Trayectoria de las Fuerzas de Seguridad en Cataluña

24.09.2017

Por LUÍS RAMÍREZ

En Cataluña se viven momentos complicados en estos días: quiénes desean la independencia con respecto al Estado español se manifiestan, en ocasiones de forma violenta, contra todo lo que representa a España. Y uno de los pocos símbolos que aún quedan de la Nación española en Cataluña es la Guardia Civil, su Fuerza de Seguridad más veterana y una de las más antiguas del Mundo. Recientemente, cientos de personas acudieron a las puertas del cuartel que la Benemérita tiene en la ciudad de Manresa a protestar por la operación que el Instituto armado lleva a cabo contra el bloque independentista. Pero lejos de ser una concentración pacífica, en la que solo hubiera consignas en contra del Estado, los manifestantes fueron mucho más lejos rodeando el acuartelamiento, donde los agentes no solo tienen sus oficinas y vehículos sino también sus residencias muchos de ellos, con sus familias, incluyendo niños.

Hasta la una de la madrugada estuvieron asediando el cuartel e incluso izaron una bandera independentista en el mástil exterior del edificio, la conocida como "estelada". Un vehículo policial que se ocupa de patrullar los alrededores del acuartelamiento, para brindarle mayor seguridad, fue destrozado. Mientras tanto, los agentes se acuartelaron decidiendo sus mandos no cargar contra la muchedumbre para no causar un mal mayor. No es la primera vez que este cuartel sufre el acoso de los radicales. Los Mossos d´Esquadra, la Policía catalana, ha recibido muchas críticas por no actuar como se espera de un Cuerpo de Seguridad ante semejantes acciones hasta que transcurridas varias horas recibieron la orden de intervenir.

El fiscal superior de Cataluña ha ordenado que para evitar que continúe esta descoordinación, para unos, desentendimiento, para otros, un coronel de la Guardia Civil se haga cargo del mando único de las Fuerzas de Seguridad en la Comunidad Autónoma, incluyendo los Cuerpos Locales de Policía.

Tras los atentados en Barcelona y Cambrils, quedó de manifiesto la falta de colaboración en materia contraterrorista entre la Policía catalana y los Cuerpos de Seguridad estatales, por lo que el fiscal superior lo tiene claro: esta situación, agravada con el proceso secesionista, no puede continuar.

Sin embargo, pocos saben que la Guardia Civil tiene una dilatada relación histórica con Cataluña y que llegarían a trabajar junto con los Mossos d´Esquadra durante casi un siglo, al servicio ambas instituciones del Gobierno central español; de hecho, la Policía Catalana actual fue creada por un rey borbón, Felipe V. Al mismo tiempo, milicias ciudadanas colaboraban con unos y otros, como nexo que les unía más que separaba: los somatenes. 

Como reflejo de las Hermandades que se crearon en los Reinos de Castilla y Navarra, dedicadas a la seguridad de los caminos por donde se transportaban las mercancías que abastecían a ciudades y pueblos, en el Reino de Aragón, principalmente en Cataluña, se creó también el Somatén. Estas corporaciones acabaron dedicándose también a perseguir a delincuentes y actuar en catástrofes ayudando a la población llevando a cabo rescates o lo que fuera necesario. En ocasiones, tanto las Hermandades como los Somatenes eran utilizados de forma partidista en contiendas civiles o como refuerzo del ejército en guerras contra un enemigo exterior que invadiera el territorio.

El conde Ramón Berenguer I, (a) El Viejo, impuso un "Usatge" (usanza o costumbre) llamada de la "Paz y Tregua", que garantizaba la protección del Condado a los derechos de los súbditos, especialmente si eran atacados, dando lugar a otro "Usatge", el conocido como "Princeps Namque". Cuando era necesaria una leva de soldados para defender el territorio de agresiones externas inminentes, gritaban "Som-atents" (estemos atentos) o hacían sonar un cuerno de alarma (herencia visigoda), concentrándose en torno a una gran fogata desde la que se dictaban instrucciones para proceder a la defensa del lugar. Ese grito de alarma pasó a denominar al Cuerpo armado que como leva excepcional se reunía para perseguir a criminales o proceder a la defensa ante una agresión exterior; nació el Somatén.

El rey de Aragón, Jaime I, (a) El Conquistador, dictó la "Carta de comunión y amistad sobre defensa de los hombres del Llobregat", autorizando a los habitantes de esta zona a que poseyeran armas para evitar que les roben los productos de sus tierras. Si necesitaban ayuda, podían tocar la campana para que otros habitantes del pueblo o fincas próximas acudieran en su ayuda. Cuando se formaba un grupo de payeses para colaborar en la defensa común se le conocía como "Sagramental" y lo hacían al grito de "Som-atents". Con posterioridad, se regularía la actuación de los somatenes, cada uno con su capitán, que solía ser el individuo más destacado de la Comarca que decidiera unirse a ellos, aunque por elección entre sus miembros, no por imposición de la autoridad nobiliaria de la zona, como sucedía con las hermandades castellanas y navarras. Estos grupos armados podían incluso registrar una vivienda si sospechaban que daba refugio a un delincuente, tras un plazo que daban para entregarse voluntariamente. El rey Pedro IV de Aragón echó mano de los somatenes en Gerona para defenderla de las compañías mercenarias que la atacaron.

En el siglo XVII, los somatenes se reunieron en innumerables ocasiones para combatir al bandolerismo que campaba a sus anchas por toda Cataluña. Sería el rey Felipe V de Borbón el que ordenaría el desmantelamiento de los somatenes, ya en el siglo XVIII. En su lugar, el rey ordena la creación de una fuerza militar de seguridad nueva encargándole la misión al capitán general de Cataluña, Francisco Pio de Saboya y Moura, marqués de Castell Rodrigo. El objetivo no solo era que actuasen como una Fuerza de Seguridad, protegiendo los caminos y a los aldeanos, sino que localizaran a los partidarios de la anterior dinastía reinante que aún quedaran en Cataluña: los Austrias.

Felipe V fue el primer rey borbón y como vemos los Mossos deben su existencia a dicho monarca, el primero de una dinastía que sigue reinando en España y contra la que dirigen sus protestas los independentistas catalanes actuales. Los mossos comenzarían actuando como policía borbónica, detectando a los partidarios de los Habsburgo para expulsarles o ajusticiarles. Se trataba de la dinastía que se había sentado en el trono español durante dos siglos, por lo que se libró la Guerra de Sucesión.

Pero los somatenes seguían reuniéndose, si las circunstancias lo aconsejaban, incluso como refuerzo militar, como sucedió a final del siglo XVIII cuando fueron utilizados para invadir el Rosellón (Francia). Años después, en la contraofensiva napoleónica, las tropas imperiales francesas atravesaban la frontera con España entrando en Cataluña de forma pacífica, pero no era más que una estrategia para coger desprevenidas a las autoridades catalanas y tomar las principales ciudades sin apenas resistencia. Se organiza de nuevo el Somatén y aunque les cueste creerlo a los independentistas catalanes actuales, los que claman por separarse de España en estos días, los somatenes catalanes se reunieron al grito de "¡Viva la Religión, Fernando VII y España!". Los franceses, conscientes de que se guardaban armas y munición en las casas para cuando se reunían los somatenes, ordenan que se entregue su material, pero primero en el Bruch, y después en Vendrell, los somatenes frenan a los franceses en su avance, aunque en el primer caso iban como refuerzo del ejército regular.

Con la llegada del liberalismo, tras la guerra, dando lugar a la contienda militar civil entre defensores de la instauración de un Régimen democrático liberal y partidarios de mantener la monarquía absoluta, el Somatén se dividiría también entre los dos bandos, como sucedería también en las guerras carlistas. Este conflicto enfrentaría al bando de Carlos María Isidro, hermano del rey anterior, Fernando VII contra el que defendía a la heredera del trono, Isabel II, al que se unieron los liberales. El Régimen impuesto por la reina Isabel II premió la entrega demostrada por los somatenes que les fueron leales en Cataluña y mantuvo estas corporaciones, pero la I República decretó su disolución, debiendo entregar sus armas y munición en los puestos de la Guardia Civil. Esta Fuerza de Seguridad del Reino había sido creada apenas treinta años antes y los somatenes aceptaron convertirse en sus auxiliares.

Reinstaurada la monarquía, con Alfonso XII, el Somatén de nuevo es premiado por su lealtad a la Corona y convertido en una verdadera institución con reglamento propio, al mando del capitán general de la Región de Cataluña y sujetos a los requerimientos de los alcaldes, quiénes los convocarían si las necesidades lo aconsejaran, debiendo ponerse a las órdenes de los oficiales jefes de las líneas territoriales de la Guardia Civil. En 1889 llegaría a haber 40.000 somatenes bien adiestrados para el combate con un boletín que se difundía entre ellos titulado "Paz y Tregua". Tenían como patrona a la Virgen de Monserrat como Patrona y cuando moría uno de sus miembros estaban autorizados a cubrir el féretro con la bandera de España en el entierro, lo que les enorgullecía.

La medalla del Somatén era una condecoración con la efigie del monarca, Alfonso XIII, pasador dorado y cinta con los colores de la bandera de España. En 1905 se les otorgó el carácter de "agentes de la Autoridad" en acto de servicio. En 1923 el Somatén se había extendido por toda España y las colonias españolas en África; de hecho, participaron muy activamente en la Guerra de Marruecos, en 1909. Sería el capitán general de Cataluña, Primo de Rivera, quién al hacerse con el Gobierno de España tras un Golpe de Estado e imponer una dictadura que se alargaría siete años, crea el Somatén Armado nacional, siguiendo el ejemplo del somatén catalán.

En Cataluña, desconfiaban de los somatenes porque se habían politizado demasiado en los años anteriores con la Dictadura militar conservadora, pero en determinados casos serían de nuevo convocados como auxiliares de la Guardia Civil.

Cuando se constituye la República catalana dentro del nuevo Estado federal en el que se había convertido España tras la Dictadura de Primo de Rivera, como Cataluña no podía tener ejército propio ya que el único autorizado era el español, para todas las Regiones de España, se reinstauran los Somatenes Armados de Cataluña, en los que se exigía haber nacido en Cataluña y saber la lengua catalana. Pero el sector más extremista del independentismo catalán desarmó al nuevo Somatén, del que no se fiaban, al verlo demasiado españolista, para entregarle sus armas y munición a las Juventudes Catalanas. 

En 1945, el Gobierno del Régimen del general Franco reinstaura el Somatén Armado de España. Sus miembros debían ponerse a las órdenes de los jefes de las compañías territoriales de la Guardia Civil. Llevarían a cabo una importante labor "limpiando" las sierras de maquis o resistencia a la Dictadura de Franco, que sobrevivían en las montañas como bandoleros saqueando poblaciones. En todas las localidades inferiores a 10.000 habitantes, se organizó un somatén armado que recibía licencia de armas de la Guardia Civil, las mismas eran revistadas una vez al año y se les obligaba, igualmente una vez anual, a ejercitarse en tiro bajo inspección de la Guardia Civil.

Esta milicia auxiliar de las Fuerzas de Seguridad se extinguió definitivamente en 1978. Pero hubo otras, aunque sin el éxito de los somatenes, excepto los Miñones de Vizcaya que prevalecen aún como Fuerza de Seguridad Provincial.

Por su parte, la Guardia Civil nació en 1844, dependiente del Ministerio de la Guerra en lo referente a organización, personal y disciplina y al de Gobernación en relación a los servicios que habría de prestar a la ciudadanía. Esta doble dependencia se mantiene en la actualidad, solo que ahora se llaman Ministerios de Defensa e Interior, respectivamente.

En el año de su fundación, había menos de 6.000 agentes agrupados en trece Tercios territoriales con nueve escuadrones de caballería, que por entonces era un recurso muy valioso. Uno de esos escuadrones se encontraba en Cataluña. El objetivo principal es eliminar la constante amenaza para el comercio interior y las zonas rurales que suponía el bandolerismo en lo que trabajaron conjuntamente con los mossos.

El Bienio Progresista (1854-56) planteó la desaparición de la Guardia Civil, por primera vez, pues el nuevo Gobierno, surgido tras un golpe de Estado, observó como esa Fuerza militar de Seguridad se había mantenido fiel al Gobierno anterior, que era el legalmente constituido, lo que ha sido una constante en la Historia de la Benemérita (recibió este título, al serle concedida en 1929, por el rey Alfonso XIII, la Orden Civil de Beneficencia, por los numerosos servicios humanitarios prestados desde su creación).

No hubo tiempo de montar un nuevo Cuerpo de Seguridad porque los Gobiernos se sucedían de modo continuo, en unas décadas marcadas por la inestabilidad política: los disturbios en las ciudades y el l bandolerismo en las zonas rurales se generalizaron y la única Fuerza que podía combatirles y ser coordinada desde Madrid era la Guardia Civil.

En el siglo XX, los problemas eran otros: grupos extremistas independentistas, revueltas anarquistas violentas y la guerra en Marruecos en la que también estuvo la Guardia Civil. En todos los frentes en los que el Gobierno central necesitaba mantener el orden y la seguridad, allá se dirigía la Guardia Civil.

Su característico uniforme verde data de 1925.

El ataque de una manifestación de radicales violentos a un cuartel de la Guardia Civil como el sucedido en Manresa hace pocos días, no es algo nuevo. Ya en 1933, anarquistas y comunistas de forma conjunta atacaron el puesto de la Benemérita en la localidad de Casas Viejas, causando la muerte de uno de los cuatro componentes que estaban destinados en dicho acuartelamiento. Otros puestos del Cuerpo, en distintas localidades, serían también objeto de ataques organizados y las manifestaciones violentas se sucedían por todo el País. El Gobierno de la República no tiene más remedio que ordenar a la Guardia Civil que actúe con toda la contundencia que semejante situación requiere, sobre todo a raíz del intento de tomar la Presidencia del Gobierno en Madrid, sin éxito, por parte de los anarquistas.

En el País Vasco sería el ejército el que tuvo que intervenir para sofocar las revueltas y se proclaman las Repúblicas de Cataluña y Asturias dentro de una pretendida República Federal de España, viéndose forzado el Gobierno central a usar a la Legión y el Cuerpo de Regulares, desplazándolos desde los territorios africanos al norte de España. Decenas de cuarteles de la Guardia Civil fueron destruidos por los insurrectos en numerosos combates en los que muchos agentes murieron. El Gobierno de la República concede a la Benemérita la Corbata de la Orden de la República en 1935.

También, la detención de miembros del Gobierno catalán por la Guardia Civil no es nuevo pues en aquellos convulsos años de la II República española, agentes del Instituto Armado detenían al presidente de la Generalitat y a sus consejeros, por orden del Gobierno republicano de la Nación. Los mossos serían escoltados por guardias civiles al finalizar el conflicto, así que tampoco es nuevo que la Benemérita se haya tenido que hacer cargo de la situación, cuando se ha complicado en exceso, en Cataluña.

Al comienzo de la Guerra Civil, la Institución cuenta con 33.500 agentes, diseminados por toda España, por lo que son una fuerza esencial en cualquier intento de cambiar el Gobierno o la forma de Estado. El Inspector General de la Guardia Civil, el general Pozas Perea, ordena que el Cuerpo se mantenga leal a la república, pero en muchas zonas se unen al bando militar conservador conocido como "nacional", al entenderse que pasaba a ser el Gobierno legal pues el anterior o había abandonado, o había sido eliminado, pero en Cataluña, la Guardia Civil siguió durante toda la guerra al lado de la República. Debido a este hecho, tras la derrota del bando republicano, la Guardia Civil estuvo a punto de ser desmantelada por Franco. Para comprobar si verdaderamente era leal al Gobierno legalmente constituido, como rezaba su reglamento, les puso a prueba encargándoles la "limpieza" de maquis o elementos de la resistencia republicana, que se escondían en las serranías españolas, incluyendo Cataluña. Para sobrevivir, llevaban a cabo actos de verdadero bandolerismo constituyendo un reducto de una guerra que todos querían dar ya como zanjada. Ya no luchaban por unos ideales, sino que practicaban la rapiña y el sabotaje. La Guardia Civil superó la prueba y acabó con dicha amenaza; como premio, se refuerzan sus filas con la incorporación de los carabineros. Pero lejos de considerar al Instituto armado como una herramienta más del franquismo, lo cierto es que el dictador nunca llegó a fiarse del todo de un Cuerpo que no le había sido leal al cien por cien en la guerra. Debido a ello, mantuvo a sus agentes viviendo en condiciones paupérrimas, sin seguridad social y con salarios ínfimos. 

En cambio, la institución de los Mossos d´Esquadra sería desmantelada tras la Guerra Civil. Había existido desde hacía más de 200 años y lo que pocos saben es que Franco autorizó la reinstauración de una sección de los Mossos para la seguridad de los edificios públicos de la Provincia de Barcelona en los años 50. Con la llegada de la democracia, ya en los 80, los Mossos pasan a depender directamente de la Generalitat o Gobierno catalán, convirtiéndose en la actual Fuerza de Seguridad que es hoy en día, con más de 14.000 agentes repartidos por todo el Principado de Cataluña.