La crisis de refugiados se agrava por la ola de frío

10.01.2017

La crisis de los refugiados en Europa se recrudece con la ola de frío que asola Grecia, donde se haya la mayoría aguardando que se solucione su situación, pero también en el resto del continente. Nieva sobre las frágiles tiendas de campaña bajo las que se protegen del intenso frío con temperaturas no pocas veces bajo cero. En la frontera turcobúlgara ya han muerto tres inmigrantes (dos iraquíes y un somalí). Y el dos de enero, los servicios de salvamento marítimo sacaron del mar a cinco grados bajo cero a decenas de personas frente a la costa griega. Aun así, la ONU ha registrado a 875 personas intentando cruzar el Mediterráneo Oriental para llegar a Grecia, once de los cuales fallecieron y solo en lo que llevamos de 2017. Los que sobreviven, una vez interceptados, son trasladados, como el resto, al campamento de Moria o a cualquier otro de los cincuenta desperdigados por las islas del Mar Egeo donde ahora se ven obligados a soportar unas condiciones climatológicas extremadamente duras. En un campamento donde no hay agua caliente ni calefacción para todos como sucede en la Isla de Samos ya se han dado casos de enfermos por frío a punto de congelarse. Desde Grecia algunos inmigrantes, a pesar de la ola de frío continental, se atreven a iniciar la aventura de intentar llegar al centro de Europa, principalmente Alemania con el consiguiente riesgo que supone hacerlo de forma ilegal: un individuo que transportaba a 19 inmigrantes (incluyendo cinco niños) y que había conseguido llegar a la República alemana les dejaría abandonados en una gasolinera en las proximidades de la localidad de Rosenheim, en el Estado de Baviera, cuando los termómetros marcaban veinte grados bajo cero. Finalmente serian socorridos por las Fuerzas de Seguridad.

En Belgrado hay cientos de inmigrantes que rechazan la ayuda oficial por temor a ser expulsados por lo que se refugian en edificios abandonados huyendo de la Policía. En Italia murieron de frío cuatro inmigrantes "sin techo". Cierto es que están muriendo decenas de personas, no solo inmigrantes sino también nacionales de los Países azotados por la ola de frío glacial. Son en su mayoría personas sin un lugar donde refugiarse que viven de la mendicidad que es como acaban muchos inmigrantes que entran de forma irregular en cualquier País europeo pero les sucede lo mismo al resto de indigentes, los más afectados por el temporal. El ayuntamiento de Atenas abrirá, de forma excepcional, tres estaciones de metro y otros refugios para que puedan alojarse personas "sin techo" en los fines de semana más fríos.

No se recuerda un tiempo tan adverso en Grecia desde hace décadas y precisamente ha llegado en plena crisis de refugiados. Los campos de refugiados e inmigrantes de Softex (400 personas aproximadamente), Vasilika y Oreokastro (los dos últimos con unos 150 inmigrantes cada uno) se han llegado a quedar sin energía eléctrica al saturarse la red debido a que se encendieron numerosas estufas eléctricas por no existir otro tipo de calefacción y hablamos de temperaturas que no subían de los cero grados.

Desde España se han enviado miles de abrigos para ayudar algo a soportar el frío en un nuevo gesto de solidaridad española, en esta ocasión desde Cataluña. Los cooperantes intentan concienciar a las personas a las que piden que colaboren diciéndoles que nunca se sabe cuándo cualquiera de nosotros pudiera verse en semejante situación. De hecho, entre los inmigrantes sirios hay muchas personas que llevaban vidas normales como agentes de policía, profesores e incluso jugadores de fútbol de la selección nacional que de repente se han visto sin nada.

Los refugiados no están todos en campamentos ya que algunos han sido alojados en apartahoteles. Se necesitan más campañas solidarias como "Un Gesto de Calor" organizada por un pequeño grupo de personas del municipio barcelonés de Gavá con la colaboración de su Ayuntamiento que ha añadido a los abrigos grandes estufas; el problema es que en espacios tan amplios estos aparatos resultan poco efectivos pero el gesto de Gavá es ejemplar, sin duda. Actualmente son unos 60.000 los inmigrantes asentados en Grecia.

Las organizaciones no gubernamentales consideran que el Gobierno griego está incumpliendo tanto la Convención europea de los derechos humanos como su propia Constitución al no garantizar una atención digna a los inmigrantes. La Comisión Europea ya ha instado al Gobierno griego a que dote de "infraestructuras adicionales de acogida" las islas donde se encuentran los campamentos de refugiados. La portavoz comunitaria de Inmigración, Natasha Bertaud, ha declarado que la Comisión Europea dará fondos para solucionar la grave situación pero recuerda a las autoridades helenas que deben agilizar los trámites administrativos para que las ayudas lleguen cuanto antes a los campamentos; ahora mismo se retrasan varios días desde que llegan al País hasta que se reparten. El campamento de Moria sufre, de hecho, una notable falta de estufas.

No pocas carreteras y aeropuertos han tenido que ser cerrados por el frío polar y la gran cantidad de nieve caída tanto en Grecia como en Italia y Turquía, los tres Países más afectados por la crisis de los refugiados. Su particular drama, tras huir de una guerra terrible, se agrava con las condiciones inhumanas en las que se ven obligados a vivir en los campamentos. A pesar del presupuesto de 90 millones de euros que la ONU y la Unión Europea han destinado a los campamentos para protegerse del frío, los medios tan solo han llegado a una cuarta parte de los refugiados. Las trabas administrativas estatales griegas dificultan el reparto de dichos medios, en cambio cuando la iniciativa es local, como sucede en el campamento de Kara Tepé, gestionado por el Ayuntamiento, no suele haber problemas. A pesar de que el ministro de inmigración de Grecia, Yannis Muzalas, aseguró que el Gobierno había solucionado el problema, las ONGs constatan que no es así.