¿Para qué sirve la Liga Árabe?

22.07.2017

El último comunicado de la Liga Árabe va dirigido al Gobierno de Israel y lo lanza Ahmed Abul Gheit, secretario general de la organización panárabe. Gheit condena el uso excesivo de la fuerza por parte de Israel, incluso munición real, contra palestinos desarmados, a lo que Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, acostumbrado ya a las críticas, responde que no va a cambiar nada: los judíos podrán seguir visitando la explanada de las mezquitas (el foco de los problemas), a determinadas horas, aunque no para rezar, evitando así las provocaciones. Pero por muchas medidas que se tomen, la violencia no cesa y ya van 287 palestinos y 47 israelíes muertos desde que comenzó la Tercera Intifada, como la llama Hamas. Pero la cuestión que planteamos es si verdaderamente la Liga Árabe sirve para algo porque ni Hamas, desde Gaza ni los distintos Regímenes Árabes parece que le presten mucha atención. Y si no, ahí tenemos la crisis de Qatar, que se dice atacado por otros Regímenes islámicos sin que la Liga Árabe haga nada al respecto y Hamas tuvo algo que ver, aunque de modo indirecto.

El emir de Qatar, Tamim bin Hamad al-Thani, acusa a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de llevar a cabo un ataque cibernético "crackeando" la web de la Agencia Qatarí de Noticias colgando en la misma una supuesta declaración del jeque alabando al grupo terrorista Hamas. Se basa en una noticia aparecida en The Wasington Post que citando a una fuente confidencial asegura que el ataque salió de EAU, lo que este País se apresuró en negar. El Gobierno de Qatar desmiente que su rey alguna vez haya dicho nada parecido, pero no sirvió para evitar que siete Países realizaran un boicot a Qatar impidiendo que nada entre en el pequeño País procedente de dichos Países. Acusan al Régimen qatarí de apoyar el terrorismo.

Pero ¿qué ha hecho la Liga Árabe? Nada, salvo esperar que Gobierno de Kuwait tenga éxito en su intento de mediación entre Qatar y el llamado cuarteto anti-Qatar, formado por Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.

No solo Palestina y Qatar viven sendas crisis, sino que Yemen, Siria, Libia e Irak viven sus respectivos conflictos bélicos con una intensa actividad terrorista dentro de sus fronteras. Para colmo, la Liga Árabe no tiene fondos, prueba de que ya no interesa a ninguno de los Países que teóricamente la conforman. La propia crisis de Qatar está siendo orquestada por los saudíes que han dirigido al emirato una serie de exigencias, respaldadas por sus Estados satélites, sin que se haya pedido permiso o el más mínimo asesoramiento a la Liga Árabe. Pesa más en las decisiones que se toman en Oriente Medio el Consejo de Cooperación del Golfo, aunque esta institución está dividida, precisamente por la crisis de Qatar. Y ni que decir tiene que la influencia de Arabia Saudí es mucho mayor, incluso por separado, que la que pueda ejercer la Liga Árabe. De momento, los saudíes han conseguido que Egipto, EAU, Bahréin, el Gobierno libio de Tobruk, Yemen, Maldivas, Mauritania, Jordania, Yibuti, Chad, Senegal e incluso las Islas Comoras se adhieran a su boicot contra Qatar, en mayor o menor medida.

Abul Gheit lo único que hace es viajar de País en País y de Continente en Continente (recientemente estuvo en Roma y Moscú). Con respecto al conflicto que está desangrando Libia, se ha conformado con decir que espera que los bandos enfrentados se reúnan para dialogar pero que le da igual donde lo hagan, si en la Liga Árabe o en Roma, bajo el auspicio de la Unión Europea. Pero tampoco en Europa le tienen demasiado en cuenta; el último desplante fue no invitar al secretario general de la Liga a la reunión, en Roma, entre los ministros de Agricultura de la Unión Europea y los de la Unión Africana.

El único País que parece respalda a la Liga Árabe es Rusia cuyo ministro de asuntos exteriores, Serguéi Lavrov, declaró recientemente: "Estamos convencidos profundamente que la Liga de Estados Árabes juega un rol cada vez más importante y considerable en los esfuerzos para estabilizar la situación en varias partes de Oriente Medio y África del Norte". Naturalmente, sería Abul Gheit el que se desplazaría a Moscú, aprovechando que su cargo le permite viajar por todo el Mundo a gastos pagados. Una vez allí, el ministro ruso soltó lo que debía decir por tal de ser diplomático, aunque no se lo crea ni él. A fin de cuentas, tampoco era plan de amargarle el día a Gheit. Por su parte, éste hizo lo propio: dorar un poco la píldora y piropear a Rusia, para que su estancia en dicho País fuera lo más placentera posible, diciendo que Rusia es una de las potencias más representativas e influyentes a escala internacional.

En Irak, la Liga Árabe no tiene peso ninguno y aunque el débil Gobierno iraquí mantiene un representante permanente ante la organización, éste se limita a informarle de los avances del ejército iraquí frente al ISIS y poco más. La Liga Árabe no ha liderado, como hubiera sido lógico, la alianza contra el ISIS, sino que lo han hecho potencias no árabes como Estados Unidos, por un lado, Rusia por otro y Francia a su vez por su cuenta.

Con tan poca representatividad, la pregunta sigue ahí: ¿para qué sirve realmente la Liga Árabe? Claro que poco se puede hacer cuando la mayoría de los Estados miembros de una organización son regímenes dictatoriales.