La mayor operación de rescate submarino de la Historia

24.11.2017

Por Luis Martín, para RSW 

Se confirma que hubo una explosión pero las hipótesis son variadas para lo que se avecina sea la peor crisis argentina de los últimos años

El submarino ARA San Juan de la Armada argentina desapareció hace nueve días cuando se dirigía a su base en el puerto de Mar del Plata. Lo último que los portavoces militares argentinos han comunicado es que el ruido que se detectó de la nave la última vez que se tuvo conocimiento de su paradero fue el propio de una explosión múltiple detectada por varios sensores submarinos. Sucedió a las 10:55 horas del 15 de noviembre y las autoridades argentinas se han apresurado a comunicar que el evento no es nuclear pero que se solicitó a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) que llevara a cabo una triangular con tres de sus estaciones para determinar el lugar exacto de procedencia del ruido. Una de las estaciones se encuentra en el Atlántico Sur y las otras dos en el Índico, que también están dotadas de sistemas de medición hidroacústicos. La zona marcada está muy próxima al enorme talud que conduce al abismo oceánico de 3.000 metros de profundidad.

La AIEA cuenta con once sensores submarinos repartidos por todo el Mundo para detectar posibles pruebas nucleares no autorizadas. Como el ruido, en el fondo del mar, se propaga fácilmente, se puede detectar una detonación de tan solo 40 kilogramos de dinamita a miles de kilómetros de distancia. Con respecto al San Juan, el ruido que se reportó en realidad fue triple, o sea, tres ruidos: una primera detonación, la más importante, seguida de otra menor, minuto y medio después y una tercera y última en torno a un minuto después. Uno de los sensores, situados a 6.500 kilómetros de distancia del lugar de la explosión, la detectó una hora después de la misma; es el tiempo que tardó en recorrer el sonido de la detonación ese trayecto. 

El comandante del San Juan ya reportó problemas con las baterías antes de echarse a la mar lo que algún familiar de los tripulantes ha denunciado a los medios preguntando cómo es posible que el alto mando naval permitiera que un buque en malas condiciones continuara navegando. La Armada se defiende diciendo que esas averías habían sido solucionadas. Añaden que jamás se permite que un barco o submarino que esté en mal estado navegue y que han seguido escrupulosamente el protocolo internacional que determina que transcurridas 36 horas desde la última comunicación con un submarino, se inicie la búsqueda del mismo, por si hubiera sufrido un accidente que le impida comunicarse.

Baterías de plomo vs baterías de litio 

Las baterías de submarinos como el ARA San Juan son, para que el lector se haga una idea aproximada, como las de un coche solo que mucho más grandes. Llevaba 960 de esas baterías de plomo que si se sobrecargan pudieran liberar hidrógeno. Si el gas degrada los electrodos o entra agua de mar y moja los bornes resulta posible la explosión ya que el agua de mar lleva mucho sodio pudiendo dar lugar a un cortocircuito.

Pero ¿cómo puede entrarle tanta agua a un submarino hasta el punto de provocar un accidente? ¿Acaso no es algo que por lógica tienen controlado? Hay un antecedente en la Historia Naval: el submarino canadiense "Chicoutimi" sufrió un accidente debido a que le entró agua de mar cuando navegaba en superficie en un océano embravecido, con lo que las olas superaban a la nave que llevaba las escotillas abiertas para que el interior se aireara (debiera mejor hacerse cuando hay buen tiempo, para impedir precisamente que entre agua). En aquella ocasión, la tripulación actuó con celeridad cortando todos los sistemas, pero ello no impidió que los cortocircuitos provocados por el contacto del agua salada con las baterías dieran lugar a un incendio que hirió a tres tripulantes, uno de los cuales moriría con posterioridad. ¿Es lo que le pasó al ARA San Juan?

El accidente del submarino canadiense sucedió en el Atlántico Norte pero el Atlántico Sur, siendo el mismo Océano, puede ser igual de violento, de hecho, cuando desaparece el San Juan había vientos muy fuertes y olas de hasta ocho metros de altura, situación que duró varios días más dificultando las labores de búsqueda. Con ese tiempo, si el submarino salió a superficie y le entró agua en el interior la posible explosión consiguiente le hubiera podido causar el hundimiento. 

El San Juan tiene una capacidad máxima de inmersión de 300 metros y en la zona en la que navegaba hay profundidades mayores. 

Pero no creamos que, si se instalaran en todos los submarinos baterías de litio, sustituyendo a las de plomo, no explotarían porque de hecho son más peligrosas, pero, precisamente por ese mayor riesgo, la tecnología que les acompaña es más avanzada para prevenirlo.  

El debate de los submarinos: baterías de plomo o litio
El debate de los submarinos: baterías de plomo o litio

Las baterías de plomo ácido hay que cambiarlas con más frecuencia que las de Litio de ahí que, a pesar del elevado coste de las segundas, a la larga resultan más rentables ya que en las de plomo habría que tener en cuenta también el coste que supone el transporte de las enormes baterías y su instalación. Al durar más las de litio, esos gastos se reducen. Por otro lado, las de plomo, cuando se agotan, sencillamente dejan de funcionar y lo hacen en el acto mientras que las de litio no padecen de esa muerte súbita. La Fuerza Marítima de Autodefensa japonesa ya utiliza baterías de litio para sus submarinos. 

El dispositivo de búsqueda y la crisis argentina

Hasta 28 navíos y 17 aviones participan en las tareas de búsqueda y rescate, con los sistemas más avanzados. España ha enviado a su Nación hermana la ayuda que su Gobierno ha requerido: un avión con equipamiento para un posible rescate consistente en tres contenedores estancos con capacidad de 600 metros de inmersión que contengan material diverso como oxígeno y víveres para que en el caso de que se encontraran con vida, pero el rescate fuera complicado, que pudieran resistir con ese avituallamiento más tiempo. Son quince los Países que colaboran: la propia Argentina, claro está, junto a Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Noruega, Italia, Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Rusia y España. 

La declaración a una emisora de radio del padre de uno de los oficiales del submarino diciendo que la Armada les comunicó que estaban todos muertos ha provocado una gran indignación. Según este hombre, un portavoz de la Armada argentina les dijo hace una semana que se había producido una explosión a una profundidad sin determinar con exactitud entre 200 y mil metros por lo que descartaban encontrar nadie con vida. Se trata de Luis Tagliapietra, padre de Alejandro Damián, el tripulante desaparecido junto a sus 43 compañeros. Pero también Jésica Gopar, esposa de Fernando Santilli, otro de los tripulantes, da por muerto a su marido despidiéndose de él en las redes sociales. Gopar comunicó a los medios que Fernando era la primera vez que se enrolaba en el ARA San Juan, en el que también se enroló la primera mujer, en toda Iberoamérica, que llegaba a la escala de oficiales en una fuerza submarina, la teniente de fragata Eliana María Krawczyk.

El ministro de Defensa argentino, Oscar Aguad, se defiende de las críticas que recibe su ejecutivo trasladando la culpa a la cúpula de la Armada a la que acusa de no informarle debida y puntualmente puesto que se enteró leyendo la prensa, como la mayoría de argentinos. Pero parte de la opinión pública argentina no excusa tampoco al ministro porque el ruido detectado por los sensores acústicos submarinos no fue investigado por las autoridades argentinas hasta transcurrida una semana. De nuevo, el ministro se defiende diciendo que la información sobre dicho ruido les llegó de Estados Unidos el día 22 y que la confirmación de lo que pudiera ser la participó la OIEA el día 23, previa solicitud del embajador argentino en Austria (la sede de la OIEA está en Viena), que ya había trabajado en el organismo de control nuclear como experto que es en la materia. El ministro alegó que el ruido se detectó el 15, por sensores norteamericanos, pero que la Marina de los Estados Unidos no informó al Gobierno argentino hasta el 22.

Nuestro equipo a consultado a expertos submarinistas y nos dicen que una implosión es una explosión sucedida dentro del submarino lo que explicaría que no se haya encontrado ninguna pieza o resto de la nave, lo que hubiera sido lógico de ser una explosión externa pero que no debe perderse la esperanza ni cesar en la búsqueda. La tripulación pudiera seguir viva en un compartimento estanco, aunque siempre y cuando no esté a más de su capacidad máxima de inmersión (tengamos en cuenta que cerca de donde desapareció la nave argentina hay zonas de hasta 3.000 metros de profundidad). También hay un antecedente en la Historia naval, el del Kurks ruso, que fue también una gran tragedia al morir sus 118 tripulantes. Se supo, por la investigación posterior, que 23 de ellos habían conseguido encerrarse en un compartimento estanco y sobrevivir varios días vivos. En este sentido, el problema es el oxígeno, el cual, de seguir viva la tripulación o parte de la misma del San Juan, el aire se les acabaría en cuestión de horas ya que llevan demasiado tiempo sumergidos. Y si el submarino no ha reventado por la profundidad o implosión, algunos expertos se preguntan cómo no se lanzó alguna boya o bengala para avisar del problema; la respuesta pudiera ser que el navío no soportó el accidente, lo que explicaría que se haya cortado tan drásticamente la comunicación.

El ARA San Juan es del tipo TR-1700, una serie fabricada en Alemania en los 70 y primeros años 80; el modelo argentino tiene 35 años de antigüedad, pero estaba aún operativo puesto que había sino renovado hacia tres y según las autoridades argentinas podía, con dicha renovación, aguantar otros 25 años más. Pero los vehículos, barcos (incluidos submarinos) y aviones de las Fuerzas Armadas argentinas son en su mayor parte muy antiguos, con una media de 40 años. Solo un diez por ciento de su material y equipamiento tiene menos de 15 años. Una situación que no aqueja solo a la República Argentina. Al igual que el País sudamericano, la flota española de submarinos está compuesta por tan solo tres unidades similares a las argentinas.

Una jueza argentina, Marta Yañez, ha sido la magistrada asignada para investigar el caso una vez haya algún desenlace.


ARA San Juan, en la Base Naval argentina de Mar del Plata
ARA San Juan, en la Base Naval argentina de Mar del Plata
Imagen de Martin Otero - Base Naval Mar del Plata, CC BY 2.5, Enlace