Historia de las espadas

21.07.2017

ADOLFO ESTÉVEZ

La espada es el arma blanca que más ha marcado la Historia de las civilizaciones, algunas incluso con identidad propia.

Surge en el IV Milenio a.C., primeramente de cobre para robustecerla con posterioridad utilizando el bronce y más tarde el hierro para finalmente emplear el acero templado. Las diferentes aleaciones han supuesto hitos tecnológicos que convertían a sus pioneros en dueños de la situación política gracias a sus mejores espadas hasta que los demás pueblos se hacían con la técnica y podían competir con sus conquistadores.

La palabra espada proviene del latín "spatha" (que también sirvió para denominar a la espada larga y recta que portaba la caballería romana), pero su origen, en realidad, es griego: "spathe".

Gladius romana
Gladius romana

Los romanos adoptaron armas hispanas como el "pugio" y el "gladius" ya que les impresionó lo prácticas que eran con sus anchas hojas pero no más largas de 25 centímentros con lo que eran muy ligeras pero robustas y gracias a los dos factores, mortales.

A lo largo de la Historia han existido espadas que llegaron a convertirse en objetos casi de culto al ser portadas por hombres que destacaron por sus proezas militares o gran poder como la espada de serpiente que empuñaba el emperador Ashoka de La India en el siglo III a.C o la "Joyosa" de Carlomagno. También en la Reconquista española a manos de los ejércitos cristianos se conocieron espadas, unas reales y otras legendarias; entre las primeras esta "Lobera", del rey Fernando III, el Santo, soberano de Castilla y León. Su hijo, el también rey Alfonso X, apodado "El Sabio", mrncionó en su obra Las Siete Partidas, los principios por los que todo caballero y noble que portara espada debiera regirse: cordura, fortaleza, mesura y justicia.

"Lobera" de Fernando III
"Lobera" de Fernando III

Entre las que nadan en las brumas de la leyenda la famosísima "Tizona" con la que Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como El Cid, conquistó Valencia y otros territorios a las huestes procedentes del norte de África que se habían hecho con al-Andalus. El Cid se ha convertido en uno de los caballeros medievales más conocidos en el Mundo gracias al Cantar de Mio Cid (que le atribuye también la espada "Colada"), un poema de la Edad Media y a la película de 1961 "El Cid", protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren.

Los judíos cuentan también con una legendaria espada: "Shamshir-e Zomorrodnegar" o espada de esmeralda, del rey Salomón. Los persas se harían con tan valiosa reliquia de la que se contaba que era el único instrumento con el que se podía herir al demonio.

Los musulmanes recuerdan en sus leyendas la espada "Zulfiqar" con la que el imam Alí defendía a Muhammad (Mahoma) y que según los shiíes volverá a ser vista al final de los tiempos con la llegada del Mahdi o duodécimo imam, el imam oculto en vida (siglos VIII-IX) y que regresará para gobernar La Tierra con justicia.

Como vemos son numerosos los mitos y leyendas en torno a estas fabulosas herramientas que implican poder para el que las porta. Todas las culturas tienen entre sus reliquias una espada o instrumento similar.

Grandes guerreros de todas las épocas se aseguraron buenas espadas como Gonzalo Fernández de Córdoba, uno de los caballeros más prestigiosos y nobles de la convulsa época de los Reyes Católicos (Siglo XV y XVI), destacando en las campañas de Granada, Sicilia y Nápoles. Fue precisamente en Italia donde se ganaría el apodo de "Gran Capitán". Los Reyes Católicos, de hecho, Fernando e Isabel, poseían una espada ceremonial impresionante que hoy constituye una de las piezas más espectaculares de la Real Armería española, utilizada (entre otros eventos) para nombrar Almirante del Océano y Virrey de las Indias a Cristobal Colón. Fue también la que portaban cuando conquistaron Granada. Los reyes de la Dinastía de los Austrias la siguieron utilizando en los desfiles triunfales tras la conquista de una nueva ciudad. 

En la segunda mitad del siglo XVII, Francia releva a España como principal potencia europea, siendo muy característica la espada de sus mosqueteros, un Cuerpo de Infantería que después se haría muy famoso por las aventuras de D'Artagnan y los tres mosqueteros; su espada se llamaba "florete", similar al que se usa en esgrima, solo que aquellos sí pinchaban...y mucho. Una versión muy decorada era utizada como complemento del uniforme de gala. Con la Revolución Francesa se cambiaría por el "briquet", un sable corto de fácil manejo que se darían a conocer en toda Europa al portarla en su dotación el ejército napoleónico.

En Iberoamérica se conserva la Espada del Perú como una joya de gran valor ya que fue propiedad de Simón Bolívar, el libertador de América Latina.

En la Antigua Roma, Julio César portaba la espada "Crocea Mors" y ya en la Alta Edad Media, el mítico rey Arturo sería el dueño de la legendaria Excalibur, "espada de reyes en el correr de los tiempos", como se referían a ella en las crónicas. Los masones usan también, desde hace siglos, espadas en sus ceremonias que evocan vestigios del pasado mítico medieval.

El gran guerrero nórdico Beowulf, del que también se han rodado películas en los últimos años, portaba la espada "Hrunting". Precisamente, las espadas de un piueblo nórdico, el de los vikingos, sería diseñada con el objetivo específico de causar verdadero pánico entre sus enemigos ya que eran enormes, deahí que los vikingos se ejercitaran tanto y causaran tanto impacto en sus incursiones. De un solo golpe partían a un individuo en dos pero su robustez las hacía también de uso complicado, de ahí que portaran otras armas más maniobrables, como las hachas. 

Para terminar, no podemos olvidarnos de las katanas que usaban los samurais y a las que estos caballeros japoneses llegaban a venerar. Su corte es de los más precisos de entre todas las espadas gracias a la aleación de acero y carbón con la que eran fabircadas que les dotaba de una gran flexibilidad y resistencia. Había otras dos espadas similares llamadas "tachi" y "Wakizashi". La segunda sería la más apreciada por su perfección técnica y por su acabado artístico que incluía piedras preciosas. Eran guardadas envueltas en sedas de corte finísimo y exquisito. 


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