La amenaza de Corea del Norte

17.07.2017

JOSÉ GARCÍA

Corea del Norte es uno de los Países más herméticos del Mundo, donde (aunque parezca increíble) se ven a muy pocos ciudadanos consultando su teléfono móvil, porque muy pocos lo poseen y los "afortunados" tienen poco dónde consultar ya que no hay acceso a Internet. Sin embargo, su autoritario Gobierno muestra últimamente las excelencias de su País, como la estación de esquí de Masikryong, inaugurada en 2014, con diez pistas. También tiene campos de golf y cotos de caza; de hecho, las autoridades norcoreanas ya permiten que agencias de viajes de sus Países vecinos organicen excursiones para hacer montañismo o incluso para casarse en algún exótico paraje. Pero eso sí: prohibidas las fotografías o hablar con los vecinos de la localidad a la que nos desplacemos; simplemente, limitémonos al circuito turístico planificado, a no ser que también queramos visitar algún calabozo norcoreano. Lamentablemente, es lo que le sucedió a Otto Warmbier, el estudiante norteamericano condenado a 15 años de trabajos forzados por sustraer una pancarta en una de esas excursiones, acusado de espionaje. Estuvo cautivo más de un año hasta que entró en coma por lo que sería liberado, muriendo unos días después. A la agencia de viajes que organizó el tour del que formaba parte Warmbier, YPT, la tachan de provocadora al pretender destruir el sistema comunista que sostiene el Régimen norcoreano introduciendo a occidentales con ideas capitalistas. Pero lo que en realidad no quiere la dictadura que gobierna Corea del Norte es que el Mundo sepa cómo viven los ciudadanos de ese País, con muchas carencias, de las que en el interior el Gobierno culpa al embargo que sufren: las autoridades les dicen a los ciudadanos que es por culpa de los Estados Unidos que no tienen combustible para vehículos ni suficiente suministro eléctrico. De este modo, al no permitir que entren en contacto con el exterior, ni siquiera por Internet, ni que venga nadie del exterior con sus ideas, mantienen a la población en la ignorancia. Sin embargo, el País necesita divisas extranjeras por lo que se abre al turismo, pero muy controlado: los visitantes no deben salirse de los circuitos programados y autorizados por el Gobierno y prometen que no habrá problemas, pero si alguno se para a hablar con la población o realiza fotografías, será detenido. Los que más visitan últimamente el País son los rusos; existe un crucero que sale de Vladivostok y que está ganando bastante popularidad en las agencias de la zona, eso sí, hay normas que quiénes contratan este tour de 500 dólares debe comprometerse a cumplir: comprar en Rusia perfumes y cremas cosméticas para las mujeres guías o alcohol y tabaco para los guías masculinos, hablando lo menos posible con ellos. Si se cumplen esas sencillas normas, la agencia promete unos maravillosos días comiendo el mejor marisco a un precio muy económico.

La ciudadanía norcoreana vive en un gigantesco gulag, vigilado estrechamente por la Policía del Régimen, donde ni siquiera pueden ver cine de otros Países. Mientras, el Gobierno se gasta el dinero con el que podría alimentar bien a los ciudadanos en misiles, como el intercontinental que por primera vez han conseguido lanzar el cuatro de julio; de hecho, el Gobierno de Corea del Norte publicó, a través de su Agencia oficial de noticias, que era un regalo para Estados Unidos en el día de su fiesta nacional.

Sus vecinos del sur, un País democrático de estilo de vida occidental y abierto al Mundo, con economía capitalista y grandes multinacionales, ya no sabe cómo relacionarse con ellos. Lo han probado todo, no en vano les separa una frontera de 200 kilómetros, pero las negociaciones y el diálogo acaban siempre fracasando, por una razón u otra. El actual presidente surcoreano, Moon Jae-in, dice que ese diálogo es más necesario hoy que nunca antes si se quiere frenar la escalada armamentística de su belicoso vecino del norte. Pero Pyongyang se resiste. El viceministro de Defensa de Corea del Sur está dispuesto a viajar a la zona desmilitarizada que separa ambos Países desde la guerra que les enfrentó en la primera mitad de los 50; una primera reunión que prepara otra de alto nivel entre los dos principales mandatarios de ambos Países. Pero la comunicación por parte de Corea del Norte no llega. Corea del Sur, junto con la Cruz Roja, proponen varias medidas para el acercamiento: cesar la propaganda que ambos Países lanzan al otro desde la frontera y permitir el reencuentro de las familias que quedaron divididas tras la guerra (ya hubo uno en 2015), pero dudan que Corea del Norte acceda puesto que el Gobierno de Pyongyang le pidió al de Seúl que entregaran a desertores norcoreanos huidos y refugiados en el sur, a lo que Seúl se negó, lógicamente. Son los desertores los que organizan envíos de globos con propaganda que traspasa por aire la frontera para que lleguen a las poblaciones y contingentes militares fronterizos animándoles también a ellos a desertar, mostrándoles la libertad con la que vivirían en el sur.

LA AMENAZA NUCLEAR

Más vale que lleguen pronto a un acuerdo porque el Pentágono se plantea una intervención armada en Corea del Norte a la que Donald Trump no le hace ascos, pero desde diciembre de 2015 no hay ningún encuentro entre los dos Gobiernos coreanos. Y es que Corea del Norte considera que su desnuclearización es innegociable mientras continúe el boicot contra su País por lo que continúa con sus pruebas balísticas a lo que Washington responde pidiendo a la comunidad internacional que recrudezca el boicot. En un comunicado emitido por el Gobierno norcoreano dice: "Hablar de una acción global acusando a un Estado soberano de usar su legitima opción de autodefensa es una clara manifestación de la política de la fuerza por parte de Trump, diseñada para defender los intereses de Estados Unidos sacrificando a otros" y advierte a Washington de "moverse con discreción, recordando la posición estratégica de Corea del Norte, que es una potencia nuclear". Estas declaraciones y la prueba exitosa del primer misil intercontinental de Corea del Norte han motivado que la embajadora de los Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, considere que Pyongyang ha cerrado la posibilidad de solucionar por la vía diplomática el enfrentamiento con la hiperpotencia norteamericana. Según la embajadora, Washington tiene argumentos para pasar a la acción militar. Y es que son ya 83 los ensayos con misiles desde que gobierna el actual presidente norcoreano, según el Instituto de Estudios Internacionales de Monterrey. 

El nuevo misil Hwasong-14, el primer ICBM que ensaya Corea del Norte, puede llegar a una altura de más de 2.800 metros; en la prueba, recorrió 933 kilómetros en apenas cuarenta minutos cayendo finalmente al Mar de Japón. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre su alcance real, pero creen que puede oscilar entre 6.700 y 9.000 kilómetros; en cualquier caso, podría llegar a territorio norteamericano, pero la "tranquilidad" es que todavía no han conseguido que dichos misiles puedan transportar cargas atómicas ni afinar la tecnología de precisión y según el Gobierno surcoreano sin capacidad para reentrar en la atmósfera una vez alcanzada la altura máxima. El Pentágono dice que en realidad es un misil de alcance medio solo que Corea del Norte lo ha publicado como un logro de su ingeniería para asustar a Estados Unidos. Pero ya se habla de que Corea del Norte está instalando lanzaderas de misiles en sus submarinos y escudos protectores para las ojivas nucleares para que no se vean afectadas por las grandes vibraciones del despegue o el calor de la reentrada en la atmósfera; ambos factores destruirían la ojiva si no es convenientemente protegida y ahora mismo no tienen la tecnología que lo garantice. En cualquier caso, tras el lanzamiento del ICBM norcoreano, la Armada de los Estados Unidos y de Corea del Sur realizaron maniobras navales lo que ha sido condenado por los Gobiernos de Rusia y China, que también piden a Corea del Norte que cese con sus ensayos. Pero Estados Unidos fue aún más allá realizando una prueba exitosa con su escudo antimisiles de Alaska (el THAAD); es el mismo que Washington quiere instalar en Corea del Sur a lo que se opone terminantemente China. Ahora bien, este escudo no puede interceptar un misil intercontinental o ICBM (por sus siglas en inglés); para ello los norteamericanos disponen de otro tipo de escudo, el GBD, pero aun es experimental. Así que, si Corea del Norte continúa con sus ensayos, desarrollando su tecnología, se calcula que al ritmo al que va, en dos años habrán superado los obstáculos de guiado de misiles y capacidad nuclear. Es una carrera armamentística entre dos potencias nucleares: Corea del Norte, para desarrollar un ICBM que pueda transportar una ojiva nuclear y ser guiado hasta su objetivo de forma precisa, lo que ahora mismo no es capaz y EEUU un escudo antimisiles que pueda interceptarlo, lo que de momento le resulta imposible. De ahí que el Pentágono estudie la posibilidad de atacar Corea del Norte por si no les da tiempo a terminar su escudo antes de que los norcoreanos hagan su ICBM. Es más, Estados Unidos y Corea del Sur también han llevado a cabo un ensayo con misiles balísticos en el Mar de Japón.

La histeria es tal que cualquier terremoto registrado en las proximidades de Corea del Norte se interpreta como posible ensayo nuclear, como el reciente sismo de intensidad 5,8 (según escala de magnitud local), a 187 kilómetros de la ciudad norcoreana de Chongjin. Un terremoto de esa intensidad provoca, por lo general, algunos destrozos pero en esta ocasión no se ha informado de daños materiales. Que se sepa, la última prueba nuclear fue en 2016 (ese año se realizaron dos pruebas).

China, que es la única que podría contener a Corea del Norte ya lo intentó creando cierto grupo de presión en el Gobierno de Pyongyang con miembros del mismo pro-China, pero éstos fueron ejecutados por el presidente Kim por lo que Pekín no ha vuelto a intentarlo, al ver como se las gasta el dictador norcoreano. Ni siquiera el hecho de que el 80% del comercio de Corea del Norte sea con China les intimida, no haciendo caso de los requerimientos de Pekín. Pero China continúa comprando el hierro norcoreano, aunque ha reducido las importaciones de carbón. Washington dice que eso es una argucia de Pekín para que parezca que presionan a los norcoreanos, pero en realidad el comercio total entre los dos Países ha aumentado: China permite que Corea del Norte respire a pesar de las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU ya que exporta productos de todo tipo un 29,1% más que en 2016; aun así, la balanza comercial es favorable para Corea del Norte, en unos 900 millones de dólares.

Aparte de la amenaza nuclear (según un estudio de la Universidad Johns Hopkins existe la posibilidad de un incremento de la producción de plutonio) está la amenaza ciberterrorista, con grupos que han lanzado los últimos virus informáticos globales desde Corea del Norte, o eso se sospecha.

Los principales apoyos de Estados Unidos en su conflicto con Corea del Norte son Japón y Corea del Sur, ya que ambos Países, por su vecindad con los norcoreanos, se sienten amenazados de forma directa. Sus respectivos Gobiernos saben que si se fuera a la guerra ellos serían los primeros objetivos de Corea del Norte, por albergar numerosas bases militares norteamericanas. Francia opina que Corea del Norte ha traspasado la línea y Gran Bretaña que las sanciones deben ser más severas, pero tanto Rusia como China han dejado claro que no consentirán una incursión norteamericana, en solitario o con sus aliados, con el objetivo de derrocar al Régimen de Kim Jong-un mostrando también su desacuerdo con la propuesta de Washington de incrementar las sanciones económicas. El interés de Moscú radica en que el 85% del petróleo que consume Corea del Norte se lo vende Rusia, pero lo cierto es que si China, que tiene una relación comercial mucho más importante con el Régimen de Pyongyang no consigue frenarles, mucho menos lo conseguirá Rusia. Por otro lado, a China le interesa evitar una guerra en la Península de Corea porque supondría un enorme desplazamiento de refugiados hacia su territorio y tendría que ofrecerles atención humanitaria con el gran coste que conlleva.


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