La inestabilidad del sistema financiero español

07.06.2017

SAMUEL SÁNCHEZ

Los empleados del Banco de España son funcionarios públicos, no empleados de Banca, pero entre ellos hay 243 inspectores que supervisan la actividad bancaria española de los cuales casi una cincuentena se han incorporado en los dos últimos años; un esfuerzo del Banco de España para evaluar de forma más efectiva los riesgos del sistema bancario español. Por ejemplo, los abusos contra clientes de entidades bancarias privadas (y públicas), tarea que le ha saturado y por la que reconoce que necesita más recursos. De hecho, se quejan de que en otros Países cuentan con más empleados y esta precariedad es la que algunos alegan para defenderse de la crítica en torno a su pésima gestión en el caso del Banco Popular, motivando que sea el Banco Central europeo el que intervenga. Pero si el Banco de España está bajo mínimos, la situación por la que está pasando la Agencia Tributaria es lamentable. Esta otra Institución de control del sistema financiero español no goza de la autonomía de Gobierno que tiene el Banco de España por lo que los recortes presupuestarios le afectan más. Si el Banco de España se queja de contar con menos recursos humanos que otros Bancos Centrales europeos, al menos no ha perdido plantilla, sino que la ha incrementado y en un 20%. Pero la Agencia Tributaria se está quedando sin inspectores al jubilarse cada año varios de los que tiene y no reponerse esos puestos por falta de presupuesto. En los últimos ocho años ha visto como su plantilla se reducía en 4.000 funcionarios, siendo actualmente de 24.000 para toda España (hablamos de 34 millones de personas en edad de trabajar y más de 3.200.000 empresas), con uno de los índices de fraude fiscal más elevados de toda la Unión Europea. Del cien por cien que debiera recaudarse para las arcas públicas en forma de impuestos y tasas, la Agencia Tributaria tiene capacidad para recaudar solo el 39%. De tal modo que, si el presupuesto español para 2017 es de 320.000 millones de euros, si se recaudara todo lo que se debiera, sería de casi 800.000 millones, con lo que se podrían pagar mejores pensiones y salarios para la población activa, pagar más deuda pública de la que ahora solo se abona unos 32-33.000 millones anuales siendo de 1.129.000 millones. Necesitaríamos, a este ritmo, 35 años o más para abonarla del todo; el problema es que año tras año sigue creciendo, últimamente del orden de 24.000 millones anuales. Con lo que si el Estado español paga 33.000 millones de deuda, pero ésta sube 24.000, realmente solo se abona 9.000 millones cada año. Vamos, que se necesitan cuatro generaciones para ver toda la deuda pública satisfecha, si es que alguna vez se consigue. 

Si la Agencia Tributaria pudiera recaudar el cien por cien de todo lo que debiera, se podría invertir más en Defensa y Seguridad Pública ya que ahora mismo la operatividad de las Fuerzas Armadas y de Seguridad españolas, con un presupuesto exiguo que no llega a 14.000 millones de euros, pone en serio peligro la seguridad del País, sobre todo ante amenazas como el terrorismo. Al comparar estas cifras públicas con las de los grandes Bancos nos damos cuenta del desfase que hay. El BBVA ofreció al Popular fusionarse adquiriendo la entidad 5.500 millones de euros, tan solo un poco menos del gasto español en Defensa. El Banco Popular se negó y ahora, tras su batacazo, se ha visto obligado a venderse por tan solo 1.330 millones de euros, con una cotización de 32 céntimos la acción en Bolsa. El gran beneficiado ha sido el Santander, que ha sabido esperar al momento oportuno. Lo cierto es que desde que adquirió BANESTO, hace cinco años, no se embarcó en ninguna otra gran aventura de este tipo en España, de ahí que le aventajara Caixa Bank que también adquirió otras entidades. El otro gigante español, BBVA, sí ha tenido una actividad intensa absorbiendo Catalunya Banc y Unnim e incluso el Banco Sabadell realizó alguna compra para posicionarse bien.

Ahora, el Santander, con la adquisición del Popular, se afianza en España, pero en el mercado bursátil internacional en el que cotiza se ha visto con desconfianza la operación; en Wall Street sus acciones bajaron un 3%.

En realidad, la compra del Popular, si bien figuraba entre las opciones del Santander, al final se ha planteado como una operación de rescate del Banco Central europeo para evitar una nueva crisis bancaria española por la que se viera obligado, una vez más, a inyectar dinero en España. Con lo que le ha confiado al mayor Banco europeo en volumen de capital disponible que realice la compra, pero claro, no podían obligarles. Pero el Santander, a pesar de los riesgos, ha dicho que sí y por un simbólico euro ha comprado el Popular. Si se hubiera negado también el Santander, los clientes del Popular hubieran acudido en masa a sus sucursales a retirar su dinero produciéndose un "corralito" dejando a España en muy mal lugar, cuyo Gobierno dice que aspira a recuperar el 12º puesto entre las principales economías mundiales. De hecho, Luis de Guindos, ministro de Economía, marchó al Estado norteamericano de Virginia, a la reunión anual del Club Bilderberg, restando importancia al asunto, al no considerar el caso del Popular tan grave como para que afecte al sistema bancario español. Le acompañaba en el avión Albert Rivera, líder de la formación "Ciudadanos" que apoya al Gobierno español en el parlamento al no tener mayoría y nuevo en esas reuniones del selecto club. Sería presentado en la Universidad de Georgetown como "el Macron español". También asistió a una reunión en el Center for American Pogress, vinculado al Partido Demócrata y que años atrás colaboró con la Fundación Alternativas del PSOE. Rivera se atrevería a criticar a Donald Trump diciendo que miente en su discurso proteccionista. Rivera acudió a la reunión Bilderberg de líderes mundiales: 120 representantes de Gobiernos activos, en el caso de Rivera por su coalición con el Partido Popular, gobernante en España y en cuanto a la sueca Annie Lööf, líder del Partido de Centro de Suecia, también por formar parte de la coalición de Gobierno en ese País y porque se trata de la formación política más rica del Mundo. Pero la delegación española la completaba la presidenta del Banco Santander, Ana Botín y el presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; la primera, como propietaria del Banco europeo más importante y el segundo como presidente de uno de los principales grupos mediáticos en habla hispana.

La otra institución criticada por lo sucedido con el Banco Popular es la Comisión Nacional del Mercado de Valores que no tomó cartas en el asunto cuando debió hacerlo provocando que los accionistas minoritarios del Popular hayan sido víctimas de los especuladores.