder casi omnímodo, han terminado por corromperse. Para que la opinión pública catalana no se percatara de ello, han retomado una vieja reivindicación que en realidad no interesaba a nadie pero que les viene de perlas para que el pueblo catalán no vea la suciedad que se ha instalado en el Gobierno de Cataluña. Para ello cuentan con una herramienta extraordinaria que no tenían en los años 30: Internet. La rapidez con la que se propaga cualquier idea hoy en día es increíble pero aun así necesitan elaborar una campaña intensa y los secesionistas la han hecho, sin que exista una respuesta paralela del sector catalán afín a España.

Pero la violencia no ha sido solo policial; en Cataluña, los radicales han ganado la partida y arrastrado a muchos ciudadanos a una sinrazón en la que presionan como nunca a los que no comparten sus ideas. No les sirven en establecimientos comerciales o les echan de gimnasios si son funcionarios del Estado español o simpatizan con el mismo. Les lanzan improperios delante de sus hijos en los colegios o les impiden asistir a clase, en las Facultades, si no desean participar en una manifestación en favor de la independencia.

1931: Barcelona celebró la instauración de la República en España
1931: Barcelona celebró la instauración de la República en España

Los que echan mano del movimiento catalanista de los años 30 como referente del actual se olvidan de lo que decía, en 1931, Francesc Macià, desde el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, cuando Companys proclamaba la instauración de la República española. Macià aprovechó para, a su vez, declarar el Estado catalán en una intentona anterior a la que protagonizaría el propio Companys tres años después. Sin embargo, Maciá no rechazaba España, como sucede ahora con los independentistas actuales, excesivamente radicalizados. Macià dijo lo siguiente: «En nombre del pueblo de Cataluña, proclamo el Estado catalán bajo el régimen de la República catalana, que libremente y con toda cordialidad anuncia y pide a los otros pueblos hermanos de España su colaboración en la creación de una Confederación de pueblos ibéricos».

¿Qué hizo entonces la recién nacida II República española? Enviar a tres ministros a Barcelona a dialogar con Esquerra Republicana de Catalunya convenciendo a Macià de que desistiera de su empeño secesionista prometiéndole que en las Cortes se debatiría un estatuto de autonomía para Cataluña. Y así fue naciendo la actual Generalitat. Como vemos, no deseaban la independencia total de España ni mucho menos, luego no debieran utilizarlo como referente los actuales separatistas.

Lerroux, presidente del Consejo de Ministros, ordena a las Fuerzas Armadas que actúen con determinación y contundencia en Cataluña siendo el encargado el capitán general de la Región Militar, el general Domingo Batet que, paradojas del destino, sería fusilado por Franco en 1937 por no unirse a la sublevación fascista. Pero en 1934, un barco en el Puerto de Barcelona sirvió, no como residencia temporal de los policías y guardias civiles destacados en Cataluña como en 2017, sino como improvisada cárcel para el Gobierno catalán, incluido el jefe de los Mossos d´Esquadra.

Nadie quiere llegar a semejante conflicto que provocó decenas de muertos. Acto seguido, se puso a un coronel al frente de la Generalitat, con carácter temporal. En 2017, el Gobierno central envió a un coronel de la Guardia Civil a coordinar todas las Fuerzas de Seguridad que operan en Cataluña, tanto las del Estado como las regionales y locales. 

Puigdemont espera la mediación y amparo de la Unión Europa, Organismo multinacional que no existía en el 34, actuando como un sedicioso al igual que Companys, dividiendo a la Sociedad catalana de la que recuerdo una vez más que en torno a la mitad no apoya el secesionismo. Otra similitud es que el Gobierno catalán de entonces era más bien burgués, como el de la coalición Convergencia y Unión que gobernó Cataluña durante décadas, tras la reinstauración de la democracia a finales de los 70. Este exitoso proyecto político se rompió en el momento en que una de las formaciones que lo componían decidió buscar el apoyo de la extrema izquierda, como le ocurrió a Companys en los años 30; fue su gran error y el que pudiera pasarle factura al actual Gobierno catalán.