La guerra de las plataformas digitales

05.08.2017

ADOLFO ESTÉVEZ

Te despiertas por la mañana y tras hacer algo de ejercicio o desayunar, lo primero que haces es coger tu Smartphone y comprobar si hay algo nuevo: un mensaje de WhatsApp (o del servicio de mensajería que utilices), un email o alguna noticia que te llame la atención. Incluso puede que ni siquiera esperes a terminar el desayuno y darte una buena ducha para quitarle las lagañas que aun te quedan; revisarás tu móvil al mismo tiempo que realizas esas otras acciones matutinas.

Antes de salir de casa volverás a mirar el teléfono para comprobar que tiempo hace en ese momento y cual durante la mañana y así saber qué te pones de ropa. Los más jóvenes ya habrán chateado con sus "colegas" varias veces antes de dirigirse al instituto. Los más ocupados incluso habrán realizado una videoconferencia y según donde vayamos utilizaremos el teléfono como gps para que nos indique cómo llegar a nuestro destino; imprescindible hoy en día para los transportistas, pero cada año más para el resto de personas y si no, ¿cuándo fue la última vez que viste que le regalaran a alguien un gps? Si no lo lleva el coche incorporado utilizas el teléfono.

En la oficina nadie se conecta a un ordenador para enterarse de lo que sucede en el Mundo, a no ser que su trabajo sea precisamente ese (periodistas o analistas); o bien lo vemos en la televisión mientras hacemos una parada para almorzar o desayunar por segunda vez o leemos el periódico que hay gratis en la cafetería, o bien ojeamos de nuevo el Smartphone.

Regresamos a casa después del trabajo o turno de mañana y de nuevo el omnipresente servicio de mensajería, especialmente WhatsApp; ya casi nadie habla por teléfono a no ser que necesiten algo en el momento imperiosamente. Casi todo el mundo chatea o se envían "audios"; estamos perdiendo la capacidad de interactuar, salvo cuando quedamos para tomar un café o una copa. Incluso vemos a la gente comiendo en un bar o restaurante pasando más tiempo chateando o mirando el móvil que hablando entre ellos. Y qué me decís de las paradas de bus o del momento incómodo del ascensor por el que todos pasamos: el teléfono móvil nos lo ha solucionado. Ya no tenemos que mirar a nadie a la cara o bajar la mirada en el metro; cogemos nuestro Smart y a ver algo en Internet, chatear o parecer que vemos algo.

Y en casa, tres cuartos de lo mismo: los adolescentes se comunican más con sus amigos por mensajería instantánea que con sus padres o hermanos a los que tienen al lado.

Llega la hora de acostarse y si te pararas a enumerar las veces que has mirado el teléfono durante todo el día, os aseguro que todos nos quedaríamos sobrecogidos. Lo hacemos sin darnos cuenta, de forma constante. Que estamos fuera de casa y queremos comprobar que todo está bien, accedemos a la aplicación de la alarma de seguridad que tengamos instalada en el hogar y podremos ver, en tiempo real, las imágenes de las cámaras. Que deseamos conocer el tiempo que hace en la estación de esquí a la que nos disponemos a ir, accedemos a la aplicación que informa de ello y, en tiempo real, sabremos si hay nieve, viento, mucha o poca gente.  

Algunas consultas médicas ya se hacen por Internet
Algunas consultas médicas ya se hacen por Internet

Todo lo controla ya la Red y si bien aún tenemos la sartén por el mango puesto que seguimos siendo los que damos autorización para que accedan a nuestra vida recopilando datos sobre nosotros de todo tipo, dentro de poco perderemos ese control. No nos damos cuenta de que nuestra privacidad la estamos poniendo en manos de empresas a las que no conocemos de nada simplemente porque nos ofrecen un servicio cómodo. Lo que no daríamos al vecino, aunque le conozcamos desde hace años, se lo damos a personas que están tras esas empresas. Sin darnos cuenta, al ceder tanta privacidad, estamos también cediendo seguridad.

Necesitamos compartir con el mundo entero que somos muy felices, que nuestra vida es perfecta y que todo nos marcha a las mil maravillas. Por ello, colgamos fotografías de todo lo que indique que mejor no puede irnos: selfies con los compañeros de trabajo, todos sonriendo, aunque en la vida real (no virtual) no soportemos a alguno de ellos, imágenes de nuestras vacaciones comiendo en un restaurante único, bañándonos en una playa paradisíaca o con amigos en una disco. Aunque la cena haya sido un asco, el hotel no nos ofrezca el servicio que habíamos pagado o la noche no haya ido como esperábamos. Da igual: todo lo que colguemos ha de parecer fantástico. Y no nos damos cuenta de que en esa información que damos incluimos, sin percatarnos, la ubicación: quienes no debieran saben dónde nos encontramos.

Y ahora tenemos otro problema los usuarios: la guerra de los proveedores. Nosotros estamos en medio, sin que lo sepamos, de hecho, ni siquiera sabe casi nadie qué guerra es esa.

La falta de neutralidad

Las productoras de televisión y las aplicaciones de todo tipo necesitan de las plataformas de telecomunicaciones para ofrecer sus productos y que sean "consumidos" por cuantos más usuarios mejor, pues de eso viven: es su negocio. Ahora bien, las plataformas cuentan con sus propios canales y aplicaciones por lo que favorecen a los suyos antes que al resto, lógicamente. No son neutrales, de ahí que las productoras estén creando sus propias plataformas. Por ejemplo, si queremos ver Juego de Tronos, en España solo tenemos dos opciones (legales): a través de HBO, la productora de la serie o contratando el paquete de series de Movistar, el gigante español de las telecomunicaciones.

Presente en 19 Países y propietaria de grandes empresas de telefonía y servicios de Internet, Movistar cuenta con extensas redes tanto en España como Europa y América que requieren los canales y productoras para que sus usuarios vean sus series de televisión. Lo mismo sucede en otras Regiones del Mundo con las compañías líderes del sector en cada territorio: ceden sus redes a las productoras y desarrolladoras de aplicaciones de Internet o incluso empresas de telefonía más pequeñas pero las distribuidoras favorecerán sus propios productos antes que los de la competencia. ¿Cómo lo hacen? Pues de forma tan sencilla como reduciendo la velocidad del servicio de Internet que ofrecen cuando visualizas un producto (una serie, por ejemplo) de algún canal que compite con los canales propios de la distribuidora.

Netflix llegaría a señalar a Movistar denunciando que reducía al máximo la velocidad de Internet a los clientes que accedían al popular servicio de streaming. Se da la circunstancia de que Movistar cuenta con su propio servicio de streaming: Yomvi. Pero Movistar niega que esa sea la razón, sino que Netflix requiere mayor ancho de banda por lo que debe pagar más; mientras no lo haga, la velocidad de Internet será muy reducida.

Vodafone, el otro gigante de la telefonía e Internet, también ha sido acusado por empresas que ofrecen sus servicios a través de sus redes, de reducir notablemente la velocidad por lo que sus clientes viven una epopeya para usar sus aplicaciones.

La solución sería redes controladas por el Gobierno que garantice que los usuarios escojan el proveedor que deseen evitando así la falta de neutralidad.

El otro sector en peligro es la publicidad ya que ésta cada año requiere más de las redes sociales e Internet en general para difundir sus productos. De hecho, están relegando a los periódicos y revistas que eran los que hasta ahora se ocupaban de la publicidad impresa. Sin embargo, en la era digital son Facebook y Google los que mandan. Al acaparar más y más plataformas de Internet no están dejando nada para la prensa tradicional, que vive en gran parte de la publicidad. Debido a este duopolio, algunos grandes periódicos han decidido unirse, sobre todo en Estados Unidos, para competir de forma más sólida y con más recursos. Así, los que antes eran diarios que competían por conseguir más lectores que el otro, ahora se unen para enfrentarse a la amenaza que les supone las redes sociales y los buscadores de Internet.

Las redes sociales se están haciendo con el negocio de la publicidad
Las redes sociales se están haciendo con el negocio de la publicidad

La guerra por los servicios que Internet ofrece se extiende ahora al pago por telefonía móvil, ganando de momento la batalla El Corte Inglés, al menos en España, donde sus clientes podrán utilizar el servicio Samsung Pay. Es una estrategia conjunta de gran calado porque Samsung verá incrementadas sus ventas en España donde once millones de personas usan la tarjeta de crédito de la cadena de grandes almacenes que también permite pagar en gasolineras y otros servicios. Es la primera vez en todo el Mundo que una tarjeta comercial de crédito se integra en un servicio de pago online. Además, se incrementa la seguridad del cliente al poder usar su huella dactilar o el reconocimiento por iris para autorizar el pago.

La firma española no ha negociado con otros servicios de pago online, solo con Samsung, con lo que condiciona a sus clientes que o bien utilizan un dispositivo de Samsung o siguen con su tarjeta de crédito tradicional. Al no poder optar por otras alternativas, tenemos un nuevo ejemplo de falta de neutralidad. Pero claro, son empresas privadas y pueden establecer alianzas comerciales; algo totalmente legítimo.

La Internet de las Cosas es el siguiente paso en la evolución digital
La Internet de las Cosas es el siguiente paso en la evolución digital

Luego está la "Internet de las cosas" o IoT (Internet of Things): todos los aparatos electrónicos que llevan incorporada conexión a Internet. Para evitar vernos obligados a usar de forma independiente cada dispositivo, ha surgido un aparato que permite activar cualquiera de ellos, conectados al mismo por Internet. Dicho aparato cuenta con reconocimiento de voz y simplemente le decimos lo que queremos que active y automáticamente pondrá en marcha el aparato cuya tarea deseamos que se lleve a cabo. Por ejemplo, encender el equipo de música para que nada más llegar a casa suene nuestro disco favorito, realizar la compra doméstica por Internet, etc.

Sería Amazon (como en tantas otras cosas) la que innovaría con sus altavoces inteligentes hace tres años, los "Echo", que pueden verse en muchos hogares norteamericanos, pero en casi ninguno del resto del Mundo. Ahora Google y Apple quieren poner en marcha los suyos respectivos y venderlos fuera de Estados Unidos, expansión que también prepara Google. Apple ya intentó hacerle competencia a la multinacional Amazon con sus libros electrónicos, sin éxito. ¿Podrá resarcirse con los altavoces inteligentes?

Con semejante tecnología parece increíble que un aparato electrónico sin acceso a Internet y de lo más simple como es una calculadora haya sobrevivido e incluso incrementado, de forma notable, sus ventas. Pudiera haber sufrido la misma suerte que otros aparatos como el teléfono fijo, prácticamente en desuso hoy en día; sin embargo, la calculadora (aplicación que también tiene todo Smartphone) sobrevive. Aunque parece que también tiene los días contados, al menos las calculadoras que pudiéramos llamar "convencionales". Los adolescentes de bachillerato y formación profesional tienen casi todos teléfonos móviles comprados por sus padres para tenerles localizados, lo cual es útil, por supuesto. Pero esos teléfonos tienen incorporada su propia calculadora, con lo que si sobrevive este aparato será la calculadora científica.

Las cámaras fotográficas ya solo son usadas por profesionales y aficionados
Las cámaras fotográficas ya solo son usadas por profesionales y aficionados

Es lo mismo que les ha sucedido a las cámaras de fotos que cada año más están quedando para los fotógrafos profesionales puesto que el resto de personas inmortalizan sus grandes momentos con las cámaras incorporadas a sus teléfonos inteligentes.