El exgeneral Mladic, condenado por La Haya por crímenes de guerra

23.12.2016

Su sentencia no se dictará hasta noviembre de 2017, demora inexplicable para varias asociaciones de víctimas

El exgeneral serbobosnio Rato Mladic, que ejerció como jefe del Estado Mayor de la Defensa de la República Serbia de Bosnia, ha sido finalmente condenado, a la edad de 71 años, por el Tribunal Internacional de La Haya por genocidio, crímenes de guerra y contra la Humanidad. El juicio ha durado cinco años desde su detención en 2011. La Corte Penal Internacional organizó un Tribunal Penal para la Antigua Yugoslavia que ha considerado a Mladic como una pieza esencial en la matanza de Srebrenica. Aunque la sentencia no se dictará hasta noviembre de 2017, algo que las víctimas no terminan de entender.


A Rato Mladic, se le conocería después como el carnicero de Srebenica

El Gobierno holandés tuvo que dar explicaciones en su momento cuando las imágenes de Mladic tomando una copa con los cascos azules holandeses dieron la vuelta el Mundo. Las tropas holandesas tenían la misión de proteger Srebenica y sin embargo el ejército serbobosnio asesinó a 8.000 musulmanes. La peor masacre en territorio europeo después de la Segunda Guerra Mundial. Se suponía que era una zona segura protegida por la ONU y sus cascos azules que debían respetar los bandos enfrentados, pero Mladic con sus tropas tomó Srebenica, incumpliendo el mandato de la ONU. Los militares holandeses a los que se confirió esa protección alegaron después de la matanza que se perpetró ante ellos que no tenían suficientes soldados ni armas para enfrentarse al ejército de Mladic. Holanda tan solo envió un batallón con 400 soldados que se acuartelaba en la Base Dutchbat III (lo de tercero es porque el primer contingente fue francés y el segundo canadiense). Su misión: proteger a la localidad de Srebenica y otras aldeas próximas que en conjunto suponían una población de 30.000 personas. Tanto entonces como ahora se trata de un enclave de difícil acceso al que se llega por una mala carretera. A pesar de la matanza los musulmanes bosnios  continúan en esta pequeña localidad conviviendo con los cristianos serbobosnios. Más de veinte años después se sigue recordando cuando el infierno se instaló en Srebenica, en 1995; se ocupa de mantener vivo ese horrible recuerdo el memorial Potocari, en las afueras del pueblo y construido en mármol con los nombres de las víctimas.

Ahora, todos los acusados vuelven a Holanda, como si este País de forma indirecta pudiera resarcirse de lo sucedido, de la culpa que les persigue y les acongoja sobre lo sucedido en Srebenica. Aunque no es el Gobierno de Holanda el que juzga a los criminales sino el Tribunal de La Haya, esta ciudad está en Holanda. Resulta paradójico que se encuentre la Corte Penal Internacional que juzga los crímenes de guerra en la exYugoeslavia en Holanda, el País cuyo batallón destacado en Srebenica no pudo o no supo actuar ante la matanza.

El Instituto holandés de estudios de la Guerra, el Holocausto y Genocidio, hartos de que se culpara a los holandeses de incompetencia o dejadez, llevó a cabo una investigación sobre lo sucedido concluyendo que el batallón holandés no pudo haber evitado ni la ocupación ni la matanza posterior en Srebenica. El teniente-coronel Thom Karremans, al mando de la Base, solicitó bombardeos en apoyo de las acciones que algunas unidades del Batallón sí llevaron a cabo, con lo que no hubo desidia ni se encerraron en el acuartelamiento, sino que ofrecieron resistencia. Pero Karremans no informó debidamente a sus superiores jerárquicos sobre lo que estaba sucediendo realmente en Srebenica.

Cuando se conoció el resultado de la investigación, en 2002, el Gobierno holandés dimitió pues si bien no asumían la culpa de lo sucedido sí se consideraban en parte responsables. De hecho, se ha condenado al Estado de Holanda, por responsabilidad civil, en dos ocasiones, una de ellas por negar la ayuda a decenas de personas que se lo solicitaron a las puertas de la Base de Potocari huyendo de la masacre; en Potocari se levanta el mausoleo con los nombres de las víctimas. Allí se encontraba el cuartel de los cascos azules holandeses. Por otro lado, se ha culpado a los servicios de espionaje de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña pues se cree que conocían la intención de Mladic de conquistar las zonas protegidas por la ONU y sin embargo no lo dijeron, pero ello no resta responsabilidad al contingente holandés. Cuando los militares holandeses se marcharon, en julio de 1995, justo cuando se estaba llevando a cabo la matanza, no comunicaron a la comunidad internacional lo que estaba sucediendo.

Naturalmente no debe recriminarse a todo el pueblo holandés la actitud de unos pocos cientos de compatriotas que no supieron comportarse en tan crítica situación, pero la vergüenza acompaña a Holanda desde entonces.

La guerra en la exYugoeslavia enfrentó a serbios con croatas y musulmanes; éstos últimos vivían en Bosnia casi todos. La propia Srebenica era, en sus dos terceras partes, de población musulmana. Pero los serbios consiguieron ocuparla, no sin resistencia. En la actualidad, el alcalde es también serbio y muchos musulmanes temen que se desempolven recuerdos del pasado. De hecho, el alcalde, Mladen Grujicic, y la mayoría de los serbobosnios dicen que no hubo tal genocidio y que han sido precisamente los musulmanes los que han engordado las cifras de las víctimas; incluso dice proponer una comisión internacional para que investigue lo que realmente sucedió puesto que algunos de los supuestos muertos que engordaban la lista en realidad están vivos o se trajeron cadáveres de otros sitios para decir que habían sido asesinados en Srebenica. El anterior alcalde, el musulmán Camil Durakovic, fue tachado de corrupto y de preocuparse más por hacer contactos aprovechando su puesto de alcalde que de ocuparse de los problemas de sus convecinos. Anteriormente a él hubo otros tres alcaldes musulmanes, siendo el actual el primer serbio desde la guerra. Parece que ya no pesa tanto el genocidio como la necesidad de mejorar las expectativas económicas y la creación de empleo. Problemas actuales que un mal recuerdo de la matanza no solucionan que es lo que ha permitido que solo hubiera alcaldes musulmanes: el temor a que todo se repitiera si se elige a un alcalde serbio. Pero el tiempo pasa y los problemas estructurales no se solucionan así que se ha probado con el cambio puesto que los recuerdos del pasado, por muy dolorosos que sean, no dan para comer.

Dos años necesitaron los serbios para entrar en Srebenica pero cuando lo hicieron, después de su desfile triunfal y de tomarse unas copas con los cascos azules holandeses, aparentando que respetarían la zona segura impuesta por la ONU, recluyeron a mujeres y niños en una antigua fábrica. Aunque muchos hombres huyeron a los montes vecinos, miles de ellos serían alcanzados por los soldados serbios y asesinados.

Ahora el exgeneral Mladic espera sentencia. Ya fue juzgado anteriormente Radovan Karadzic, el dictador que gobernaba Bosnia. Estudió psiquiatría y decía ser poeta pero la guerra de la antigua Yugoslavia no era un poema sino una verdadera tragedia y él junto con Mladic la alimentaron con sus visionarios planes.

El triunvirato del terror


El triunvirato que propició este infierno lo completaba Slobodan Milosevic. Presidente de la República de Serbia cuando estalló la guerra sería conocido posteriormente como el carnicero de los Balcanes. En Kosovo, en 1999, pudo comprobarse que el apodo se lo tenía ganado. Cuando hallaron docenas de cadáveres horriblemente mutilados en el sur de Kosovo, se le pidió que investigara la masacre pero no lo hizo por lo que el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia solicitó su detención. El juicio comenzó en 2001 y como el de Mladic duró también cinco años con ingente documentación que albergaba numerosas pruebas y testimonios, pero también documentación que las echaba por tierra (como en el juicio de Mladic). En 2006 fue hallado muerto y aunque su abogado dijo que le habían envenenado no se encontró ninguna sustancia que lo corroborara.

Entre los tres criminales ordenaron o auspiciaron la muerte de 100.000 personas en la guerra con más de 2,2 millones de desplazados. Karadzic ha llegado a decir que intentó proteger los musulmanes en la guerra y que lo sucedido en Srebenica no fue obra del ejército serbobosnio sino de bandas de criminales descontroladas. El objetivo final era crear un Estado serbio de Bosnia que se uniera a la Gran Serbia que pretendía formar Milosevic.

En 2008, Karadzic, quién había huido como su general Mladic (Karadzic era el ideólogo y Mladic el ejecutor), sería descubierto con una larga barba tipo hippie, totalmente irreconocible teniendo en cuenta los trajes caros que vestía en su época de mandatario. Se hacía pasar por una especie de curandero con la falsa identidad del doctor Dragan Dabic. Pero no se ocultaba como Mladic sino que se paseaba impunemente con documentos de identidad falsos y dando conferencias sobre medicina alternativa.

Por el tribunal han pasado la asociación conocida como "Madres de Srebrenica", civiles y exmilitares bosnios, serbios y croatas, además de expertos internacionales consultados tanto por la fiscalía como por la defensa. Más de 11.000 documentos de todo tipo y retrasos por la mala salud del acusado.

La defensa legal de Mladic califica la lucha serbia como un acto de defensa propia pues llevaban años observando como la religión islámica avanzaba notablemente en Bosnia, incluyendo el integrismo islamista. Con respecto a Sarajevo, cuya batalla causo más de 10.000 muertos, lo justifica igualmente pues se sabía que en la ciudad había arsenales de armas escondidos por lo que hubo proporcionalidad de armamento. Esta respuesta vino por la pregunta acerca del ataque a una ciudad indefensa como aparentemente era Sarajevo. Y cuando se les preguntó por la separación de hombres y mujeres en Srebenica, el abogado defensor de Mladic alegó que era la práctica habitual para comprobar si había insurgentes entre ellos.

La fiscalía basó su fundamento en que Mladic planteó la guerra como una limpieza étnica de lo que hay grabaciones que lo atestiguan.

Lo que no se entendió en su momento fue que el exmilitar estuviera fugado de la Justicia durante tanto tiempo, nada menos que 16 años. Se acusó al Gobierno de Belgrado de no colaborar suficientemente.

Se tiende a culpar a los holandeses de lo que su contingente militar hizo (o no hizo) en Srebenica, a no informar los servicios de espionaje de los planes de Mladic cuando tenían conocimiento de los mismos, a la escasa o nula colaboración de las autoridades de Serbia y de Bosnia-Herzegovina para encontrar a criminales de guerra. Pero el Tribunal Internacional de La Haya no realiza un ejercicio de autocrítica explicando por qué a pesar de ser detenido Mladic en mayo de 2011 tardaron un año para comenzar el juicio. Con los otros criminales sucede lo mismo, durando años sus respectivos juicios y viéndose obligadas las víctimas a seguir viviendo ese horror un año más pues hasta noviembre de 2017 no habrá fallo sobre el caso Mladic.