Kennedy: ¿Caso cerrado? Desclasificados nuevos documentos

21.11.2017

RSW - Redacción

John Fitzgerald Kennedy sigue dando que hablar; el próximo 22 se cumplen 54 años de su asesinato

JFK es probablemente el presidente más conocido de EEUU
JFK es probablemente el presidente más conocido de EEUU

Su mandato fue complicado porque le tocó lidiar con la peor crisis nuclear saliendo airoso, aunque el fracaso de Bahía de Cochinos, en Cuba, desde donde pretendía invadir la Isla pasó factura a su popularidad. Tanto John como su hermano Bobby le echaron la culpa a la CIA, pues el ejército utilizado para la invasión eran combatientes cubanos disidentes adiestrados por la Agencia. La cúpula militar tampoco estaba contenta con los Kennedy a los que acusaban de ser demasiado blandos con Rusia. 

Si tal cúmulo de poderes en contra ya impresiona, además el presidente y su hermano, que dirigía el Departamento de Justicia, sentaron las bases para eliminar la segregación racial con lo que se granjearon otro temible enemigo: el de la oligarquía de los Estados sureños que mantenían a la comunidad negra como sirvientes, casi esclavos. Con tal escenario y tan influyentes adversarios, el presidente realiza una visita al Estado de Texas con motivo de su campaña electoral para la reelección. 

La implicación de Oswald: ¿le ayudó alguien?

El día 22 de noviembre, circulando con su comitiva por una avenida de Dallas, acompañado de su esposa, en una berlina descapotable, varios disparos le hieren mortalmente. Se acusó a Lee Harvey Oswald que, desde una sexta planta de un edificio próximo, realizó los disparos. Había vivido algún tiempo en Rusia por lo que era seguido de cerca por los servicios secretos, pero antes de que el Mundo supiera algo más al respecto, un mafioso llamado Jack Ruby, que regentaba un club nocturno, acabó con la vida de Oswald cuando salía de una comisaría escoltado por varios agentes. Al igual que el magnicidio de Kennedy, el asesinato de Oswald también fue televisado pues a la salida de la comisaría le esperaban numerosos periodistas.

La teoría conspiracionista estaba servida y todos se preguntaban qué pintaba la mafia en todo este asunto. La Comisión Warren (por el nombre del juez al que se le encargó) determinó, en 1964, que no había tal conspiración y que sencillamente Oswald planeó y ejecutó el crimen. Pero en 1979, una nueva investigación, en esta ocasión no de la Corte Suprema sino de la Cámara de Representantes, planteó la posibilidad de que hubieran sido dos los tiradores. Tengamos en cuenta que el gobernador de Texas, que circulaba también en el vehículo presidencial, en el asiento delantero, fue herido y a no ser que las balas tuvieran vida propia y pudieran cambiar su trayectoria, resultaba imposible que los mismos disparos que hirieron al presidente hirieran también al gobernador.

Hace años, varios periodistas que cubrieron la noticia y que se reunieron de nuevo para recordar su experiencia durante el 50º aniversario de la muerte de Kennedy, comentaban que ya entonces se habló de la posibilidad de que Oswald no muriera, sino que todo fue una pantomima para que se creyera que así fue, de ahí que fuese importante que lo grabaran las cámaras. Enseguida los agentes se llevan a Oswald herido y comunican después que ha muerto, pero en realidad nadie vio el cadáver de Oswald aunque años después un abogado británico solicitó que se exhumara el cuerpo, comprobándose que el individuo enterrado era Oswald.

"Lo que más me preocupa, y también al fiscal general, es contar con algo para convencer al público de que Oswald es el verdadero asesino". 

J. Edgard Hoover, fundador del FBI

Hoover, director del FBI en el momento del magnicidio, recomendó a la Policía de Dallas que reforzara la vigilancia de Oswald porque a los agentes del FBI les llegó una información que hablaba de que se planeaba su muerte, pero los agentes de Dallas no hicieron caso.

Uno de los documentos desclasificados, o habría que decir, parcialmente desclasificado, es una declaración de Richard Helms, director de la CIA en 1975, cuando la Comisión sobre actividades de la Central de Inteligencia le pregunta si la Agencia tuvo algo que ver en el asesinato de Kennedy. Le preguntan a Helms: "¿Hay alguna información relacionada con el asesinato de Kennedy que de alguna manera demuestre que Lee Harvey Oswald era agente de la CIA o agente...". Aquí se corta el texto desclasificado, se entiende porque lo que sigue aún está censurado siendo uno de los archivos que la CIA y el FBI continúan analizando pues su contenido sigue siendo información sensible para la seguridad nacional.

Lo que sí puede leerse en los documentos desclasificados es la nota que dice que los consideraban a Oswald un demente por lo que se le negó que alargara su estancia en Rusia previa solicitud del propio Oswald, por su inestabilidad.

Con respecto a Jack Ruby, el mafioso que le mata, se sabía que ambos se conocían: en los documentos existe otra nota sobre el testimonio del director del aeropuerto Key West de Florida que vio, unos dias antes del asesinato del presidente, a Oswald y Ruby hablando sobre algo o alguien a quién denominaban "Big Bird". Ruby era bien conocido por la Policía que frecuentaba su local nocturno por lo que se cree que no debió tener problema en acceder a la comisaría en la que se tenía detenido a Oswald.

Luego tenemos el asunto del oficial de policía asesinado pocos minutos después de Kennedy, el agente J. D. Tippit, del que decían que Oswald, en su huida, había asesinado también. Pero lo curioso es que Tippit y Oswald se conocían precisamente de coincidir en el local de Ruby.  

Kennedy en el Congreso; detrás (izquierda) Lindon B. Johnson
Kennedy en el Congreso; detrás (izquierda) Lindon B. Johnson

El FBI informó a la Casa Blanca, en 1966, de que el KGB sospechaba de la implicación de Lyndon B. Johnson en el asesinato de Kennedy. El que era vicepresidente con John, viéndose por ello obligado a relevarle tras su muerte, fue analizado por los servicios secretos soviéticos, en especial su relación con la familia Kennedy, para dilucidar si había algún tipo de odio personal hacia John. Éste le eligió como videpresidente para tener contentos a los votantes texanos, tradicionalmente de mayoría republicana, pero la animadversión entre ambos era conocida y notoria. Sin embargo, quiénes conocían bien a Johnson le eximieron de culpa recordando que en los momentos difíciles nunca abandonó a Kennedy.

Los nuevos documentos no aclaran nada

Entre los nuevos documentos, que se encontraban a recaudo del Archivo Nacional, se habla de Jack Ruby y también de otros dos individuos que diversos testigos vieron cerca de la comitiva presidencial el día del magnicidio: uno con paraguas, posiblemente para ocultar una de las armas utilizadas para matar a Kennedy y otro en un montículo cercano que sería el segundo tirador. Pero no confirman ni desmienten ninguna de las teorías que se barajaban.

En 1992, George Bush (padre) firmó una Ley por la que el Congreso se comprometía a revelar la documentación acumulada de la investigación transcurridos 25 años. Ahora en 2017, cumplido el plazo, el presidente Trump ha ordenado que se haga pública dicha información. Ahora bien, 300 documentos de los miles que se han revelado, desde final de octubre en tres tandas en diferentes fechas, siguen siendo analizados por la CIA y el FBI para censurar lo que consideren pudiera ser información sensible que todavía hoy afectara a la seguridad nacional si se hiciera pública. Aun así, lo revelado constituye un compendio de varios millones de páginas cuyo análisis es laborioso siendo necesaria la ayuda informática pues de lo contrario resulta casi imposible entablar posibles conexiones.

La nueva documentación en realidad no aclara nada, tal vez lo contrario, aporta más sombras que luces porque la teoría de la conspiración se alimenta con nuevos datos. Uno de los más llamativos es la nota enviada a Washington sobre una información recogida en Madrid: en un bar de la capital española, una camarera oyó a dos periodistas cubanos hablar sobre que ese mismo día, 22 de noviembre, Kennedy iba a morir. Desde luego, Fidel Castro tenía sobradas razones para atentar contra Kennedy, a tenor de las constantes injerencias de los Estados Unidos para intentar derrocar su Régimen.

Sucediera lo que sucediese, la informática es la que puede ayudarnos en la ingente tarea de desentrañar el misterio en torno a la muerte de Kennedy pues solo un programa informático podrá establecer conexiones interesantes entre tanta información dispuesta en millones de páginas recopiladas durante años.